Interrumpir para contribuir a la vida

Resultat d'imatges de interrumpirHoy quisiera hablarte sobre cuando y cómo interrumpir a una persona cuando una conversación pierde vida y se convierte en algo insatisfactorio. Porque, ¿a ti no te ha pasado alguna vez estar en una conversación con alguien en la que, por no interrumpir, te conviertes en una papelera de palabras? Así que lo que te propongo que miremos juntos cómo podríamos mirar esto desde la perspectiva de la CNV (Comunicación Noviolenta), ¿te apetece?

Las conversaciones faltas de vida

Efectivamente, hay momentos en que las conversaciones dejan de ser vivas, perdemos interés y por no interrumpir nos quedamos en una actitud pasiva, diciendo que sí con la cabeza pero sin escuchar verdaderamente a nuestro interlocutor. Si esta situación no es para ti un problema entonces este artículo no te va aportar nada. Ahora bien, en esta situación quizás te gustaría interrumpir, no para tener un espacio para hablar tú, sino para reavivar la llama de la conversación que parece que se ha consumido. En este caso, este artículo puede aportarte algo útil. ¿Me acompañas?

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La intuición empática frente a las conjeturas intelectuales

Resultat d'imatges de conjeturaHoy quisiera hablarte de la diferencia entre tener una intuición empática de lo que es tener conjeturas intelectuales, situándolo en el marco de una conversación. Concretamente, me refiero a ese diálogo interno que se produce cuando estás escuchando a otra persona.

Para explicarte esta distinción creo que lo mejor será hacerlo a través de un ejemplo. Supón que vienes un día a verme y me dices que quieres explicarme una cosa que te inquieta y empiezas a hablarme, y yo me quedo en silencio. En tu conversación me explicas algo que me dispara en siguiente pensamiento:

  • “Ah mira, lo que yo creo que le está pasando es que quiere una cosa pero lo que expresa es otra cosa diferente. Quizás me está tratando de ocultar algo o se está auto engañando.”

Esto podría ser el ejemplo de una conjetura intelectual en el sentido que es algo que yo pienso que podría pasarte desde una perspectiva intelectual, mental. Analizo, comparo con mis patrones y modelos mentales y hago un diagnóstico de lo que podría estar pasándote.

Ahora que estamos de acuerdo respecto a lo entiendo como una conjetura intelectual te explicaré qué es para mi la intuición empática. Se parece a la anterior en el sentido que la intuición empática también indica que es algo presuntivo, es decir, que no tengo certeza sobre eso. Sin embargo, esa intuición se emite no desde algo intelectual sino desde la empatía, desde el corazón. Desde luego es una forma de hablar metafórica, no literal pero a mi me parece útil para entender mejor la diferencia.

Te propongo utilizar el mismo ejemplo que antes para ver mejor esa diferencia. Recuerda que vienes a verme para explicarme algo que te inquieta. Tendría una intuición empática si pensara de la siguiente forma.

  • “Vale. Me doy cuenta que cuando pienso que quizás estás tratando de ocultar algo entonces me siento inquieto porque necesito claridad y es algo que yo valoro y necesito. También me parece intuir incomodidad en tu expresión, quizás porque también esté necesitando claridad u honestidad, aunque no tengo ninguna certeza sobre eso. La única manera de saber es preguntártelo, así que es lo que voy a hacer ahora mismo.”

Si te fijas, la diferencia con respecto a la conjetura intelectual es que mi intuición (y no certeza) viene de lo que yo creo que tu podrías estar sintiendo y necesitando. Como hago referencia a necesidades y sentimientos, metafóricamente digo que viene del corazón, para distinguirlo de las conjeturas intelectuales que digo que vienen de la cabeza.

Ahora, quizás te esté preguntando: vale, ¿porqué te empeñas en hacer esta distinción? ¿Porqué es tan importante?

El impacto de este distinción en la calidad de la conexión que tenemos con las personas

Creo que la respuesta me la podrías dar tu mism@. ¿Te sentirías igual si te dijera la conjetura intelectual del ejemplo, que si te lo expresara en forma de intuición empática? Supongo que no. Quizás en la primera podrías pensar que te estoy juzgando. Si tenemos mucha confianza y conexión quizás se podría superar la desconexión y separación que provoca ese juicio, e incluso quizás podría ayudarte a ver que quizás te estás auto engañando. O no, porque sólo es una conjetura, no una certeza. Y también podría pasar, que la confianza y conexión de ese momento se rompiera porque la conjetura intelectual implica que te estoy juzgando. Y cuando a alguien le juzgan se puede sentir atacado por lo que es posible que se ponga a la defensiva.

