El efecto sedante de lo habitual: la felicidad, la brújula y el destino

ASCENSOR ANTIGUO REFORMADOEl otro día me ocurrió una cosa que me ha hecho reflexionar. A media mañana recibí un mensaje de un amigo con el que había quedado para visitarle por la tarde, que me decía lo siguiente. “Están revisando el ascensor de casa y lo más probable es que cuando tu llegues no esté operativo.”

Hay que tener en cuenta dos cosas. La primera es que vive en un ático y la segunda es que voy en bicicleta. Es una de estas plegables y siempre la llevo conmigo así que las perspectivas eran subir la bicicleta (pesa 12 kilos) por la escalera hasta el ático. ¡Uffff!

A medida que se acercaba la hora de la visita no podía evitar el agobio al pensar que tendría que hacer el esfuerzo de subir a pie con la bicicleta a cuestas. Total, que cuando llegué a la portería no estaba de muy buen humor. Plegué la bicicleta y me planté delante del ascensor. No había ningún cartel avisando que estaba fuera de servicio así que pulsé el botón de llamada, sólo para probar.

Se escuchó un ruido, se iluminó el indicador y el ascensor empezó a descender: ¡Funciona! ¡Qué alegría! Ya no tenía que subir a pie con la bicicleta todos los pisos hasta el ático. Mientras subía en el ascensor y experimentaba esta alegría me di cuenta que lo que estaba pasando en esos momentos no era en absoluto diferente a lo que me había pasado todas las veces que había tomado el ascensor de esa casa, que eran muchas. Sin embargo era la primera vez que este mismo hecho suponía una alegría indescriptible. Si el hecho es el mismo, ¿qué es lo que lo había hecho diferente?

Creo que está claro que lo que hace diferente el hecho es mi interpretación sobre lo que ocurre, es decir, lo que convierte una cosa normal en una cosa extraordinaria motivo de alegría es lo que yo pienso acerca de hecho, concretamente mis expectativas.

El efecto sedante de lo habitual

Mi día a día, y supongo que el tuyo, esta lleno de hechos normales en el sentido que son habituales. Esa cotidianidad hacen que me impida ver lo extraordinario que hay en algo a pesar que eso sea habitual, o que quizás, a pesar de ser normal, no por ello es digno de mi admiración.

Sino fíjate bien en el montón de hechos normales que se producen desde que te levantas. Por ejemplo darle a un botón y que se encienda una luz parece algo simple pero, ¿tienes idea del montón de cosas que hay detrás de eso para que sea posible? Para que esto pase tiene que haber una central eléctrica que produce la energía, un sistema de transporta de alta y media tensión, un sistema de cableado de distribución desde esas subcentrales hasta tu casa y en tu casa debe haber una instalación eléctrica. Y para que una central exista alguien la ha tenido que diseñarla y un montón de gente ha tenido que construirla. Y el que lo ha diseñado previamente a tenido que estudiar durante muchos años. Y lo que ha estudiado esa persona es a la vez fruto de un montón de generaciones anteriores que han desarrollado todos esos conocimientos. Cada elemento de la cadena, a su vez forma parte de otra cadena, que también forma parte de otra … y así “ad infinitum”.

Así que no es lo mismo que algo sea habitual a que sea normal. De hecho si lo miro con la perspectiva de lo que ocurre en el mundo puedo decir que hay un montón de países y un montón de personas para los que este hecho tan normal no es en absoluto habitual.

Esto es lo que yo llamo el efecto sedante de lo habitual. Las cosas que pueden llegar a considerarse extraordinarias, con el tiempo dejan de serlo por el simple hecho que se conviertan en habituales. Esto ocurre no sólo con las cosas que nuestra sociedad nos pone al nuestro alcance sino que también ocurre con las cosas que adquirimos y con los objetivos personales y profesionales que conseguimos. Incluso pasa en el aspecto relacional.

En el momento de conseguir aquello que tanto deseábamos, somos felices, pero una vez conseguido se convierte en algo habitual, y el efecto sedante de lo habitual, convierto aquello que era tan maravilloso y extraordinario en normal. ¿Donde quedó la felicidad?

La ventaja de este mecanismo es que me impulsa a conseguir más y más cosas y por lo tanto a progresar y en definitiva a ser feliz. Sin este impulso hacia la felicidad es al mismo tiempo una fuente de insatisfacción permanente porque cuando alcanzo eso que me hacía feliz, por el efecto sedante de lo habitual, hace que quiera otras cosas. ¿Cuando descansaré? ¿Donde está el límite? ¿Cuando podré ser feliz?

