Las emociones no se pueden controlar, pero sí gestionar.

… o cómo transformar una reacción en una acción elegida: el poder de la conexión.

Para hablar de esto vamos a hacerlo con un ejemplo hipotético. Supongamos que estás en una situación en la cual otra persona se dirige de una forma que para ti es agresiva o poco respetuosa, por ejemplo, eleva su tono de voz para decirte alguna cosa. ¿Qué es lo que nos pasa a nosotros cuando alguien hace algo así? La reacción puede ser diferente en función de la persona e incluso la misma persona puede reaccionar diferente depende del momento en que se encuentre. De ello se deduce que el hecho en sí puede ser el estímulo de lo que sintamos en ese momento, sin embargo no su causa, ya que si fuera así todo el mundo reaccionaría de la misma forma. ¿Por qué ocurre esto? La diferencia está en lo que sentimos en ese momento y lo que nos decimos cuando nos está pasando esto.

Hay una parte que no podemos controlar: lo que estamos sintiendo cuando alguien nos grita. Aceptémoslo, las emociones son siempre reactivas, disparadas por algo que nos ocurre, son de corta duración y no se pueden ni evitar ni controlar. ¿Significa esto que nos debemos resignar a simplemente reaccionar y actuar a lo que nos predisponga cada emoción que sintamos?

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Estímulo y reacción.

(Tiempo de lectura aproximado 3 min.)  Las hidras son seres primitivos muy sencillos. Su funcionamiento se rige por el principio del estímulo y respuesta. Si están seguras se despliegan. Si detectan peligro se contraen. El binomio estímulo respuesta es indisociable. La pregunta que me hago es ¿Nuestro comportamiento como seres humanos se podría asemejar al de las hidras? Yo creo que sí y os voy a poner un ejemplo. Continuar leyendo