En cambio, en la intuición empática no hay juicio sino que hay un intento de conectar con la otra persona a través de lo que podría estar sintiendo y necesitando. Incluso, aunque no acierte con el sentimiento y la necesidad, podría hacer otra intuición empática para tratar otra vez de conectar contigo, no desde lo intelectual, y más desde “el corazón”. ¿Qué tipo que conexión tu prefieres? Y sobretodo, ¿qué es lo que más te ayudaría para aclarar qué es lo que te está pasando?

Bajo el paradigma de la intuición empática hay la creencia y la fe que no hay que intervenir para cambiar ni arreglar al otro, sino que se trata de tener la confianza que la otra persona es capaz de encontrar claridad y dar el espacio para que eso sea posible a través de la empatía. Y alegrarte cuando eres testigo una y otra vez que eso pasa.

Conclusiones

Con esto no quisiera decir que hacer intuiciones es mejor que conjeturas, simplemente porque muchas veces los pensamientos surgen sin que se puedan evitar. No te estoy hablando de reprimir o controlar pensamientos. Lo que sí que está en nuestras manos es poner conciencia y darnos cuenta cuando estamos haciendo conjeturas intelectuales y cómo trasnformarlas en intuiciones empáticas si queremos conectar de forma profunda con la otra persona.

Así que esta es mi propuesta de hoy para ti. Que tengas …

¡Buen viaje!

¿Te cuesta expresar gratitud? ¿Y recibirla? la diferencia entre cumplidos y agradecimientos

Resultat d'imatges de agradecimientoCon este artículo quiero darte la bienvenida a mi blog después del paréntesis del mes de agosto, que es mi período vacacional. Este año ha sido el primero desde que empecé el blog en noviembre del 2011 que no he mantenido mi costumbre de publicar un artículo cada semana. Espero que seas comprensivo conmigo. En mi blog estan a tu disposición los 253 artículos publicados hasta ahora.

Ya tenía ganas de volver a conectar contigo, y quisiera hacerlo para hablarte sobre las dificultades que podemos tener para expresar la gratitud hacia los demás i/o para recibir un agradecimiento que alguien nos hace. ¿Te apetece acompañarme?

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“Todo lo que nos irrita de los demás puede conducirnos a la comprensión de nosotros mismos” C. Jung

Hoy empiezo con esta cita de Carl J. Jung porque me parece una manera excelente de introducir el concepto de Necesidades según la Comunicación Noviolenta (CNV) y el papel central que juegan en la comprensión del ser humano. Pero mi propuesta no es una viaje teórico sobre la naturaleza humana sino que voy a tratar de explicarte qué sentido tiene para mi esta cita de Jung. ¿Me acompañas?

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Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

En muchas ocasiones oigo decir cosas similares a “él me ha hecho sentir mal” o “Me has hecho llorar“… Estos son ejemplos que demuestran de qué forma hacemos responsables a los demás nuestros sentimientos. La lógica que hay detrás de esto es algo parecido a lo siguiente: La otra persona hace algo, yo me siento mal (aunque no sea muy consciente de ello), así que la otra persona es culpable que yo me sienta mal.

Hoy quisiera hablar de esto porque esta forma de pensar tiene grandes inconvenientes y me gustaría aportarte una alternativa a la ya conocida de culpabilizar a los otros o a ti mismo, por sentirte como te sientes. Lo que se trata de estar o no en lo cierto, sino de ampliar tu campo de posibilidades para que tú elijas qué hacer ¿te apetece?

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Concierto fallido… o no. La diferencia entre quejarse, rendirse y aceptar

El otro día fui a un restaurante a cenar. Es un local que tiene un jardín – terraza y aprovecha el buen tiempo del verano para ampliar su oferta gastronómica con una oferta musical y, a la vez que cenas o tomas un refresco puedes escuchar la actuación en directo de un cantante o un grupo musical.

La cuestión es que llegamos antes de la actuación y empezamos a cenar. Mientras, el técnico de sonido iba haciendo las pruebas necesarias para que a la hora del concierto estuviera todo a punto. Lo que pasó es que, a medida que se acercaba la hora de empezar vimos que había algo que no funcionaba bien con las pruebas de sonido. El técnico hacía unos ajustes pero el micro y los altavoces se acoplaban.

