Toma las riendas de tu vida y … vívela !

En el pasado artículo, 5 pasos para romper el círculo vicioso de los pensamientos y los sentimientos desagradables te propuse un método para romper ese círculo vicioso. Pues en el artículo de hoy quiero tratar el mismo tema desde otra perspectiva.

Ya vimos, y creo que estaremos de acuerdo, que ante los mismos hechos, mi realidad vivida, es decir, los sentimientos que experimento, pueden ser radicalmente diferentes en función de mis opiniones y juicios sobre lo que me acaba de ocurrir.

También vimos que los juicios y opiniones sobre algo que me acaba de ocurrir no forman parte de lo que llamé la realidad real si no de la realidad pensada. Emitimos juicios y opiniones en función de lo que somos y de lo que hemos vivido. Sin embargo, no forman parte de la realidad real. Y si no, ¿cuántas veces te ha ocurrido algo en tu vida que opinabas que iba a suponer tu ruina o que creías que era absolutamente perjudicial para ti y, transcurridos los años te has dado cuenta que ha sido algo positivo e incluso algo necesario en tu vida?

Yo no pretendo decir que mis juicios sobre el futuro siempre estén equivocados, pero tampoco son siempre acertados. Una predicción es sólo eso, una predicción y hace falta que los hechos confirmen si fue acertada o no.

Por otra parte creo importante señalar la diferencia entre una predicción sobre el futuro y una profecía, que es una predicción pero que se va a cumplir de forma irremediable.

¿Porqué te digo esto? Porque muchas veces me olvido que una predicción sobre el futuro es sólo eso, una juicio u opinión, más o menos fundamentada sobre lo que me ocurrirá en el futuro. Y cuando me olvido que es un juicio u opinión y lo convierto en un hecho entonces lo que hago es convertir una predicción en una profecía. ¿Te das cuenta de la importancia que tiene darse cuenta de esto? Creer ciegamente que mis juicios y predicciones sobre el futuro van a convertirse inexorablemente en realidad, significa que mi futuro queda ya determinado y el resto de posibles futuros posibles queda eliminado de un plumazo. Me explico mejor con un ejemplo.

Imagina que ocurre algo en mi vida que considero que será para mí muy perjudicial. Cuando pienso eso se desencadenan en mi una serie de sentimientos y emociones que no son agradables. Este tipo de sentimientos seguramente determinarán unos pensamientos que seguro no me abren posibilidades. Cuando no veo posibilidades se incrementan mis sentimientos de tristeza y depresión, lo cual vuelve a estimular en mi sentimientos de tristeza. Como puedes ver ya he conseguido meterme en un magnífico círculo vicioso de pensamientos y sentimientos desagradables.

Además, cuando me quedo en ese círculo vicioso lo que ocurre es que esa profecía finalmente se hace realidad porque soy yo mismo el que cierra el resto de los futuros posibles. Convertir una predicción en una profecía tiene este efecto ¿Crees que debo cerrar mis posibilidades de futuro a una previsión que haga de él en un cierto momento?

Tomar las riendas de mi vida

En el post de hoy te propongo una forma de tomar las riendas de nuestra vida y no dejarnos llevar por los pensamientos y sentimientos negativos. ¿Quieres conocerlo?
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El contexto y lo que opino sobre los demás.

File:Good advice in the circumstances - geograph.org.uk - 1248334.jpg¿Te has parado a pensar alguna vez la importancia que puede tener el contexto? En este artículo reflexionaremos juntos sobre el sorprendente impacto que puede tener darse cuenta de la importancia que tienen las circunstancias y cómo eso podría enriquecer tu forma de relacionarte con los demás, ¿te interesa?

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Observar sin juzgar, ¿es eso posible?

Hoy quiero compartir contigo algo que me llena de curiosidad y sobre lo que estoy investigando. Se trata de observar sin juzgar. Es posible que te estés preguntando, ¿ a qué viene esto? Mira, si eres un lector habitual de mis post habrás visto que lo primero que hace falta para que podamos salir de una situación de dificultad es darnos cuenta de lo que pensamos.

