Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono: la ecología emocional

EnfadarseHoy quiero hablarte del enfado. Cuando me dejo llevar por la ira primero es un alivio, pero luego se puede convertir en vergüenza y culpa cuando me doy cuenta de los efectos perjudiciales que ha tenido la forma como he liberado esa rabia sobre los demás. Así que se me presenta un dilema. Por un lado, enfadarse es liberador porque me permite expresar algo que está muy vivo en mi. Pero por otro lado, si quiero cuidar la relación con las personas debo reprimirlo para evitar el daño que puede causar en los demás la expresión de mi ira. Así que me pregunto. ¿Habría alguna forma de expresar mi rabia a la vez que soy respetuoso con los demás? ¿Puedo convertir los insultos y la violencia verbal contra los otros en algo a favor de la vida? En definitiva ¿Podría enfadarme de una forma ecológica? Mi respuesta es que sí.

¿Porqué me enfado?

Antes de entrar en materia me gustaría explicarte que normalmente me enfado con alguien porque pienso que no ha actuado de la forma que debería. Rechazo su forma de actuar, la califico como errónea y perjudicial y exijo que se comporte de la manera que yo considero como correcta y aceptable.

El enfado también indica que culpabilizo a la otra persona por la forma en que yo me siento. Por ejemplo, si me enfado porque el otro no es comprensivo conmigo indica que estoy exigiendo comprensión y como no la recibo provoca que yo me enfade. Si el otro es la causa de mi enfado significa que es culpable de que yo me sienta mal por lo que se merece un castigo. Así que el enfado puede ser un mecanismo de defensa y de ataque al mismo tiempo.

El problema de esta forma de entender la situación es que la expresión no respetuosa de mi enfado como una forma de castigar se convierte en una forma legítima de actuar. Sin embargo, cuando castigo causo dolor y eso puede dañar la relación. Si valoro esa relación es cuando aparece la vergüenza o el sentimiento de culpa.

También quisiera decirte que siendo no respetuoso con el otro consigo mi objetivo de hacerme respetar. Sin embargo, puede pasar que el otro actúe sólo para evitar el dolor que causa mi forma no respetuosa de expresar la rabia, pero que no se mueva por un verdadero deseo de contribuir a mi bienestar. Entonces, yo me pregunto, ¿es eso lo que quieres? ¿No preferirías que el otro actuara con la voluntad de buscar tu bienestar en vez de que actuara sólo para evitar el dolor de tu castigo? En definitiva ¿te gustaría poder enfadarte de otra forma?

Transfomando la basura emocional en abono

Mi propuesta es que te enfades de una forma diferente. Así que te voy a hacerte una propuesta para que lo pruebes y me digas.

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¿Qué significa eso de ser un Guerrero Pacífico?

Hace un tiempo vi un programa por televisión en el que hablaban personas con enfermedades neurodegenerativas, que tenía por objeto recaudar fondos para la investigación de esta clase de enfermedades. Hubieron muchos testimonios que me conmovieron. Sin embargo hubo una persona que dijo algo que me llamó mucho la atención. Dijo algo parecido a lo siguiente:

Yo para tirar adelante con mi enfermedad seguí el consejo de una persona que me dijo: No luches contra la enfermedad. Vive con ella y hazte su amigo.”

¿Cómo es posible que el mejor consejo que puedes seguir es que te hagas amigo de algo que te está matando? Es parecido a aquello de “Ama a tu enemigo“. Lo siento, pero me resultaba muy difícil de entender. Sin embargo hay personas que eso de “amar a su enemigo” les ha ido bastante bien. Me vienen a la memoria los ejempos de Nelson Mandela, Martin Luther King,  Gandhi… y seguro que también de muchas otras personas que no conozco que han seguido el mismo camino. ¿Porqué puede ser esa una buena manera de lidiar con tu enemigo? Si me acompañas hoy voy a tratar de darte mi visión y te explicaré qué es lo que tiene que ver el Guerrero Pacífico.