La felicidad, la brújula y el destino

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Procrastinar o el arte de postergar: 4 pasos para superarlo.

Según la wikipedia la procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

¿Porqué puede ser un problema procrastinar?

By Quino

Todos en algún momento postergamos y no pasa nada cuando aceptamos que queremos diferir una acción y lo hacemos con total conciencia y libertad de elección. Ahora bien, hay veces que al postergar algo, nos sentimos mal y eso, según creo yo, es síntoma que estamos viviendo un conflicto interno.

Por lo tanto, el problema de postergar no es hacerlo sino sentirse mal por ello. Si el malestar que sentimos es síntoma de un conflicto interno, entonces la cuestión a indagar será cuales son las partes en conflicto y, si consigo gestionarlo, entonces el conflicto se disolverá y el postergar dejará de ser un problema, ¿no te parece?

No obstante, antes de entrar en materia, me gustaría explicarte los ingredientes que necesito para cocinar este artículo.

El conflicto y las necesidades.

Según la Comunicación NoViolenta (CNV) todas nuestras acciones son respuestas, más o menos exitosas, que intentan satisfacer necesidades y valores universales. Los valores y necesidades universales son todo aquello que es indispensable para que los seres humanos puedan vivir. Así, hay necesidades básicas como pueden ser la necesidad de alimento, descanso, seguridad física y emocional, otras, como la necesidad de pertenencia, conexión, amor, afecto y también otras más elevadas como las necesidades de contribuir, sentido o espiritualidad. Las necesidades universales son comunes a todos los seres humanos, no importa de qué sexo, raza, religión, época o idea política tengan (enlace a un listado de necesidades y valores universales)

La importancia de conocer cuales son las necesidades que están en juego cuando hago alguna acción es que hay muchas maneras diferentes de satisfacerlas. Eso significa que no tengo porque apegarme a una acción concreta siempre que pueda encontrar alguna otra acción para satisfacer la necesidad que estoy intentando satisfacer. Por ejemplo, si estoy cansado eso significa que tengo una necesidad de descanso.

Ahora bien, para satisfacerla puedo hacer cosas tan diversas como tumbarme en el sofá, ir al cine a ver una película, puedo también decidir ir a tomar una copa con un amigo para conversar conversar o incluso podría ir a jugar un partido de fútbol con los amigos. Saber que necesidad está en juego me abre un abanico enorme de posibilidades, mientras que si no la sé, mis posibilidades se reducen a una sola acción a la cual me será muy difícil renunciar.

Podemos resolver un conflicto cuando cambiamos el nivel de las acciones por el nivel de las necesidades.

El conflicto se produce cuando una acción que realiza una parte perjudica o no satisface necesidades de otra parte. Por ejemplo, supongamos que tengo un conflicto interno entre hacer una tarea doméstica y sentarme en el sofá. Entonces, la acción “sentarme en el sofá”, que es un manera de satisfacer las necesidad de descanso, entra en conflicto con la acción “hacer la tarea doméstica”, que puede ser una manera de satisfacer las necesidades de orden, limpieza y quizás de tranquilidad.

Si este conflicto no es la primera vez que se me plantea, podría ser que la acción “sentarme en el sofá” sea una respuesta de oposición y resistencia a una voz interna que me dice “tienes que hacer ….” por lo que la acción “descansar en el sofá” quizás también sea una forma de rebelarme ante esa voz que se quiere imponer, por lo que eso sea un intento de satisfacer la necesidad de libertad y respeto al ritmo. Como puedes ver, cuando hacemos algo siempre hay una o varias necesidades que estamos intentando satisfacer, aunque no seamos conscientes de ello.

El otro asunto importante en la resolución de un conflicto es que las necesidades (que no las acciones concretas) son igual de importantes y merecen ser tenidas en consideración de igual forma. Es decir, que sentarse en el sofá o hacer la tarea doméstica no es lo importante sino que lo verdaderamente importante es encontrar alguna acción o conjunto de acciones que satisfagan las necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, tranquilidad, orden y limpieza.

El pensamiento estratégico.

