Es imposible que te falten al respeto

Vale, ya sé que esta frase es una provocación. Efectivamente cuando alguien me insulta o emite un juicio sobre mi utilizando palabras que considero poco respetuosas entonces me están faltando al respeto. Cuando eso ocurre es muy normal que reaccione con otro ataque o me quede a la defensiva sin saber qué decir y maldiciendo en secreto a mi interlocutor. Cuando pienso que me atacan, puedo entrar fácilmente en el modo ataque/huida, un lugar de pocos recursos que me lleva a reaccionar y no a elegir una respuesta desde la libertad de acción. Me gustaría no caer en la provocación que supone reaccionar al insulto contraatacando y a la vez me hacerme valer. ¿Cómo se consigue eso?

Esta pregunta conecta con el título del artículo. Porque, si fuera imposible que los demás te faltaran al respeto, ¿cómo sería tu respuesta cuando alguien te insultara o te dijera algo que se supone es una falta de respeto? ¿Cómo te podrías hacer valer cuando es imposible que, aunque te insulten, eso no suponga una falta de respeto hacia ti?

Antes de continuar, hay un pequeño relato que me gustaría compartir contigo. Dice algo así:

(cuento zen)

Una vez vivió un gran guerrero, que aunque era bastante viejo aún podía derrotar a cualquier contrincante. Su reputación se extendía a lo largo y ancho del país, y ese prestigio hacía que tuviera siempre a su lado muchos aprendices.

Un día, un joven guerrero llegó a la aldea del guerrero, determinado a ser el primer hombre en derrotar al gran maestro. Junto con su fuerza, tenía una increíble habilidad para descubrir y explotar cualquier debilidad de su adversario. Nunca nadie había durado en un combate con él más allá del primer movimiento. Provocaba a su oponente y su respuesta era fulminante.

Muy en contra del consejo de sus preocupados aprendices, el viejo maestro aceptó el desafío del joven guerrero. Cuando los dos estuvieron preparados para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzarle insultos, sin embargo el maestro permanecía inmóvil. Probó de tirarle barro, le escupió a la cara, pero el maestro no respondió. Durante horas lo maldijo y lo insultó gravemente, pero el maestro simplemente permanecía parado, aparentemente tranquilo, sin responder a las provocaciones del joven guerrero.

Finalmente, incapaz de conseguir que el maestro entrara en el combate, el joven guerrero se marchó diciéndole que era un cobarde por no querer luchar contra él. Sus discípulos, algo decepcionados porque no había luchado contra el joven guerrero, se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron:
“¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo permitió que le faltara al respeto de esa forma?”.
El maestro respondió:
“Si alguien viene a darles un regalo y ustedes no lo reciben , ¿a quién pertenece el regalo?”.
“Si alguien les insulta y ustedes no acogen esos insultos, ¿ a quién pertenecen esos insultos ?”.

Fin

¿Cómo se podría conseguir una actitud similar a la del maestro Zen? Permíteme que te de mi respuesta a eso.

Podríamos decir que cuando alguien insulta o falta al respeto a otra persona tiene una voluntad de lastimar u ofender. Un insulto es un juicio u opinión sobre otra persona que tiene una carga de agresividad. En esto último es donde creo que está la clave del asunto: que el insulto es un juicio u opinión, y los juicios y las opiniones nunca pueden ser ni ciertos ni falsos.

Si eres un lector habitual de mi blog, recordarás que ya hemos visto algunas veces la diferencia entre juicio y observación. Los primeros no pueden ser nunca ciertos o falsos porque sólo los hechos pueden clasificarse de esa forma. Un juicio sólo puede estar bien o mal fundamentado, pero incluso un juicio compartido por muchas personas y bien fundamentado, nunca podrá considerarse una verdad o algo cierto.

Tener presente esta distinción es fundamental porque si alguien te insulta y lo tomas como un hecho cuando sólo es un juicio, lo que estás haciendo es aceptarlo como una verdad y no como una opinión. Entonces el insulto consigue el objetivo de hacer daño porque afecta a tu identidad, algo que siempre queremos proteger. Esto me recuerda lo que dice el maestro zen con respecto a cómo tomar el regalo que te ofrecen.

Teniendo en cuenta que el insulto está en la categoría de las opiniones y no en la de las verdades, siempre puedes decidir tomar en consideración esa opinión, quizás porque consideres que puedes aprender alguna cosa. También puedes decidir que esa opionión no te es útil y rechazarla. En este sentido es como un regalo: lo abres, decides si te es útil y entonces te lo quedas o bien al abrirlo te das cuentas que no te va servir de nada y lo rechazas. El otro no te obliga a que te quedes su regalo, sólo tu decides si te lo quedas o lo devuelves.

