Necesito que me escuches.

File:Paul Gauguin- Eve - Don't Listen to the Liar.JPG

Eve – Don’t Listen to the Liar (1889) Paul Gauguin

Imagina la siguiente situación. Una mujer llega a casa después de un día muy duro en el trabajo y quiere que su pareja le escuche y le de atención. Sin embargo, no lo consigue a pesar de sus comentarios acerca lo duro que ha sido el día para ella. Entonces piensa: “debería darse cuenta que estoy fatal y tenerme un poco de atención“. Hace algún comentario más en la misma línea, con idéntica respuesta, y decide esperar para ver si de da cuenta. Pasan las horas pero la situación no cambia. Cada vez está más enfadada con su pareja porque sigue sin darse cuenta. Al final le dice:

– Estoy enfadada porque no me escuchas.

– Sí que te escucho. Has dicho que has tenido un día muy malo en el trabajo. Como yo, pero yo no estoy de morros como tú.

– …

En resumen, al llegar a casa tenía una gran necesidad de ser escuchada. Se enfada porque su pareja no se da cuenta de ello, no consigue esa escucha y sin saber cómo ha podido pasar, los dos acaban enfadados.

¿Cómo podría producirse una conversación que fuera más eficaz para conseguir escucha y compresión? En este post voy a tratar de dar respuesta a esta situación concreta como algo aplicable a situaciones en las que alguien necesita ser escuchado y no lo consigue, ¿te interesa?

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¿Cómo actúas cuando no te tratan con respeto? La respuesta proactiva frente a la reactiva.

File:Grapadora casco 5l.jpgEn algunos momentos de mi vida he pensado que que no me han tratado con respeto y, en ocasiones, he tenido la sensación de no haber dado con una respuesta satisfactoria. La cuestión que se me plantea es ¿Habría formas eficaces de responder a estas situaciones? En el artículo de hoy voy al tratar de responder a esta pregunta.

Lo primero que me gustaría destacar es que “no me tratan con respeto” es la expresión de un pensamiento cuando alguna persona actúa de una forma determinada. Es una consecuencia de un hecho, así que la primera consideración es tener en cuenta que una cosa son los hechos y otra muy diferente es lo que pienso respecto a lo que me está pasando.

Como ya te he comentado en algún otro post, los hechos son aquello que podría registrar una cámara de vídeo. El resto son los pensamientos que produzco. Así que lo que me gustaría que mirásemos juntos son los pensamientos cuando pienso que alguien me esta faltando al respeto, que es algo sobre lo que sí tengo margen para actuar. Para verlo con más claridad creo que lo mejor es que pensemos un caso concreto en que alguien te haya faltado al respeto.

¿Lo tienes ya? Yo también tengo el mío, así que podemos continuar aplicándolo con un ejemplo concreto. El mío es el siguiente. Estoy en mi lugar de trabajo y al pedir una grapadora a un compañero recibo la siguiente respuesta:

¿te has creído que yo estoy aquí sólo para atenderte a ti?

La respuesta reactiva

Antes esta situación una posible respuesta podría haber sido la siguiente:

¿Será posible que me conteste de semejante forma? Si lo único que he hecho ha sido pedirle que me pase la grapadora. ¡Qué falta de respeto! Quiero contestarle que eso ha sido faltarme al respeto pero no quiero hacer una bronca de este incidente. Ahora bien, la próxima vez que me pida algún favor lo va a tener claro conmigo. 

Al cabo de un rato, aún estoy molesto con lo sucedido: estoy resentido ( haz click en El resentimiento, la emoción del esclavo) por su comportamiento. Creo que la relación ha quedado dañada, lo cual no es bueno ni para mi ni para el trabajo que hacemos en el departamento… Además estoy dudando si hubiera sido mejor contestarle de la misma forma para pararle los pies….

