¿Porqué me cuesta dejarme ayudar? Cuidarse para cuidar

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World War One; soldier looked after by nurses

No sé si a ti te pasa lo mismo que a mi, pero a mi me cuesta dejarme ayudar. Si me cuesta debe haber algo muy valioso en esta actitud. Así que, si quieres que investiguemos juntos esto, te propongo que me acompañes, ¿te apetece?

En este asunto de dejarse ayudar hay un primera cosa que a mi me parece clave: la generosidad. Mi tendencia a etiquetar las cosas y las personas me lleva a clasificar las acciones y las personas como generosas o no generosas. Siguiendo esta “querencia”(como se diría en el mundo taurino) de continuar con las etiquetas, ser generoso está muy bien visto. Finalmente esto me lleva a que ser generoso está bien y no serlo está mal (más etiquetas…) Ahora que ya tengo el mundo bien clasificado entre los generosos y los no generosos, entre la conducta correcta y la incorrecta, todo me resulta mucho más fácil. Al menos aparentemente, porque me temo que las cosas no son tan simples como a mi me gustaría. Me explico.

¿Qué es lo que me pasa cuando hago un gesto generoso? Pues que me siento muy bien (siempre que sea un acto voluntario). La satisfacción que produce un acto generoso es enorme. ¿Podría eso significar que hago actos generosos porque eso me produce placer? Algo de cierto puede haber. Si eso es así, entonces un acto generoso se convierte al mismo tiempo en un acto egoísta porque busca mi satisfacción. ¿Tiene eso sentido?

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San Jorge y el dragón: un cuento sobre el miedo

La entrada de hoy es un relato que escribí para el día de Sant Jordi. La imagen de San Jorge matando el dragón es muy potente para mi. ¿Tuvo miedo antes de enfrentarse al dragón? ¿Cómo lo superó? Para responder a estas preguntas he inventado un cuento. A ver si te gusta.

P.S. Aquí tienes la versión escrita (San Jorge y el dragón llamado Miedo)

Observar sin juzgar, ¿es eso posible?

Hoy quiero compartir contigo algo que me llena de curiosidad y sobre lo que estoy investigando. Se trata de observar sin juzgar. Es posible que te estés preguntando, ¿ a qué viene esto? Mira, si eres un lector habitual de mis post habrás visto que lo primero que hace falta para que podamos salir de una situación de dificultad es darnos cuenta de lo que pensamos.

Una cosa es lo que pasa, los hechos mondos y lirondos, y otra muy diferente aquello que viene a nuestra cabeza cuando nos ocurre lo que nos ocurre. Así que los juicios y los pensamientos que me vienen cuando me pasan las cosas que me pasan son un factor clave para entenderme y encontrar soluciones a mis bloqueos.

El otro asunto respecto a los pensamientos y juicios es que muchas veces me identifico tanto con mis pensamientos que confundo lo que pienso sobre los hechos, con los hechos mismos. Esta confusión tiene una consecuencia importante. Los hechos no se pueden cambiar mientras que sí puedo cambiar lo que pienso. Si confundo una cosa con otra entonces me resultará muy difícil cambiar mis ideas sobre lo que me ocurre, así que eso supone que me quedaré en el bloqueo.

Ya he escrito algún post para hablar sobre ello así que  (la importancia de darse cuenta de lo que se piensa) hoy quiero que miremos juntos otro aspecto de los pensamientos. No sé si te habrás dado cuenta pero somos auténticas fábricas de pensamientos. Hay algún estudio que afirma que esta cantidad es de 60.000  ! La cuestión que se me plantea es la siguiente:  ¿de dónde sale lo que pienso? ¿De dónde sale lo que estás pensando ahora mismo? Quédate un rato antes de contestarme de forma rápida…

Quizás puedes contestar, “de mi cerebro” o “de mi”… aunque eso que dices es un pensamiento que viene de algún sitio. Se trata de hilar un poco más fino: cuando veas que aparece el pensamiento quédate para observar de donde surge, sin pensarlo, sólo siendo un espectador de lo que sucede. Vuelve a probar…

¿Qué te ha pasado? Es posible que durante un brevísimo momento hayas tenido una experiencia muy difícil de explicar. Son ese tipo de cosas que no se pueden explicar con palabras, sólo cuenta experimentarlo. ¿Cómo explicarías a alguien lo que experimentas al ver una puesta de sol? Complicado, tiene que vivirlo él mismo porque las palabras se quedan cortas.

