Las emociones desagradables: 4 pasos para gestionarlas

El Grito de Edvard Munch

Hay muchas cosas que los seres humanos tenemos en común y hoy quiero hablar de una de ellas: las necesidades y valores universales. La Comunicación NoViolenta denomina así a aquello que es indispensable para el ser humano.

Efectivamente, una persona, no importa de que sexo, edad, raza o cultura sea, necesita para vivir y desarrollarse, seguridad física y emocional, alimento y cobijo, amor, pertenencia, sentido, libertad… Así que, por ser humanos, compartimos necesidades y valores universales. (Enlace a un listado de necesidades y valores universales). ¿Qué ocurre cuando no se satisfacen estas necesidades y valores? Pues que aparecen los sentimientos desagradables. Así que los sentimientos son un indicador que hay necesidades satisfechas o insatisfechas.

Ahora quisiera hablar de los sentimientos desagradables. Yo no se qué te pasa a ti pero yo, cuando siento una emoción que no me gusta, muchas veces trato de ignorarla o de taparla. Es una respuesta de defensa ante algo desagradable ¿Cuál crees que pueden ser las consecuencias de actuar de esta forma?

Vamos a ver, si estamos de acuerdo en lo que hemos hablado hasta ahora y no hago caso a mis sentimientos desagradables, entonces no sabré qué necesidades me están faltando. ¿Porqué podría ser eso importante? Es importante porque las acciones que pondré en marcha para dejar de tener esos sentimientos desagradables serán poco eficaces ya que iré probando cosas hasta que acierte con una estrategia que satisfaga la(s) necesidad(es) que me está faltando. Es el método ensayo/error pero completamente a ciegas. Ahora bien, si sé qué me está faltando, las probabilidades de encontrar algo que funcione para mi, serán más elevadas, ¿no te parece?

Después de esto creo que estarás de acuerdo conmigo que el no mirar cara a cara y huir de los sentimientos, por desagradables que sean, consigue cuidarme y preservar mi bienestar, por lo menos en el corto plazo. Sin embargo es una estrategia muy poco eficaz, al menos en el largo plazo.

Por otra parte, creo que conviene no pasarse al otro extremo y quedarse todo el tiempo auto observando los sentimientos porque eso me impide poner en marcha acciones, que es lo que hace que las cosas pasen. Te lo digo porque es muy fácil quedarse en el círculo vicioso de los pensamientos y sentimientos desagradables. Así que mi propuesta de hoy para ti es que, cuando te asalten sentimientos desagradables sigas los siguientes pasos:

4 pasos para gestionar las emociones desagradables.

1. Atiende y escucha los sentimientos desagradables cuando aparezcan porque son un indicador de que hay algo que no va bien.

2. Indaga las necesidades y valores universales te están faltando. Puedes consultar el listado que te he pasado antes.  (Enlace a un listado de necesidades y valores universales).

3. Busca estrategias que puedan satisfacer esas necesidades. ¿Qué puedes pedirte para tratar de satisfacer eso que te está faltando? Sé imaginativo y haz una lista, cuanto más larga mejor. Te darás cuenta que hay un montón de posibilidades.

4. Ponte en marcha. La única manera de recorrer un camino es caminando y ahora, además tienes una dirección: tus necesidades y valores universales.

Ya me contarás.

¡Buen viaje!

Una forma de responder a los gritos: practicando el “aikido emocional”

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Ō-Sensei Morihei Ueshiba, maestro fundador del Aikido

Todas las personas tienen todo el derecho del mundo a ser como son y a comportarse como se comportan, independientemente que a mi me guste más o menos o me perjudique en mayor o menor forma. Por otra parte, yo también tengo todo el derecho del mundo a comportarme de la forma que a mi me parezca más adecuada teniendo en cuenta mis necesidades y mis valores.

Teniendo en cuenta esto, cuando alguien actúa de una forma que no me satisface y opto por quedarme y afrontar la situación, se me ocurre que puedo actuar de dos formas. Una, de forma reactiva, y la otra proactiva. ¿Te interesaría saber en qué consiste cada una y cual podría ser la mejor para ti? Si tu respuesta es afirmativa te recomiendo que continúes leyendo.

