Cuando tener la razón no es lo más útil …

por | 11/07/2012

En ocasiones me encuentro en situaciones en que nos cuesta hacernos responsables de lo que nos ocurre. En mi opinión la dificultad radica en las connotaciones del término responsabilidad.

Para explicarlo utilizaré un ejemplo. Supongamos que soy un jefe de proyecto y mañana tengo que hacer una presentación de un importante proyecto. He dejado encargado la parte de presentación a una persona del equipo. Llega el gran día y voy a la oficina a recoger la documentación: planos y un pen-drive con una presentación del proyecto. Llego a la oficina del cliente, enciendo el computador, conecto el pen-drive y… ¡No hay ningún fichero grabado!

Si os preguntara de quien es la responsabilidad, supongo que me contestaríais que de la persona que debería haber grabado la presentación en el pen-drive, es obvio.

Sin embargo, démosle un nuevo sentido a la palabra responsabilidad. Tomemos el sentido que proviene de unir las palabras responder y habilidad (respons-habilidad). Según esta lectura, lo que buscamos es una respuesta que nos sea útil y no una respuesta que busque culpar o que busque tener la razón (independientemente que se tenga).

Supongo que os preguntaréis ¿Cómo es esto de responder con habilidad?. Hay una manera que nos puede ayudar a centrarnos en lo práctico, más allá de lo que ” nos pide el cuerpo”. Hagámonos la siguiente pregunta: ¿De quién es el problema de lo que está ocurriendo?.

Apliquemos esta pregunta al ejemplo que hemos planteado. ¿De quién es el problema que no pueda hacer la presentación? Ahora ya no es tan obvio que la respuesta sea “del que se olvidó grabar el pen-drive” …. Es más, creo que el problema de que no haya presentación es mío, como jefe de proyecto.

Bien, ahora ya tengo centrado el asunto. El que se tiene que hacer cargo de la situación soy yo y no el que grabó el pen drive. En este nuevo marco supongo que podría pensar algo como lo siguiente:

“Vaya, con lo cómodo que era echar las culpas a otro… Ahora tendré que hacer algo…Bien, primero improvisaré una presentación sin el apoyo de un powerpoint… Y cuando llegue a la oficina investigaré qué ha pasado. No quiero que me vuelva a pasar esto en el futuro. Quizás me replantee asignar esta tarea en un futuro a otra persona, ….

Otro ejemplo es el que me ocurrió hace ya un tiempo con mi hija. Estábamos parados en un paso de peatones. Entonces se puso verde y se dispuso a cruzar la calzada a la carrera. Inmediatamente la paré. Ella se quedó muy extrañada y me preguntó.

– ¿Porqué me paras si está verde?.

– Pues porque antes de pasar hay que mirar si viene un coche a toda velocidad.

– !Pero si estoy pasando en verde¡

– Pues sí. Pero imagina que un coche se despista y se pasa el semáforo en rojo. Tu lo habrías hecho bien y el coche mal. Tú tendrías toda la razón y el coche no. Ahora, ¿ de que te serviría tener razón si te atropella el coche?. En definitiva, ¿De quien sería el problema si el coche se pasa el semáforo en rojo y te atropella?

 

En conclusión, cuando se nos plantea una dificultad o ocurre algo que no hemos previsto es bueno darnos el permiso para sentir lo que sentimos, para que podamos aceptar lo que nos está pasando. Seguidamente, nos podemos hacer la pregunta ¿De quien es el problema de lo que está ocurriendo?  Si la respuesta es que somos nosotros y queremos actuar con un sentido práctico (responsable) ya sabemos quien es el que se tiene que hacer cargo de la situación. En definitiva, podremos pasar del “lamentarse por ” al ” hacerse cargo de”.

Para acabar, os dejo una cita de Antoine de Saint-Exupéry: “Ser persona signifca ser responsable”.

¡Buen viaje!

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

Un pensamiento en “Cuando tener la razón no es lo más útil …

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