¿Es cierta la frase “Puedes conseguir cualquier cosa que te propongas”?

Hay una frase que se oye muchas veces y que produce sensaciones y efectos contradictorios. Es la siguiente: ” Puedes conseguir cualquier cosa que te propongas“. En ocasiones, hay comentarios irónicos, como por ejemplo:

– Sí claro, si me lo propongo, puedo a llegar a ser un Messi del fútbol, ¿Verdad que no?. Entonces esta frase es mentira.

Analicémoslo.

Lo primero que quisiera hacer es buscar cual es la intención positiva que tiene este comentario. Lo que se me ocurre es que, lo que se puede pretender con ello es protegernos de una probable frustación al fijarnos una meta que pueda tener muchas posibilidades de que no se cumpla. Efectivamente, cuando nos fijamos una meta debemos tener muy en cuenta hasta que punto está a nuestro alcance.
Por ello, creo que es importante tener en cuenta cuales son las condiciones necesarias para formular correctamente un objetivo (Véase http://rumbointerior.com/blog/diseno-de-objetivos/). Una de ellas  consiste en que el objetivo, reto o meta, tiene que estar por encima de lo que pensamos que podríamos conseguir, pero sin llegar a ser algo absolutamente descabellado. Y aquí está precisamente la cuestión que nos ocupa. Que no hay una regla exacta respecto a cual es el nivel óptimo, dónde fijar el límite. La dificultad está en determinar que es lo alcanzable y lo que no, ya que en ocasiones tenemos creencias limitantes (véase http://rumbointerior.com/blog/que-son-las-creencias-limitantes-por-que-son-importantes/) con respecto a lo que podemos o no podemos hacer o conseguir. Por lo tanto yo prefiero pecar por exceso, que no quedarme corto. Como dice la cita
“Apunta a la luna y, si fallas, al menos estarás entre las estrellas?”.
En definitiva, mejor fijarse metas que tengan un cierto punto de “locura”.

Volviendo a la idea del principio de evitarnos la posible decepción, ¿qué es lo que nos pasa si el objetivo que nos hemos fijado no se consigue nunca? ¿No sería mejor fijarnos metas poco ambiciosas o, mejor aún, no fijarnos ninguna meta para evitarnos el posible sufrimiento?

Tengamos en cuenta que el hecho de ponernos una meta muy elevada tiene el efecto positivo de movilizar al máximo nuestras energías y por lo tanto, los resultados que podemos llegar a conseguir se acercan al máximo de nuestras posibilidades. Sin embargo, tiene el efecto negativo que las probabilidades de éxito son menores y por lo tanto mayor posibilidad de frustración. Sin embargo quiero señalar que la frustración se produce porque estamos instalados en la exigencia y no en la excelencia (véase Excelencia y exigencia…).

Con ello quiero decir que que lo importante no es tanto que alcancemos el objetivo fijado sino que disfrutemos del camino hasta llegar a él. ¿Y cómo se consigue? Pues entregándonos a la tarea al 100%, y olvidándonos momentáneamente de lo que queremos conseguir, es decir, desapegarnos del resultado. Y lo paradójico es que el hacernos momentáneamente insensibles al resultado hace que podamos disfrutar mientras estamos en ello, por lo que la experiencia es óptima en cuanto a entrega y despliegue de nuestras potencialidades. Y es precisamente por eso que conseguimos mejores resultados que si estuviéramos con la espada de Damocles que supone estar pendiente todo el tiempo del resultado.  En definitiva, el tener presente cual es el resultado que esperamos nos sirve al final de cada actividad que nos lleva al objetivo para saber hasta dónde hemos avanzado pero no ayuda a mejorar nuestro rendimiento durante la ejecución de las tarea.

Tener en cuena que es conveniente utilizar la estrategia de partir un gran objetivo en subobjetivos más pequeños y asequibles de manera que, vayamos avanzando poco a poco hacia el objetivo que nos hayamos fijado y, al mismo tiempo, vayamos consiguiendo pequeños éxitos que nos animan y nos indican que vamos en el buen camino. Nos tenemos que dar pequeños premios antes de llegar a la recompensa final.

Para acabar, quisiera bajar todo esto tomando el ejemplo del principio, es decir, supongamos que me digo  “Puedo llegar a ser el próximo Messi del fútbol”.

Lo primero que tendría que tener en cuenta es mi edad. Es decir, con más de cuarenta años, si ya no he llegado a esta meta, es seguro que no lo podré conseguir. Este es el error que se ha cometido al tratar de fijar la meta. Por lo tanto, esta meta está absoltamente fuera de mi alcance. Ahora bien, sí que podría fijarme una meta que sea retadora en el ámbito el fútbol. Por ejemplo, podría mirar si hay equipos y liguillas de fútbol, con jugadores de mi edad. Podría comparar cuales son mis habilidades y cual es mi nivel de fútbol. Y con esta información, ya podría fijarme una meta retadora que suponga el tener que desarrollar habilidades que ahora no poseo, lo cual supondría entrenar para desarrollar unas habilidades que sólo se adquieren cuando nos ponemos al límite nuestras posibilidades, lo cual supone equivocarse, fallar para volver a intentarlo.

Y también que, una vez fijada la meta, haré un plan, el cual me asegura que las acciones que emprenda estarán alineadas con mi objetivo. Y una vez fijada la hoja de ruta, los entrenos, los partidillos, …me los tomaré como algo con sentido en sí mismo y no como un medio para conseguir un fin. Y los disfrutaré y me entregaré para vivirlos al 100% sin importartme, al menos momentáneamente, si voy a alcanzar el objetivo que me haya fijado para cada una de ellos. Y de vez en cuando, durante el trayecto, me pararé para evaluar cuales son los resultados que estoy alcanzando, lo cual me servirá para complementar, verificar y corregir si hace falta, el plan inicialmente marcado.

En conclusión, seamos un poco “locos” a la hora de fijar el listón de nuestros retos, y sepamos conjugar esto con el saber disfrutar del camino que nos lleva hasta nuestro objetivo para aprender a vivir los retos desde la excelencia y no desde la exigencia.

¡Buen viaje!

 

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

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