¡Tú me haces enfadar! Ten cuidado con las relaciones causa efecto

El post de hoy voy a hablar sobre las relaciones causa-efecto. Quizás sea algo poco claro así que voy a tratar de explicarme lo mejor posible. Para ello voy a empezar poniendo algunos ejemplos que ilustren lo que son para mi.

1- Como en exceso. Me engordo. La causa que me engorde es comer en exceso.
2- Me insultas. Me enfado. La causa de mi enfado es tu insulto.
3- Estoy triste. Como chocolate. Ya no estoy triste. La causa que ya no esté triste es comer chocolate.
4- Haces algo que no me gusta. Me siento infeliz. La causa de mi infelicidad eres tú.

¿Sigo?

Creo que no hace falta. El mecanismo para hacer estos razonamientos causa-efecto es que hay cosas que pasan unas después de otras y que nos hacen deducir que las primeras son la causa de las segundas. La verdad es que viendo estos ejemplos está claro que lo primero alguna cosa tiene que ver (o mucho) para que se desencadene lo segundo. Ahora bien, cuando decimos que lo primero es la causa de lo segundo no dejamos ningún resquicio a la posibilidad que no se produzca lo segundo cuando pasa lo primero. Aquí es cuando digo que hay que tener mucho cuidado. Y cuando digo mucho, es mucho. Como decía Jack el Destripador, vayamos por partes ( ;-)) y analicemos algunos de los ejemplos que he puesto.

Distinción causa estímulo.

En el ejemplo 1 parece muy evidente que comer en exceso es la causa que yo me engorde. Ahora bien, ¿estás completamente seguro que es una relación causa-efecto? Porque si es así, SIEMPRE que comas en exceso te engordarás. ¿Aún sigues pensando que es una relación causa-efecto? Déjame que te haga una pregunta más. ¿Se te ocurre alguna circunstancia en que comer en exceso no suponga engordarse? ….

… A mi sí. Por ejemplo, si mi cuerpo está enfermo, comer en exceso no supondrá que me engorde. También podría pasar que mi metabolismo cambie, y comer en exceso suponga que me quede igual o que incluso me adelgace. Si me aceptas estos ejemplos entonces podemos decir que comer en exceso no es la causa al 100% que me engorde. Hay otros posibles factores y hay que analizarlos. Es por ello que, para hablar con un más precisión me he permitido la siguiente distinción. Cuando digo causa es que lo es en el 100% de los casos. Si hay algún resquicio de que no se pueda establecer la relación causa-efecto en el 100% de los casos entonces lo que diré es que A estimula un efecto B. ¿Te parece bien? Con esta distinción a cuestas, vamos al ejemplo 2.

Ejemplo2.

Si me insultas yo me enfado. Entonces, el insulto es causa del enfado. ¿Qué me dices?… Recuerda que causa lo aplicamos cuando en el 100% de los casos en que me insultas, yo me enfado. Si no lo puedes afirmar en el 100% de los casos entonces la relación causa-efecto es incorrecta.

Yo no sé lo que a te pasa a ti, pero a mí, hay ocasiones en que me enfado y ocasiones en que no. Depende la persona que me insulte, o depende de cómo me encuentre yo en ese momento me puedo enfadar o no. O sea que el insulto estimula mi enfado pero no lo causa.

¿Sabes cual es el factor que hace que el insulto no sea causa sino estímulo de mi enfado? Pues es aquello que pienso cuando me insultan. Por ejemplo, si cuando me insultan pienso que la persona no sabe lo que dice porque está gritando también a otras personas. O bien, si me insulta una persona que conozco y interpreto que lo dice en tono de broma, entonces, no me enfada en absoluto, por muy insulto que sea eso.

Darse cuenta de esta diferencia es de una importancia radical ya que, si el insulto es causa de mi enfado entonces yo no puedo hacer absolutamente nada para actuar de forma diferente. Sin embargo, si el insulto es un estímulo pero no la causa de mi enfado entonces se abre la posibilidad que, a pesar que me insulten, yo pueda actuar de una forma diferente. Es decir, puedo elegir mi respuesta. Ahora sí puedo hacerme cargo de lo que hago cuando me insultan y por lo tanto me convierto en una persona libre.

Conclusión

Para acabar me gustaría que volviésemos al título del artículo para aplicarlo a cómo me siento cuando algo o alguien hace algo que me impacta. Lo que quiero decirte es que tienes que tener mucho cuidado cuando dices que algo o alguien te causa un sentimiento. Por ejemplo, si dices, “Lo que has hecho me hace sentir mal” implica una relación causa-efecto. Vamos, que tú has sido la causa que yo me me sienta mal. Pensar de esta forma tiene dos consecuencias:

La primera es que si los otros son causa de como yo me pueda sentir entonces siempre seremos sus víctimas, porque son los demás los que nos causan lo que sentimos. Esto me lleva a la pasividad porque yo no puedo hacer nada para cambiar eso. Y también me lleva al resentimiento, porque los otros son los culpables que nos sintamos como nos sentimos y merecen un castigo.

Esto me recuerda el caso del jugador de fútbol al que provocan del alguna forma sus oponentes. Si estos comprueban que al hacer alguna de estas provocaciones el jugador “pica” entonces ya saben qué es lo que tienen que hacer para conseguir que hagan lo que ellos quieren. Sin embargo, si el jugador puede darse cuenta que la provocación es un estímulo pero nunca la causa de su comportamiento, siempre tendrá más posibilidades de no caer en la provocación.

La segunda, estamos cargando a los otros con una responsabilidad que no les pertenece. Cuando acusamos a los otros de ser la causa de cómo nos sentimos lo único que vamos a conseguir es que se pongan a la defensiva y desde ahí nunca podrán escuchar lo que queremos decirles: que nos sentimos de una determinada forma cuando hacen lo que hacen. Por lo tanto nunca recibiremos comprensión por aquello que ha estimulado (y no causado) nuestros sentimientos.

Si expresamos cómo nos sentimos desde lo que nos pasa a nosotros, sin culpabilizar a los demás, entonces es posible que estén abiertos a escucharnos y haremos posible que quieran contribuir a nuestro bienestar. También desde ahí podemos hacer peticiones que tendrán más posibilidades de éxito porque no hay manipulación, no hay un intento de hacerlos sentir culpables, porque simplemente, no lo son. Por lo tanto cuando digas que alguna cosa te ha causado cierta reacción o sentimiento piénsalo otra vez. Recuerda que si lo consideras causa entonces tu eres su víctima y has perdido todo tu poder.

Si estás interesado en saber cómo puedes hacer para gestionar y elegir tu respuesta ante un estímulo no te pierdas mi próxima entrada. Pondré algún ejemplo práctico para que veas el proceso. Para acabar te recuerdo que puedes suscribirte clicando en el icono Follow y así recibirás un e-mail cada vez que publique un nuevo artículo. En cualquier momento podrás cancelar la suscripción. Finalmente, si quieres ampliar información sobre este tema puedes clicar sobre los enlaces a los artículos que te adjunto a continuación.

¡Buen viaje!

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