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¿Qué significa eso de ser un Guerrero Pacífico?

Hace un tiempo vi un programa por televisión en el que hablaban personas con enfermedades neurodegenerativas, que tenía por objeto recaudar fondos para la investigación de esta clase de enfermedades. Hubieron muchos testimonios que me conmovieron. Sin embargo hubo una persona que dijo algo que me llamó mucho la atención. Dijo algo parecido a lo siguiente:

Yo para tirar adelante con mi enfermedad seguí el consejo de una persona que me dijo: No luches contra la enfermedad. Vive con ella y hazte su amigo.”

¿Cómo es posible que el mejor consejo que puedes seguir es que te hagas amigo de algo que te está matando? Es parecido a aquello de “Ama a tu enemigo“. Lo siento, pero me resultaba muy difícil de entender. Sin embargo hay personas que eso de “amar a su enemigo” les ha ido bastante bien. Me vienen a la memoria los ejempos de Nelson Mandela, Martin Luther King,  Gandhi… y seguro que también de muchas otras personas que no conozco que han seguido el mismo camino. ¿Porqué puede ser esa una buena manera de lidiar con tu enemigo? Si me acompañas hoy voy a tratar de darte mi visión y te explicaré qué es lo que tiene que ver el Guerrero Pacífico.

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Procrastinar o el arte de postergar: 4 pasos para superarlo.

Según la wikipedia la procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

¿Porqué puede ser un problema procrastinar?

By Quino

Todos en algún momento postergamos y no pasa nada cuando aceptamos que queremos diferir una acción y lo hacemos con total conciencia y libertad de elección. Ahora bien, hay veces que al postergar algo, nos sentimos mal y eso, según creo yo, es síntoma que estamos viviendo un conflicto interno.

Por lo tanto, el problema de postergar no es hacerlo sino sentirse mal por ello. Si el malestar que sentimos es síntoma de un conflicto interno, entonces la cuestión a indagar será cuales son las partes en conflicto y, si consigo gestionarlo, entonces el conflicto se disolverá y el postergar dejará de ser un problema, ¿no te parece?

No obstante, antes de entrar en materia, me gustaría explicarte los ingredientes que necesito para cocinar este artículo.

El conflicto y las necesidades.

Según la Comunicación NoViolenta (CNV) todas nuestras acciones son respuestas, más o menos exitosas, que intentan satisfacer necesidades y valores universales. Los valores y necesidades universales son todo aquello que es indispensable para que los seres humanos puedan vivir. Así, hay necesidades básicas como pueden ser la necesidad de alimento, descanso, seguridad física y emocional, otras, como la necesidad de pertenencia, conexión, amor, afecto y también otras más elevadas como las necesidades de contribuir, sentido o espiritualidad. Las necesidades universales son comunes a todos los seres humanos, no importa de qué sexo, raza, religión, época o idea política tengan (enlace a un listado de necesidades y valores universales)

La importancia de conocer cuales son las necesidades que están en juego cuando hago alguna acción es que hay muchas maneras diferentes de satisfacerlas. Eso significa que no tengo porque apegarme a una acción concreta siempre que pueda encontrar alguna otra acción para satisfacer la necesidad que estoy intentando satisfacer. Por ejemplo, si estoy cansado eso significa que tengo una necesidad de descanso.

Ahora bien, para satisfacerla puedo hacer cosas tan diversas como tumbarme en el sofá, ir al cine a ver una película, puedo también decidir ir a tomar una copa con un amigo para conversar conversar o incluso podría ir a jugar un partido de fútbol con los amigos. Saber que necesidad está en juego me abre un abanico enorme de posibilidades, mientras que si no la sé, mis posibilidades se reducen a una sola acción a la cual me será muy difícil renunciar.

Podemos resolver un conflicto cuando cambiamos el nivel de las acciones por el nivel de las necesidades.