Ahora quisiera volver al título del artículo, “Es imposible que me falten al respeto”. ¿Ves ahora lo que quería decir? Si tu tienes presente esto que hemos hablado, es imposible que nadie te falte al respeto sin tu permiso. El darse cuenta que el juicio o el comentario irrespetuoso está en el terreno de las opiniones y no en el de las certezas te da la libertad de aceptarlo o rechazarlo. Darse cuenta de esto y tenerlo presente puede ser muy poderoso porque te da libertad, ¿no crees?

Para acabar decirte que verlo de esta forma no te convertirá en un ser inmune a los insultos. Las opiniones de los demás, aunque son sólo opiniones, aunque hablan del que las emite, también puede ayudarte a descubrir cosas en ti y esos hallazgos pueden ser fuente de goce o de tristeza. Sin embargo, ser conscientes que habitamos en el terreno de las opiniones nos previene de sentir ira, y por lo tanto de la necesidad de castigar, de atacar o defenderse y eso nos da espacio para hacer uso de nuestra libertad personal.

¡Buen viaje!

El hombre que odiaba la Navidad.

Aquí tenéis mi regalo de Navidad: un pequeño relato. Espero que lo disfrutéis.

Erase una vez …
… una persona que no quería celebrar la navidad. De hecho la odiaba y por ello la gente no quería estar con él porque decían que era un amargado y ellos querían ser felices. Eso le confirmaba su idea que la Navidad era un tiempo horrible y entendía todavía menos cómo era posible que la gente estuviera tan feliz en Navidad. Así que, durante las fechas navideñas, intentaba relacionarse lo menos posible con las personas.

Precisamente uno de esos días, estando sentado en un banco de un parque que le gustaba frecuentar, una persona se sentó a su lado. No le gustó, porque él quería estar sólo y esa persona estaba rompiendo esa necesidad de distancia que era tan viva en esas fechas. Además esa persona canturreaba algo indescifrable y parecía especialmente feliz, lo cual aún le daba aún más rabia.

Pensó que era uno de esos activistas de las Navidades Felices y decidió poner remedio a eso lo más rápido posible y le dijo:

– ¿No te parece que las Navidades son una época triste y horrible, donde la gente es especialmente pesada cantando villancicos y desparramando felicidad sin ton ni son?

Esa persona dejó de canturrear y se quedó en silencio. Su cara no reflejaba ningún enfado a pesar de su comentario. Simplemente le miró a los ojos de una forma firme y suave. Los facciones estaban relajadas y eso fue algo que lo desconcertó por completo porque estaba acostumbrado a que la gente se apartara de él o simplemente empezara a discutir. Entonces esa persona le dijo:

– Por lo que me preguntas, las Navidades son para ti una época triste y horrible.
– Muy perspicaz – le contestó.

(Aunque estaba menos enfadado, aún deseaba estar solo y quería quitarse de encima a esa persona con ese comentario irónico. Si continuaba contestando de forma impertinente seguro que lo iba a conseguir. Sin embargo, esa persona contestó)

– Me parece que te he dicho una obviedad- respondió el desconocido de forma tranquila
– Sí. No hay que ser muy listo para darse cuenta. – Contestó nuevamente de forma irónica
– Y eso no te ha gustado.
– No. Para nada
-Ya veo… además creo que no te gusta que la gente en estas fechas desparrame felicidad sin ton ni son…

(Aún quería ahuyentarle pero le estaba costando mucho continuar con esa actitud porque esa persona no tenía muchas ganas de discutir. Decidió continuar explicando lo que le pasaba)

-Sí ¡Cantan y son felices sólo porque es Navidad !
-Entiendo que dices que la gente es feliz sólo porque toca estar feliz y me parece que no te gusta, porque para ti es importante ser auténtico y no seguir lo que los otros dicen que has de hacer o sentir.

(Parecía que esa persona le estaba entendiendo. Al menos nunca hasta entonces le había escuchado así…)

-¡Eso! Parece que en Navidad sea obligatorio estar feliz… ¿y si uno no tiene ganas de serlo o simplemente tiene motivos para estar triste?
-… supongo que deben haber motivos, que la gente no sabe, que hacen legítima tu tristeza. Me parece que te molesta que alguien o algo quiera imponerte la forma en que debes sentirte porque valoras mucho tu libertad…
-Sí ….
-… sobretodo cuando es algo tan personal como los sentimientos. Valoras y quieres respetar eso que te pasa, aunque eso no les guste a los demás, ¿no?
-Sí, es eso.

(Su enfado había desparecido porque estaba conectando con aquellos valores que eran fundamentales para él. Esa conexión con lo esencial le estaba llevando a una conexión muy profunda. Las cosas estaban cobrando un sentido que antes no tenían y eso, curiosamente, le estaba calmando. Entonces continuó)

-Para es muy importante respetarme y quiero tener la libertad de sentir lo que sea, aunque eso no le guste a los demás. Al mismo tiempo, pago un alto precio por ello: me aleja de los demás.
-Creo que, además de la libertad y el respeto hacia ti mismo, también valoras mucho la conexión y proximidad hacia los demás.
-Sí…
– … y te encantaría encontrar alguna manera de actuar en la que no tengas que renunciar a todo esto que es tan valioso e importante para ti , ¿verdad?
-Sí… es eso.

