¿Es lo mismo un problema que un reto?

teneis un problemaLa frase “tengo un problema” es algo muy corriente. Se expresa en nuestra vida cotidiana cuando actividades que realizamos de forma habitual se interrumpen. Por ejemplo, vamos en coche y pinchamos la rueda.

Los problemas también aparecen en el camino que nos lleva a la consecución de nuestros objetivos. Queremos conseguir algo y los problemas nos dificultan su consecución.

El objetivo de este artículo es explicar cual puede ser una actitud que nos ayude a ser más eficaces a la hora de gestionarlos. Y para empezar, vamos a tratar de ver lo que nos pasa cuando surge el problema y veremos que puede tratarse de un proceso que tiene varias fases.

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El resentimiento: la emoción del esclavo

Este entrada la voy a dedicar a una emoción que creo que todos conocemos: el resentimiento. Y digo que es conocida porque se produce tanto en el ámbito personal como en el de las organizaciones. Por ejemplo, estamos resentidos con nuestra pareja porque pedimos colaboración y no nos la da, o bien con nuestra empresa porque no nos trata como merecemos. Para empezar, os adjunto una una definición del término:

Resentimiento es la acción y efecto de resentirse (tener un enojo o pesar por algo). El resentimiento se refleja en diversos sentimientos y actitudes, como la hostilidad hacia algo o alguien, la ira no resuelta sobre un acontecimiento, el enfurecimiento o la incapacidad para perdonar.

De esta definición me gustaría destacar varios aspectos.

El primero. El esquema sobre el que se sustenta el resentimiento suele ser que algo o alguien nos ha causado un daño que consideramos que no se puede reparar y que juzgamos que no merecemos, por lo que el causante merece que le castiguemos. La forma en que se ejerce ese castigo puede ser mostrar hostilidad hacia el causante de nuestro dolor,  y la incapacidad de perdonar.

Otro aspecto muy importante es que el resentimiento implica algo que está enquistado, no resuelto. Si lo pensamos en términos de tiempo, este sentimiento podría venir de un acontecimiento sucedido hace meses o incluso muchos años. Por lo tanto el resentimiento es un compañero de viaje que nos puede acompañar durante mucho tiempo por lo que puede llegar a tener mucho impacto en nuestras vidas.

También es bueno tener en cuenta que hay ocasiones que no somos capaces de reconocer que estamos resentidos. Puede ser que llevemos tanto tiempo con ello que ya forme parte de lo que nosotros consideremos algo “normal”. Cuando uno lleva una pesada carga durante mucho tiempo muchas veces se olvida que la lleva. ¿Cómo podríamos reconocerla? Mostrarse nervioso o muy sensible ante ciertos hechos o personas, tener una actitud hostil, expresar dificultades para confiar en nuevas relaciones y sentirse menospreciado son algunos indicadores.

Hasta ahora hemos hablado de los efectos externos del resentimiento. Sin embargo estas actitudes que se muestran en el exterior tienen un efecto sobre nosotros. En realidad, lo que sucede en el exterior responde a algo que nos pasa en nuestro interior. ¿Cómo son esas sensaciones? Desde luego no es algo que nos proporcione calma ni sosiego sino todo lo contrario. Por lo tanto el resentimiento tiene una componente de sufrimiento para el que se siente resentido. Es como si el “castigar” tuviera un efecto secundario sobre el que castiga. Esto me trae a la memoria una cita que explica muy bien este fenómeno.

El resentimiento es como tomar veneno esperando que la otra persona muera. – Carrie Fisher.

Finalmente decir que el resentimiento también se basa en el hecho que pensamos que el comportamiento  de la otra persona o las circunstancias han sido la causa de cómo nos sentimos. (Diferencia entre causa y estímulo). Esto nos convierte en víctimas, lo cual tiene un efecto muy positivo en nosotros ya que nos da la tranquilidad de ser los inocentes. Sin embargo hay un efecto secundario que hay que tener en cuenta. El ser víctimas nos incapacita para la acción ya que es el otro el culpable y por lo tanto no podemos hacer nada. Y si no podemos hacer nada dejamos de ser libres y nos convertimos en esclavos del resentimiento que sentimos por nuestro “agresor”. Lo curioso es que es una esclavitud generada por nosotros porque el “agresor” no nos obliga a sentir eso. Estamos enganchados al agresor pero somos nosotros los que nos enganchamos y no al revés. Hay otra cita relacionada con ello para explicarlo.

El resentimiento es la emoción del esclavo, no porque el esclavo sea resentido, sino porque quien vive en el resentimiento, vive en la esclavitud.” F. W. Nietszche

Quizás alguno de vosotros se diga lo siguiente. “Vale, puedo llegar a entender que es la emoción del esclavo, y además, decido que no quiero continuar así. Sin embargo no puedo evitar dejar de sentir como siento. ¿Cómo puedo salir de este círculo vicioso?”.