Con este concepto me quiero referir a un modo de pensar que tiene en cuenta un conjunto de acciones que va más allá de una acción inmediata de corto plazo. El pensamiento estratégico implica que puedo ir más allá de la acción “descansar en el sofá” o “hacer la tarea” y puedo trazar un plan más amplio en la que haya una sucesión de acciones. Por ejemplo, el pensamiento estratégico en un partido de tenis me permite ver que puede interesarme perder el juego en curso porque eso me permitirá ahorrar energía para ganar el set y finalmente el partido.

En definitiva, si aplico el pensamiento estratégico a nuestro ejemplo puedo entender que la acción “descansar” y la acción “hacer la tarea doméstica” pueden ser etapas de un mismo plan y no tienen porqué entenderse como cosas separadas que están en conflicto.

Por fin entra en juego el último ingrediente que quería explicarte.

Tomar una decisión:

Lo perfecto como enemigo de lo bueno.

El problema de las decisiones es que pueden ser difíciles de tomar cuando esperamos tomar la decisión perfecta y yo creo que eso es imposible porque las decisiones perfectas no existen. Lo que te propongo es que tomes la mejor decisión que puedes tomar con los datos que tienes disponibles. Sabiendo que estás tomando una decisión imperfecta, decide cuando vas a volver a revisar esta decisión. Es decir, toma una decisión pero que no sea definitiva, así podrás tomar decisiones “equivocadas” con tranquilidad.

Una vez que has decido qué hacer y cuándo vas a revisar la decisión, de lo que se trata es de hacerlo y, como diría Machado “sin volver la vista atrás”. Si detectamos que hay una sensación de queja significa que estamos revisando lo decidido y ya hemos dicho que de lo que se trata de de mirar hacia adelante. Por ejemplo, si he decido descansar, se trata de descansar al 100 %, sin remordimientos, sin volver la vista atrás. Igualmente, si he decidido hacer la tarea, se trata de simplemente eso, de hacerla como si fuera la única cosa en el mundo. Si detecto que hay resistencia significa que estoy volviendo la vista atrás y estoy revisando lo que ya he decidido.

Haz compartimentos estancos.

Actuar de esta forma es como hacer compartimentos estancos que evitan que el agua que entra en un sitio inunde todo el buque. Si estoy para descansar, descanso, y si hago la tarea doméstica, simplemente la hago, sin interferencias de una cosa con la otra.

Pasos para gestionar la procrastinación

Por fin ha llegado el momento de la receta. Gracias por la paciencia.

Paso 1. Acepta que estás en conflicto.

De lo que se trata es de no añadir más leña al fuego. Lo que quiero decir con esto es que a veces uno está enfadado por que se está en conflicto y eso para mi es añadir enfado a la situación de conflicto. Aceptarlo no significa que lo ignore, simplemente digo que sí a eso que me está pasando. De hecho si hay dos partes mías que están en oposición significa que hay necesidades y valores universales muy importantes y valiosos que estoy intentando preservar. Yo creo que eso vale verdaderamente la pena indagarlo.

Paso 2. Identifica qué necesidades y valores universales está buscando satisfacer cada parte.

En nuestro ejemplo ya hemos visto que las necesidades que hay en juego con la acción “descansar ” son las necesidades de descanso e incluso, la de libertad y de respeto al ritmo. Con la acción “realizar la tarea doméstica” se intentan satisfacer las necesidades de orden, limpieza y tranquilidad. Podemos ir al paso 3.

Paso 3. Genera ideas para satisfacer las necesidades de ambas partes y utiliza el pensamiento estratégico.

De lo que se trata ahora es de buscar acciones que puedan servir para satisfacer la necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden limpieza y tranquilidad sin olvidarse del pensar de forma estratégica.

Así que, si estoy muy cansado se me ocurre que primero podría descansar, por ejemplo durante media hora, y luego, hacer la tarea doméstica de forma tranquila y estando atento a mi forma física, de manera que si me canso en exceso, tome el compromiso de parar y tomar otro descanso. Creo que este plan satisface mis necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden, limpieza y tranquilidad. Increíble, ¿no te parece?

Paso 4. Hazlo y no te olvides de los “compartimentos estancos”

De lo que se trata es de ejecutar el plan haciendo de cada etapa algo único, total y digno de ser vivido intensamente “sin volver la vista atrás”. Confía, ya trazaste un plan, y has tenido en cuenta que es revisable, así que ahora se trata de disfrutarlo.