(Entonces hizo una profunda respiración. Algo había cambiado en su interior. Había claridad donde antes sólo había lío mental, juicios y rabia. Se dio cuenta que podía tener un profundo respeto hacia lo que sentía y que, al mismo tiempo también podía respetar profundamente la alegría que sentían los otros, aunque él no la compartiera. Podía estar con sus sentimientos sin pensar que los otros le estaban tratando de imponer cómo debía sentirse. De hecho, eso era imposible porque sólo él era el dueño de su alma. Unas lágrimas brotaron en sus ojos… Entonces miró a esa persona que “sólo” le había escuchado de una forma tan profunda.. )

-Gracias por escucharme así, porque has hecho posible que yo mismo me pueda escuchar. Gracias por regalarme empatía. Te deseo que pases unas Navidades felices….¡ o no ! –

(Le guiño un ojo para compartir la complicidad de ese comentario y de despidió de él. El parque, la calle y las personas con las que se cruzaba, ahora le parecían diferentes. Incluso la Navidad le parecía que había cambiado…)

-Desde luego, es cierto aquello que dice que “el mundo cambio cuando uno cambia

Fin

P.D. Te deseo unas navidades llenas de empatía.

¡Alegra esa cara!

A veces, tratamos de contribuir al bienestar de una persona y la estrategia que escogemos consigue el efecto contrario. En relación a esto quiero compartir contigo una cosa que me pasó hace unos días y que tiene que ver justamente con esto. Se trata de lo siguiente.

La historia pasó en el trabajo. Yo llevaba dos días en los que me estaban surgiendo problemas inesperados y no estaba sabiendo cómo resolverlos. Esto me agobiaba porque se me acumulaba el trabajo y mi cabeza no paraba de darle vueltas sin resolverlo. Entonces, recibí una llamada de una persona quejándose por un servicio.

Cuando acabó la conversación estaba frustrado porque no había conseguido resolver la situación y también estaba molesto porque esa persona no había valorado los esfuerzos que habíamos hecho para tratar resolver la incidencia. No paraba de pensar cosas como: “Hagas lo que hagas nunca están satisfechos” “Sólo tengo quejas y nadie valora el trabajo que se hace” “No paro de tener problemas…”.

Así que entré en el ascensor con todo este jaleo en mi cabeza. Seguro que mi cara reflejaba este lío, porque una compañera de trabajo que estaba en el ascensor me dijo: “Alegra esa cara, hombre”. Supongo vio el estado de ánimo en mi cara e intentó animarme.

Desde luego te aseguro que lejos de animarme lo que consiguió fue un efecto totalmente contrario. En ese momento recibí esas palabras como un ataque en toda regla porque pensé: “¿Acaso tiene alguna idea de lo que me está pasando? ¿No tengo derecho a estar enfadado después de todo lo que estoy aguantando? ¿Acaso la gente tiene que poner buena cara a pesar de lo que le suceda? ¡Qué manera de imponer a los demás un estado de ánimo!”

Así que le respondí de la siguiente manera: ¡Cómo que alegre la cara! ¡Yo pongo la cara que me da la gana! ¡No faltaría más! Se lo dije muy enfadado y ella respondió que no hacía falta que me pusiera así. Por suerte las puertas del ascensor se abrieron y yo pude “huir” muy agitado por todo lo que había pasado.

Tratar de cambiar el estado de ánimo de alguien no es empatía

Me gustaría compartir contigo algunas cosas que me parecen muy importantes con respecto a esta anécdota. Vayamos por partes y comencemos por ella. ¿Qué es lo que la impulsó a hacer ese comentario? Yo me imagino que quería que me sintiera mejor y intentar animarme era su estrategia para satisfacer su necesidad de contribuir a mi bienestar.

Ahora bien, lo que obtuvo fue un efecto contrario en mi porque lo que yo necesitaba más urgentemente era una escucha empática y querer consolar a alguien porque se siente mal, puede ser adecuado en otras ocasiones pero no lo es si la otra persona necesita empatía. Yo estaba muy agitado y cuando me dijo que cambiara la cara pensé que no entendía nada de lo que me pasaba y que tenía que cambiar de humor simplemente porque ella lo decía. ¿Qué pasaba conmigo? ¿Lo que yo estaba sintiendo tenía alguna importancia? Como ves, el efecto que consiguió tratando de cambiar mi estado de ánimo fue que me enfadara todavía más, justo lo contrario de lo que pretendía.