Una cosa es lo que pasa, los hechos mondos y lirondos, y otra muy diferente aquello que viene a nuestra cabeza cuando nos ocurre lo que nos ocurre. Así que los juicios y los pensamientos que me vienen cuando me pasan las cosas que me pasan son un factor clave para entenderme y encontrar soluciones a mis bloqueos.

El otro asunto respecto a los pensamientos y juicios es que muchas veces me identifico tanto con mis pensamientos que confundo lo que pienso sobre los hechos, con los hechos mismos. Esta confusión tiene una consecuencia importante. Los hechos no se pueden cambiar mientras que sí puedo cambiar lo que pienso. Si confundo una cosa con otra entonces me resultará muy difícil cambiar mis ideas sobre lo que me ocurre, así que eso supone que me quedaré en el bloqueo.

Ya he escrito algún post para hablar sobre ello así que  (la importancia de darse cuenta de lo que se piensa) hoy quiero que miremos juntos otro aspecto de los pensamientos. No sé si te habrás dado cuenta pero somos auténticas fábricas de pensamientos. Hay algún estudio que afirma que esta cantidad es de 60.000  ! La cuestión que se me plantea es la siguiente:  ¿de dónde sale lo que pienso? ¿De dónde sale lo que estás pensando ahora mismo? Quédate un rato antes de contestarme de forma rápida…

Quizás puedes contestar, “de mi cerebro” o “de mi”… aunque eso que dices es un pensamiento que viene de algún sitio. Se trata de hilar un poco más fino: cuando veas que aparece el pensamiento quédate para observar de donde surge, sin pensarlo, sólo siendo un espectador de lo que sucede. Vuelve a probar…

¿Qué te ha pasado? Es posible que durante un brevísimo momento hayas tenido una experiencia muy difícil de explicar. Son ese tipo de cosas que no se pueden explicar con palabras, sólo cuenta experimentarlo. ¿Cómo explicarías a alguien lo que experimentas al ver una puesta de sol? Complicado, tiene que vivirlo él mismo porque las palabras se quedan cortas.

En mi opinión, lo que acabas de hacer es experimentar lo que es observar quien eres tú en realidad. Pero no quiero entrar en la esencia de lo que eres sino en la esencia de observar.

¿Qué significa observar realmente?

Es imposible observar el mundo sin aplicar de forma involuntaria los filtros que suponen mi historia personal, mis vivencias, mis creencias sobre el mundo, sobre las personas y sobre mí mismo. No veo el mundo como es sino, en gran parte, como soy. Sobre esto ya he escrito en alguna ocasión (no es lo mismo mapa que territorio).

Ahora bien, ¿hay alguna forma de observar sin las gafas que llevamos cada uno de nosotros? Poder hacerlo implicaría que podría dejar de lado todo lo que tiene que ver conmigo y mirar el mundo, libre de todo  eso. ¿Es eso posible? Y si lo fuera ¿qué implicaría? Si veo el mundo a través de mis filtros personales y tuviera la capacidad de poder quitarme esas gafas entonces podría ver lo que realmente es y no lo que yo creo que es. Bua! Eso sería una pasada, ¿no crees? ¿A ti no te gustaría descubrirlo?

Vale, quizás te pase como a mí, que te encantaría poder hacerlo, así que “sólo” queda un pequeño detalle, ¿Cómo podemos quitarnos las gafas de nuestra historia personal? ¿Imposible?

La buena noticia es que es posible, y la mala es que no es fácil. Bueno, quizás sea un poco presuntuoso decir que es posible. Lo que sí puedo afirmar es que yo si creo que es posible. El camino no te lo voy a descubrir yo, sino que hay sabiduría milenaria que habla sobre ello que se basa en aprender la habilidad de observar sin juzgar, sin pensar ni etiquetar sobre lo que observamos. Fácil de decir y difícil de hacer.

Lo que te estoy diciendo es muy radical porque observar sin añadir mis juicios ni mis etiquetas significa observar incluso sin utilizar palabras, porque una palabra es una etiqueta de una cosa y no es la cosa en sí misma. Así que si utilizo la palabra ya me estoy limitando. ¿Se puede llegar a observar liberándonos incluso de este límite? Yo creo que sí porque yo lo he hecho y estoy convencido que tú también lo has hecho, aunque a veces no nos demos ni cuenta y sólo lo hagamos durante unos brevísimos momentos.