Conclusión

Aquí te he dado una receta que creo puede ayudar a gestionar la procrastinación. Desde luego es presuntuoso pensar que este es el método definitivo para conseguirlo y esa no es mi pretensión. Me sentiré muy satisfecho si este artículo puede contribuir, aunque sólo sea de forma muy ligera, a que puedas gestionar mejor el hábito de postergar. Ya me dirás.

¡Buen viaje!

Una forma de responder a los gritos: practicando el “aikido emocional”

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Ō-Sensei Morihei Ueshiba, maestro fundador del Aikido

Todas las personas tienen todo el derecho del mundo a ser como son y a comportarse como se comportan, independientemente que a mi me guste más o menos o me perjudique en mayor o menor forma. Por otra parte, yo también tengo todo el derecho del mundo a comportarme de la forma que a mi me parezca más adecuada teniendo en cuenta mis necesidades y mis valores.

Teniendo en cuenta esto, cuando alguien actúa de una forma que no me satisface y opto por quedarme y afrontar la situación, se me ocurre que puedo actuar de dos formas. Una, de forma reactiva, y la otra proactiva. ¿Te interesaría saber en qué consiste cada una y cual podría ser la mejor para ti? Si tu respuesta es afirmativa te recomiendo que continúes leyendo.

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¿Qué te podría pasar si te trataras con compasión?

Cuando una mujer de una tribu africana sabe que está embarazada, se adentra en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del bebé. Ellas saben que cada alma tiene su vibración, la que expresa su particularidad, unicidad y propósito. Las mujeres encuentran la canción, al entonan y cantan en voz alta. Después vuelven a la tribu y se la enseñan al resto.

Cuando el pequeño nace, la comunidad se junta y le canta la canción. Después, cuando el pequeño tiene que comenzar la educación, el pueblo se reúne y le canta su canción. Al iniciar la vida de adulto, vuelven a juntarse todos y se la cantan. Al llegar el momento de casarse la persona encuentra su canción expresada en la voz de su pueblo. Finalmente, cuando el alma ha de irse de este mundo, la familia y los amigos se acercan a su lecho y, tal como hicieron cuando nació, le cantan su canción para acompañarlo durante el viaje.

En esta tribu hay otra ocasión en la que los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida, la persona comete un crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y toda la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces… le cantan su canción.

La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pueda hacer nada a los demás. Tus amigos saben tu canción y te la cantan cuando te has olvidado. Aquellos que te quieren no pueden ser engañados por los fallos que cometes o por las imágenes oscuras que, a veces, muestras a los otros.

Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás hecho pedazos, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido. No necesito ninguna garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y me sopla al alma como el viento, me refresca el corazón como la lluvia y me limpia la mente como el humo del fuego sagrado.

Tolba Phanem

Me encanta este texto, porque presupone que las personas, cuando realizamos acciones socialmente aberrantes, lo hacemos porque nos hemos olvidado de nuestra verdadera naturaleza. Nos hemos olvidado que somos seres únicos, valiosos por nuestra singularidad y precisamente por ello, dignos de ser vistos, valorados y apreciados, con un propósito que sólo puede ser llevado a cabo de forma tan única y especial y que enriquece de forma singular la comunidad de la que formamos parte.

Me encanta porque me da esperanza que yo también puedo tratarme de esta forma y alejarme del modelo de la culpa y el castigo. Porque me da la oportunidad de verme de forma compasiva cuando mis actos han supuesto algún dolor a alguna persona. No hace falta que piense que he sido mala persona y que merezco un castigo, sino que puedo pensar que he actuado olvidando mi verdadera naturaleza que quiere cuidar y tener en cuenta a mi y a los demás. Y desde ahí puedo tratar de recuperar el bienestar de la otra persona. Y yo creo que dar empatía a la persona que ha sufrido por una acción mía, es una forma muy poderosa de hacerlo.

Sólo si no me siento culpable, puedo escuchar de forma empática el dolor que he estimulado en otra persona. Sólo si no me siento culpable, puedo escuchar de forma profunda a la persona que sufre, sin tratar de defenderme y de excusarme. Creo que cuando escucho con empatía, estoy contribuyendo a reparar el dolor que he estimulado, porque cuando sufro con el que sufre, cuando acompaño y soy capaz de ver y sentir el dolor del otro, ayudo a transformarlo y esto no puede hacerse desde un sentimiento de culpa.