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Las escenas temidas: haz como la protagonista de “Divergente” para superarlas.

Creo que es honesto reconocer que todos tenemos alguna escena temida, es decir, una situación que da miedo y  trato de evitar. Al menos a mi me pasa. Pues resulta que la semana pasada vi la película “Divergente” y se me ocurrió que el método que utiliza la protagonista para superar una de las pruebas, la puedo aplicar para encontrar soluciones eficaces a mis escenas temidas. Si te interesa saber en qué consiste este método para comprobar si lo puedes aplicar en tu propio caso, este artículo podría serte de utilidad. ¿Me acompañas?

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La valentia es una forma de voluntad

snail-505511_640¿Qué es lo que significa es ser valiente? Lo primero que me viene es alguien que no tiene miedo. Sin embargo, eso para mi no es ser valiente sino que es ser un inconsciente. El miedo, como cualquier sentimiento, es una señal que me indica que hay una o varias Necesidades Universales, que me están faltando. Así el miedo puede ser que me esté diciendo que me está faltando seguridad, así que lo que el miedo persigue es protegerme de los posibles peligros. Desde este punto de vista, el miedo es algo positivo para mi. Entonces, ¿cual es el problema de miedo?

El miedo se convierte en algo problemático cuando deja de actuar como una señal de aviso y pasa de ser algo que avisa para ser alguien que decide. El problema del miedo es que me suplante y decida por mi.

Algunas consideraciones sobre el miedo.

Antes de continuar quisiera hacer alguna consideración. El miedo es un sentimiento muy desagradable y las personas tenemos una tendencia natural a huir del dolor  y de lo desagradable y buscar el placer y lo agradable. Así que, mi tendencia natural es evitar situaciones que me estimulen miedo.

Este mecanismo de huida ha sido algo muy útil para conservar nuestra especie, porque nos aleja de los peligros que podrían amenazar nuestra existencia. En nuestros inicios, vivíamos en lugares inhóspitos en los que estábamos el peligro de ser devorados por otras especies estaba muy presente. Así que el miedo ha sido un mecanismo indispensable para asegurar nuestra supervivencia como especie.

Sin embargo, ahora el lugar en el que vivimos la mayor parte de nosotros, es un lugar razonablemente seguro y no estamos expuestos a peligros que pongan en riesgo nuestra vida. Así que nuestro sistema de aviso, desarrollado para nuestra supervivencia durante miles de años, todavía no se ha adaptado a este cambio relativamente reciente, si tenemos en cuenta que el género humano tiene unos 2 millones de años de antigüedad. Esto supone que tenemos un sistema de aviso diseñado para vivir en la vida salvaje llena de peligros y no está adaptado a las nuevas circunstancias en las que vivimos en la sociedad moderna.

Por otra parte, me gustaría que pensáramos tu y  yo, cuales son las situaciones que causan miedo. ¿Qué es lo que me causa miedo? Cada persona tienes sus propios miedo aunque hay un tipo de miedo que quiero tratar en este artículo: el miedo a lo desconocido. Culturalmente se nos ha enseñado a temerlo.

El dicho que dice: “Más vale malo conocido que bueno por conocer” es representativo de esta forma de pensar. Otras referencia podrían ser el “Non Terrae Plus Ultra” (‘No existe tierra más allá’) que se utilizaba para referirse Finisterre (España), y también la antigua advertencia de la mitología griega, según la cual Hércules había puesto dos pilares en el Estrecho de Gibraltar, para señalar el que se creía que era el límite del Mundo, la última frontera que los navegantes del Mediterráneo podían alcanzar. En definitiva, el miedo a lo desconocido es algo ancestral.

Si esto que te he explicado es cierto significa que el miedo, que es nuestro sistema de aviso, nos da alarmas con un nivel que está por encima de lo que corresponde con el peligro real. Eso quiere decir que vivimos como situaciones peligrosas para nuestra integridad personal, situaciones que en realidad no lo son.

Resumen.