Este es el ejemplo de lo que yo llamo una respuesta reactiva. Es una reacción que nace como respuesta a un estímulo ( el comportamiento de la otra persona) y que sigue el patrón de la respuesta a una agresión. Un ataque se responde con otro ataque o huyendo o sometiéndose. En este ejemplo la respuesta ha sido del tipo ” huida” aunque también podría haber respondido con otro ataque.

La pregunta que me hago es, ¿hay alternativas más allá de las respuestas reactivas que siguen el patrón ataque – respuesta?

La respuesta proactiva

Este tipo de respuesta se diferencia de la anterior en que surge de un proceso de elección después de disponer de varias alternativas. Así que es mucho más eficaz porque es una respuesta flexible y elegida. ¿te gustaría poder construir una respuesta de estas características?

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Atacar o huir, ¿y si hubiera algo más?

Estimad@ lector. En este post te propongo que pensemos juntos acerca de las estrategias que utilizamos cuando nos afrontamos a una dificultad, ni importa cuál sea su envergadura, ni de qué tipo sea. En mi opinión, nos movemos en el paradigma de la lucha o la huída. Supongo qué te preguntas que tiene que ver esto con la forma que encaramos las dificultades.

Permítime que te lo explique con un ejemplo. Supón que tengo la siguiente dificultad. Hay una persona en que me trata de una forma desconsiderada y yo creo que a las personas hay que tratarlas con respeto así que no me gusta su manera de proceder. El planteamiento sobre la cuestión es que “debería” tratarme con consideración porque eso es lo “correcto”. Así que debe de cambiar de actitud y para conseguirlo se me ocurren sólo dos maneras que están basadas en el ataque o la huida.  ¿O quizás haya más?

La estrategia del ataque.

Llamo estrategia del ataque cuando quiero obligar al otro a actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Según mi juicio, hay una forma de actuar correcta y otra incorrecta y como opino que el otro lo hace mal entonces es el otro el que debe cambiar. Si te fijas, es una imposición basada en un juicio sobre lo que es correcto e incorrecto.

Resultados que se obtienen al aplicar la estrategia del ataque.

Supongamos que consigo imponer a los demás una forma de actuar. La primera reflexión es que si yo me impongo significa que el otro pierde. Si el otro pierde lo más probable es que esté resentido conmigo. Es decir, que a la próxima que pueda va a ir contra mi. Como dice el dicho “arrieros somos y en el camino nos encontraremos“.

Este es el mejor de los casos, porque, muchas veces, simplemente no consigo imponer mi manera de entender cómo se deben comportar los demás. El motivo es muy simple: a nadie le gusta que le digamos cómo debe comportarse. O sea, que he perdido mucha energía tratando de imponer algo y, además, no lo he conseguido y me siento frustrado.

Estrategia de la huida.

Vayamos a la segunda forma de reaccionar que es la que llamo la huida. La primera parte del razonamiento se comparte con la estrategia del ataque. Se basa en que yo tengo la razón y el otro está equivocado. La diferencia está en que no pretendo que el otro cambie, ya sea porque ya lo he intentado antes con todas mis fuerzas y de mil maneras diferentes y no lo he conseguido o porque juzgo que no voy a poderlo conseguir.

Ante esto, simplemente me rindo y dejo que continúe ocurriendo porque simplemente no puedo hacer nada para evitarlo. Como mucho, de vez en cuando me quejo de lo mala que es la otra persona y busco la simpatía en otras personas contándoles lo mal que se porta. Al explicarlo busco que me den la razón, porque la tengo, claro. Si son mis amigos me dan la razón y así me quedo tan tranquilito en mi no hacer nada. Jodido pero tranquilo, al menos aparentemente.

Si lo bajamos al ejemplo de antes, sería dejar que esa persona continúe actuando de la manera que lo hace y cada vez que ocurre quejarme amargamente de lo “mala persona” que es. Esta opción tiene la ventaja de consumir mucha menos energía que la del ataque. Busca la supuesta paz que da una retirada aunque a costa de quedarnos en la queja.

La vía de la aceptación.

¿Hay una estrategia diferente a la del ataque y la huida? Yo creo que sí. ¿Te apetece que te la explique?