Para ponerte un ejemplo, busca un momento en tu vida en el que te hayas sentido profundamente conectado a eso que estabas viendo. Puede ser un paisaje, la visión de una persona querida o alguna cosa que al observarla te hayas sentido conectado de una forma especial. ¿Qué pasaba en el momento de máxima conexión? ¿Es posible que no hubiese ninguna palabra? Simplemente estabas ahí, presente al 100% y cuando eso ocurre entonces desaparece el tiempo. Si hay pensamiento hay tiempo, así que si no hay tiempo es posible que no haya pensamiento. Es como si el ponerse en contacto con la realidad real y no con la realidad imaginada fuese una experiencia que nos dice que estamos en contacto con la realidad…

Estoy de acuerdo que estos momentos pueden ser muy breves pero existen. Y si los podemos crear una vez, aunque sea durante un breve instante, eso quiere decir que los podemos reproducir más veces y los podemos expandir. Soy consciente de la dificultad que supone observar de esta forma.

Por ejemplo, cuando miro una puesta de sol enseguida me surge el pensamiento que dice “qué puesta de sol tan bonita”. Pongo etiquetas sobre si es bonito o si me gusta, y entonces pienso que quiero conservar ese momento para volver a sentirlo más adelante. Cuando ocurre esto entonces es cuando me desconecto de la experiencia de observar y pierdo la conexión con lo que es. Por eso observar de esta forma es tan difícil y tan sutil. Por eso observar la realidad real es tan difícil.

Conclusiones

Observar de esta forma para mi es más una dirección que un destino. Quiero decir con esto que es algo a lo que no pretendo llegar, simplemente porque si pienso que lo he alcanzado entonces ya vuelvo a estar en mis pensamientos y eso quiere decir que no estoy observando.

Me es útil saber que cuando me alejo de esta forma de observar entonces lo que veo es algo que se aleja de la realidad real. Me ayuda a darme cuenta que cuando pongo etiquetas, juicios y pensamientos sobre lo que veo entonces lo que estoy haciendo es mirar a través de mis gafas personales y eso me ayuda a darme cuenta que eso que yo veo, no es lo que es sino que es la realidad vista a través de las gafas de mi yo, de mi ego…

Y tú, ¿cómo observas lo que te rodea? ¿Cómo te observas a ti mismo? ¿Por qué no pruebas de observar y observarte? En la meditación puede que encuentres alguna respuesta…

¡Buen viaje!

Observar sin juzgar, ¿es eso posible?

Hoy quiero compartir contigo algo que me llena de curiosidad y sobre lo que estoy investigando. Se trata de observar sin juzgar. Es posible que te estés preguntando, ¿ a qué viene esto? Mira, si eres un lector habitual de mis post habrás visto que lo primero que hace falta para que podamos salir de una situación de dificultad es darnos cuenta de lo que pensamos.

Una cosa es lo que pasa, los hechos mondos y lirondos, y otra muy diferente aquello que viene a nuestra cabeza cuando nos ocurre lo que nos ocurre. Así que los juicios y los pensamientos que me vienen cuando me pasan las cosas que me pasan son un factor clave para entenderme y encontrar soluciones a mis bloqueos.

El otro asunto respecto a los pensamientos y juicios es que muchas veces me identifico tanto con mis pensamientos que confundo lo que pienso sobre los hechos, con los hechos mismos. Esta confusión tiene una consecuencia importante. Los hechos no se pueden cambiar mientras que sí puedo cambiar lo que pienso. Si confundo una cosa con otra entonces me resultará muy difícil cambiar mis ideas sobre lo que me ocurre, así que eso supone que me quedaré en el bloqueo.