Algo parecido pasa cuando alguien está deprimido y explica cómo se siente a una persona y entonces ésta le dice que se anime, que mire las cosas positivas de la vida, que se fije en lo que tiene y no en lo que le falta… ¡No, por favor! Os pido que no hagáis eso a menos que queráis que esa persona piense que no entendéis nada de lo que le pasa… Ya sé que se hace con las mejores de las intenciones, pero si quieres contribuir a su bienestar quizás sea más eficaz escuchar y nada más. (¿Sabemos lo que es realmente la escucha empática?).

Otra de las situaciones en las que se pueden ocurrir algo parecido es en los entierros. Hay algunas personas que ante el dolor de una persona por una pérdida consideran que tratar de animarla es lo mejor que pueden hacer para contribuir. Sin embargo yo me pregunto, ¿acaso no está justificado que esa persona sienta dolor por la pérdida de alguien querido? ¿Porque no honrar el dolor de esa persona acompañandola sin tratar de cambiar ni de mitigar ese dolor? Yo creo que, aunque parezca eso sea no hacer nada, en realidad es hacer mucho por ella.

Alguna cosa más…

No me gustaría que creas que para mi está mal intentar animar a alguien. Lo único que quiero es dar un poco más de claridad que nos permita decidir cual podría ser la mejor manera de contribuir al bienestar de una persona, sobretodo cuando lo que una persona está necesitando es empatía.

Finalmente, es posible que estés pensando que mi respuesta en el ascensor fue brusca hacia la otra persona porque que no tuve en cuenta las intenciones de contribuir a mi bienestar. Estoy de acuerdo y también no quiero sentirme culpable teniendo en cuenta que esa fue la mejor respuesta que pude dar teniendo en cuenta ese momento y esas circunstancias. Ahora bien, sabiendo lo que sé ahora y habiendo recibido empatía por lo que me ocurrió, creo que otra vez que me ocurra lo mismo podría responder algo así:

– Realmente estoy de mal humor. Diciéndome que ponga buena cara supongo que quieres que me sienta mejor, ¿verdad?
– Pues esto que me has dicho no me ayuda nada a sentirme mejor y al mismo tiempo te agradezco mucho tu interés . Si quieres luego nos vemos y te lo explico con calma.
– ¿Qué te parece?

Llámate por teléfono

En el post de hoy quería hablar contigo sobre qué es la autoempatía y sobretodo, cómo ponerla en acción. Es algo que quería hacer hace tiempo pero no sabía muy cómo abordarlo… hasta ahora. Todo gracias a un video de Fidel Delgado que te recomiendo que mires (Fidel Delgado: llámate por teléfono). Este post está basado en él aunque yo te propongo una pequeña variación sobre las preguntas que él propone. Ahora te explico de qué se trata.

De la misma manera que cuando recibimos un golpe o nos hacemos una herida que nos duele conviene prestarle atención lo antes posible, cuando nos ocurre algo que nos toca emocionalmente, es conveniente también prestarle atención. A mi me parece lógico. Ahora bien, en ocasiones no actuamos de esta manera y esto puede ser por varias razones. Una podría ser porque las emociones desagradables tendemos a reprimirlas o a enmascararlas ya que hay una tendencia natural a alejarse de lo desagradable y acercarse hacia lo agradable. Otra razón podría ser que, aunque se pueda reconocer la emoción no se sepa qué hacer con ellas. Seguramente debe haber otras muchas razones…

La cuestión es que hay algo que duele y requiere nuestra atención. Una manera de hacerlo es mediante la auto-empatía, es decir, darse empatía a uno mismo, atenderse y escucharse para saber que es lo que nos hace daño. ¿Cómo ? Pues a ahí es donde entra en juego mi propuesta de hoy para ti:

¡ Llámate por teléfono !

Toma tu teléfono móbil y marca un número. Te propongo que marques tu número de DNI, más que nada para evitar que llames a alguien de verdad de forma accidental. Luego te llamas por tu nombre. En mi caso sería:

– Hola Cesc

Eso ya te sorprenderá porque normalmente los que te llaman por tu nombre son los otros y no tu mismo. Eso te hará regresar a ti mismo. Luego te preguntas lo siguiente:

– ¿Cómo estás ? ¿Qué te pasa?

Y te lo explicas. Es hora de desahogartete porque hay alguien que te está escuchando con atención plena, al 100%, que te conoce y que está dispuesto a escucharte de verdad y con presencia. Quédate el rato que necesites hasta que llega el momento de hacerte la siguiente pregunta:

– ¿Qué necesitas?

Esta pregunta es una revolución porque te saca de la queja, que es como una droga que satisface pero que te deja sin energía para salir de la situación en la que te encuentras. De lo que se trata es de encontrar qué necesidades y valores universales te están faltando en estas situación. (Acceso a listado de necesidades) Este paso te dará mucha claridad. Una vez que hayas descubierto y reconocido cuales son esas necesidades que son tan valiosas para ti, te propongo que te quedes ahí un ratito. Dedicarles unos instantes para reconocerlas y para darse cuenta de lo importantes que son es una forma de honrar algo que es muy valioso. Finalmente acabas con un:

– Luego te llamo

Y vuelves a la situación en la que estabas. Después de haber “recibido” una llamada tan especial tendrás otra perspectiva y es muy probable que se te abran unas posibilidades que antes no podías ver.

