¿Las cosas tienen sentido?

Un terremoto o una catástrofe natural, ¿pueden tener sentido? Que un niño pequeño muera por una enfermedad, ¿tiene sentido? Que una persona que pasea tranquilamente por la acera de una ciudad, sea atropellada por un coche y muera, ¿tiene eso sentido? En general, las cosas que pasan, ¿tienen sentido?

Cuando nos ocurren cosas desagradables o terribles buscamos desesperadamente que eso tenga algún sentido. Es como si que para que las cosas pasen tuviera que haber una explicación.No sé qué es lo que tu opinas al respecto. Yo creo que las cosas que pasan pueden ser los efectos de unas causas, y que suceden independientemente de que tengan sentido o no lo tengan para mí.

Me parece un poco pretencioso por mi parte esperar que las cosas pasen o dejen de pasar, esperando que haya alguien como yo que dé el visto bueno para que eso suceda. Un terremoto que arrasa ciudades y pueblos y mata a miles de personas tiene unas causas geológicas, y ocurre independientemente que tenga o no tenga sentido para mí. Esto me trae a la memoria una cita que tiene que ver con el sentido de justicia en la vida. En palabras de Mordecai Kaplan,

Esperar que el mundo te trate bien porque eres una persona honesta es como esperar que el toro no te embista porque eres vegetariano.

Lo que yo creo es que las cosas no tienen intrínsecamente sentido, aunque sí creo que las personas buscamos y podemos encontrar un sentido a las cosas que nos pasan. Así que de lo que se trata es de poner el foco en nosotros y no en las cosas que suceden. Con todo esto, la pregunta que ahora me viene es: ¿Qué es lo que me impulsa a buscar sentido a las cosas? ¿Para qué busco un sentido a las desgracias que me acontecen en la vida?

Si te parece podemos buscarlo juntos. Lo que se me ocurre es que recordemos algo que nos haya pasado en la vida que no tenga sentido. Yo ya tengo el mío, ¿tienes tú el tuyo? Me espero… Ahora te pido algo (o mucho) de imaginación. Supón que por arte de magia, ya has encontrado el sentido a ese suceso. Golpe de varita mágica y … ¡zas! Ahora lo ves claro. Todo lo que pasó, ves que tiene todo el sentido del mundo.

¿Cómo te sientes ahora que todo tiene sentido? ¿Cómo ha cambiado la forma en que estás viviendo esas circunstancias? Quédate un rato ahí para experimentarlo.

….

Me encantaría que me pudieras explicar qué te ha sucedido. Lo que a mí me ha ocurrido es que tengo una gran sensación de tranquilidad. Eso no me ha quitado la sensación de tristeza pero es una tristeza tranquila, podría decir que es dulcemente amarga. Cuando las cosas dolorosas que nos pasan tienen sentido, se produce algo que hace posible que los sentimientos se transformen. ¿Porqué?

Cuando encuentro sentido a algo, eso me ayuda a aceptar las circunstancias por penosas que éstas puedan ser. Al aceptar dejo de resistirme y de vivir peleado con lo que me ha ocurrido y eso me permite trascender la rabia. El aceptar es como un poderoso disolvente que me “des-a-pega” de una realidad dolorosa que ya no puedo cambiar. Es entonces cuando dejo de preguntarme ¿Cómo ha podido pasarme esto a mí? Esto es poderoso porque es el paso necesario para poder hacer el siguiente paso.

Cuando encuentro sentido a algo que me ha pasado y lo he aceptado, entonces es posible encontrar un “para qué” y eso hace que mire hacia adelante. Un “para qué” me impulsa a moverme hacia un futuro mejor a partir de lo que es, y me da la energía para hacer cosas, o “simplemente” me da la energía suficiente para continuar. Esto me recuerda una cita de Nietzsche que dice:

«Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo»

El ejemplo de Viktor Frankl

Este psiquiatra Austríaco pasó por la dolorosa experiencia de los campos de concentración nazis. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración. A su regreso escribió el libro “El hombre en busca de sentido“, (por cierto te recomiendo encarecidamente su lectura). En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir.