El concierto empezó con más de media hora de retraso, no había muchas caras de satisfacción y la la cosa no mejoró. Con la primera canción el sonido continuaba siendo pésimo y la cantante decidió parar sin acabarla. Más ajustes, el técnico yendo desde la mesa de mezclas hasta el escenario, más pruebas… pero no había mejora.

Hubo un momento en el que uno de los miembros de la banda tomó el micro para hacer más pruebas de sonido con el técnico. La cosa es que no sabía qué decir para probar el sonido y se decidió por contar un chiste, o más bien algo que se le parecía, porque nadie rió y además, el micro se continuaba acoplando con el altavoz. Eso fue demasiado para él y con un gesto de rabia, dio un golpe al micrófono que cayó justo encima de un altavoz. El resultado fue de nuevo un pitido intenso de acople que no cesaba. Nos quedamos todos quietos, escuchando ese sonido tan agudo y desagradable hasta que una persona del público se acercó al escenario, apartó el micro y nuestros oídos pudieron descansar.

Todo indicaba que el concierto se iba a cancelar. Entonces la cantante, fue al escenario y prescindiendo del micro y del sistema de amplificación se dirigió al “respetable” diciendo lo siguiente:

-Hola, yo he venido a cantar y voy a hacerlo aunque voy a prescindir de los altavoces. Así que va a ser una mini concierto “unplugged”. Me pondré aquí en medio y así podréis escucharme mejor.

La gente le hizo un espacio y entonces empezó su repertorio. Las personas que queríamos escucharla nos acercamos a ella. Yo no la conocía y al principio no tenía un gran interés por su música pero esa forma de afrontar la situación vivida despertó en mi una gran curiosidad. Así que, como otras personas, nos acercamos para sentarnos muy cerca de ella y así escucharla bien.

Eso creó un ambiente de intimidad y conexión que me encantó. Parecía que estaba cantando para mí y para cada uno de nosotros. Había contacto visual, conexión, comunicación y me parece que no se hubiera conseguido si el concierto se hubiera desarrollado como estaba previsto. Fue un concierto magnífico !

Quizás te estés preguntando porqué te explico todo esto. Pues he decido contarte esta anécdota porque me parece una buena manera de explicarte las diferencias entre quejarse, rendirse y aceptar. Permíteme que te lo explique.

Me imagino que la cantante debió sentir frustración al ver que no podía hacer la actuación que tenía programada por culpa de la mala sonorización. Me hubiera parecido lógico que pensara que el técnico de sonido que se había contratado era un inútil, que no sabía hacer su trabajo y que por su culpa no podía cantar. En ese caso se podría haber enfrentado quejándose por lo mal que hacía su trabajo. Lo más probable es que esa actitud no habría ayudado ya que a mi me pareció que el técnico estaba intentando solucionar un problema que le había sobrepasado.

Supongo que al principio se quejó de alguna forma pero eso no sirvió para conseguir una sonorización lo suficientemente aceptable como para hacer el concierto. La queja es un intento de rebelarse en contra de una situación que no encontramos aceptable con el objetivo de intentar cambiarla. Sin embargo si la queja no consigue ese propósito y nos instalamos en ella entonces la situación se bloquea y además sentimos resentimiento.

Si queremos avanzar hay que dar un paso más hacia la siguiente etapa: RENDIRSE. Veamos lo que significaría eso siguiendo el mismo ejemplo. Si la cantante se hubiera rendido lo que habría hecho es cancelar el concierto, pero no desde el resentimiento sino desde la tranquilidad que da el saber que la culpa fue del del técnico que no hizo bien su trabajo. Fíjate que abandonar significa dejar de luchar contra una realidad que no se puede (o no se sabe) cambiar. Sin embargo esta actitud tiene el inconveniente que nos condena a la inacción porque implica que la realidad nos ha vencido y eso nos convierte en una víctima de las circunstancias. Parece que esto pudiera ser un punto y final, pero no fue así. Veamos la siguiente etapa.

El siguiente paso es la ACEPTACIÓN. Antes permíteme recordarte que la queja supone una mirada hacia el pasado (lo que me acaba de suceder) con una actitud de lucha para cambiarlo. La fase de RENDICIÓN supone también una mirada hacia el pasado pero se diferencia de la queja en que ya no hay lucha sino abandono hacia aquello que no se puede cambiar.
El avance que supone la aceptación es que, a pesar que también hay una actitud de abandonarse a lo que es, ya no se mira hacia el pasado sino hacia el futuro. Me explico.