Tenemos un mecanismo de aviso de peligro obsoleto porque nos indica situaciones que ponen en riesgo nuestra vida cuando de hecho, no es así. También tenemos otro mecanismo que nos impulsa a huir de lo desagradable. Finalmente, asociamos los desconocido a lo peligroso. Con todo esto, es posible que tengamos una tendencia a huir de las situaciones no conocidas. ¿A dónde nos lleva esto?

Más que llevarnos a ningún sitio, hace que nos quedemos en lo que se llama la “Zona de Confort“. A mi no me gusta llamarla así porque en la “Zona de Confort” aunque no hay miedo, no significa que sea un lugar agradable. Prefiero denominar este estado “la Zona Conocida” porque es un lugar en el que nos hemos acostumbrado a vivir, aunque sea un lugar en el que haya hastío, o esté viviendo el dolor más absoluto. Curioso, ¿no te parece?

La “Zona Conocida” y el desarrollo

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Recuperarse de una decepción.

Piscina

Imagen extraída del blog de Javi Manzanares

Supongo que tú, igual que yo, has tenido alguna decepción. ¿Cómo lo has hecho para sobreponerte? ¿Te ha costado mucho? ¿Cómo lo has hecho? Me encantaría que pudieras compartir estas respuestas conmigo y te invito a ello dejando un comentario o bien enviándome un e-mail. De todas formas, si quieres, te digo como lo hago yo, a ver si te sirve. ¿Me acompañas?

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Una propuesta provocadora: convierte tu trabajo en un lugar para desarrollarte.

Tom SawyerHay un episodio de la novela Tom Sawyer, de Mark Twain (1835-1910) que siempre me ha llamado la atención. Se trata de un momento en el que Tía Polly le pone como tarea doméstica el pintar una cerca y entonces convence o engaña, a sus amigos haciendo ver que esa es una actividad súper divertida y que, precisamente por eso, no quiere compartirlo con sus amigos. Esta estrategia despierta un interés cada vez mayor en sus amigos hasta que, al final les “permite” participar en esa actividad tan “divertida” librándose así de pintar la cerca.

Yo me pregunto, ¿realmente los engañó? Aparentemente sí, pero, por lo que parece, sus amigos realmente disfrutaron de esa actividad. Así que, si finalmente disfrutaron pintando, entonces no les engañó, sino que simplemente les enseñó una forma diferente de ver una actividad que, a primera vista, era penosa. Así que, lo que en realidad hizo Tom Sawyer fue re-encuadrar la situación, aunque quizás no fuese eso lo que en realidad quería hacer. Lo que entiendo por re-encuadrar es  sacar un marco y poner otro diferente a unos hechos, es decir, sacó el marco “problema” a la situación “pintar la cerca” y le puso el marco “oportunidad“. La misma escena, “pintar la cerca” tiene un significado completamente diferente cuando se le cambia el marco. ¿Te das cuenta de hasta qué punto puede ser determinante y poderoso el marco (el significado) que le damos a las cosas? En este caso significa pasar a hacer algo de mala gana y sufriendo a hacerlo de forma divertida y gustosa. Un crack este Sawyer.

Tom Sawyer desafía una forma de mirar una realidad y le da un enfoque totalmente diferente. ¿Porqué pintar una barrera tiene que ser algo desagradable? ¿Y si fuera igual de cierto que pintar la cerca pudiera ser algo divertido? Si realmente elijo pintar la cerca, ¿cómo esa forma de mirar puede cambiar la forma en que vivo y desarrollo esa actividad?

Así que esta es mi propuesta provocadora de hoy para ti: revisar la forma con la que miro una actividad que me resulte penosa y para ello te planteo el siguiente ejemplo. Supón que dices que ir a trabajar es algo pesado y que el trabajo es un lugar donde no puedo ni divertirme ni desarrollarme. Podría ser algo parecido a lo “pintar la cerca”, ¿no? Si no es un ejemplo válido para ti, escoge otro que tenga sentido para ti.

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¡Me falta al respeto!

¿te has encontrado alguna vez en una situación en la que te dices que lo que hace el otro es una falta de respeto? Sin ir más lejos el otro día viví una situación en la que viví esto y lo que me gustaría compartir contigo es el proceso que utilizo para convertir ese juicio y el enfado que me llevé, en algo más productivo y eficaz, ¿me acompañas?

