Se egoísta, por favor (2ª parte). Cómo ser un egoísta de una forma diferente.

A veces resulta complicado balancear nuestras necesidades con las de los dos demás. En el artículo Se egoísta, por favor. ya comenté que prefiero que seas egoísta conmigo, que pienses siempre en ti mismo en primer lugar. También te proponía que fueras EGOÍSTA con mayúsculas, en el sentido que lo fueras teniendo en cuenta que formas parte de un sistema de relaciones de personas al cual estas conectado.

Ahora bien, supongo que algunos de vosotras /os se debe estar preguntando cómo se hace esto. ¿Cómo uno puede ser egoísta y, a la vez, tener en cuenta a los demás? Porque parece que sólo haya dos alternativas: o nos comportamos de una forma egocéntrica (que no es lo mismo que ser egoísta) o bien caemos en la amabilidad malentendida y los demás nos pasan por delante con el coste que supone para nosotros. Pues en el post de hoy te voy a proponer una manera en que puedes ser egoísta de una forma ecológica,  o sea, que tiene en cuenta y es respetuoso con las personas que te rodean. Es una tercera vía ¿Te apetece averiguar en qué consiste?

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Se egoísta, por favor.

Se egoísta, por favor. El título puede parecer una provocación pero te lo digo de verdad. Por favor, se egoísta. Siempre nos han enseñado que tenemos que sacrificarnos por los demás. Pero yo prefiero que seas egoísta conmigo. Y te diré unos cuantos porqués.

Si eres generosa o generoso por obligación, porque hay que ser buena chica o buen chico, por que es lo que hay que hacer o cuando eso supone para ti un esfuerzo o un sacrificio, entonces prefiero que seas egoísta conmigo. El que es generoso por obligación guarda en su corazón esa “deuda”. En realidad se trata de un canje del tipo “hoy por tí, mañana por mí” y mucho cuidado si no hay un “mañana por mi”, porque entonces, te lo va a exigir y si no se lo das, tendrá todo el derecho del mundo a enfadarse conmigo y a estar resentido (El resentimiento, la emoción del esclavo).

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¿Cómo te proteges de un entorno inseguro?. Un breve relato.

No podemos negar que las circunstancias actuales son de todo menos seguras. Pasamos por tiempos de incertidumbre. ¿Cómo haces haces frente a ello? Para hablarte de esto he escrito este breve relato. ¿Te apetece leerlo? (tiempo de lectura aproximado 3 min.)

Había una vez un pueblo que vivía en la pradera. Habían sobrevivido a toda clase de circunstancias adversas por lo que estaban acostumbrados a hacer frente a las dificultades con eficacia. Hasta que un día sufrieron el saqueo de un pueblo nómada.

Después de un cierto tiempo, cuando se habían recuperado, se sentaron a parlamentar sobre lo que les había sucedido, como siempre hacían cuando ocurrían circunstancias importantes en la comunidad. En la asamblea un miembro del consejo propuso construir una muralla que les protegiera de los invasiones de pueblos invasores. La idea fue ampliamente aceptada y se pusieron manos a la obra.

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El resentimiento, 2ª parte

pregunta dificilPara los que estáis interesados en cómo podría ser un ejemplo del proceso en 6 pasos para superar el resentimiento que expuse en el post El resentimiento, la emoción del esclavo me he decidido a exponerlo en forma de ejemplo.

Imaginaros la siguiente historia:

Yo tenía un socio en un proyecto empresarial y cuando llegó un momento de dificultades económicas, desapareció sin dejar rastro de ningún tipo. A hacer eso tuve que hacerme cargo de todos los compromisos económicos contraídos. Me costó mucho esfuerzo recuperarme. Cuando pienso en eso y que él desapareció dejándome sólo no puedo evitar enfurecerme. De hecho, si un día llego a encontrarme con él no sé lo que podría pasar…

 Fase previa:

Vale, puedo entender que el resentimiento me esclaviza porque estoy seguro que él debe estar tan tranquilo mientras yo me muero de rabia. También puedo entender que él no me obliga a sentirme como me siento. Reconozco que estoy atrapado en la rabia. No quisiera estar amargado por ello porque bastante tengo con haber hecho el sobreesfuerzo que me ha supuesto su comportamiento. Pero no puedo evitar sentir lo que siento. Y no estoy seguro que quiera dejar de sentirlo….

Fase 1. Separa el grano de la paja.

Esta fase supone separar los hechos de las opiniones. Supongo que los hechos son que mi socio se fue sin abonar las parte de los compromisos de pago. También creo que es un hecho que no dejó constancia de cómo localizarle. Estos son los hechos.

Fase 2. Lo que te dices es una película.

