Amaneceres perdidos.

El otro día, cuando iba de camino al trabajo, me detuve en un semáforo. Mientras esperaba que se pusiera verde pensaba en las cosas que tenía que hacer esa mañana y planificaba mentalmente lo que haría al llegar la oficina. Inmerso en esos pensaminetos, levanté la cabeza y vi que el semáforo ya estaba en verde. Me lancé con mi bicicleta a cruzar rápidamente la calzada cuando al levantar la vista del asfalto me encontré con la siguiente imagen.

Me impactó tanto lo que ví que decidí desviarme de mi trayecto (lo cierto es que tampoco me desvié mucho) para ir a contemplar ese amanecer. Me llamó la atención lo rápido que puede ir el sol justo en el amanecer. Puedes notar cómo se va asomando por el horizonte  y sin darte cuenta, ya ha amanecido. Es algo lento y rápido a la vez. Es fácil perdérselo si uno no está muy atento, sobretodo porque uno está acostumbrado a pensar en el movimiento del sol como algo muy lento… Disfruté del momento en silencio, tomé alguna de foto con mi móvil y finalmente, cuando el sol ya había despuntado completamente, monté en mi bici y me dirigí a la oficina.

Por el camino, el cielo era de unos tonos anaranjados magníficos y a la vez, observaba la gente que se dirigía a pie a la oficina, cabizbajos, ajenos a semejante espectáculo. Me vinieron ganas de gritar:

-¡Eh!,  parad un minuto, sólo un minuto, y mirad al cielo … ¿estáis viendo este increíble amanecer?

Al llegar a la oficina plegué la bicicleta mientras me lamentaba por la gente que no había podido disfrutar de aquel maravilloso espectáculo. Pero al cabo del tiempo pensé: ¿Qué ha pasado contigo hasta este momento? ¿Sabes cuantos amaneceres espectaculares te has perdido mientras andabas perdido en tus pensamientos? ¿Qué otras cosas maravillosas que estan delante de tus ojos te has perdido? Creo que antes de ir por el mundo “despertando”  a la gente, podrías empezar despertándote a ti mismo…, ¿no?

Así que me he hecho un propósito. De vez en cuando, quiero parar, aunque sea sólo un minuto. Parar sólo para observar qué pasa a mi alrededor, y qué me está pasando por la cabeza. Quiero preguntarme, ¿para qué voy tan deprisa? ¿qué sentido tiene que vaya corriendo? ¿qué tengo delante mío y me estoy perdiendo por el camino? Si la respuesta a mi pregunta es que vale la pena esa prisa, me doy por satisfecho. Y si la respuesta es que no, entonces quiero tomarme más en serio, quiero cuidar más de mi, pararme para escucharme con cariño y atención. No quiero perderme más “amaneceres”, al menos no de forma consciente. No quiero perderme más a mi mismo confundido en el mundo de “matrix” … Así que antes de gritar a los demás, ¡eh!, parad un momento! quiero parar yo.

– Cesc, párate un momento. Respira, observa en silencio, …

Esta es la reflexión que quiero compartir contigo esta semana.

¡Buen Viaje!

 

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