Muy bien, la buena noticia es que se puede salir de esta dinámica y la no tan buena es que requiere determinación. ¿Estáis dispuestos? Si contestáis que sí, continuad leyendo. Sino es así, no creo que os valga la pena que continuéis esta lectura.

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¿Cómo puedo convertir el odio en algo valioso?

La Ira por Ane VanillaCreo que todos en algún momento hemos sentido odio hacia algo o alguien. Aunque sólo haya sido momentáneo habremos percibido lo intenso de esa emoción y cómo puede llegar a invadir nuestros pensamientos. Antes de hablar sobre ello veamos cómo define wikipedia el odio:

El odio es una emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad; otros, como Elie Wiesel, consideran al odio como lo opuesto al amor.

Como ya he explicado en otro artículo (¿Podemos cambiar nuestras emociones?) todas las emociones, incluidas el odio, son legítimas. Es más, no se pueden ni se deben controlar. Ahora bien, lo que tampoco puede ocurrir es que el odio te controle a ti. Lo que se puede hacer con las emociones es aceptarlas, y gestionarlas. ¿De qué forma?

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¿Permites que te afecten las personas tóxicas?

Como alguien decía “hay personas que llevan la alegría allí a donde van mientras que otras, cuando se van es cuando la alegría aparece”. Es algo inevitable. Hay ciertas personas con las que no congeniamos. E incluso, hay ciertas personas con las que el sentimiento no es el de falta de simpatía sino de absoluto y completo rechazo.

En este artículo no pretendo que trabajemos sobre nuestra percepción sobre esa persona y sí en las consecuencias negativas que tiene sobre nosotros lo que pensamos de ella. Y para esto os he preparado este pequeño relato.

 

Mar era la hija de un malabarista que vivía con su familia en un circo que no era ni muy grande ni muy pequeño, ni muy famoso, aunque tampoco era desconocido. Mar adoraba los animales y estaba encantada con una cría de león que acababa de nacer. Cada día lo iba a ver y cuando podía y la dejaban, lo alimentaba ella misma. El pequeño león respondía con cariño a sus cuidados.

Los días pasaban y Mar sentía un gran afecto hacia la cría de león. Sin embargo, un día ocurrió algo inesperado cuando al acercarse a la jaula para ir a alimentar a su estimada mascota, recibió un zarpazo sobre su delicado brazo. Se puso a gritar y a llorar y enseguida aparecieron los trabajadores del circo, que eran los miembros de su gran familia y la socorrieron. Por suerte. La herida no era grave y su recuperación fue rápida.

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Tener o no tener expectativas. Esta es la cuestión ….

Cuando uno tiene unas expectativas con respecto a algo o alguien y no se cumplen aparece la frustración, la queja y resentimiento. Ante ello, una postura es eliminarlas aplicando el método “muerto el perro, muerta la rabia”, es decir, no tener expectativas en absoluto. Desde luego es una solución que funciona, aunque sería bueno pensar qué nos podríamos perder con ello. Sin embargo, en este artículo os voy a proponer algunas alternativas más, lo cual os puede dar más posibilidades de acción.

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¿Sabes la diferencia entre aceptar y rendirse?

Hay ocasiones en que las cosas no ocurren tal como las habíamos planeado. Aquí podemos encontrar un amplio rango de decepciones. Desde las que podemos considerar como parte de lo cotidiano hasta decepciones o pérdidas que pueden llegar a tocarnos muy intensamente. Tras una pérdida o decepción importante los psicólogos tienen estudiado que pasamos por una serie de etapas. Concretamente, las etapas que describe la Dra. E. Kubler Ross en caso de graves pérdidas son las siguientes:

1) Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse.

2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué.

3) Pacto: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

4) Depresión: Es un estado, en general, temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad. Requiera recibir grandes dosis de empatía. (¿Qué es la empatía?)

5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz sino que es una tristeza serena.

Pero en este artículo me quiero referir a aquellas pérdidas que son menos intensas, pero que debemos afrontar de una forma cotidiana. Y para esta clase de decepciones, lo que sí voy a tomar del proceso descrito anteriormente es que, independientemente del orden y número de etapas por las que se pasa, al final hay una aceptación.

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Relación de artículos publicados hasta ahora.

Han pasado ya casi cinco meses desde que inicié la andadura de este blog, en el mes de octubre del 2011. Ya son unos cuantos los artículos que he escrito y he creído oportuno que esta entrada sea una relación de los artículos escritos hasta el momento.

He pensado que seria bueno hacer un pequeño alto en el camino y volver la vista atrás para ver la senda recorrida para que, a vista de pájaro, podáis tener un pequeño mapa de lo que hemos caminado hasta el momento. El recorrido no va a seguir la línea del tiempo sino que voy a agrupar los artículos por temáticas. Si hacéis clic en el título del artículo iréis directamente a la entrada correspondiente. Continuar leyendo