El conflicto se produce cuando una acción que realiza una parte perjudica o no satisface necesidades de otra parte. Por ejemplo, supongamos que tengo un conflicto interno entre hacer una tarea doméstica y sentarme en el sofá. Entonces, la acción “sentarme en el sofá”, que es un manera de satisfacer las necesidad de descanso, entra en conflicto con la acción “hacer la tarea doméstica”, que puede ser una manera de satisfacer las necesidades de orden, limpieza y quizás de tranquilidad.

Si este conflicto no es la primera vez que se me plantea, podría ser que la acción “sentarme en el sofá” sea una respuesta de oposición y resistencia a una voz interna que me dice “tienes que hacer ….” por lo que la acción “descansar en el sofá” quizás también sea una forma de rebelarme ante esa voz que se quiere imponer, por lo que eso sea un intento de satisfacer la necesidad de libertad y respeto al ritmo. Como puedes ver, cuando hacemos algo siempre hay una o varias necesidades que estamos intentando satisfacer, aunque no seamos conscientes de ello.

El otro asunto importante en la resolución de un conflicto es que las necesidades (que no las acciones concretas) son igual de importantes y merecen ser tenidas en consideración de igual forma. Es decir, que sentarse en el sofá o hacer la tarea doméstica no es lo importante sino que lo verdaderamente importante es encontrar alguna acción o conjunto de acciones que satisfagan las necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, tranquilidad, orden y limpieza.

El pensamiento estratégico.

Con este concepto me quiero referir a un modo de pensar que tiene en cuenta un conjunto de acciones que va más allá de una acción inmediata de corto plazo. El pensamiento estratégico implica que puedo ir más allá de la acción “descansar en el sofá” o “hacer la tarea” y puedo trazar un plan más amplio en la que haya una sucesión de acciones. Por ejemplo, el pensamiento estratégico en un partido de tenis me permite ver que puede interesarme perder el juego en curso porque eso me permitirá ahorrar energía para ganar el set y finalmente el partido.

En definitiva, si aplico el pensamiento estratégico a nuestro ejemplo puedo entender que la acción “descansar” y la acción “hacer la tarea doméstica” pueden ser etapas de un mismo plan y no tienen porqué entenderse como cosas separadas que están en conflicto.

Por fin entra en juego el último ingrediente que quería explicarte.

Tomar una decisión:

Lo perfecto como enemigo de lo bueno.

El problema de las decisiones es que pueden ser difíciles de tomar cuando esperamos tomar la decisión perfecta y yo creo que eso es imposible porque las decisiones perfectas no existen. Lo que te propongo es que tomes la mejor decisión que puedes tomar con los datos que tienes disponibles. Sabiendo que estás tomando una decisión imperfecta, decide cuando vas a volver a revisar esta decisión. Es decir, toma una decisión pero que no sea definitiva, así podrás tomar decisiones “equivocadas” con tranquilidad.

Una vez que has decido qué hacer y cuándo vas a revisar la decisión, de lo que se trata es de hacerlo y, como diría Machado “sin volver la vista atrás”. Si detectamos que hay una sensación de queja significa que estamos revisando lo decidido y ya hemos dicho que de lo que se trata de de mirar hacia adelante. Por ejemplo, si he decido descansar, se trata de descansar al 100 %, sin remordimientos, sin volver la vista atrás. Igualmente, si he decidido hacer la tarea, se trata de simplemente eso, de hacerla como si fuera la única cosa en el mundo. Si detecto que hay resistencia significa que estoy volviendo la vista atrás y estoy revisando lo que ya he decidido.

Haz compartimentos estancos.

Actuar de esta forma es como hacer compartimentos estancos que evitan que el agua que entra en un sitio inunde todo el buque. Si estoy para descansar, descanso, y si hago la tarea doméstica, simplemente la hago, sin interferencias de una cosa con la otra.