En mi opinión, lo que acabas de hacer es experimentar lo que es observar quien eres tú en realidad. Pero no quiero entrar en la esencia de lo que eres sino en la esencia de observar.

¿Qué significa observar realmente?

Es imposible observar el mundo sin aplicar de forma involuntaria los filtros que suponen mi historia personal, mis vivencias, mis creencias sobre el mundo, sobre las personas y sobre mí mismo. No veo el mundo como es sino, en gran parte, como soy. Sobre esto ya he escrito en alguna ocasión (no es lo mismo mapa que territorio).

Ahora bien, ¿hay alguna forma de observar sin las gafas que llevamos cada uno de nosotros? Poder hacerlo implicaría que podría dejar de lado todo lo que tiene que ver conmigo y mirar el mundo, libre de todo  eso. ¿Es eso posible? Y si lo fuera ¿qué implicaría? Si veo el mundo a través de mis filtros personales y tuviera la capacidad de poder quitarme esas gafas entonces podría ver lo que realmente es y no lo que yo creo que es. Bua! Eso sería una pasada, ¿no crees? ¿A ti no te gustaría descubrirlo?

Vale, quizás te pase como a mí, que te encantaría poder hacerlo, así que “sólo” queda un pequeño detalle, ¿Cómo podemos quitarnos las gafas de nuestra historia personal? ¿Imposible?

La buena noticia es que es posible, y la mala es que no es fácil. Bueno, quizás sea un poco presuntuoso decir que es posible. Lo que sí puedo afirmar es que yo si creo que es posible. El camino no te lo voy a descubrir yo, sino que hay sabiduría milenaria que habla sobre ello que se basa en aprender la habilidad de observar sin juzgar, sin pensar ni etiquetar sobre lo que observamos. Fácil de decir y difícil de hacer.

Lo que te estoy diciendo es muy radical porque observar sin añadir mis juicios ni mis etiquetas significa observar incluso sin utilizar palabras, porque una palabra es una etiqueta de una cosa y no es la cosa en sí misma. Así que si utilizo la palabra ya me estoy limitando. ¿Se puede llegar a observar liberándonos incluso de este límite? Yo creo que sí porque yo lo he hecho y estoy convencido que tú también lo has hecho, aunque a veces no nos demos ni cuenta y sólo lo hagamos durante unos brevísimos momentos.

Para ponerte un ejemplo, busca un momento en tu vida en el que te hayas sentido profundamente conectado a eso que estabas viendo. Puede ser un paisaje, la visión de una persona querida o alguna cosa que al observarla te hayas sentido conectado de una forma especial. ¿Qué pasaba en el momento de máxima conexión? ¿Es posible que no hubiese ninguna palabra? Simplemente estabas ahí, presente al 100% y cuando eso ocurre entonces desaparece el tiempo. Si hay pensamiento hay tiempo, así que si no hay tiempo es posible que no haya pensamiento. Es como si el ponerse en contacto con la realidad real y no con la realidad imaginada fuese una experiencia que nos dice que estamos en contacto con la realidad…

Estoy de acuerdo que estos momentos pueden ser muy breves pero existen. Y si los podemos crear una vez, aunque sea durante un breve instante, eso quiere decir que los podemos reproducir más veces y los podemos expandir. Soy consciente de la dificultad que supone observar de esta forma.

Por ejemplo, cuando miro una puesta de sol enseguida me surge el pensamiento que dice “qué puesta de sol tan bonita”. Pongo etiquetas sobre si es bonito o si me gusta, y entonces pienso que quiero conservar ese momento para volver a sentirlo más adelante. Cuando ocurre esto entonces es cuando me desconecto de la experiencia de observar y pierdo la conexión con lo que es. Por eso observar de esta forma es tan difícil y tan sutil. Por eso observar la realidad real es tan difícil.

Conclusiones

Observar de esta forma para mi es más una dirección que un destino. Quiero decir con esto que es algo a lo que no pretendo llegar, simplemente porque si pienso que lo he alcanzado entonces ya vuelvo a estar en mis pensamientos y eso quiere decir que no estoy observando.

Me es útil saber que cuando me alejo de esta forma de observar entonces lo que veo es algo que se aleja de la realidad real. Me ayuda a darme cuenta que cuando pongo etiquetas, juicios y pensamientos sobre lo que veo entonces lo que estoy haciendo es mirar a través de mis gafas personales y eso me ayuda a darme cuenta que eso que yo veo, no es lo que es sino que es la realidad vista a través de las gafas de mi yo, de mi ego…

Y tú, ¿cómo observas lo que te rodea? ¿Cómo te observas a ti mismo? ¿Por qué no pruebas de observar y observarte? En la meditación puede que encuentres alguna respuesta…

¡Buen viaje!