Confieso que parece una tontería o incluso una locura, pero lo he probado y me ha funcionado. Esto no es ninguna garantía de que eso te sirva, pero ¿qué pierdes con probarlo? Después de todo, darte un espacio para ti y para escucharte cuando te pasa algo, podría ser un gran favor que te puedes, porque cuidar de ti mismo es tu responsabilidad y es un paso necesario para que puedas ayudar a otros con garantías. Prueba y me dices.

¡Buen viaje!

Las emociones: sólo puedes gestionar lo que aceptas

Venus Puzzle Personalised JigsawSupongo que puedes estar pensando, “vaya tontería acaba de decir” o “qué obviedad”. Sin embargo te pido que me des un poco de tiempo para mostrarte algo que me parece muy importante.

Lo primero que me gustaría hacer es ponernos de acuerdo sobre qué significa para mí la palabra gestionar.

Por gestionar entiendo poner en marcha acciones dirigidas a conseguir un objetivo. Por lo tanto, según esta definición, no se puede gestionar algo si no hay un objetivo.

La segunda cosa relevante es que gestionar es un verbo de acción. Gestionar implica hacer.

Finalmente, para gestionar algo hay que aceptarlo. Esto último es lo que me resulta más difícil de explicar. Voy a tratar de hacerlo con un ejemplo.

Imagina que dejo encima de la mesa un puzzle y te digo, Haz este puzzle. Entonces tú, te acercas a la mesa y cuando vas a tocar las piezas que están amontonadas te digo: ¡No las puedes tocar! Entonces tu me dices ¡¿Pero si no puedo tocar las piezas, cómo quieres que monte el puzzle?!

Desde luego es una obviedad. Si quiero que montes el puzzle lo tienes que poder tocar, mirar, hacerlo tuyo, para que así lo puedas montar. Si no es imposible. Gestionar entonces significa hacer acciones (ordenar las piezas) con el objetivo re reproducir la imagen del modelo a partir de unir las piezas. Como ves, hay un objetivo, realizas unas acciones y aceptas “eso” que quieres gestionar. Lo tomas en tus manos porque sin aceptar eso que quieres gestionar es imposible hacer nada, no puedes ni empezar.

Ahora te lo voy a poner un poco más difícil, ¿vale? Te propongo que gestionemos algo que sea difícil de gestionar. Por ejemplo, no sé si para ti puede serlo pero a mi a veces me resulta difícil gestionar las emociones, ¿a ti también?

Gestionar las emociones

Normalmente pasa con las que son desagradables, porque con las emociones agradables seguramente no tenemos muchas dificultades para gestionarlas, ¿verdad? Así que este es el asunto que quiero tratar hoy contigo y para ello vamos a aplicar la frase del principio: “Sólo puedes gestionar lo que aceptas” así que si aplicamos esto a las emociones significa que sólo puedes gestionar las emociones desagradables si las aceptas.

Para eso me gustaría volver al ejemplo del puzzle, porque podría ser algo parecido. Imagina que ya has empezado a montar el puzzle. ¿Qué haces con las piezas que están delante tuyo amontonadas encima de la mesa? Supongo que las toma cada pieza en tus manos y la observas cuidadosamente para decidir qué hacer con ella. Quizás la puedas colocar directamente y pruebas de encajarla en tu puzzle a medio construir o bien la agrupas junto con otras que se le parecen. Tu actitud hacia ellas es de aceptación. Lo que me refiero con ello es que las observas todas, una a una. No se te ocurre tirar una pieza porque no es la que esperabas o no te encaja todavía. No hay ninguna que no valga, todas son valiosas aunque todavía no encajen Tienes paciencia, porque sabes que todas tienen su valor. No hay juicios.

Pues bien, lo que te invito ahora es a que indagues sobre cual es tu actitud hacia las emociones desagradables. ¿Qué haces cuando aparece una emoción desagradable? Supongo que una posibilidad es ignorarla, otra podría ser reprimirla o quizás sea cambiarla por otra emoción más fuerte que la enmascare y así tenga la ilusión que ha desaparecido. Cada persona tiene su estrategia o conjunto de estrategias para esquivar las emociones desagradables. A mi me parece una actitud del todo lógica en el sentido que la tendencia natural es tratar de evitar las cosas desagradables. Ahora bien, esto está bastante alejado de lo que yo entiendo por aceptar. De hecho es exactamente lo contrario, ¿no crees?

Después de esto tengo una mala noticia y una buena noticia para ti. La mala es que si ignoro, rechazo o reprimo una emoción me resultará imposible gestionarla y el resultado es que la emoción me gestionará a mi. La buena es que si la acepto podré gestionarla. Vale, ahora quizás la pregunta del millón sea, ¿y cómo se aceptan las emociones desagradables?