Pasos para gestionar la procrastinación

Por fin ha llegado el momento de la receta. Gracias por la paciencia.

Paso 1. Acepta que estás en conflicto.

De lo que se trata es de no añadir más leña al fuego. Lo que quiero decir con esto es que a veces uno está enfadado por que se está en conflicto y eso para mi es añadir enfado a la situación de conflicto. Aceptarlo no significa que lo ignore, simplemente digo que sí a eso que me está pasando. De hecho si hay dos partes mías que están en oposición significa que hay necesidades y valores universales muy importantes y valiosos que estoy intentando preservar. Yo creo que eso vale verdaderamente la pena indagarlo.

Paso 2. Identifica qué necesidades y valores universales está buscando satisfacer cada parte.

En nuestro ejemplo ya hemos visto que las necesidades que hay en juego con la acción “descansar ” son las necesidades de descanso e incluso, la de libertad y de respeto al ritmo. Con la acción “realizar la tarea doméstica” se intentan satisfacer las necesidades de orden, limpieza y tranquilidad. Podemos ir al paso 3.

Paso 3. Genera ideas para satisfacer las necesidades de ambas partes y utiliza el pensamiento estratégico.

De lo que se trata ahora es de buscar acciones que puedan servir para satisfacer la necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden limpieza y tranquilidad sin olvidarse del pensar de forma estratégica.

Así que, si estoy muy cansado se me ocurre que primero podría descansar, por ejemplo durante media hora, y luego, hacer la tarea doméstica de forma tranquila y estando atento a mi forma física, de manera que si me canso en exceso, tome el compromiso de parar y tomar otro descanso. Creo que este plan satisface mis necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden, limpieza y tranquilidad. Increíble, ¿no te parece?

Paso 4. Hazlo y no te olvides de los “compartimentos estancos”

De lo que se trata es de ejecutar el plan haciendo de cada etapa algo único, total y digno de ser vivido intensamente “sin volver la vista atrás”. Confía, ya trazaste un plan, y has tenido en cuenta que es revisable, así que ahora se trata de disfrutarlo.

Conclusión

Aquí te he dado una receta que creo puede ayudar a gestionar la procrastinación. Desde luego es presuntuoso pensar que este es el método definitivo para conseguirlo y esa no es mi pretensión. Me sentiré muy satisfecho si este artículo puede contribuir, aunque sólo sea de forma muy ligera, a que puedas gestionar mejor el hábito de postergar. Ya me dirás.

¡Buen viaje!

Pasos para desbloquear una conversación.

En la última entrada (¿Qué hace que una conversación funcione?) vimos juntos que las conversaciones dejan de funcionar cuando deja de haber escucha. Vimos que en un conflicto resulta muy difícil tener una buena conversación porque las dos partes están desesperadas por encontrar una escucha que no le proporciona el otro. También vimos la situación era como un atasco en un cruce entre dos calles. Los dos quieren pasar al mismo tiempo (las dos partes quieren recibir escucha) pero la urgencia es tan grande que se atascan por esta urgencia de ser escuchados.

¿Cómo se soluciona o se previenen un atasco en un cruce de calles? Una de las formas que más se utilizan es mediante un semáforo que regula el tiempo que tiene cada parte para pasar. ¿Podríamos aplicar un sistema similar en una conversación conflictiva? Sí y no, me explico. Por una parte sí, porque así damos un cierto tiempo a cada parte para que tenga la oportunidad de hablar. por otra lado no, porque eso no asegura que las dos partes se escuchen. Hace falta algo más para restablecer la conexión y la escucha. Veamos una forma de hacerlo.

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Pasos para desbloquear una conversación.