Ya he escrito algún post para hablar sobre ello así que  (la importancia de darse cuenta de lo que se piensa) hoy quiero que miremos juntos otro aspecto de los pensamientos. No sé si te habrás dado cuenta pero somos auténticas fábricas de pensamientos. Hay algún estudio que afirma que esta cantidad es de 60.000  ! La cuestión que se me plantea es la siguiente:  ¿de dónde sale lo que pienso? ¿De dónde sale lo que estás pensando ahora mismo? Quédate un rato antes de contestarme de forma rápida…

Quizás puedes contestar, “de mi cerebro” o “de mi”… aunque eso que dices es un pensamiento que viene de algún sitio. Se trata de hilar un poco más fino: cuando veas que aparece el pensamiento quédate para observar de donde surge, sin pensarlo, sólo siendo un espectador de lo que sucede. Vuelve a probar…

¿Qué te ha pasado? Es posible que durante un brevísimo momento hayas tenido una experiencia muy difícil de explicar. Son ese tipo de cosas que no se pueden explicar con palabras, sólo cuenta experimentarlo. ¿Cómo explicarías a alguien lo que experimentas al ver una puesta de sol? Complicado, tiene que vivirlo él mismo porque las palabras se quedan cortas.

En mi opinión, lo que acabas de hacer es experimentar lo que es observar quien eres tú en realidad. Pero no quiero entrar en la esencia de lo que eres sino en la esencia de observar.

¿Qué significa observar realmente?

Es imposible observar el mundo sin aplicar de forma involuntaria los filtros que suponen mi historia personal, mis vivencias, mis creencias sobre el mundo, sobre las personas y sobre mí mismo. No veo el mundo como es sino, en gran parte, como soy. Sobre esto ya he escrito en alguna ocasión (no es lo mismo mapa que territorio).

Ahora bien, ¿hay alguna forma de observar sin las gafas que llevamos cada uno de nosotros? Poder hacerlo implicaría que podría dejar de lado todo lo que tiene que ver conmigo y mirar el mundo, libre de todo  eso. ¿Es eso posible? Y si lo fuera ¿qué implicaría? Si veo el mundo a través de mis filtros personales y tuviera la capacidad de poder quitarme esas gafas entonces podría ver lo que realmente es y no lo que yo creo que es. Bua! Eso sería una pasada, ¿no crees? ¿A ti no te gustaría descubrirlo?

Vale, quizás te pase como a mí, que te encantaría poder hacerlo, así que “sólo” queda un pequeño detalle, ¿Cómo podemos quitarnos las gafas de nuestra historia personal? ¿Imposible?

La buena noticia es que es posible, y la mala es que no es fácil. Bueno, quizás sea un poco presuntuoso decir que es posible. Lo que sí puedo afirmar es que yo si creo que es posible. El camino no te lo voy a descubrir yo, sino que hay sabiduría milenaria que habla sobre ello que se basa en aprender la habilidad de observar sin juzgar, sin pensar ni etiquetar sobre lo que observamos. Fácil de decir y difícil de hacer.

Lo que te estoy diciendo es muy radical porque observar sin añadir mis juicios ni mis etiquetas significa observar incluso sin utilizar palabras, porque una palabra es una etiqueta de una cosa y no es la cosa en sí misma. Así que si utilizo la palabra ya me estoy limitando. ¿Se puede llegar a observar liberándonos incluso de este límite? Yo creo que sí porque yo lo he hecho y estoy convencido que tú también lo has hecho, aunque a veces no nos demos ni cuenta y sólo lo hagamos durante unos brevísimos momentos.

Para ponerte un ejemplo, busca un momento en tu vida en el que te hayas sentido profundamente conectado a eso que estabas viendo. Puede ser un paisaje, la visión de una persona querida o alguna cosa que al observarla te hayas sentido conectado de una forma especial. ¿Qué pasaba en el momento de máxima conexión? ¿Es posible que no hubiese ninguna palabra? Simplemente estabas ahí, presente al 100% y cuando eso ocurre entonces desaparece el tiempo. Si hay pensamiento hay tiempo, así que si no hay tiempo es posible que no haya pensamiento. Es como si el ponerse en contacto con la realidad real y no con la realidad imaginada fuese una experiencia que nos dice que estamos en contacto con la realidad…

Estoy de acuerdo que estos momentos pueden ser muy breves pero existen. Y si los podemos crear una vez, aunque sea durante un breve instante, eso quiere decir que los podemos reproducir más veces y los podemos expandir. Soy consciente de la dificultad que supone observar de esta forma.

