Cuando hacer lo equivocado es lo correcto

El título de este artículo puede sonar provocativo. Permitirme que explique que es lo que quiero decir con esto. Hay ocasiones en que, al afrontar la resolución de un problema, observamos que la solución lógica y correcta no funciona y, en el peor de los casos, empeora las cosas. Las soluciones que se basan en relaciones causa efecto que nos han resultado eficaces en otras ocasiones, dejan de ser eficaces. Esto ocurre en los problemas que tienen que ver con lo complejo. Y lo humano es complejo. Pongamos ejemplos que permitan explicar mejor el tipo de problemas a los que me refiero.

Problema 1. Quiero que me quieran.

¿Hay alguien que no quiere que le quieran? Yo creo que es un problema bastante común. Y por la misma razón creo que algunos de nosotros habremos aplicado la_lógica_más_lógica_de_todas_las_lógicas para resolverlo. Si quiero que me quieran más no tengo más que pedirlo y si no funciona exigirlo. Lógico, ¿no? Supongo que alguno de vosotros ya habrá experimentado que, lejos de funcionar, provoca el efecto contrario.

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Comportamientos incomprensibles

Hace ya unos días, mientras esperaba montado en mi bicicleta a que se pusiera el semáforo verde, vi una cosa que me llamó la atención. Una persona de avanzada edad estaba cruzando por el paso de peatones. Aunque llevaba bastón avanzaba con bastante rapidez. Cuando estaba a punto de llegar al lado de la calzada en el que yo me encontraba se cruzó con unos jóvenes y justo en ese momento, intentó golpearles con el bastón y empezó a mascullar unas palabras indescifrables. No es que levantara el bastón para golpear sus cabezas. Era más bien un gesto para apartarlos de su camino. Los chicos le dijeron alguna cosa pero no le hicieron demasiado caso y continuaron su camino. El anciano, continuó avanzando hablándose a sí mismo en voz alta. Me quedé un rato escuchándole y pude entender algunas de sus palabras. Decía cosas como:

“Los jóvenes de hoy en día no saben caminar. ¡Yo iba por mi derecha! ¡ No hay derecho! …..”

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El mapa no es el territorio. ¿Cómo observas la realidad?

Esta frase es una de la presuposiciones de la PNL (Programación Neuro Lingüística) y fue acuñada por Alfred Korzybski, cuya obra culminó en la fundación de la disciplina que llamó semántica general y proviene de una historia que probablemente es falsa, aunque ayuda a explicar muy bien el concepto que hay detrás. Parece ser que durante la Primera Guerra Mundial, él y su tropa cayeron en un accidente del terreno que no figuraba en los mapas lo cual tuvo consecuencias desastrosas.

Según Korzybsky los seres humanos estan limitados en su conocimiento del mundo exterior por la estructura de su sistema nervioso y la estructura de sus lenguas. Es decir, que la lengua y nuestra fisiología limitan nuestro conocimiento del mundo.

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Mujer y hombre: ¿Pensamos diferente?

Esto más que un artículo podría llegar a ser un  libro pero mi intención un muchísimo más modesta. Lo que pretendo es poner de manifiesto que quizás tenemos formas de pensar diferentes y que, el tomar conciencia de ello,  nos podría ayudar a gestionar alguna que otra situación conflictiva.

Una vez escuché que una de las diferencias entre los hombres y las mujeres es que los hombres son directos y las mujeres indirectas y lo ilustraba con un ejemplo:

Supón que una pareja van paseando por la calle. Es verano, hace calor. El hombre ve una heladería y le vienen ganas de tomarse un helado. ¿Qué es lo que diría el hombre? “Querida, me apetece tomarme un helado. ¿Vamos a esa heladería a comprar uno?”. La petición de la mujer podría ser: “Querido, ¿No te apetece un helado?”.

Para los hombres que leéis este artículo y todavía no lo hayáis entendido os lo voy a aclarar: lo que estaba pensando la mujer es que le apetecía un helado pero decide preguntarle a su pareja porque supone que, acto seguido, él le preguntara a ella “ Pues sí me apetece (o no), ¿y a ti? “

Ser de una manera u de otra para mí no es lo relevante, pues somos como somos. El que es directo y no es consciente que los otros pueden no serlo, no tiene mayores problemas, sobretodo porque no se da cuenta de qué es lo que está pasando, o peor, qué es lo que NO está pasando. La persona que es más indirecta lo tiene un poco más complicado porque muchas veces sufre por la “incomprensión” de la otra parte. Así, en el ejemplo del helado podría decirse algo parecido a lo siguiente: “mira que no preguntarme si a mí me apetece un helado, ¡con las ganas que tengo de comerme uno!”

Pero tranquilos porque cosas parecidas a estas no pasan nunca en nuestras vidas, ¿verdad?

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