Una noche muy oscura, sin luna …

Es una noche muy oscura, sin luna. Estás conduciendo por una carretera solitaria. Entras en una recta y pones las luces largas. No hay nadie más que tú, la carretera y las sombras que se crean con la luz de los faros. El final de la recta se acerca y aparece otro vehículo en dirección contraria. También sus faros iluminan la noche. Pones las cortas para no molestar. El otro vehículo no. Cada vez está más cerca y su luz hiere tus ojos. Le haces unas ráfagas pero no hace caso. Te enfadas. A pesar de que la luz te molesta mucho mantienes la vista en la carretera.

Entonces el coche que te deslumbraba te rebasa y puedes ver de nuevo la carretera. Es posible que aun te duelan los ojos, pero es un dolor diferente. Es más, te das cuenta que ahora ves la carretera de otra forma porque se ilumina con otro tipo de luz. No sabes muy bien cómo definirla … quizás sea más serena. Es la misma carretera solitaria, en la misma noche cerrada, y sin embargo te das cuenta que hay otros caminos que ahora ves y que antes no podrías haber visto.

 

Este simple relato para mí es una metáfora de lo que nos pasa con los sentimientos desagradables. Si los miras cara a cara te molestan e incluso te pueden herir. Sin embargo si los aceptas, puedes encontrar en ellos un sentido. Están ahí para decirte que te falta algo que es muy importante: hay una necesidad insatisfecha (Listado de necesidades). Cuando investigas y descubres cual es y lo importante que es para ti, puedes aceptar el sentir lo que sientes, te permites sentirlo. Y cuando lo haces, de repente todo tiene sentido. Te quedas el tiempo necesario para honrar esa necesidad tan importante que no está satisfecha. La aceptación transforma ese dolor en una tristeza serena. Entonces entiendes que puedes estar triste y sereno al mismo tiempo. Esta es la alquimia de la aceptación.

¡Buen viaje!

 

¿Cómo puedo convertir el odio en algo valioso?

La Ira por Ane VanillaCreo que todos en algún momento hemos sentido odio hacia algo o alguien. Aunque sólo haya sido momentáneo habremos percibido lo intenso de esa emoción y cómo puede llegar a invadir nuestros pensamientos. Antes de hablar sobre ello veamos cómo define wikipedia el odio:

El odio es una emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad; otros, como Elie Wiesel, consideran al odio como lo opuesto al amor.

Como ya he explicado en otro artículo (¿Podemos cambiar nuestras emociones?) todas las emociones, incluidas el odio, son legítimas. Es más, no se pueden ni se deben controlar. Ahora bien, lo que tampoco puede ocurrir es que el odio te controle a ti. Lo que se puede hacer con las emociones es aceptarlas, y gestionarlas. ¿De qué forma?

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¿Permites que te afecten las personas tóxicas?

Como alguien decía “hay personas que llevan la alegría allí a donde van mientras que otras, cuando se van es cuando la alegría aparece”. Es algo inevitable. Hay ciertas personas con las que no congeniamos. E incluso, hay ciertas personas con las que el sentimiento no es el de falta de simpatía sino de absoluto y completo rechazo.

En este artículo no pretendo que trabajemos sobre nuestra percepción sobre esa persona y sí en las consecuencias negativas que tiene sobre nosotros lo que pensamos de ella. Y para esto os he preparado este pequeño relato.

 

Mar era la hija de un malabarista que vivía con su familia en un circo que no era ni muy grande ni muy pequeño, ni muy famoso, aunque tampoco era desconocido. Mar adoraba los animales y estaba encantada con una cría de león que acababa de nacer. Cada día lo iba a ver y cuando podía y la dejaban, lo alimentaba ella misma. El pequeño león respondía con cariño a sus cuidados.

Los días pasaban y Mar sentía un gran afecto hacia la cría de león. Sin embargo, un día ocurrió algo inesperado cuando al acercarse a la jaula para ir a alimentar a su estimada mascota, recibió un zarpazo sobre su delicado brazo. Se puso a gritar y a llorar y enseguida aparecieron los trabajadores del circo, que eran los miembros de su gran familia y la socorrieron. Por suerte. La herida no era grave y su recuperación fue rápida.

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