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Atacar o huir, ¿y si hubiera algo más?

Estimad@ lector. En este post te propongo que pensemos juntos acerca de las estrategias que utilizamos cuando nos afrontamos a una dificultad, ni importa cuál sea su envergadura, ni de qué tipo sea. En mi opinión, nos movemos en el paradigma de la lucha o la huída. Supongo qué te preguntas que tiene que ver esto con la forma que encaramos las dificultades.

Permítime que te lo explique con un ejemplo. Supón que tengo la siguiente dificultad. Hay una persona en que me trata de una forma desconsiderada y yo creo que a las personas hay que tratarlas con respeto así que no me gusta su manera de proceder. El planteamiento sobre la cuestión es que “debería” tratarme con consideración porque eso es lo “correcto”. Así que debe de cambiar de actitud y para conseguirlo se me ocurren sólo dos maneras que están basadas en el ataque o la huida.  ¿O quizás haya más?

La estrategia del ataque.

Llamo estrategia del ataque cuando quiero obligar al otro a actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Según mi juicio, hay una forma de actuar correcta y otra incorrecta y como opino que el otro lo hace mal entonces es el otro el que debe cambiar. Si te fijas, es una imposición basada en un juicio sobre lo que es correcto e incorrecto.

Resultados que se obtienen al aplicar la estrategia del ataque.

Supongamos que consigo imponer a los demás una forma de actuar. La primera reflexión es que si yo me impongo significa que el otro pierde. Si el otro pierde lo más probable es que esté resentido conmigo. Es decir, que a la próxima que pueda va a ir contra mi. Como dice el dicho “arrieros somos y en el camino nos encontraremos“.

Este es el mejor de los casos, porque, muchas veces, simplemente no consigo imponer mi manera de entender cómo se deben comportar los demás. El motivo es muy simple: a nadie le gusta que le digamos cómo debe comportarse. O sea, que he perdido mucha energía tratando de imponer algo y, además, no lo he conseguido y me siento frustrado.

Estrategia de la huida.

Vayamos a la segunda forma de reaccionar que es la que llamo la huida. La primera parte del razonamiento se comparte con la estrategia del ataque. Se basa en que yo tengo la razón y el otro está equivocado. La diferencia está en que no pretendo que el otro cambie, ya sea porque ya lo he intentado antes con todas mis fuerzas y de mil maneras diferentes y no lo he conseguido o porque juzgo que no voy a poderlo conseguir.

Ante esto, simplemente me rindo y dejo que continúe ocurriendo porque simplemente no puedo hacer nada para evitarlo. Como mucho, de vez en cuando me quejo de lo mala que es la otra persona y busco la simpatía en otras personas contándoles lo mal que se porta. Al explicarlo busco que me den la razón, porque la tengo, claro. Si son mis amigos me dan la razón y así me quedo tan tranquilito en mi no hacer nada. Jodido pero tranquilo, al menos aparentemente.

Si lo bajamos al ejemplo de antes, sería dejar que esa persona continúe actuando de la manera que lo hace y cada vez que ocurre quejarme amargamente de lo “mala persona” que es. Esta opción tiene la ventaja de consumir mucha menos energía que la del ataque. Busca la supuesta paz que da una retirada aunque a costa de quedarnos en la queja.

La vía de la aceptación.

¿Hay una estrategia diferente a la del ataque y la huida? Yo creo que sí. ¿Te apetece que te la explique?

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Asertividad: cómo afrontar diálogos difíciles, 2ª parte

En la pasada entrada te hablé sobre cómo afrontar diálogos en situaciones que nos resultan complicadas por la carga emocional que puedan tener. Si recuerdas, también te expliqué cuales son los dos factores clave que facilitan o dificultan que se produzca una comunicación efectiva. El primero era que hay un tipo de lenguaje que hace que se levanten murallas que impiden la comunicación eficaz que son el lenguaje evaluativo y los juicios sobre la otra parte. El segundo, ser consciente de nuestras emociones y saberlas gestionar. Pero no nos quedamos aquí sino que te expliqué el método de 4 pasos de la CNV que te pueden ayudar en las dos cosas: a utilizar un lenguaje que elimine barreras y a gestionar tus propias emociones y a ser consciente de la de los demás. Finalmente puse un ejemplo de una situación cotidiana para ilustrar cómo aplicar el método.