Lo que pienso cuando recuerdo lo que pasó es que es un desconsiderado y un caradura. Pienso que esto no se hace a un amigo y que es ser un cobarde irse sin decir nada y dejar todas las cargas al que se queda.

Me cuesta mucho pensar que esto que me digo sea una película. En realidad creo que es un hecho y no una película. Pero bueno, acepto que en alguna otra cultura diferente a la mía o algún otro planeta haya alguien que no piense lo mismo que yo de esa persona… Cuando recuerdo los hechos pienso que ….. en fin, no me quiero repetir…y es cierto que una cosa son los hechos y otra diferente lo que yo me digo con lo que pasa porque podría decirme una cosa diferente…

Fase 3. Intención Positiva

¿Para qué me digo lo que me digo cuando recuerdo lo que me hizo? Pues porque quiero sentir rabia. Además pienso que es un egoísta y un desconsiderado. Me doy cuenta que al pensar eso de él quiero conservar la rabia para darle su merecido. Y si le doy su merecido creo que será la forma que no vuelva a hacer lo que me ha hecho. Y además así creo que es una forma de pagar por el daño que me ha causado.

Creo que lo que quiero con ello es protegerme a mí y a los demás de su comportamiento. Además necesito que me compense por el daño que me ha causado. Y también quisiera que supiera lo mucho que he sufrido con todo esto. Las necesidades que están insatisfechas son las de protección y seguridad, las de contribución al bienestar de los demás, la de confianza y también necesito sobretodo que pueda reconocer lo que he sufrido de una forma auténtica y sincera. Sí, necesito seguridad, confianza y mucha, mucha empatía. ¡Ufff!

Fase 4 y 5. Hacer el duelo y apreciar la belleza de las necesidades.

Ahora me doy cuenta de lo importante que es para mí tener confianza, seguridad, reconocimiento y que mis sentimientos sean tenidos en cuenta. Me gustaría tanto que estas necesidades de confianza seguridad y empatía estuvieran satisfechas … y cómo sé que no lo tengo siento una profunda tristeza.

Ahora que reconozco lo importante que son para mí estas necesidades no satisfechas siento tristeza profunda, pero no rabia. El sentimiento no es agradable pero es diferente a la rabia. Es algo más tranquilo. No me hubiera imaginado que se pudiera estar triste y tranquilo la vez…

Fase 6. Plan de acción

Si tuviera la oportunidad de hablar con él algún día … ¿Qué es lo que le pediría? Lo que me encantaría que hiciera es que me escuchara de forma auténtica. Quisiera que me escuchara lo mucho que he sufrido. Para mí sería muy importante si él fuera capaz de escuchar mi dolor sin tratar de buscar escusas, sin defenderse y sin tratar de mitigar lo que siento. Sí, eso sería curativo para mí. Y también me encantaría que se ofreciera a recompensarme de alguna forma.

¿Y si no le veo nunca? De hecho creo que nunca pueda localizarle así que creo que nunca podré recibir todo esto de su parte. Aunque estoy profundamente triste creo que puedo vivirlo con serenidad. Y no me quita el sueño, ni consume mi salud. Tengo la impresión que no estoy atrapado en la rabia como antes. … es una sensación de liberación que me gusta …

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Hasta aquí lo que podría ser el proceso para transformar el resentimiento. Espero que os haya sido de utilidad.

¡Buen Viaje!

¿Cómo te tratas cuando te equivocas?

libro-de-quejasA veces nos olvidamos que somos seres únicos, dignos de consideración y de ser tratados con compasión. Alguno de vosotros se podría preguntar, ¿a qué viene esto?. Pues que el otro día escuché a una persona decirse unas cosas terribles porque había tenido un descuido. Se decía cosas como “qué desastre soy” ” mira que olvidarme otra vez” ” mira que soy tonto” y cosas similares. Estoy seguro que si otra persona que le importara hubiera cometido ese mismo descuido no habría sido tan severa. Sin embargo, con ella misma se insultó gravemente. Ya sé aquello de que “la confianza da asco”, ¿pero tanto?.

Lo que me pregunté en ese momento es cual podría ser el motivo que lleva a una persona a tratarse con tanta severidad, falta de respeto y de compasión cuando se equivoca (link a “Excelencia y exigencia: qué me pasa cuando me equivoco). ¿Qué os parece a vosotros? ………..

