Diferencia entre causa y estímulo: cómo gestionar mejor nuestras emociones.

Hablar sobre los sentimientos y las emociones es una cosa difícil. En muchas ocasiones, para expresarlos decimos cosas como ” me siento traicionado, juzgado, herido, maltratado, manipulado, intimidado,…” cuando no son cosas agradables.  Y también expresiones para lo agradable como “me asiento acogido, respetado, valorado …”

Esta manera de expresarse tiene un inconveniente que me gustaría resaltar: la responsabilidad de sentir lo que sentimos la ponemos en los demás, lo cual nos convierte en sus víctimas. Es cierto que lo que hacen los otros nos afecta. La cuestión es darse cuenta de hasta qué punto es la causa o sólo es un estímulo. ¿Cual es la diferencia?

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¿Cómo puedo convertir el odio en algo valioso?

La Ira por Ane VanillaCreo que todos en algún momento hemos sentido odio hacia algo o alguien. Aunque sólo haya sido momentáneo habremos percibido lo intenso de esa emoción y cómo puede llegar a invadir nuestros pensamientos. Antes de hablar sobre ello veamos cómo define wikipedia el odio:

El odio es una emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad; otros, como Elie Wiesel, consideran al odio como lo opuesto al amor.

Como ya he explicado en otro artículo (¿Podemos cambiar nuestras emociones?) todas las emociones, incluidas el odio, son legítimas. Es más, no se pueden ni se deben controlar. Ahora bien, lo que tampoco puede ocurrir es que el odio te controle a ti. Lo que se puede hacer con las emociones es aceptarlas, y gestionarlas. ¿De qué forma?

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El impacto de los paradigmas.

El otro día me ocurrió algo que quisiera compartir con vosotros. Estaba volviendo de unos días de vacaciones por el sur de Francia. En el camino de regreso, conduciendo por la autopista, mi hija mayor jugueteaba con la aplicación de mapas de mi Ipad. Entonces me dijo:

–          La bolita azul se está moviendo.

–           Vamos a ver, le contesté, lo que me dices es imposible. La única manera que eso pase es que tengamos conexión wi-fi y ahora mismo, no tenemos, ¿Verdad?

–          No, no tenemos pero te digo que la bolita azul se mueve.

–          !Imposible! Exclamé.

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Gestión de conflictos.

conflictUna de las habilidades más importantes es saber gestionar conflictos. Si pensáis en el último mes, ¿sois capaces de encontrar algún momento de conflicto?  Es casi seguro que sí. ¿Y en la última semana? Es bastante probable que también. Lo que quiero decir con esto es que el conflicto es algo habitual en nuestras vidas.  Sin embargo, es muy extraño que alguien nos haya explicado alguna cosa sobre algo tan habitual y que tanto nos inquieta. El objetivo de este artículo es proporcionar alguna información que os pueda ser útil para aprender a afrontar y a gestionar los conflictos.

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¿Podemos cambiar nuestras emociones?

Hay muchas ocasiones que reconocemos una emoción o un estado de ánimo que no deseamos y queremos cambiarlo. Es ese tipo de cosas de las que decimos: vale, fácil de decir pero difícil de hacer. ¿ Cómo se hace ? Bien, en este artículo quiero daros alguna herramienta que os puede ser de utilidad.

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¿Sabes la diferencia entre tolerar y aceptar?

Aceptar y tolerar son dos conceptos que podrían parecernos que tienen significados muy similares. Sin embargo hay un matiz que marca la diferencia y que puede llegar a tener mucha importancia, sobretodo en el contexto de las relaciones humanas. Antes de nada veamos las definiciones según el diccionario de la RAL para determinar cual es ese matiz:

Aceptar: Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga.

Tolerar: Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.

La diferencia que os quería hacer notar se refiere a que en la aceptación no hay oposición o resistencia. Sin embargo el término tolerar conlleva la idea de permitir algo que no se considera correcto. Por lo tanto hay un juico y se considera que algo o alguien está equivocado (y nosotros no, claro) y a pesar de ello, se permite.

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Las consecuencias de no darse cuenta de lo que se piensa.

Hoy os quiero hablar de algo que nos ocurre contínuamente y de lo que raras veces nos damos cuenta. Me refiero a la confusión entre los hechos y lo que pensamos respecto a los hechos que estamos observando.  Es decir, que confundimos hechos y opiniones (ver al entrada del  ¿saber diferenciar hechos de opiniones? ) y eso tiene sus consecuencias. Permitirme que lo explique con un ejemplo.

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Las emociones no se pueden controlar, pero sí gestionar.

… o cómo transformar una reacción en una acción elegida: el poder de la conexión.

Para hablar de esto vamos a hacerlo con un ejemplo hipotético. Supongamos que estás en una situación en la cual otra persona se dirige de una forma que para ti es agresiva o poco respetuosa, por ejemplo, eleva su tono de voz para decirte alguna cosa. ¿Qué es lo que nos pasa a nosotros cuando alguien hace algo así? La reacción puede ser diferente en función de la persona e incluso la misma persona puede reaccionar diferente depende del momento en que se encuentre. De ello se deduce que el hecho en sí puede ser el estímulo de lo que sintamos en ese momento, sin embargo no su causa, ya que si fuera así todo el mundo reaccionaría de la misma forma. ¿Por qué ocurre esto? La diferencia está en lo que sentimos en ese momento y lo que nos decimos cuando nos está pasando esto.

Hay una parte que no podemos controlar: lo que estamos sintiendo cuando alguien nos grita. Aceptémoslo, las emociones son siempre reactivas, disparadas por algo que nos ocurre, son de corta duración y no se pueden ni evitar ni controlar. ¿Significa esto que nos debemos resignar a simplemente reaccionar y actuar a lo que nos predisponga cada emoción que sintamos?

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¿Podemos gestionar el estrés?

Podemos definir el estrés (stress) como un fenómeno que se presenta cuando las demandas de la vida se perciben demasiado difíciles. La persona se siente ansiosa y tensa y se percibe mayor rapidez en los latidos del corazón. El estrés es lo que uno nota cuando reacciona a la presión, sea del mundo exterior sea del interior de uno mismo. El estrés es una reacción normal de la vida de las personas de cualquier edad. Está producido por el instinto del organismo de protegerse de las presiones físicas o emocionales o, en situaciones extremas, de peligro.

En determinadas condiciones, los cambios provocados por el estrés en nuestro cuerpo (aumento de la presión sanguínea, ritmo cardíaco elevado,…) resultan muy convenientes, pues nos preparan de manera instantánea para responder oportunamente y poner nuestra vida a salvo. Muchas personas en medio de situaciones de peligro desarrollan fuerza insospechada, saltan grandes obstáculos o realizan maniobras prodigiosas.

¿Cuál es entonces el problema? Lo que en situaciones apropiadas puede salvarnos la vida, se convierte en un problema cuando nuestro cuerpo interpreta como algo “peligroso” situaciones que no ponen en peligro nuestra integridad y que ocurren con frecuencia en nuestro día a día. Ello provoca que nuestro cuerpo esté en permanente alerta lo cual tiene consecuencias negativas en nuestra salud: elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial), gastritis y úlceras en el estómago y el intestino, disminución de la función renal, problemas del sueño, agotamiento, alteraciones del apetito,…

La sociedad moderna nos ha llevado a vivir en ambientes que facilitan que las personas sufran estrés. ¿Cómo podríamos reducirlo? Veamos algunas posibles estrategias.

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