Por ejemplo, cuando miro una puesta de sol enseguida me surge el pensamiento que dice “qué puesta de sol tan bonita”. Pongo etiquetas sobre si es bonito o si me gusta, y entonces pienso que quiero conservar ese momento para volver a sentirlo más adelante. Cuando ocurre esto entonces es cuando me desconecto de la experiencia de observar y pierdo la conexión con lo que es. Por eso observar de esta forma es tan difícil y tan sutil. Por eso observar la realidad real es tan difícil.

Conclusiones

Observar de esta forma para mi es más una dirección que un destino. Quiero decir con esto que es algo a lo que no pretendo llegar, simplemente porque si pienso que lo he alcanzado entonces ya vuelvo a estar en mis pensamientos y eso quiere decir que no estoy observando.

Me es útil saber que cuando me alejo de esta forma de observar entonces lo que veo es algo que se aleja de la realidad real. Me ayuda a darme cuenta que cuando pongo etiquetas, juicios y pensamientos sobre lo que veo entonces lo que estoy haciendo es mirar a través de mis gafas personales y eso me ayuda a darme cuenta que eso que yo veo, no es lo que es sino que es la realidad vista a través de las gafas de mi yo, de mi ego…

Y tú, ¿cómo observas lo que te rodea? ¿Cómo te observas a ti mismo? ¿Por qué no pruebas de observar y observarte? En la meditación puede que encuentres alguna respuesta…

¡Buen viaje!

La chica anormalmente normal.

El otro día iba en autobús de camino a una formación. No era un recorrido habitual así que, en vez de leer, me coloqué al lado de una ventana y me dediqué a mirar por la ventana. Me gusta dejarme llevar por lo que veo. Es como si el abandonarse a la observación me liberara de pensamientos sobre lo que me espera la jornada. La cuestión es que estaba en este estado de observación cuando vi algo que me sorprendió.

Había una chica joven que, iba caminando. En una mano sostenía un móvil mientras que con la otra empujaba un patinete. La cuestión es que caminaba con toda normalidad. Supongo que te preguntarás qué tiene esto de sorprendente. Pues mira, lo que me llamó la atención es que esa chica tan normal no tenía piernas. Bueno, sí que tenía pero eran de metal. Llevaba unas prótesis metálicas que acababan en unas zapatillas deportivas. El autobús estaba en marcha así que giré la cabeza y mantuve la mirada sobre esa chica todo lo que el recorrido del autobús me permitió. Es como si no me lo pudiera creer. Al final perdí el contacto visual y el autobús siguió su camino, tozudo en llevarme hasta la siguiente parada y ajeno a eso que acababa de ver.

Lo que llamó poderosamente la atención era la normalidad de la anormalidad. Me explico. Estaba claro que esa chica tenía completo dominio sobre cómo caminar con sus prótesis porque lo hacía de una forma natural, sin que parara atención en ello de una forma especial. Ver esa normalidad es lo que no me parecía normal. Entonces empecé a hacerme preguntas…

¿Qué es lo que yo hubiera hecho si me hubiera tocado vivir una circunstancia como esa? Quizás me hubiera resignado a desplazarme sobre una silla de ruedas. Total, lo “lógico” es pensar que, si no tienes piernas, no puedes caminar. Sin embargo, esa chica había sido capaz de desafiar esa conclusión lógica cuestionándose lo evidente. Supongo que se hizo la pregunta ¿no habría alguna manera de caminar teniendo en cuenta mi limitación? ¿Podría caminar con “otras” piernas?

Así que ésta ha sido una de las cosas que me llevo de esta imagen tan impactante. La capacidad de no dejarse llevar por lo aparentemente evidente y buscar y encontrar fórmulas imaginativas de sortear barreras aparentemente infranqueables. Supongo que eso sólo es posible cuando soy capaz de aceptar aquello que me ha ocurrido y dejo de luchar contra eso que no puedo cambiar. Sólo cuando soy capaz de abandonar los pensamientos del tipo “… qué injusta ha sido la vida con migo”, “… no hay derecho…” “… no puedo aceptarlo…” es cuando puedo hacerme la pregunta ¿cómo puedo vivir lo mejor posible esto que me ha tocado? Así que la imagen de esta chica me parece un gran ejemplo práctico que me ayuda a entender que no es lo mismo aceptar que rendirse.