En la última entrada (¿Qué hace que una conversación funcione?) vimos juntos que las conversaciones dejan de funcionar cuando deja de haber escucha. Vimos que en un conflicto resulta muy difícil tener una buena conversación porque las dos partes están desesperadas por encontrar una escucha que no le proporciona el otro. También vimos la situación era como un atasco en un cruce entre dos calles. Los dos quieren pasar al mismo tiempo (las dos partes quieren recibir escucha) pero la urgencia es tan grande que se atascan por esta urgencia de ser escuchados.

¿Cómo se soluciona o se previenen un atasco en un cruce de calles? Una de las formas que más se utilizan es mediante un semáforo que regula el tiempo que tiene cada parte para pasar. ¿Podríamos aplicar un sistema similar en una conversación conflictiva? Sí y no, me explico. Por una parte sí, porque así damos un cierto tiempo a cada parte para que tenga la oportunidad de hablar. por otra lado no, porque eso no asegura que las dos partes se escuchen. Hace falta algo más para restablecer la conexión y la escucha. Veamos una forma de hacerlo.

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Una forma de responder a los gritos: practicando el “aikido emocional”

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Ō-Sensei Morihei Ueshiba, maestro fundador del Aikido

Todas las personas tienen todo el derecho del mundo a ser como son y a comportarse como se comportan, independientemente que a mi me guste más o menos o me perjudique en mayor o menor forma. Por otra parte, yo también tengo todo el derecho del mundo a comportarme de la forma que a mi me parezca más adecuada teniendo en cuenta mis necesidades y mis valores.

Teniendo en cuenta esto, cuando alguien actúa de una forma que no me satisface y opto por quedarme y afrontar la situación, se me ocurre que puedo actuar de dos formas. Una, de forma reactiva, y la otra proactiva. ¿Te interesaría saber en qué consiste cada una y cual podría ser la mejor para ti? Si tu respuesta es afirmativa te recomiendo que continúes leyendo.

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Los malos entendidos cuando nos comunicamos. Cómo ser proactivo.

video

Hoy quiero traerte un vídeo para que lo veas y luego hablamos sobre él.

Clica en el enlace para verlo: Video

¿Qué te ha parecido? Desde luego es buen ejemplo de algo que nos pasa muy a menudo en nuestras comunicaciones con los demás: los malos entendidos. Supongo que todos nosotros hemos experimentado una profunda frustración cuando comprobamos que los que ha entendido nuestro interlocutor no es lo que queríamos transmitir e incluso, es lo contrario de lo que queríamos expresar. ¿Porqué ocurre esto? ¿Hay alguna manera de evitarlo? En este artículo voy a tratar de responder a estas preguntas. ¿Me acompañas?

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¡Me falta al respeto!

¿te has encontrado alguna vez en una situación en la que te dices que lo que hace el otro es una falta de respeto? Sin ir más lejos el otro día viví una situación en la que viví esto y lo que me gustaría compartir contigo es el proceso que utilizo para convertir ese juicio y el enfado que me llevé, en algo más productivo y eficaz, ¿me acompañas?

Primero te explicaré la situación para ponerte en contexto. En una reunión una persona hace un comentario en la que cuestiona la eficacia con la que se ha llevado un proyecto. Esa opinión se expresa desde el desconocimiento de las circunstancias del mismo y eso me lleva a pensar que eso es una falta de respeto hacia el trabajo de muchas personas que han participado en el.  Pensar eso me lleva al enfado. Y al enfadarme pienso que esa persona es muy desconsiderada y que siempre critica el trabajo de los demás y no se cuestiona nunca el suyo. Tener esta clase de pensamientos sólo hace que aumente mi enfado.

La cosa es que estoy enganchado en este círculo vicioso y me gustaría poder encontrar una fórmula para salir de él. Se me ocurre que tiene que ver con poner límites, y al pensar en ello sólo se me ocurren formas violentas de hacerlo, y no me siento cómodo en ese terreno. Así que voy a seguir el método de los 4 pasos para ver qué tal funciona.

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¿Enfadarse? Sí, pero hazlo de una forma diferente.