Tengo la creencia que todo comportamiento, por repugnante que nos pudiera parecer, tiene una intención positiva y busca satisfacer una necesidad básica universal ( Link a listado de necesidades). A mi me resulta útil separar el comportamiento de aquello que lo motiva. Por lo tanto, ¿qué intención positiva o qué necesidad busca satisfacer la crítica destructiva hacia uno mismo? Me imagino que es como un castigo, que lo que persigue es que el error no se vuelva a repetir. En ese caso hay una profunda necesidad de ser eficaces la próxima vez. Otro tema muy diferente es que la estrategia que utilizo para ello (la crítica destructiva) consiga lo que quiero o lo haga a un coste muy elevado.

Lo que quiero hacer ahora es, en palabras de Julio Hervás Cercós, buscar el principio homeopático que tiene la crítica destructiva. Es decir, lo que se trata es de mantener esa necesidad de eficacia y de aprendizaje cambiando la estrategia de conseguirla por otra que sea más sostenible. ¿Hay entonces otro camino?

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Las herramientas de gestión del tiempo: factores clave de éxito.

reloj-de-arena-rotoKrónos vs kairós

Los griegos tenían dos palabras diferentes para nombrar el tiempo. Kairós (en griego antiguo καιρός) es un concepto de la filosofía que representa un lapso indeterminado de tiempo en cual algo importante sucede. Su significado literal es «momento adecuado u oportuno». La principal diferencia con cronos (en griego antiguo, kρόνος, krónos) es que el primero es de naturaleza cualitativa, mientras que el segundo es cuantitativo. Cronos es el concepto de tiempo que estamos habituados a manejar. Es el tiempo objetivo, que que se puede medir (1 hora, 1 dia, 30 milisegundos, ….) y que se puede dividir en pedazos más pequeños, osea, es el tiempo cronológico que miden los relojes y cronómetros.

El concepto de Kairós aunque no se utiliza tanto, intuitivamente lo conocemos. Por ejemplo, decimos que hay cosas que requieren “su tiempo” porque nos sabemos exactamente cuanto tiempo cronológico es. Simplemente es cuando uno está preparado, es el momento oportuno para que se haga una determinada cosa. Cuando hablamos en estos términos nos estemos refiriendo en realidad al tiempo Kairós, no al cronológico.

Esta distinción que poseían los griegos y que nosotros hemos perdido es relevante tenerla en cuenta cuando se habla de procesos de cambio, de aprendizaje y de herramientas de productividad personal, también denominadas de gestión del tiempo. Más a adelante veréis porqué considero importante tener en cuenta distinción.

¿Porqué no funcionan las herramientas de productividad?

La pregunta puede parecer que suponga que ninguna herramienta funcione y en realidad, lo que quiero decir es que conozco a muchas personas que han intentado integrar en su vida diaria el uso de herramientas de productividad y no lo han conseguido. Lo que voy a analizar a continuación son las razones que, a mi modo de ver, hacen que esto suceda. Mi objetivo es que, si las tenemos en cuenta, podremos hacer que las herramientas de productividad que son tan necesarias, funcionen para cualquier persona.

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Esfuerzo o entusiasmo. ¿Cual es tu motor?

 

En este artículo hablaré del esfuerzo y la ilusión. Aunque antes de entrar en materia os quiero explicar una clasificación de 3 tipos que es aplicable tanto a personas como a organizaciones. Más adelante veréis cual es la relación con el título del artículo. ¿Os apetece? Entonces, ¡Vamos allá !

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La libertad, la “obediencia debida” y el experimento Milgram.

Hoy quiero quiero empezar este post explicando el experimento que efectuó el psicólogo de la Univeridad de Yale, Stanley Milgram en el año 1962 y en el que participaron más de mil personas de entre 20 a 50 años. Eran ciudadanos corrientes mayoritariamente hombres. La esencia del experimento consistía en explicar a los participantes que los científicos querían ayudar a mejorar la memoria en las personas haciendo un experimento: el participante haría de maestro y habría un aprendiz. Cuando el aprendiz hiciera algo bien, perfecto, pero en caso contrario aplicaría una descarga eléctrica porque lo que se quería saber es si este método servía para mejorar la memoria. Así los participantes en el experimento creían que hacían algo bueno porque “la ciencia quiere ayudar a mejorar”.

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El resentimiento: la emoción del esclavo

Este entrada la voy a dedicar a una emoción que creo que todos conocemos: el resentimiento. Y digo que es conocida porque se produce tanto en el ámbito personal como en el de las organizaciones. Por ejemplo, estamos resentidos con nuestra pareja porque pedimos colaboración y no nos la da, o bien con nuestra empresa porque no nos trata como merecemos. Para empezar, os adjunto una una definición del término:

Resentimiento es la acción y efecto de resentirse (tener un enojo o pesar por algo). El resentimiento se refleja en diversos sentimientos y actitudes, como la hostilidad hacia algo o alguien, la ira no resuelta sobre un acontecimiento, el enfurecimiento o la incapacidad para perdonar.