Si recuerdas, el ejemplo tenía un final que suponía que la otra parte accedería a nuestra petición ya que el lenguaje utilizado era no evaluativo y seguía estrictamente el método de los 4 pasos. También te dije que te daría una respuesta para el caso en que hagamos una petición y no haya una respuesta positiva a la demanda.

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Cómo afrontar diálogos difíciles.

En este artículo te explicaré las claves que has de tener en cuenta cuando necesites mantener una conversación en una situación difícil y un método en cuatro pasos que te ayudará a que sea una conversación eficaz.

Antes de nada me gustaría explicarte lo que es una comunicación eficaz. A mi modo de ver surge cuando dos personas dialogan e interactúan. Cuando el diálogo es eficaz hay una cierta transferencia de información entre las dos partes y hay una respuesta que se construye a partir de eso que se ha compartido. A mi me gusta imaginarmelo como un baile: uno hace un movimiento que el otro lee y el otro, al recibir esa respuesta, hace otra cosa, todo ello, de una forma armoniosa. En definitiva dialogar es como bailar.

Ahora bien, los diálogos no siempre funcionan de esta forma, ¿verdad? En multitud de ocasiones se quedan en un simple intercambio de monólogos. Pudiera parecer que es un diálogo porque primero habla uno y luego otro, pero no es armonioso porque las respuestas de uno no surgen de la comprensión de la otra parte. Es como si se hubieran enganchado un conjunto de monólogos sin relación entre ellos.

Gestionar una comunicación difícil: Lo que facilita y lo que impide la comunicación eficaz

La comunicación eficaz se produce en muchos momentos de nuestras vidas. Una conversación tranquila con un amigo es un ejemplo de ello. Sin embargo hay momentos en que deseamos que esa comunicación se produzca pero ocurre todo lo contrario. ¿Porqué? En mi opinión hay dos factores clave para que haya una comunicación eficaz.

El primero es el tipo de lenguaje que se utiliza. Cuando se utilizan reproches y juicios sobre la otra persona la respuesta más lógica es que se ponga a la defensiva. Levanta las “murallas” y ya sólo está pendiente de cómo defenderse de lo que se interpreta como un ataque y no a escuchar lo que se le dice. Por lo tanto, el lenguaje evaluativo y los juicios impiden una comunicación eficaz. La buena noticia es que ahora ya sabes que este tipo de lenguaje no es el más adecuado para conseguir comunicarte eficazmente. La mala noticia es que esta forma de comunicarnos basada en juicios y evaluaciones sobre los demás es la que hemos aprendido desde pequeños y es nuestra forma habitual de comunicarnos en situaciones de dificultad.

Otro aspecto que es clave en todo el proceso es la gestión de las emociones. Vamos, que podemos tener las mejores intenciones el mundo, conocer la manera más eficaz para comunicarnos y estar perfectamente entrenados y habituados para hacerlo pero cuando entran en luego las emociones, sobretodo si son intensas, se puede ir al traste todo el proceso en un instante.

Bien, ahora que ya sabes cuales son los dos factores clave para conseguir una comunicación eficaz supongo que te estarás preguntando, ¿y cómo se consigue esto?

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No quiero ser el responsable de cómo te sientes.

En la entrada de hoy te quiero hablar de la diferencia que hay entre las frases siguientes:

1.- Siento que mi comentario te haya molestado

2.- Siento que te hayas molestado cuando he hecho ese comentario

Son prácticamente iguales, ¿verdad? ¿o quizás notas alguna diferencia? Te dejo un rato para que las vuelvas a leer, esta vez, con más atención, porque en mi opinión sí que hay una diferencia sustancial.