La gestión del tiempo y la estrategia del submarino.

En el post de hoy te quiero hablar sobre lo que es en mi opinión uno de los mayores retos que hay a la hora de gestionar el tiempo. Me refiero a que las pequeñas cosas del día a día me impiden dedicar tiempo a las cosas importantes pero no urgentes. Precisamente, el no encontrar tiempo para planificar y prepararme para lo que tiene que venir incrementa las urgencias, lo cual me deja menos tiempo para que pueda pensar y planificar. Lo cual hace que tenga más urgencias, … Desde luego es un círculo vicioso del cual resulta muy difícil salir. ¿Cuales son las razones que me lo impiden? ¿Hay alguna estrategia que me podría ayudar? A continuación voy a tratar de dar respuesta a estas preguntas.

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Atacar o huir, ¿y si hubiera algo más?

Estimad@ lector. En este post te propongo que pensemos juntos acerca de las estrategias que utilizamos cuando nos afrontamos a una dificultad, ni importa cuál sea su envergadura, ni de qué tipo sea. En mi opinión, nos movemos en el paradigma de la lucha o la huída. Supongo qué te preguntas que tiene que ver esto con la forma que encaramos las dificultades.

Permítime que te lo explique con un ejemplo. Supón que tengo la siguiente dificultad. Hay una persona en que me trata de una forma desconsiderada y yo creo que a las personas hay que tratarlas con respeto así que no me gusta su manera de proceder. El planteamiento sobre la cuestión es que “debería” tratarme con consideración porque eso es lo “correcto”. Así que debe de cambiar de actitud y para conseguirlo se me ocurren sólo dos maneras que están basadas en el ataque o la huida.  ¿O quizás haya más?

La estrategia del ataque.

Llamo estrategia del ataque cuando quiero obligar al otro a actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Según mi juicio, hay una forma de actuar correcta y otra incorrecta y como opino que el otro lo hace mal entonces es el otro el que debe cambiar. Si te fijas, es una imposición basada en un juicio sobre lo que es correcto e incorrecto.

Resultados que se obtienen al aplicar la estrategia del ataque.

Supongamos que consigo imponer a los demás una forma de actuar. La primera reflexión es que si yo me impongo significa que el otro pierde. Si el otro pierde lo más probable es que esté resentido conmigo. Es decir, que a la próxima que pueda va a ir contra mi. Como dice el dicho “arrieros somos y en el camino nos encontraremos“.

Este es el mejor de los casos, porque, muchas veces, simplemente no consigo imponer mi manera de entender cómo se deben comportar los demás. El motivo es muy simple: a nadie le gusta que le digamos cómo debe comportarse. O sea, que he perdido mucha energía tratando de imponer algo y, además, no lo he conseguido y me siento frustrado.

Estrategia de la huida.

Vayamos a la segunda forma de reaccionar que es la que llamo la huida. La primera parte del razonamiento se comparte con la estrategia del ataque. Se basa en que yo tengo la razón y el otro está equivocado. La diferencia está en que no pretendo que el otro cambie, ya sea porque ya lo he intentado antes con todas mis fuerzas y de mil maneras diferentes y no lo he conseguido o porque juzgo que no voy a poderlo conseguir.

Ante esto, simplemente me rindo y dejo que continúe ocurriendo porque simplemente no puedo hacer nada para evitarlo. Como mucho, de vez en cuando me quejo de lo mala que es la otra persona y busco la simpatía en otras personas contándoles lo mal que se porta. Al explicarlo busco que me den la razón, porque la tengo, claro. Si son mis amigos me dan la razón y así me quedo tan tranquilito en mi no hacer nada. Jodido pero tranquilo, al menos aparentemente.

Si lo bajamos al ejemplo de antes, sería dejar que esa persona continúe actuando de la manera que lo hace y cada vez que ocurre quejarme amargamente de lo “mala persona” que es. Esta opción tiene la ventaja de consumir mucha menos energía que la del ataque. Busca la supuesta paz que da una retirada aunque a costa de quedarnos en la queja.

La vía de la aceptación.

¿Hay una estrategia diferente a la del ataque y la huida? Yo creo que sí. ¿Te apetece que te la explique?

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