De esta definición me gustaría destacar varios aspectos.

El primero. El esquema sobre el que se sustenta el resentimiento suele ser que algo o alguien nos ha causado un daño que consideramos que no se puede reparar y que juzgamos que no merecemos, por lo que el causante merece que le castiguemos. La forma en que se ejerce ese castigo puede ser mostrar hostilidad hacia el causante de nuestro dolor,  y la incapacidad de perdonar.

Otro aspecto muy importante es que el resentimiento implica algo que está enquistado, no resuelto. Si lo pensamos en términos de tiempo, este sentimiento podría venir de un acontecimiento sucedido hace meses o incluso muchos años. Por lo tanto el resentimiento es un compañero de viaje que nos puede acompañar durante mucho tiempo por lo que puede llegar a tener mucho impacto en nuestras vidas.

También es bueno tener en cuenta que hay ocasiones que no somos capaces de reconocer que estamos resentidos. Puede ser que llevemos tanto tiempo con ello que ya forme parte de lo que nosotros consideremos algo “normal”. Cuando uno lleva una pesada carga durante mucho tiempo muchas veces se olvida que la lleva. ¿Cómo podríamos reconocerla? Mostrarse nervioso o muy sensible ante ciertos hechos o personas, tener una actitud hostil, expresar dificultades para confiar en nuevas relaciones y sentirse menospreciado son algunos indicadores.

Hasta ahora hemos hablado de los efectos externos del resentimiento. Sin embargo estas actitudes que se muestran en el exterior tienen un efecto sobre nosotros. En realidad, lo que sucede en el exterior responde a algo que nos pasa en nuestro interior. ¿Cómo son esas sensaciones? Desde luego no es algo que nos proporcione calma ni sosiego sino todo lo contrario. Por lo tanto el resentimiento tiene una componente de sufrimiento para el que se siente resentido. Es como si el “castigar” tuviera un efecto secundario sobre el que castiga. Esto me trae a la memoria una cita que explica muy bien este fenómeno.

El resentimiento es como tomar veneno esperando que la otra persona muera. – Carrie Fisher.

Finalmente decir que el resentimiento también se basa en el hecho que pensamos que el comportamiento  de la otra persona o las circunstancias han sido la causa de cómo nos sentimos. (Diferencia entre causa y estímulo). Esto nos convierte en víctimas, lo cual tiene un efecto muy positivo en nosotros ya que nos da la tranquilidad de ser los inocentes. Sin embargo hay un efecto secundario que hay que tener en cuenta. El ser víctimas nos incapacita para la acción ya que es el otro el culpable y por lo tanto no podemos hacer nada. Y si no podemos hacer nada dejamos de ser libres y nos convertimos en esclavos del resentimiento que sentimos por nuestro “agresor”. Lo curioso es que es una esclavitud generada por nosotros porque el “agresor” no nos obliga a sentir eso. Estamos enganchados al agresor pero somos nosotros los que nos enganchamos y no al revés. Hay otra cita relacionada con ello para explicarlo.

El resentimiento es la emoción del esclavo, no porque el esclavo sea resentido, sino porque quien vive en el resentimiento, vive en la esclavitud.” F. W. Nietszche

Quizás alguno de vosotros se diga lo siguiente. “Vale, puedo llegar a entender que es la emoción del esclavo, y además, decido que no quiero continuar así. Sin embargo no puedo evitar dejar de sentir como siento. ¿Cómo puedo salir de este círculo vicioso?”.

Muy bien, la buena noticia es que se puede salir de esta dinámica y la no tan buena es que requiere determinación. ¿Estáis dispuestos? Si contestáis que sí, continuad leyendo. Sino es así, no creo que os valga la pena que continuéis esta lectura.

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El poder de ser tu propio gurú

Quisiera utilizar el término figurado de la palabra gurú para designar una persona experta en un tema. Concretamente, quiero destacar la influencia que tiene la opinión expresada por un gurú para crear una corriente de opinión o incluso una tendencia. Para hablar sobre el tema empezaré con un chiste. Es el siguiente.

Había una tribu de indios que vivía en su pradera. El otoño avanzaba y había que empezar a recoger leña para pasar el invierno. Al cabo de un cierto tiempo habían acumulado una cantidad respetable. Sin embargo tenían dudas si el invierno sería suave o especialmente duro. Así que consultaron al jefe de la tribu.

– Para poder decidir necesito hacer una consulta. Dijo el Gran Jefe.

En lo alto de la montaña sabía que vivía un maestro muy sabio, el gurú al cual consultaban las cosas más trascendentes que podían afectar a la tribu. Así que, decidió subir a la montaña para hacerle la consulta.

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