Aceptando las emociones: cómo hacerlo

Aceptación para mi significa adoptar una actitud similar a la que tenías con las piezas del puzzle, ¿recuerdas? La tomas, la observas con cuidado y miras cómo puede contribuir a construir y completar tu puzzle. El reto es precisamente ese: tomar la emoción desagradable, mirarla con atención, tomarla entre tus manos y preguntarle ¿cómo puedes contribuir a mi bienestar?

Al igual que en el puzzle, al principio puede ser muy difícil entender cómo puede contribuir a tu bienestar algo que te está causando tanto malestar. Sin embargo, es una aparente contradicción porque si la emoción está, debe ser por algo. Entonces, ¿qué mensaje valioso querrá darme esa emoción tan desagradable? La respuesta que da la CNV a esta pregunta es la siguiente: las emociones desagradables son algo que sirve para avisarnos que hay una o varias Necesidades o Valores Universales que son muy importantes y que me están faltando.

Por ejemplo, puedo sentir ira porque quizás esté en una situación en la que me falte empatía, libertad, ser visto, auto afirmación ,….. (puedes consultar un listado), no lo sé. La única manera de saber qué necesidad valiosa y fundamental me está faltando es que acepte y mire cara a cara la emoción, por desagradable que sea. ¿Te das cuenta? Sólo puedo gestionar lo que acepto.

Quizás estés pensando “fácil de decir, difícil de hacer“. Efectivamente, creo que lo que realmente supone un reto es llevar esto a la práctica. ¿Porqué? Yo creo que por dos razones. La primera es que esto supone romper el hábito de huir de nuestras emociones desagradables. Y la segunda es que esto requiere aceptarlas plenamente, sin juzgarlas. No hay emociones malas, no hay que reprimirlas porque no me gusten y cuando la emoción es muy intensa eso se convierte en un verdadero reto.

Sé comprensivo, por favor

Precisamente por todo esto me gustaría que tuvieras mucha comprensión y compasión contigo mismo cuando quieras ponerlo a la práctica. Al principio es probable que sólo seas capaz de hacerlo en contadas ocasiones y la mayor parte de las veces es posible que no lo consigas. ¡Perfecto! Bienvenido al camino del aprendizaje. A mi me gustaría que recuperaras la actitud que tenía cuando eras un bebé y aprendiste a caminar. Estoy seguro que antes de hacer tus primeros pasos te caíste un montón de veces y en cada caída aprendías alguna cosa. Se trata de recordarte esa actitud compasiva ante los fracasos que suponía cada caída. Recordar, palabra que viene del latín recordare, que se compone del prefijo re- (‘de nuevo’) y un elemento cordare formado sobre el nombre cor, cordis (‘corazón’) es decir, pasar de nuevo por el corazón, eso que fuiste y que quizás ya habías olvidado.

Aceptar las emociones desagradables puede llegar a convertirse en un proceso tan mágico como aprender a caminar. Y como el aprender a caminar, quizás te abra mundos que no habías llegado a imaginar.

¡Buen viaje!

Grita, pero de forma diferente: transformando la basura emocional, 2ª parte

Querido lector@, si leíste mi entrada Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono …. verás que me comprometí a darte una alternativa para enfadarte de una forma diferente cuando la situación necesita e nuestra respuesta inmediata y no podemos poner en práctica los pasos que te describí. Así que, lo que trataré de explicarte es cómo enfadarte de otra forma para situaciones de urgencia. ¿Qué podría ser una de urgencia?

Por ejemplo, imagínate que durante mi jornada de trabajo he tenido una discusión con un cliente (… malo) y luego mi jefe me ha dado una bronca (… más malo todavía). Acaba la jornada y sólo tengo ganas de llegar a casa para descansar y para que escuchen mi relato del día tan horrible que he tenido. Me encantaría que me dieran mucha escucha, atención y empatía. Hoy realmente lo necesito porque estoy muy mal… Pues bien, cuando llego a casa lo que me encuentro son mis dos hijas peleándose, gritándose e insultándose ¿te lo imagina?

– Ahh! Brrr! No puede ser, ¡ hoy no! ¡ Esto es demasiado para mi !

Con estos pensamientos en la cabeza y con mi estado de ánimo después del día tan horrible la reacción que me pide el cuerpo es enfadarme con ellas, gritarlas e incluso, si estoy muy enfadado, castigarlas por pelearse e insultarse. Digo reacción porque no hay ningún espacio entre el estímulo (mis hijas están en casa peleándose) y mi respuesta (me pongo yo también a gritar diciéndolas que no saben comportarse, que son unas desconsideradas y que se merecen un castigo)

La reacción conocida tiene un resultado conocido, no podría ser de otra manera. El castigo no me sirve porque lo que consigo es tranquilidad aun precio muy alto ya que me he enfadado todavía más. Al castigarlas y gritar que son unas desconsideradas he conseguido que ellas también se enfaden lo cual afecta a mi relación con ellas, que es algo que quiero evitar porque me intersa cuidar la relación. Además no he conseguido aquello que tanto necesitaba que era escucha, atención, cariño y empatía. Como ves unos resultados muy pobres.