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Necesito controlar.

La necesidad de control es un tema recurrente, tanto en el ámbito de las organizaciones como a nivel personal. La primera pregunta que me viene es ¿para qué controlo? porque estoy seguro que, si quiero controlar, necesariamente hay algo valioso en ello. Por otra parte, la necesidad de control tiene efectos no deseados, lo cual nos lleva muchas veces al dilema sobre si hay que controlar o es mejor dejarse llevar. Así que, en este artículo vamos a ver en qué consiste el control, para qué lo hacemos y cuáles son sus efectos secundarios. Finalmente trataremos de encontrar estrategias que nos aporten los beneficios del control evitando sus inconvenientes. ¿Me acompañas?

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No es lo mismo aceptar que rendirse.

File:Death of Captain Lawrence. "Don't Give Up the Ship." June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel, ci - NARA - 531087.tif

Death of Captain Lawrence. “Don’t Give Up the Ship.” June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel

A veces, me encuentro en situaciones complicadas en las que me encallo y no consigo tirar adelante, o que me suponen un esfuerzo titánico avanzar. Entonces hay alguien que me dice: tienes que aceptarlo.

Escucharlo me produce una cierta sensación de rechazo porque aceptar una situación me suena a rendirme, y eso a mi no me gusta. Pero ¿qué significa realmente aceptar? ¿En qué se diferencia de rendirse? y sobre todo, ¿por qué es tan poderosa la aceptación para conseguir una acción realmente eficaz?  En este artículo voy a tratar de explicártelo.

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La historia del soldado preso en el Vietnam y la actitud ante las dificultades.

Hace ya algún tiempo escuché una historia sobre una persona que luchó en la guerra de Vietnam y que estuvo preso durante unos años. Cuando fue rescatado le hicieron un completo chequeo físico y psicológico para comprobar las secuelas de un cautiverio tan largo y duro. Lo que más sorprendió fue el buen estado psicológico en el que se encontraba. Una de las cosas más duras que tuvo que soportar fue que durante la mayor parte de las horas del día, le encerraban en una especie de jaula en la que escasamente podía estirar las piernas. Cuando los médicos le preguntaron cómo pudo soportar semejantes condiciones sin desesperarse el soldado respondió algo parecido a lo siguiente:

“En ese lugar era un soldado americano capturado por el Viet Cong. Sin embargo, cuando me metían en esa jaula y la cerraban para que no me pudiera mover me di cuenta que ellos tampoco podían entrar en ese espacio. La jaula se convirtió en mi territorio. Así que decidí que ese sería territorio americano que ellos no podrían ocupar. Era mi zona libre de enemigos.

¿No te parece increíble?

Ese es un razonamiento incorrecto, ¿no? Su jaula podía ser cualquier cosa menos una zona libre ¿O quizás el que estoy equivocado soy yo? ¿A ti qué parece? Párate a pensar sobre este asunto un ratito y luego continuamos.

Si lo pienso con detenimiento tampoco es tan incorrecto ese razonamiento. Lo que veo es que está preso en una jaula y la jaula está en territorio de Viet Cong. Ahora bien, si lo miro desde la perspectiva del preso, está claro que él es un soldado que ocupa un territorio, por pequeño que sea, en el cual no puede entrar el enemigo. Así que su argumento no puedo rebatirlo.

Te he explicado esto porque para afirmar que algo es objetivamente correcto o incorrecto hay que pensárselo muy bien y precisar en que se basa uno para afirmar lo que afirma y desde qué punto de vista lo hace.