……

¿Lo ves ahora?

……

Bueno, si quieres te digo cual es esa diferencia que yo considero tan sustancial y luego me dices si estás o no de acuerdo,  ¿vale?

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¿Hay personas buenas y malas? Una conversación con una adolescente.

Hace unas semanas, la hija de un amigo mío que es adolescente me hizo esta pregunta y me dijo que podría ser un tema para mi blog. Todo un reto. Le he estado dando vueltas y no sabía muy bien cómo podría tratarlo. Al final me he decidido por escribir cómo podría ser un diálogo con una adolescente que me hiciera esa pregunta. Este es el resultado.

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Simpatía y empatía. ¿Cual es la diferencia?

El otro día, en una conversación con un amigo, me explicó lo indignado que estaba con algo que le había ocurrido en el trabajo. En otro departamento habían hecho algo que, según su modo de entender su trabajo, era una manera muy poco profesional de hacer las cosas. Mientras me lo explicaba notaba cómo se iba enfadando cada vez más, al corroborar lo mal que lo habían hecho. Eran aspectos que para él eran de suma importancia, y precisamente por ello, el hecho que los otros no hubieran actuado así, le hacía indignarse todavía más.

La conversación ocurrió muy deprisa, de una forma improvisada, y la verdad es que en aquel momento sólo supe darle simpatía y no auténtica empatía, que es lo que creo que necesitaba. Y hay una diferencia muy importante. Le doy simpatía si cuando me explica algo, le doy la razón. “Sí, claro, es que no hay derecho con lo que te hacen” podría ser una respuesta típica. Cuando alguien se queja ante nosotros muchas veces es lo que pide, la adhesión a su causa. Pero si lo hacemos no estoy seguro que le seamos de utilidad.

En cambio, empatía sería olvidarse de uno mismo, de si estoy o no de acuerdo con lo que explica y tratar de conectarme con lo que le pasa con lo sucedido. Una manera puede ser simplemente escucharle en silencio. Otras veces, podemos utilizar alguna pregunta. En lo ocurrido con mi amigo, la conversación podría haber ido así:

Yo: Creo que estás muy enfadado con lo ocurrido ….
Amigo: Sí, me pongo de los nervios cuando veo esas chapuzas.
Yo: Ya veo,… Si los demás hubieran actuado de otra forma más acorde con tus criterios de calidad, tú estarías más tranquilo porque para tí es muy importante esa calidad en los resultados.
Amigo: Sí, ya sabes que mi trabajo es algo muy importante para mí. Y los demás no lo valoran.
Yo: Tu trabajo es algo que valoras mucho, y supongo que te encantaría poder compartir esa satisfacción por el trabajo bien hecho con los demás. Eso es lo que te falta y por eso te enfadas, ¿es así?
Amigo: Sí…
Yo: Te encantaría que los demás supieran eso y que contribuyeran a tu necesidad de autorealización y que pudieras compartir esas inquietudes con esas personas para trabajar compartiendo esos mismos criterios.
Amigo: Sí. Creo que es eso…
….

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Cómo hacer peticiones. Diferencia entre petición y exigencia.

En muchos de mis artículos he hablado sobre cómo utilizar los sentimientos como una señal para saber si hay una necesidad no cubierta, en cuyo caso hablamos de sentimientos desagradables, y cuando están cubiertas, como sentimientos agradables. Y una vez identificada esa necesidad podemos hacer alguna petición hacia nosotros mismos o hacia los demás. El artículo de hoy va precisamente de cómo hacer peticiones hacia los demás que sean lo más eficaces posibles.

Lo primero que tenemos que distinguir es entre una petición y una exigencia. La primera implica que debemos estar abiertos a la posibilidad de recibir un no. Es lo primero que debemos preguntarnos porque, si no es así, disfrazaremos una exigencia de petición y entonces es un acto manipulativo.

Por ejemplo, si quiero que mi hija ordene su habitación puedo exigirlo disfrazándolo de petición diciendo.

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