Quizás puedas pensar que esto que te estoy contando no es eficaz, así que te propongo que recuerdes un caso en el que tu has sufrido mucho por la acción de otra persona. Ahora me gustaría que te imagines qué te hubiera pasado si esa persona, se hubiese sentado delante tuyo y te hubiese dicho:

– He venido porque quiero escucharte. Quiero que me expliques todo lo que sientes después después de que yo haya actuado de la forma en que lo he hecho. Te prometo que te escucharé y que no trataré de justificarme. Sólo quiero estar contigo y escuchar lo que quieras explicarme.

Y entonces tu le explicarías cómo te sientes cuando el otro ha actuado de esa forma, y podrías expresar a esa persona toda tu rabia y tu dolor. Y la otra persona te escucharía en silencio, mirándote a los ojos, sin hacer nada más que eso, verte y escucharte de verdad. Y podrías notar cómo esa persona siente lo que tú estás sintiendo. ¿Te lo imaginas?

Y después de haber explicado todo tu sufrimiento el tiempo que tu necesitaras, es posible que alguna cosa cambiara en tí, porque por fin podrías sentir el descanso que supone liberarse de las cadenas de la rabia y el resentimiento hacia esa persona. Por fin dejar todo ese peso que tanto tiempo has llevado tu solo sin que nadie te ayudara a llevarlo,…

“Sólo” porque, la persona que estimuló tu dolor, ha tenido la valentía de escucharte de forma profunda y auténtica, sintiendo contigo tu dolor, sin pretender cambiarlo, sin querer defenderse ni excusarse. ¿Te lo imaginas?

Así que, mi propuesta de hoy para ti es que seas compasivo contigo mismo cuando tus acciones hayan podido estimular algún dolor en otra persona. Permítete recordar, tal y como dice el texto,

“… tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás hecho pedazos, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido…”

Que estas palabras te liberen del sentimiento de culpa, aceptando que lo hecho, hecho está. Y, al mismo tiempo, tengas la determinación de restaurar en la medida de lo posible, eso que se haya dañado. Porque sólo libre del sentimiento de culpa y determinado a restaurar el bienestar de la otra persona, podrás escuchar con auténtica empatía el dolor que has estimulado. Eso es curativo.

Desde luego es un camino que necesita mucha más valentía y entereza que la de presentarte ante el otro lleno de culpa y arrepentimiento esperando que te absuelvan y te liberen de la carga de la culpa. ¿No crees que eso es pedir demasiado? Porque la persona, además de soportar el dolor que tu has estimulado, tiene que sobreponerse y hacer un ejercicio de generosidad para perdonarte. No, por favor, eso es pedir demasiado. En mi opinión, sentirse culpable es un camino fácil para ti, pero no para el que ha sufrido tu acción. Quizás nuestra responsabilidad esté, no en cambiar el pasado, sino es hacer que nuestro futuro y el de las personas que nos rodean, sea el mejor posible.

¡Buen viaje!

Te miro, pero no te veo.

El otro día viajaba en autobús y cerca de donde yo estaba sentado había una familia con niños pequeños que me llamó la atención porque sólo iban acompañados de su padre, que era ciego. La cuestión es que iban hablando animadamente hasta que llegó el momento de apearse. Entonces el padre avisó a sus hijos que ya tocaba bajar. No sé cómo lo supo, sin embargo no fue eso lo que más llamó mi atención. Lo que verdaderamente me sorprendió fué lo que les dijo antes de bajar : ¡Cuidado con el escalón ! ¿Te lo puedes creer? Un invidente avisando de la existencia de un escalón a sus hijos que veían perfectamente.

Esto me recuerda que el otro día escuché una conferencia de Joan Garriga titulada “El buen amor en pareja”. En un momento dado, explicó que había leído un libro en el que se narraba la historia de una persona ciega que contrataba a alguien para que le acompañara y le explicase las cosas que iba viendo. Lo que pasaba es que, el ciego era una persona era muy exigente: no tenía suficiente con que le dijera cosas como: “Ahora está pasando un coche” si no que le pedía toda clase de detalles, como por ejemplo, cómo era la calle, si había mucho o poco tránsito, cómo era el coche, a qué velocidad pasaba, cuantas personas iban dentro de él,… Esto le suponía tener que poner toda su atención en lo que veía para poder explicárselo con todo lujo de detalles a su cliente. Entonces Joan Garriga dijo una frase que me encantó:

“… y entonces el que no era ciego aprendió a ver”

