Saber decir no.

 

En muchas ocasiones me he encontrado con personas que me dicen que les cuesta decir “no” a peticiones de la gente, es decir que quieren decir “no” pero acaban diciendo “sí”. ¿A quién no le ha pasado esto alguna vez? Por ejemplo,  te invitan a algo que no te apetece para nada y acabas yendo. O los compañeros de trabajo te piden algo y como no sabes decirles que no, acabas cargado con un montón de trabajo que no sabes cómo manejar,…Seguro que a vosotros se os ocurren cosas de vuestra vida diaria.

Ante esto, la pregunta que se me ocurre es ¿Qué nos pasa por la cabeza cuando nos ocurre esto? Posibles respuestas a esta pregunta podrían ser: ¿qué pensarán de mi si digo que no? ¿Pensarán que no sé hacerlo? ¿Pensaran que no quiero hacerlo y se enfadarán conmigo?, ¿Creerán que soy una persona antipática y poco servicial?”

El problema es que nos hacemos este tipo de preguntas casi sin darnos cuenta y lo que nos ocurre es que nos damos cuenta que hemos aceptado algo que no deseábamos hacer demasiado tarde. ¿Desde dónde actuamos cuando nos pasa esto, desde una actitud positiva como podría ser la  voluntad de servicio o en realidad lo hacemos desde el miedo ( a que nos rechacen, a que no nos quieran, ….)?

Para qué lo hacemos

Puede ocurrir que digamos que sí para compensar alguna otra cosa que hayamos hecho o que haya pasado y de la que nos sintamos responsables, lo cual se convierte en servilismo hacia el otro. Si lo que pretendíamos con ello era arreglar la situación me da la impresión que aún lo podemos estropear todavía más.

Otras veces decimos “sí” cuando deberíamos decir que no para evitar un conflicto, es decir cedemos ante la presión de algo o alguien. Sin embargo, al acceder a ello, solucionamos la situación momentáneamente pero, ¿estamos arreglando el problema o simplemente lo estamos postergando? ¿Qué precio estamos pagando con ello? Si lo que queríamos conseguir era tiempo pudiera ser una buena estrategia pero si lo que pretendíamos era gestionar el conflicto creo que esta estrategia no nos acerca a lo que pretendíamos conseguir.

Otro motivo podría ser que decimos “sí” esperando que la otra parte se dé cuenta de que lo que nos está pidiendo no es justo o bien es algo que supera lo que se debería pedir. En este caso adoptamos un papel de víctima, responsabilizando a la otra parte de algo que no sabemos hacer nosotros: decir que no.

En definitiva, las motivaciones buscan algo positivo sin embargo no obtenemos buenos resultados.

Consecuencias de no saber decir que no.

Lo primero que podemos pensar es en las consecuencias sobre lo que nos pasa a nosotros, pues al acceder a las demandas de los demás sin tener en cuenta las nuestras estamos poniendo a los demás por encima de nosotros y esto tiene un coste personal en cuanto a autoestima. El supeditarnos a los demás sin ninguna consideración supone una relación no igualitaria entre uno mismo y los demás.

Por otra parte, este comportamiento puede suponer sobrecargarnos de trabajos y responsabilidades que no nos corresponden. Además es muy probable que si decimos que sí a todas las peticiones, no podamos cumplir con los compromisos adquiridos. Nuestra imagen y credibilidad se resentirá ya que no seremos fiables en nuestros compromisos.

Conclusiones

A modo de resumen, hemos visto que no saber decir “no” es una dificultad muy corriente, aunque esto es un consuelo poco reconfortante. También hemos analizado las buenas razones que nos llevan a comportarnos de esta manera aunque el resultado que obtenemos no es satisfactorio pues las posibles consecuencias que hemos analizado no son muy positivas.

Ahora quizás nos sea más fácil comprometernos con saber decir “no”. Pero, ¿cómo lo hacemos? Quizás os pueda dar una pista si tratáis de responder  a la siguiente pregunta con toda la honestidad que os sea posible. Cuando pides algo a alguien ¿estás dispuesto a escuchar un “no” como respuesta? ¿Qué te pasa cuando te dicen “no” cuando pides algo? ….

Si sois capaces de entender y aceptar que alguien os pueda decir que “NO” a algo que le pidáis, seguramente no os debería costar poder decir “no” cuando alguien os pida alguna cosa…

 

Finalmente quiero hacer un apunte respecto a la idea de mantener el equilibrio. Bien nos pudiera ocurrir que pasemos de “no saber decir no” a “decir siempre no” a cualquier cosa que nos pidan, con lo cual tendríamos dificultades similares. La clave está es mostrarse equilibrado y analizar lo que nos estén pidiendo, pedir aclaraciones para entenderlo, sopesarlo y tratar de alcanzar alguna clase de compromiso entre nuestras necesidades y las de la otra persona. Quizás una respuesta posible sería “no en este momento pero sí más adelante…..”. ¿Qué tal decir “no” con una sonrisa, sin tener ningún sentimiento de culpa?

Buen viaje

 

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

Sobre nosotros Francesc Bonada

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3 comentarios

  1. No sé si la gente leerá esto, pero lo mas importante, es saber decir “no” a uno mismo. Me encuentro en la situación de que mi soltería es entristecedora. Ahora bien, todo el mundo me dice “buscate novia” “sal de marcha” “no seas exigente” “tu no eres ningún Clooney”… Hasta aquí todo es aceptable, pero ¿Qué pasa cuando lo que le conviene a la gente no es lo mismo de lo que te conviene a tí? Sencillo: aparecen estos comentarios. Es una paradoja viciosa. Todo el mundo te aconseja pero, es como el chiste del púber en plena masturbación “lo exterior no es lo importante, pero mientras me la casco, pienso mas en la profe de aeróbics que en la gorda de inglés. Es un hecho…
    En mi caso, sé decir que “no” a mi mismo, para no caer en el “sí flojo” del resto. ¿Por qué me tengo que liar con un descarte de mujer?¿Porque no soy guapo?¿Porque no tengo dinero?¿Porque en donde vivo hay lo que hay?¿Porque no soy universitario?¿Porque se me pasa el arroz? En realidad, hay que tener la firme autodeterminación, para decir no a nuestro lado débil. Cuando decimos “no” el término en cuestión es análogo e indefectiblemente lo mismo que decir “no me conviene, no me gusta” y entonces recién ahí se transforma en el “no lo acepto”. Decir “No, si éso no es lo que tú quieres, no lo persigas” es lo debido, lo veraz. Y si mi entristecedora soltería me lleva a eso, habré cumplido con algo que ningún ser humano me quitará: la dignidad de poder elegir aunque no me acepten. Porque no nos engañemos: en la vida la gente que es firme en el no, es la que triunfa, no para el resto, sino para sí mismo. Por supuesto, no es mi soltería el problema. Es no obtener lo que deseo. Y no… No es Angelina ni la Theron, pero tampoco es Carmen de Mairena. Digan “no” al conformismo, y allí verán lo cruel que es el mundo cuando no te conformas. No importa si morimos en el intento. Digan “No” al “No”.

    • Hola,
      y para “liarlo” un poquito más, yo diría que siempre que digo “no” a algo, estoy diciendo que “sí” a alguna otra cosa. Por ejemplo, cuando digo no a dejar de buscar novia, puede ser que esté diciendo que sí a, quizás, un deseo muy profundo de ser libre,…
      Salud

  2. Pingback: Pasos para ser asertivo de forma no violenta. | Rumbo Interior

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