Primero te explicaré la situación para ponerte en contexto. En una reunión una persona hace un comentario en la que cuestiona la eficacia con la que se ha llevado un proyecto. Esa opinión se expresa desde el desconocimiento de las circunstancias del mismo y eso me lleva a pensar que eso es una falta de respeto hacia el trabajo de muchas personas que han participado en el.  Pensar eso me lleva al enfado. Y al enfadarme pienso que esa persona es muy desconsiderada y que siempre critica el trabajo de los demás y no se cuestiona nunca el suyo. Tener esta clase de pensamientos sólo hace que aumente mi enfado.

La cosa es que estoy enganchado en este círculo vicioso y me gustaría poder encontrar una fórmula para salir de él. Se me ocurre que tiene que ver con poner límites, y al pensar en ello sólo se me ocurren formas violentas de hacerlo, y no me siento cómodo en ese terreno. Así que voy a seguir el método de los 4 pasos para ver qué tal funciona.

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¿Enfadarse? Sí, pero hazlo de una forma diferente.

Cuando uno se enfada se libera una energía que se reprimía y eso produce una sensación de alivio. Sin embargo, la expresión violenta de la rabia, que puede tener muchas formas y grados, tiene efectos colaterales en las personas que nos rodean. Cuando nos damos cuenta de esto sobreviene el sentimiento culpa por haber actuado de la forma en que lo hemos hecho.

Así que, por un lado es necesario expresar de alguna forma el enfado. Por otro lado, si me enfado de forma violente eso puede afecta a mi relación con los demás y es algo que quiero evitar. Por lo tanto, ¿me enfado o reprimo la ira? Mi respuesta es: enfádate, pero de otra forma. Aquí te propongo un método de cuatro pasos para hacerlo.

Los 4 pasos para transformar el enfado.

Para explicarlo voy a utilizar un ejemplo. La situación que se plantea es la siguiente. Supón que entro en el trabajo y digo “buenos días”. Sin embargo, ninguna de las personas que están en la sala me contesta. Lo vuelvo a repetir, y tampoco me contestan. Entonces me enfado porque pienso que es una falta de respeto no responder a los buenos días. Apliquemos este ejemplo yendo paso a paso.

Paso 1. Encuentra el estímulo del enfado.

Se trata de identificar los hechos y separarlos de los pensamientos que vienen sobre eso que está pasando para identificar qué cuales son los hechos que disparan mi enfado. Aplicando esto al ejemplo, el estímulo es que las personas no contestan cuando yo digo buenos días. Eso y nada más que eso.

Paso 2: La causa del enfado.

Ya hemos visto que lo que hace la gente puede estimular mi enfado, pero lo que lo causa es lo que yo pienso cuando se produce el estímulo. Utilicemos el ejemplo para ver la diferencia entre estímulo y causa.

Ya hemos visto que lo que estimula mi enfado es que las personas no responden cuando digo buenos días, pero lo que causa mi enfado es que yo pienso que eso es una falta de respeto, ¿ves la diferencia? Una cosa son los hechos y otra cosa diferente son las cosas que yo pienso al respecto de esos hechos. Quizás esto te parezca un matiz poco relevante, pero para mí este matiz hace la diferencia. Así que, antes de ir al paso 3, me gustaría que mirásemos juntos dos conceptos que me parecen muy importantes.

Las emociones son señales de alarma que hay que atender.

En un tablier de un coche hay señales de alarma que se encienden para avisar que hay algo que tenemos que atender, e indicadores que nos ayudan a conducir para llegar a nuestro destino. Pues bien, el enfado, como cualquier emoción, es también una señal que avisa que hay algo que requiere mi atención. Lo que ocurre es que no es tan fácil de determinar cómo las luces de alarma de un tablier de un coche y hay que investigar un poco más.

Lo que quiero decir con esto es que estar enfadado es una señal que me indica que hay una o varias Necesidades o Valores Universales que me están faltando y que son muy importantes y valiosas en ese momento. La intensidad del enfado es un indicador de lo valiosas que son.

¿Qué son las Necesidades y los Valores Universales?