Lo que a mi me gustaría es enfadarme de una forma que provoque en los demás un impulso de ayudar al que está enfadado y darle la empatía que tanto está necesitando. Ya te comenté en el pasado artículo que una persona enfadada es en realidad una persona que sufre. Lo que ocurre es que expresa ese enfado culpabilizando a los demás por sentirse como se siente. Así que las personas reciben un mensaje agresivo y ante una agresión, las reacciones posibles son el contra-atacar, someterse a la agresión o huir. En cualquier caso, la respuesta está a las antípodas de la escucha, la atención y la empatía, que es lo que necesita una persona que está enfadada.

¿Cómo sería enfadarse diferente? Recuerda que lo que quiero conseguir es expresar mi sufrimiento de forma que no sea percibido como una agresión. Para que esto ocurra hay que hacer un cambio de paradigma. La propuesta es cambiar de:

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Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono: la ecología emocional

EnfadarseHoy quiero hablarte del enfado. Cuando me dejo llevar por la ira primero es un alivio, pero luego se puede convertir en vergüenza y culpa cuando me doy cuenta de los efectos perjudiciales que ha tenido la forma como he liberado esa rabia sobre los demás. Así que se me presenta un dilema. Por un lado, enfadarse es liberador porque me permite expresar algo que está muy vivo en mi. Pero por otro lado, si quiero cuidar la relación con las personas debo reprimirlo para evitar el daño que puede causar en los demás la expresión de mi ira. Así que me pregunto. ¿Habría alguna forma de expresar mi rabia a la vez que soy respetuoso con los demás? ¿Puedo convertir los insultos y la violencia verbal contra los otros en algo a favor de la vida? En definitiva ¿Podría enfadarme de una forma ecológica? Mi respuesta es que sí.

¿Porqué me enfado?

Antes de entrar en materia me gustaría explicarte que normalmente me enfado con alguien porque pienso que no ha actuado de la forma que debería. Rechazo su forma de actuar, la califico como errónea y perjudicial y exijo que se comporte de la manera que yo considero como correcta y aceptable.

El enfado también indica que culpabilizo a la otra persona por la forma en que yo me siento. Por ejemplo, si me enfado porque el otro no es comprensivo conmigo indica que estoy exigiendo comprensión y como no la recibo provoca que yo me enfade. Si el otro es la causa de mi enfado significa que es culpable de que yo me sienta mal por lo que se merece un castigo. Así que el enfado puede ser un mecanismo de defensa y de ataque al mismo tiempo.

El problema de esta forma de entender la situación es que la expresión no respetuosa de mi enfado como una forma de castigar se convierte en una forma legítima de actuar. Sin embargo, cuando castigo causo dolor y eso puede dañar la relación. Si valoro esa relación es cuando aparece la vergüenza o el sentimiento de culpa.

También quisiera decirte que siendo no respetuoso con el otro consigo mi objetivo de hacerme respetar. Sin embargo, puede pasar que el otro actúe sólo para evitar el dolor que causa mi forma no respetuosa de expresar la rabia, pero que no se mueva por un verdadero deseo de contribuir a mi bienestar. Entonces, yo me pregunto, ¿es eso lo que quieres? ¿No preferirías que el otro actuara con la voluntad de buscar tu bienestar en vez de que actuara sólo para evitar el dolor de tu castigo? En definitiva ¿te gustaría poder enfadarte de otra forma?

Transfomando la basura emocional en abono

Mi propuesta es que te enfades de una forma diferente. Así que te voy a hacerte una propuesta para que lo pruebes y me digas.

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El enfado también indica que culpabilizo a la otra persona por la forma en que yo me siento. Por ejemplo, si me enfado porque el otro no es comprensivo conmigo indica que estoy exigiendo comprensión y como no la recibo provoca que yo me enfade. Si el otro es la causa de mi enfado significa que es culpable de que yo me sienta mal por lo que se merece un castigo. Así que el enfado puede ser un mecanismo de defensa y de ataque al mismo tiempo.

El problema de esta forma de entender la situación es que la expresión no respetuosa de mi enfado como una forma de castigar se convierte en una forma legítima de actuar. Sin embargo, cuando castigo causo dolor y eso puede dañar la relación. Si valoro esa relación es cuando aparece la vergüenza o el sentimiento de culpa.