Cuando uno se enfada se libera una energía que se reprimía y eso produce una sensación de alivio. Sin embargo, la expresión violenta de la rabia, que puede tener muchas formas y grados, tiene efectos colaterales en las personas que nos rodean. Cuando nos damos cuenta de esto sobreviene el sentimiento culpa por haber actuado de la forma en que lo hemos hecho.

Así que, por un lado es necesario expresar de alguna forma el enfado. Por otro lado, si me enfado de forma violente eso puede afecta a mi relación con los demás y es algo que quiero evitar. Por lo tanto, ¿me enfado o reprimo la ira? Mi respuesta es: enfádate, pero de otra forma. Aquí te propongo un método de cuatro pasos para hacerlo.

Los 4 pasos para transformar el enfado.

Para explicarlo voy a utilizar un ejemplo. La situación que se plantea es la siguiente. Supón que entro en el trabajo y digo “buenos días”. Sin embargo, ninguna de las personas que están en la sala me contesta. Lo vuelvo a repetir, y tampoco me contestan. Entonces me enfado porque pienso que es una falta de respeto no responder a los buenos días. Apliquemos este ejemplo yendo paso a paso.

Paso 1. Encuentra el estímulo del enfado.

Se trata de identificar los hechos y separarlos de los pensamientos que vienen sobre eso que está pasando para identificar qué cuales son los hechos que disparan mi enfado. Aplicando esto al ejemplo, el estímulo es que las personas no contestan cuando yo digo buenos días. Eso y nada más que eso.

Paso 2: La causa del enfado.

Ya hemos visto que lo que hace la gente puede estimular mi enfado, pero lo que lo causa es lo que yo pienso cuando se produce el estímulo. Utilicemos el ejemplo para ver la diferencia entre estímulo y causa.

Ya hemos visto que lo que estimula mi enfado es que las personas no responden cuando digo buenos días, pero lo que causa mi enfado es que yo pienso que eso es una falta de respeto, ¿ves la diferencia? Una cosa son los hechos y otra cosa diferente son las cosas que yo pienso al respecto de esos hechos. Quizás esto te parezca un matiz poco relevante, pero para mí este matiz hace la diferencia. Así que, antes de ir al paso 3, me gustaría que mirásemos juntos dos conceptos que me parecen muy importantes.

Las emociones son señales de alarma que hay que atender.

En un tablier de un coche hay señales de alarma que se encienden para avisar que hay algo que tenemos que atender, e indicadores que nos ayudan a conducir para llegar a nuestro destino. Pues bien, el enfado, como cualquier emoción, es también una señal que avisa que hay algo que requiere mi atención. Lo que ocurre es que no es tan fácil de determinar cómo las luces de alarma de un tablier de un coche y hay que investigar un poco más.

Lo que quiero decir con esto es que estar enfadado es una señal que me indica que hay una o varias Necesidades o Valores Universales que me están faltando y que son muy importantes y valiosas en ese momento. La intensidad del enfado es un indicador de lo valiosas que son.

¿Qué son las Necesidades y los Valores Universales?

Según la CNV (Comunicación NoViolenta) el término necesidad es todo aquello que es indispensable en nuestra vida y engloba nuestras necesidades vitales, como pueden ser el respirar, comer, beber, dormir y evacuar, nuestras necesidades de seguridad material y afectiva, así como las necesidades de desarrollo del ser humano, como pueden ser la necesidad de contribuir a la vida, la de dar sentido,… Se dice que son universales porque todos los seres humanos, no importa de qué raza ni de qué cultura sean, compartimos estas necesidades.  Con esto podemos ir al tercer Paso.

Paso 3: Transformando la ira.

Hasta ahora hemos visto lo que estimula el enfado y también que la causa del enfado es lo que uno piensa respecto a lo que está pasando. De lo que se trata ahora es avanzar para saber qué necesidades y valores universales están faltando cuando se piensa lo que se piensa. Si volvemos al símil del tablier del coche, de lo que se trata es de darse cuenta que hay una alarma y averiguar su procedencia.