Llegados a este punto, también creo que es muy útil distinguir entre lo que es un hecho y lo que es una opinión (enlace a “¿Sabemos diferenciar hechos de opiniones?”). Un truco que me explicaron y que me resulta muy útil y sencillo de aplicar para saber si de lo que hablo es una cosa u otra es que un hecho es todo aquello que podría registrar una cámara de vídeo. Todo lo demás son opiniones. Por cierto, quiero señalar que las cámaras de vídeo que yo conozco no pueden registrar pensamientos. Los hechos no se pueden cambiar y ocurren de piel hacia afuera. Los pensamientos van de piel hacia dentro y muchas veces son consecuencia de lo que ocurre afuera, lo cual muchas veces nos confunde porque pensamos que hay una única explicación de lo que ocurre fuera.

Los acontecimientos como estímulo de mis pensamientos

Otro punto importante que quisiera destacar antes de continuar es que los hechos pueden ser el estímulo de lo que pienso y siento pero nunca son su causa (enlace a “Diferencia entre causa y estímulo. Cómo gestionar mejor nuestras emociones”) sencillamente porque ante el mismo hecho, a veces pienso una cosa y a veces otra totalmente diferente. También, ante el mismo hecho, una persona puede pensar una cosa y otra persona, otra cosa que puede ser muy diferente. Si los hechos fueran causa de lo que pienso entonces siempre que me pasara una misma cosa mi pensamiento siempre sería el mismo.

Así que hay un margen de intervención posible sobre lo que pensamos cuando nos pasa algo y el primer paso es darse cuenta una cosa son las cosas que nos pasan y otra diferente es lo que pensamos cuando nos ocurre lo que nos ocurre.

Un ejemplo de esto que te estoy explicando es el del prisionero del Viet Cong. Ante lo que estaba viviendo, lo normal hubiera sido pensar que su situación era desesperada, que su final era incierto, que no iba a sobrevivir,  y que sus carceleros eran crueles con él. Y estoy casi seguro que este tipo de pensamientos le pasaron por su cabeza. Sin embargo, eligió pensar otras cosas que fueran más útiles para sobrellevar esos momentos tan difíciles.

Fue capaz de encontrar otro significado a aquello que le estaba pasando. Supo encontrar otro marco diferente para interpretar lo que le ocurría, lo cual le permitió a sobrellevar esa circunstancia. Así que, en circunstancias críticas, pensar cosas útiles, aunque no sea la opción obvia ni la fácil, puede llegar a ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Esto me recuerda un libro que os recomiendo encarecidamente. Se trata de El hombre en busca de sentido. Su autor, Viktor Frankl, médico psiquiatra fundador de la Logoterapia, lo escribió tras sobrevivir al holocausto. Fue testigo de la influencia de lo que pensamos y se dio cuenta que las personas que encontraban una razón para vivir tenían más probabilidades de sobrevivir a las condiciones tan penosas que se producían en un campo de exterminio. Así que pensar una cosa u otra podía significar la supervivencia o la muerte. Aquí tenéis una cita del libro relacionada con la capacidad del hombre para decidir su actitud ante cualquier circunstancia.

Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino.

(Frankl, 1946)

El tamaño de las dificultades

Una vez hace ya muchos años, me tocó hacer un análisis de riesgos informáticos. Había una fase de entrevistas y me tocaba preguntar ¿qué pasaría si….? Entonces había un montón de circunstancias que los entrevistados calificaban como graves o muy graves. Esto, hasta que yo sacaba una escala en la que el 10 era el “muy grave” y significaba riesgo para las vidas humanas. Entonces, la mayoría bajaban su calificación y sólo alguno de los entrevistados calificaron con un 9 o un 10 alguna de las situaciones de riesgo.

Te cuento esto porque las dificultades, son como los gases, no importa cual sea su cantidad, tienden a ocupar todo el espacio disponible de nuestro estado de ánimo. Así que una manera de saber “cuanto gas hay”, es decir, lo grave de la situación, es que te construyas tu propia escala de gravedad. El 10 podría ser “tu vida o la vida de otro está en riesgo” e ir descendiendo.  Entonces sitúa el episodio que vives en la escala y podrás relativizarlo y darle un dimensión de una forma más objetiva.