Efectivamente, la mayor parte del tiempo, miro pero no veo. Paso superficialmente por las cosas que pasan delante de mis ojos sin prestarles verdadera atención. Yo me pregunto ¿Qué es lo que me impide ver cuando miro? Supongo que alguna vez te ha pasado que vas caminando por la calle y miras, pero no ves que los arboles están brotando, porque es primavera. Quizás te hayas cruzado con un niño y no hayas visto su cara sonriente mientras pasea con su fantástcio patinete. Es posible que no hayas visto esa pareja de ancianos, agarraditos, dándose apoyo y sostén mientras pasean por la calle. O quizás no hayas visto cómo sale el sol entre los edificios de tu ciudad, mientras vas de camino a tu trabajo. Miramos pero no vemos. ¿Porqué? Me encantaría que me dieras tu respuesta. Yo te doy la mía.

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Las escenas temidas: haz como la protagonista de “Divergente” para superarlas.

Creo que es honesto reconocer que todos tenemos alguna escena temida, es decir, una situación que da miedo y  trato de evitar. Al menos a mi me pasa. Pues resulta que la semana pasada vi la película “Divergente” y se me ocurrió que el método que utiliza la protagonista para superar una de las pruebas, la puedo aplicar para encontrar soluciones eficaces a mis escenas temidas. Si te interesa saber en qué consiste este método para comprobar si lo puedes aplicar en tu propio caso, este artículo podría serte de utilidad. ¿Me acompañas?

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Recuperarse de una decepción.

Piscina

Imagen extraída del blog de Javi Manzanares

Supongo que tú, igual que yo, has tenido alguna decepción. ¿Cómo lo has hecho para sobreponerte? ¿Te ha costado mucho? ¿Cómo lo has hecho? Me encantaría que pudieras compartir estas respuestas conmigo y te invito a ello dejando un comentario o bien enviándome un e-mail. De todas formas, si quieres, te digo como lo hago yo, a ver si te sirve. ¿Me acompañas?

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Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

Una propuesta provocadora: convierte tu trabajo en un lugar para desarrollarte.

Tom SawyerHay un episodio de la novela Tom Sawyer, de Mark Twain (1835-1910) que siempre me ha llamado la atención. Se trata de un momento en el que Tía Polly le pone como tarea doméstica el pintar una cerca y entonces convence o engaña, a sus amigos haciendo ver que esa es una actividad súper divertida y que, precisamente por eso, no quiere compartirlo con sus amigos. Esta estrategia despierta un interés cada vez mayor en sus amigos hasta que, al final les “permite” participar en esa actividad tan “divertida” librándose así de pintar la cerca.

Yo me pregunto, ¿realmente los engañó? Aparentemente sí, pero, por lo que parece, sus amigos realmente disfrutaron de esa actividad. Así que, si finalmente disfrutaron pintando, entonces no les engañó, sino que simplemente les enseñó una forma diferente de ver una actividad que, a primera vista, era penosa. Así que, lo que en realidad hizo Tom Sawyer fue re-encuadrar la situación, aunque quizás no fuese eso lo que en realidad quería hacer. Lo que entiendo por re-encuadrar es  sacar un marco y poner otro diferente a unos hechos, es decir, sacó el marco “problema” a la situación “pintar la cerca” y le puso el marco “oportunidad“. La misma escena, “pintar la cerca” tiene un significado completamente diferente cuando se le cambia el marco. ¿Te das cuenta de hasta qué punto puede ser determinante y poderoso el marco (el significado) que le damos a las cosas? En este caso significa pasar a hacer algo de mala gana y sufriendo a hacerlo de forma divertida y gustosa. Un crack este Sawyer.

Tom Sawyer desafía una forma de mirar una realidad y le da un enfoque totalmente diferente. ¿Porqué pintar una barrera tiene que ser algo desagradable? ¿Y si fuera igual de cierto que pintar la cerca pudiera ser algo divertido? Si realmente elijo pintar la cerca, ¿cómo esa forma de mirar puede cambiar la forma en que vivo y desarrollo esa actividad?

Así que esta es mi propuesta provocadora de hoy para ti: revisar la forma con la que miro una actividad que me resulte penosa y para ello te planteo el siguiente ejemplo. Supón que dices que ir a trabajar es algo pesado y que el trabajo es un lugar donde no puedo ni divertirme ni desarrollarme. Podría ser algo parecido a lo “pintar la cerca”, ¿no? Si no es un ejemplo válido para ti, escoge otro que tenga sentido para ti.

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