En nuestro ejemplo, la causa del enfado es que me estoy diciendo que cuando no responden, ese comportamiento es una falta de respeto hacia mi. Pienso eso porque saludar por la mañana es mi forma de decir que las personas son importantes, cuentan para mí, y les envío un buen deseo. Así que la Necesidad Universal que hay detrás es la de ver y ser visto y me doy cuenta que eso es algo muy importante y valioso porque, si no fuera así, no me enfadaría en absoluto en el caso que no me contestaran.

Este descubrimiento tiene dos consecuencias muy importantes. Por un lado me doy cuenta que la energía del enfado quiere preservar necesidades universales muy valiosas para mí. En el caso del ejemplo, es la necesidad de ver y ser visto. Por otra parte, este “darse cuenta”, permite que el enfado se transforme en otros sentimientos que son más constructivos.

Por ejemplo, ahora que me he dado cuenta de esto, ya no estoy enfadado sino que estoy un poco triste porque me encantaría que todo el mundo compartiera conmigo eso que es tan importante para mí. De todas formas, no estoy seguro si realmente es eso lo que pasa o simplemente están tan absortos en lo que hacen que no me han oído. Así que también hay una necesidad de claridad.

En resumen, lo que he hecho hasta ahora con estos pasos ha sido aceptar el enfado y eso me ha permitido transformarlo en algo a favor de la vida. ¿No te parece algo maravilloso? Vayamos al último paso.

Paso 4: La petición

Finalmente se trata de completar el proceso y emprender acciones encaminadas a satisfacer esas necesidades y valores que me están faltando. Siguiendo el símil del tablier: ahora que sé que la alarma que se enciende es la del depósito de combustible, habrá que ir a repostar, ¿no?

Para entrar en acción la pregunta que uno se puede hacer es, ¿Qué puedo pedir a la otra persona, o a mí mismo, sabiendo ahora las necesidades que me están faltando? Volvamos al ejemplo para verlo de forma concreta.

Ahora sé que las Necesidades y Valores Universales que están presentes son la de “ver y ser visto” y luego también he visto que necesito “claridad”. Así que lo que podría hacer es una pregunta que vaya encaminada a satisfacer estas dos necesidades. Podría ser algo así:

– Escuchadme un momento, por favor. Os acabo de decir buenos días. Es mi forma de decir que os veo, que contáis para mí y que no formáis parte del mobiliario. Cuando nadie me contesta me da la sensación que sois vosotros los que no me veis a mí. ¿Qué os parece esto que os estoy diciendo?
– Ups, disculpa pero estaba tan absorbido en un asunto que me preocupa que no me había dado ni cuenta. ¡Buenos días!
– Vale, gracias. A mí también me pasa a veces lo mismo.
– Pues lo que a mí me pasa es que no soy persona hasta que no me tomo un café y todavía ni lo he hecho. Te escuché pero no tenía ganas de responder. Espero que no te enfades por ello.
– Entiendo lo que me dices y quiero respetar tu estado de ánimo así que responde sólo si tienes ganas y quieres hacerlo.

Mucha paciencia

Lo que hemos visto es una forma diferente de enfadarse, desde la aceptación y no desde la represión, lo que me permite satisfacer mis necesidades y valores universales y, a la vez, ser respetuoso con los demás.

También quiero decirte que no estoy acostumbrado a enfadarme de esta forma y esto supone un cambio en una costumbre muy arraigada. A veces no lo consigo , y eso me entristece, pero otras veces sí, lo cual me da esperanza y energía para continuar en este camino. Así que considero muy importante ser compresivo con uno mismo para celebrar las veces que lo consigamos y aprender de aquellas ocasiones en las que caemos en los viejos patrones. El esfuerzo vale la pena. Te lo agradecerás. Te lo agradecerán.

¡Buen viaje!