Conclusión

Con todo esto lo que he pretendido explicarte son varias cosas. La primera, que el significado que le damos a las cosas no es el único posible. Cualquiera de las explicaciones que demos a lo que nos está ocurriendo, a priori, será igual de correcta o incorrecta. Sin embargo, desde del punto de vista práctico, unas nos ayudarán a sobrellevar y a mejorar la situación y otras no. Así que, ¿porqué no elegir las que juega a nuestro favor?

La segunda, que lo que pensamos respecto a lo que nos pasa puede ser un estímulo pero en ningún caso es su causa. Hemos visto el ejemplo del soldado preso y también los ejemplos que nos relata Viktor Frankl en su libro y que nos lleva a decir que el camino fácil es el de los pensamientos derrotistas y que es posible encontrar otra manera de pensar siempre que haya una voluntad de hacerlo. Finalmente hemos visto que las dificultades tienden a ocupar todo nuestro espacio vital disponible y cómo las podemos relativizar.

Así que, cuando te encuentres ante una dificultad, determina si es grande o pequeña, date el permiso para sentir tristeza por lo que te ha pasado y luego, una vez hecho el duelo, decide con qué actitud vas a encarar la dificultad y da respuesta a dos preguntas:

1. ¿Qué es lo que quiero conseguir?

2. ¿De que forma puedo jugar las cartas que me han tocado para hacer la mejor partida posible?

La única respuesta válida sólo la puedes dar tu.

¡Buen viaje!

 

¿Sabes escuchar? No se puede llenar un vaso que ya está lleno

Imagínate que estás en una conversación en la que alguien explica una teoría sobre algo que es diferente a lo que tú ya sabes. ¿Cual es tu impulso natural? No se qué es lo que a ti te pasa pero a mi a menudo me pasa que no espero a que acabe de explicarlo, no hago preguntas para entenderlo mejor y inmediatamente trato de rebatir su argumento. ¿A ti qué te ocurre?

Cuando entro en esta dinámica la conversación se convierte en un conjunto de monólogos en los que cada persona explica sus argumentos tratando de defender su postura, pero intercambio de ideas y enriquecimiento mutuo, nada de nada.

¿Porqué muchas veces nos resistimos a aprender algo diferente a lo conocido o a cambiar de opinión respecto a algo? En definitiva, ¿cómo es que nos cuesta tanto escuchar a los demás de una forma total y sin interferencias?

Mi respuesta es que “no se puede llenar un vaso que ya está lleno”. La frase es una obviedad pero lo que trato de explicar con ello es que en esta clase de diálogos nos comportamos cómo vasos llenos con nuestras ideas sobre las cosas. Cualquier cosa que nos diga la otra parte simplemente rebosa fuera del vaso.

Así que en este artículo quiero explicarte qué es lo que nos impide escuchar de forma auténtica y cómo podrías hacer para escuchar de una forma más enriquecedora. ¿Quieres acompañarme?

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Cómo ser el protagonista de mi vida: La diferencia entre dolor y sufrimiento

Hoy quiero empezar por comentar un episodio de una serie de televisión. Se trata de “Cómo conocí a vuestra madre” Concretamente hay un episodio en el que dos amigos, Barney y Marshall hacen una apuesta. El que la pierda recibirá 10 bofetadas del que haya ganado.

La cuestión es que Barney pierde y su amigo Marshall, le da a elegir entre dos opciones: podrá recibir las 10 bofetadas seguidas o bien sólo 5, pero se las podrá dar en cualquier momento que elija Marshall, sin avisar. Se lo piensa un rato y al final al elije la modalidad de las 5 bofetadas. En los siguientes capítulos se puede ver el sufrimiento de Barney, porque cada pequeño gesto de Marshall lo interpreta como el preludio de una bofetada, aunque al final no acaba por llegar.

Vamos a ver, entre recibir 10 bofetadas o “sólo” 5 mi elección está clara: prefiero la segunda opción. Lo que ocurre es que en este caso concreto mi elección no sería tan clara porque 5 bofetadas es menos desagradable que 10 sólo si tengo en cuenta el dolor. Ahora bien, si además del dolor considero el sufrimiento, 5 bofetadas pueden llegar a ser peor que 10. ¿Quieres saber porqué?

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