Según la CNV (Comunicación NoViolenta) el término necesidad es todo aquello que es indispensable en nuestra vida y engloba nuestras necesidades vitales, como pueden ser el respirar, comer, beber, dormir y evacuar, nuestras necesidades de seguridad material y afectiva, así como las necesidades de desarrollo del ser humano, como pueden ser la necesidad de contribuir a la vida, la de dar sentido,… Se dice que son universales porque todos los seres humanos, no importa de qué raza ni de qué cultura sean, compartimos estas necesidades.  Con esto podemos ir al tercer Paso.

Paso 3: Transformando la ira.

Hasta ahora hemos visto lo que estimula el enfado y también que la causa del enfado es lo que uno piensa respecto a lo que está pasando. De lo que se trata ahora es avanzar para saber qué necesidades y valores universales están faltando cuando se piensa lo que se piensa. Si volvemos al símil del tablier del coche, de lo que se trata es de darse cuenta que hay una alarma y averiguar su procedencia.

En nuestro ejemplo, la causa del enfado es que me estoy diciendo que cuando no responden, ese comportamiento es una falta de respeto hacia mi. Pienso eso porque saludar por la mañana es mi forma de decir que las personas son importantes, cuentan para mí, y les envío un buen deseo. Así que la Necesidad Universal que hay detrás es la de ver y ser visto y me doy cuenta que eso es algo muy importante y valioso porque, si no fuera así, no me enfadaría en absoluto en el caso que no me contestaran.

Este descubrimiento tiene dos consecuencias muy importantes. Por un lado me doy cuenta que la energía del enfado quiere preservar necesidades universales muy valiosas para mí. En el caso del ejemplo, es la necesidad de ver y ser visto. Por otra parte, este “darse cuenta”, permite que el enfado se transforme en otros sentimientos que son más constructivos.

Por ejemplo, ahora que me he dado cuenta de esto, ya no estoy enfadado sino que estoy un poco triste porque me encantaría que todo el mundo compartiera conmigo eso que es tan importante para mí. De todas formas, no estoy seguro si realmente es eso lo que pasa o simplemente están tan absortos en lo que hacen que no me han oído. Así que también hay una necesidad de claridad.

En resumen, lo que he hecho hasta ahora con estos pasos ha sido aceptar el enfado y eso me ha permitido transformarlo en algo a favor de la vida. ¿No te parece algo maravilloso? Vayamos al último paso.

Paso 4: La petición

Finalmente se trata de completar el proceso y emprender acciones encaminadas a satisfacer esas necesidades y valores que me están faltando. Siguiendo el símil del tablier: ahora que sé que la alarma que se enciende es la del depósito de combustible, habrá que ir a repostar, ¿no?

Para entrar en acción la pregunta que uno se puede hacer es, ¿Qué puedo pedir a la otra persona, o a mí mismo, sabiendo ahora las necesidades que me están faltando? Volvamos al ejemplo para verlo de forma concreta.

Ahora sé que las Necesidades y Valores Universales que están presentes son la de “ver y ser visto” y luego también he visto que necesito “claridad”. Así que lo que podría hacer es una pregunta que vaya encaminada a satisfacer estas dos necesidades. Podría ser algo así:

– Escuchadme un momento, por favor. Os acabo de decir buenos días. Es mi forma de decir que os veo, que contáis para mí y que no formáis parte del mobiliario. Cuando nadie me contesta me da la sensación que sois vosotros los que no me veis a mí. ¿Qué os parece esto que os estoy diciendo?
– Ups, disculpa pero estaba tan absorbido en un asunto que me preocupa que no me había dado ni cuenta. ¡Buenos días!
– Vale, gracias. A mí también me pasa a veces lo mismo.
– Pues lo que a mí me pasa es que no soy persona hasta que no me tomo un café y todavía ni lo he hecho. Te escuché pero no tenía ganas de responder. Espero que no te enfades por ello.
– Entiendo lo que me dices y quiero respetar tu estado de ánimo así que responde sólo si tienes ganas y quieres hacerlo.

Mucha paciencia

Lo que hemos visto es una forma diferente de enfadarse, desde la aceptación y no desde la represión, lo que me permite satisfacer mis necesidades y valores universales y, a la vez, ser respetuoso con los demás.