Cuando se acepta se plantea la siguiente pregunta ¿que puedo hacer ahora mismo que mejore la situación de forma que me acerque a aquello que quería conseguir? Aceptar implica utilizar la realidad que no se puede cambiar como un punto de apoyo para impulsarse hacia el futuro que deseamos, en vez de ser una coartada para no moverse. Como ves es rendirse al presente y mirar hacia el futuro.

Fíjate que esto es lo que hizo la cantante. Dijo que sí a la realidad que no le gustaba (el técnico no podía arreglar el sonido) y se preguntó que podía hacer en ese momento que la acercara a su objetivo (venir a cantar). Desde esa actitud de aceptación se le ocurrió que podía cantar sin altavoces. Como ves, el proceso pudo ser, primero la QUEJA, luego la RENDICIÓN y finalmente la ACEPTACIÓN que la llevo a hacer esa actuación tan maravillosa a pesar (o quizás gracias) a las circunstancias.

Así que la próxima vez que una dificultad te bloquee te puedes preguntar. ¿Dónde estoy, en la queja, la rendición o la aceptación? ¿qué es lo que quiero para mi? ¿cómo puedo mejorar la circunstancia presente? Si el quejarse no funciona, si el rendirse supone un punto y final y tampoco quieres eso, entonces prueba a aceptar. Así quizás puedas encontrar una estrategia que convierta el punto final en el que pensabas que estabas instalado en un punto y seguido de una historia en la que tu eres el verdadero protagonista: tu vida.

¡Buen viaje!

P. D. Por cierto, la cantante protagonista de esta anécdota es Marion Harper. Os recomiendo que la escuchéis.

Eres un inútil, 2ª parte. El enfoque de la CNV

En la entrada anterior vimos juntos lo que ocurría cuando alguien nos decía algo parecido a “Eres un inútil“, nos sentíamos molestos por ello y queríamos disponer de alguna respuesta diferente a las ya conocidas. La primera que repasamos fue la de responder al “ataque” con un contraataque, como por ejemplo “Pues mira que tu !“. La segunda que vimos fue, atacarse a uno mismo, por ejemplo decir “Sí, es verdad, soy un desastre, todo lo hago mal“. La tercera que vimos fue la de huir, es decir, irse sin decir nada.

Lo que planteamos en el último post fue, ¿hay alguna otra forma de responder que no sea, atacar, contra atacar o huir? ¿Hay alguna manera de responder que suponga que yo sea tenido en cuenta sin que ello suponga responder de alguna de estas formas? Yo creo que sí y si me acompañas lo veremos juntos tal y como te prometí en mi último post.

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¡Eres un inútil!

Es posible que alguien te haya dicho alguna vez “eres un inútil“. Habrá casos que eso no te haya molestado, aunque yo estoy interesado en aquellos casos en los cuales eso sí que te ha afectado.

¿Recuerdas algún caso en concreto? ¿Esta situación te ha bloqueado de alguna manera o ha provocado una escalada de violencia verbal que no te ha llevado a ningún sitio? ¿Te gustaría ver alguna alternativa que te permita ser más flexible y eficaz para otras veces que ese repita? Si tu respuesta es afirmativa entonces te podría resultar de utilidad acompañarme en este artículo, ¿Te apetece?

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Gritar “en jirafa”: una forma diferente de enfadarte

En otras ocasiones he tenido la oportunidad de compartir contigo maneras para entender y afrontar el enfado: Enfádate de una forma diferenteEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abonoEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abono2a-parte, son artículos que hemos tratado este asunto.

Así que mi propuesta de hoy para ti con respecto a este tema es que grites “en jirafa“. ¿Sabes lo que significa esto? Pues es una forma diferente de gritar más ecológica y eficaz. Si tienes curiosidad por saber más detalles y en cómo se diferencia de la forma de gritar a la que estamos acostumbrados, te invito a que escuches el 10º episodio de Conecta 3, un programa en formato podcast que realizamos Alicia Mánuel, Dani Muxi y yo mismo.

Como en todos los episodios de Conecta 3, tratamos de combinar los contenidos para difundir la Comunicación Noviolenta (CNV), con secciones más livianas como Ojos que ven corazón que siente, o incluso divertidas, como la sección, la llamada del público (en este episodio no te puedes perder la llamada de Ernesto con su “sonotone CNV”)

Puedes escucharnos mientras paseas, vas de camino al trabajo, preparas la cena… Es una invitación a enriquecerte de una forma entretenida, ¿te apetece?