También quisiera decirte que siendo no respetuoso con el otro consigo mi objetivo de hacerme respetar. Sin embargo, puede pasar que el otro actúe sólo para evitar el dolor que causa mi forma no respetuosa de expresar la rabia, pero que no se mueva por un verdadero deseo de contribuir a mi bienestar. Entonces, yo me pregunto, ¿es eso lo que quieres? ¿No preferirías que el otro actuara con la voluntad de buscar tu bienestar en vez de que actuara sólo para evitar el dolor de tu castigo? En definitiva ¿te gustaría poder enfadarte de otra forma?

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Las vacaciones y vivir el presente

20140927_083828_Unnamed RdEstimado lector, estoy ya de vacaciones y mi ritmo de escritura va a bajar hasta mi regreso: es momento de descansar. Quiero aprovechar estos días para bajar el ritmo y saborear cada pequeño momento. Así que este es mi propósito para este periodo de descanso: vivir cada momento presente como el único posible, sea el que sea. Porque cuando juzgo que lo que pienso, o lo que siento no me gusta, huyo de eso que es y entonces dejo de estar en contacto con lo que es está siendo la vida misma.

Así que, para sentirme más en contacto con la vida, sólo por unos días, quiero probar a abandonar la idea de buscar la paz, porque si quiero buscar la paz y no estoy en paz, entonces pensaré que no es lo que debería estar sintiendo y eso es volver al lugar donde no quiero estar. Sólo por unos días quiero ser más consciente de lo que estoy viviendo en cada momento y quedarme ahí, un ratito más, antes de hacer nada para cambiarlo. Sólo por unos días, quiero ser más consciente, para ver que pasa… y te lo explico a la vuelta, ¿vale?

Para acabar, creo que esta vez voy a ser yo quien voy a pedirte una cosa para mi: me gustaría que me desees…

¡Buen viaje!

Las emociones desagradables: 4 pasos para gestionarlas

El Grito de Edvard Munch

Hay muchas cosas que los seres humanos tenemos en común y hoy quiero hablar de una de ellas: las necesidades y valores universales. La Comunicación NoViolenta denomina así a aquello que es indispensable para el ser humano.

Efectivamente, una persona, no importa de que sexo, edad, raza o cultura sea, necesita para vivir y desarrollarse, seguridad física y emocional, alimento y cobijo, amor, pertenencia, sentido, libertad… Así que, por ser humanos, compartimos necesidades y valores universales. (Enlace a un listado de necesidades y valores universales). ¿Qué ocurre cuando no se satisfacen estas necesidades y valores? Pues que aparecen los sentimientos desagradables. Así que los sentimientos son un indicador que hay necesidades satisfechas o insatisfechas.

Ahora quisiera hablar de los sentimientos desagradables. Yo no se qué te pasa a ti pero yo, cuando siento una emoción que no me gusta, muchas veces trato de ignorarla o de taparla. Es una respuesta de defensa ante algo desagradable ¿Cuál crees que pueden ser las consecuencias de actuar de esta forma?

Vamos a ver, si estamos de acuerdo en lo que hemos hablado hasta ahora y no hago caso a mis sentimientos desagradables, entonces no sabré qué necesidades me están faltando. ¿Porqué podría ser eso importante? Es importante porque las acciones que pondré en marcha para dejar de tener esos sentimientos desagradables serán poco eficaces ya que iré probando cosas hasta que acierte con una estrategia que satisfaga la(s) necesidad(es) que me está faltando. Es el método ensayo/error pero completamente a ciegas. Ahora bien, si sé qué me está faltando, las probabilidades de encontrar algo que funcione para mi, serán más elevadas, ¿no te parece?

Después de esto creo que estarás de acuerdo conmigo que el no mirar cara a cara y huir de los sentimientos, por desagradables que sean, consigue cuidarme y preservar mi bienestar, por lo menos en el corto plazo. Sin embargo es una estrategia muy poco eficaz, al menos en el largo plazo.

Por otra parte, creo que conviene no pasarse al otro extremo y quedarse todo el tiempo auto observando los sentimientos porque eso me impide poner en marcha acciones, que es lo que hace que las cosas pasen. Te lo digo porque es muy fácil quedarse en el círculo vicioso de los pensamientos y sentimientos desagradables. Así que mi propuesta de hoy para ti es que, cuando te asalten sentimientos desagradables sigas los siguientes pasos:

4 pasos para gestionar las emociones desagradables.

1. Atiende y escucha los sentimientos desagradables cuando aparezcan porque son un indicador de que hay algo que no va bien.

2. Indaga las necesidades y valores universales te están faltando. Puedes consultar el listado que te he pasado antes.  (Enlace a un listado de necesidades y valores universales).

3. Busca estrategias que puedan satisfacer esas necesidades. ¿Qué puedes pedirte para tratar de satisfacer eso que te está faltando? Sé imaginativo y haz una lista, cuanto más larga mejor. Te darás cuenta que hay un montón de posibilidades.

4. Ponte en marcha. La única manera de recorrer un camino es caminando y ahora, además tienes una dirección: tus necesidades y valores universales.

Ya me contarás.

¡Buen viaje!