Cuando hacer lo equivocado es lo correcto

por | 06/02/2013

El título de este artículo puede sonar provocativo. Permitirme que explique que es lo que quiero decir con esto. Hay ocasiones en que, al afrontar la resolución de un problema, observamos que la solución lógica y correcta no funciona y, en el peor de los casos, empeora las cosas. Las soluciones que se basan en relaciones causa efecto que nos han resultado eficaces en otras ocasiones, dejan de ser eficaces. Esto ocurre en los problemas que tienen que ver con lo complejo. Y lo humano es complejo. Pongamos ejemplos que permitan explicar mejor el tipo de problemas a los que me refiero.

Problema 1. Quiero que me quieran.

¿Hay alguien que no quiere que le quieran? Yo creo que es un problema bastante común. Y por la misma razón creo que algunos de nosotros habremos aplicado la_lógica_más_lógica_de_todas_las_lógicas para resolverlo. Si quiero que me quieran más no tengo más que pedirlo y si no funciona exigirlo. Lógico, ¿no? Supongo que alguno de vosotros ya habrá experimentado que, lejos de funcionar, provoca el efecto contrario.

Esto no funciona porque cuando muestras interés en que te quieran estás mostrando a los otros que te falta amor. ¿Cómo puedes dar algo que no tienes? El error del planteamiento es pensar que somos en la medida que acumulamos. La acumulación puede ser en el ámbito del dinero, de lo que se posee, de conocimientos… El planteamiento correcto es que no hace falta que acumulemos porque, ya somos completos en nuestro potencial y lo que hace falta es desplegar las cualidades que ya tenemos. Es una diferencia sutil pero trascendental. Si crees que la manera de tener amor es acumularlo, es decir recibirlo, estás funcionando con la lógica de que tu no tienes suficiente y necesitas acumular. Si piensas que ya eres amor en potencia lo que harás es dar amor para desarrollar esa capacidad que tú ya tienes. Sólo necesitas ejercitarla para que se despliegue porque tu ya tienes todo el potencial de amar.

En conclusión el problema está en la solución intentada. Entonces, ¿cual sería la buena solución? Probar exactamente lo contrario que diría la lógica. En este caso sería, lo que tienes que hacer es, en vez de exigir amor es dar amor.

Problema 2. Quiero que me escuchen.

Supongo que es un problema bastante poco frecuente, ¿verdad? 😉 ¿Cual es la solución lógica? Pedir que te escuchen. ¿Habéis probado si funciona? A mi la verdad es que no me ha funcionado muy bien, y supongo que a muchos de vosotros tampoco. Entonces, ¿cual es la manera “ilógica” que sí podría funcionar? Para que te escuchen has de escuchar tu primero. De todos modos, ya sé que aunque nos creamos que esta solución puede llegar a funcionar puede resultar difícil para poner en marcha pero, ¿para qué seguir perdiendo tiempo y energías en un método que sabemos que no funciona? Creo que vale la pena probar otra cosa aunque nos resulte más dificultosa que no hacer algo fácil que sabemos no funciona.

Problema 3. ¡Relájate!

Es similar al pedirle a alguien que deje de gritar gritando tú igual o más que el. Igualmente parece lógico que si alguien no consigue relajarse lo que debe hacer es intentarlo con más intensidad. Y si no lo consigue hay que pedírselo con más fuerza porque no lo ha intentado lo suficiente. Nuevamente creo que es un círculo vicioso en el que hemos caído más de una vez. El problema está precisamente en la solución intentada.

Hagamos lo contrario de lo que parece ser lo lógico: si quieres que alguien se relaje y no lo consigue, pídele que pruebe con todas sus fuerzas que trate de no relajarse. Por ejemplo, puedes pedirle que te explique cómo lo hace para no relajarse y que se centre precisamente en eso. Si lo que hace es pensar en las cosas que tiene que hacer o que ha hecho durante el día pídele que observe eso que piensa sin rechazarlo, como si fuera algo que quiere observar con curiosidad y que luego que se quede expectante para saber cual va a ser el siguiente pensamiento. Si lo que le ocurre es que tiene una sensación en el cuerpo que le impide relajarse le pediremos que se centre precisamente en esa sensación y nuevamente la observe con curiosidad, como si tuviera que analizarla para explicársela a un investigador. Por ejemplo, su tuviera una forma, ¿cual sería?, ¿que textura tendría?. Y esto funciona porque es precisamente cuando su foco está alejado del hecho de tener que relajarse lo que le permite que se pueda relajar.

Funciona igualmente en problemas similares como el ¡Duérmete! Os invito a que lo probéis. Seguramente ya conocéis infinidad de variantes de la forma que no funciona, así que, ¿qué podéis perder con probar con una solución aparentemente “loca”?

Problema 4: resolución de conflictos

Para acabar quisiera comentar que este tipo de estrategia “loca” puede funcionar también para la resolución de conflictos. Por eso os adjunto un texto de Kelly Bryson, “Don’t Be Nice, Be Real” que dice

“Las relaciones son como los atrapadedos chinos (ved la foto del principio del artículo). La clave para salir de los atrapadedos es la misma clave que para salir de la lucha por el poder. Es útil empujar hacia el centro en vez de estirar hacia los extremos. Cuando te encuentras luchando hacia uno de los extremos polares de un aparente conflicto de necesidades, la tensión de lucha por el poder se puede disminuir empujando hacia el centro, por muy ilógico que parezca. Tan frenéticamente como podría intentar que se entienda mi punto de vista o que se escuchen mis necesidades, si utilizo la misma cantidad de energía para mostrar comprensión por la necesidad del otro, disminuiré la lucha por el poder y me moveré hacia la resolución. Escojo luchar hacia la vida, hacia la conexión entre nosotros, que es la energía común que nos sostiene y nos conecta….”

Conclusión

En definitiva, lo que he tratado de hacer explicando estos ejemplos es que estemos abiertos a probar otro tipo de soluciones aunque a priori, nos puedan parecer descabelladas. Al fin y al cabo, creo que somos especialistas en probar ligeras variantes de la misma solución para luego decir que “lo hemos probado todo”.

Aquí os dejo una cita, falsamente atribuida a Albert Einstein y que en realidad proviene de un manual para el tratamiento de la drogadicción, que dice:

La locura es repetir los mismos errores esperando cada vez resultados diferentes.

¡Buen Viaje!

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

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