¡Buen Viaje!

Un cuento para ti: Juan con Miedo

Hoy quiero compartido un pequeño relato sobre el miedo. Acabo de sacarlo del horno. Espero que lo disfrutes.

Erase una vez Juan Sin Miedo que encontró el miedo. Podrías pensar que como era algo deseado, estaría feliz con su nuevo hallazgo. Sin embargo, no ha dejado de maldecir el día en que encontró aquello que con tanta ansia buscaba. Desde entonces que intenta librarse de él, pero no hay manera: ironías de la vida.

Tan desesperado estaba que decidió acabar con ello batiéndose en duelo. Sólo uno de los dos debía salir vivo, e hizo todos los preparativos hasta que llegó el gran día. Se habían citado en un lugar desierto. Juan no quiso ni padrinos ni testigos. Sólo debían estar él y su miedo.

Los dos fueron puntuales y llegaron justo en el mismo momento. Curiosa sincronicidad, pensó Juan. Estaban uno delante del otro, mirándose. El miedo se parecía en cierta manera a Juan, pero con un aspecto más terrorífico. Con pinchos que le salían por todo su cuerpo. Sin embargo eso no hacía que se perdiera ese parecido a él tan inquietante. Se miraron fijamente.

– He venido a devorarte -dijo el miedo

Lo dijo con la seguridad que le da es saberse más grande y mucho más fuerte. Juan, al escuchar esto y viendo las dimensiones y fortaleza de su enemigo pensó que nunca podría vencerle. Hiciera lo que hiciera, acabaría por tragárselo así que, decidió acabar lo antes posible.

– Muy bien, ven aquí, te estoy esperando – Dijo Juan

El miedo empezó a avanzar decididamente hacia Juan. Sentía un gran vacío en su interior y pensó que si se lo comía podría aliviar esa sensación tan hondamente desagradable. Ese hambre le daba mucha fuerza y eso le gustaba. Le gustaba ese poder y, al mismo tiempo, quería saciarse y acabar con ese sufrimiento.

Cuando estuvo delante de Juan se sorprendió que no huyera. Quería tragárselo de un sólo bocado pero el estaba ahí quieto, casi parecía desafiarlo. Entonces el miedo decidió que se tragaría a Juan como hacen las boas constrictor con sus víctimas. Lo abrazaría hasta romperle todos los huesos y luego se lo tragaría.

Así empezó, sin ninguna oposición de Juan, con su abrazo constrictor. Y entonces ocurrió que cuanto más apretaba, su sensación de vacío disminuía y con ello iba perdiendo su energía. El miedo sentía cómo su vacío se iba llenando y se iba sintiendo cada vez mejor. De la misma forma, Juan tenía la sensación que algo suyo se escapaba a través de ese abrazo e iba a forma parte del Miedo.

El miedo estaba cada vez más saciado y tranquilo al mismo tiempo que Juan permanecía ahí, menos rígido y curiosamente, más vivo que antes. Hasta que llegó un momento que el miedo se sorprendió al darse cuenta que ya no abrazaba a Juan y su sensación de vacío había desaparecido completamente.

Cuando Juan abrió los ojos comprobó que aún estaba vivo y que su Miedo ya no era ni tan grande ni tan poderoso y aunque conservaba gran parte de su aspecto terrorífico, sintió un atisbo de empatía hacia él. Nunca lo había sentido antes así. Entonces entendió que en realidad eran dos entes separados, pero también eran una misma cosa, porque en cada uno había una parte del otro. Eran dos pero también uno.

Juan también se dio cuenta que en el miedo también hay amor, porque el miedo tenía un deseo inconmensurable de fundirse con él. Pudo ver que el miedo y el amor son en realidad la misma energía, no se pueden separar. Y cuando alguien las separa no pueden evitar recordar que siempre han sido la misma cosa y cuanta más fuerza pongan para separarlas más deseos tendrán de volver a unirse. Como una especie de big bang cósmico que inicia su proceso de contracción al llegar a su máxima expansión, para volver otra vez al origen, a ser una sola cosa, infinitamente completa.

Juan descubrió eso y decidió convertir a su Miedo en compañero de viaje. Quizás no fuera el más amable, pero no quería renunciar a él porque quería volver a sentirse un ser completo.

¡Buen viaje Juan!

P.D. Gracias a Jorge Cuervo y a Júlia Martínez por vuestra ayuda.