También quiero decirte que no estoy acostumbrado a enfadarme de esta forma y esto supone un cambio en una costumbre muy arraigada. A veces no lo consigo , y eso me entristece, pero otras veces sí, lo cual me da esperanza y energía para continuar en este camino. Así que considero muy importante ser compresivo con uno mismo para celebrar las veces que lo consigamos y aprender de aquellas ocasiones en las que caemos en los viejos patrones. El esfuerzo vale la pena. Te lo agradecerás. Te lo agradecerán.

¡Buen viaje!

Quiero una barra de cuarto.

Hoy quiero explicarte una cosa que me pasó el otro día cuando fui a comprar el pan. Entré a la panadería y no había gente esperando. Dos dependientas estaban hablando entre ellas y yo me quedé delante del mostrador mirándolas esperando que acabaran su conversación. No sabía de qué hablaban aunque sí me pareció que era algo que las importaba porque no se dieron cuenta que yo estaba delante suyo esperando hasta al cabo de un ratito. Entonces una de ellas se dió cuenta me miró y me dijo.

– ¿Qué desea?

Se giró de nuevo a su compañera diciéndole algo, como si la conversación continuara. Yo le respondí.

– Una barra de cuarto.

Ella se quedó parada con la mirada perdida y me volvió a preguntar.

– ¿Qué desea?

Entonces yo la volví a contestar.

– Una barra de cuarto.

La dependienta seguía con esa mirada perdida. ¿Os podéis imaginar qué me preguntó otra vez?

– ¿Qué desea?

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“¿Quieres ser feliz o tener la razón? Las dos cosas a la vez es imposible”.

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Freskenzyklus der Brancacci-Kapelle in Santa Maria del Carmine in Florenz, Szene: Hl. Petrus und Hl Paulus im Disput mit dem Magier Simon vor Nero

En el artículo de hoy quiero hablarte de tener la razón, especialmente en una situación de conflicto. Así que supón que he discutido con alguien, estoy enfadado y en conflicto con esa persona y además yo tengo la razón. Fíjate que digo que tengo “la razón” y no “mis razones” lo cual significa que razón sólo hay una, y además la tengo yo. Y si la tengo yo no la puede tener la otra parte, así que el otro está equivocado.

Otra cosa que quiero tener en cuenta es cómo me está afectando la situación conflictiva. En hecho que yo esté en conflicto con la otra persona, ¿me incomoda o me hace sufrir de alguna forma? Para responder a esta pregunta vale la pena ser muy honesto con uno mismo. Yo no sé qué te pasa a ti, pero a mi, los conflictos con las personas me incomodan mucho, y especialmente si el conflicto es con alguna persona que es importante y valiosa para mi. Pero el hecho que me me haga sufrir no hace cambiar el hecho que yo tengo razón y el otro no. Eso yo no puedo cambiarlo, así que, aunque me resulte incómodo me tendré que acostumbrar a eso.

¿Te das cuenta de lo que me está pasando? La única manera que el conflicto se solucione es que la otra persona reconozca su error. Mientras eso no pase, yo no podré hacer nada y por lo tanto, yo continuaré sufriendo por ello. Tener la razón supone dejar en manos del otro que yo deje de sufrir. Así que, tener la razón me encadena a la situación problemática o lo deja en manos de otro. Así que se me plantea el siguiente dilema: ¿quiero tener razón o seguir sufriendo?, o como dice el título del post “¿Quiero tener razón o ser feliz? porque las dos cosas al mismo tiempo es imposible”.

Ahora es tu turno. Recuerda una situación conflictiva con alguien importante, ya sea en el entorno laboral como en el personal. ¿Que elijes, tener razón o ser feliz?

Si has escogido ser feliz, te animo a que continúes leyendo el artículo. Y también puede ser que hayas pensado algo así como: – Claro que quiero ser feliz,  pero también tengo unos principios y una dignidad. Así que elijo seguir teniendo razón a costa de mi felicidad. Si éste es tu caso entonces también te sugiero que continúes leyendo porque, a continuación, podrás encontrar el tesoro que se esconde tras la actitud de tener la razón y eso te permitirá encontrar alternativas que te permitirán ser feliz. ¿Me acompañas?

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