Las personas que buscaron y encontraron un sentido a todo esa locura, tuvieron una energía vital suplementaria que les permitió aumentar sus probabilidades de supervivencia. Quizás te estés preguntando, ¿qué razones para vivir podrían encontrar personas que vivieron situaciones tan “sin sentido” como los prisioneros de los campos de concentración? Cada una tuvo que encontrar su propio sentido y habitualmente eran motivaciones que iban más allá de su propia persona. El propio Viktor Frankl encontró en el amor que sentía por su familia y por su esposa la fuerza para continuar luchando. Así, escribiría después

“[…] la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor”.

Otros prisioneros la encontraron reconfortando a los demás, … Cada persona tuvo que encontrar la suya. (Puedes leer más en: Monografías: El hombre en busca de sentido)

Nuestra responsabilidad

Así que, quizás, ante cualquier situación dolorosa nos encontramos ante la responsabilidad de buscar dentro de nosotros, un sentido a todo eso que nos está pasando, un sentido que, a su vez, lo encontramos curiosamente fuera de nuestro ego, cuando hay un para qué que nos trasciende. En palabras de Frankl:

«Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.»

Te deseo que siempre puedas encontrar un “buen sentido” y …

¡Buen Viaje!

“¿Quieres ser feliz o tener la razón? Las dos cosas a la vez es imposible”.

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Freskenzyklus der Brancacci-Kapelle in Santa Maria del Carmine in Florenz, Szene: Hl. Petrus und Hl Paulus im Disput mit dem Magier Simon vor Nero

En el artículo de hoy quiero hablarte de tener la razón, especialmente en una situación de conflicto. Así que supón que he discutido con alguien, estoy enfadado y en conflicto con esa persona y además yo tengo la razón. Fíjate que digo que tengo “la razón” y no “mis razones” lo cual significa que razón sólo hay una, y además la tengo yo. Y si la tengo yo no la puede tener la otra parte, así que el otro está equivocado.

Otra cosa que quiero tener en cuenta es cómo me está afectando la situación conflictiva. En hecho que yo esté en conflicto con la otra persona, ¿me incomoda o me hace sufrir de alguna forma? Para responder a esta pregunta vale la pena ser muy honesto con uno mismo. Yo no sé qué te pasa a ti, pero a mi, los conflictos con las personas me incomodan mucho, y especialmente si el conflicto es con alguna persona que es importante y valiosa para mi. Pero el hecho que me me haga sufrir no hace cambiar el hecho que yo tengo razón y el otro no. Eso yo no puedo cambiarlo, así que, aunque me resulte incómodo me tendré que acostumbrar a eso.

¿Te das cuenta de lo que me está pasando? La única manera que el conflicto se solucione es que la otra persona reconozca su error. Mientras eso no pase, yo no podré hacer nada y por lo tanto, yo continuaré sufriendo por ello. Tener la razón supone dejar en manos del otro que yo deje de sufrir. Así que, tener la razón me encadena a la situación problemática o lo deja en manos de otro. Así que se me plantea el siguiente dilema: ¿quiero tener razón o seguir sufriendo?, o como dice el título del post “¿Quiero tener razón o ser feliz? porque las dos cosas al mismo tiempo es imposible”.

Ahora es tu turno. Recuerda una situación conflictiva con alguien importante, ya sea en el entorno laboral como en el personal. ¿Que elijes, tener razón o ser feliz?

Si has escogido ser feliz, te animo a que continúes leyendo el artículo. Y también puede ser que hayas pensado algo así como: – Claro que quiero ser feliz,  pero también tengo unos principios y una dignidad. Así que elijo seguir teniendo razón a costa de mi felicidad. Si éste es tu caso entonces también te sugiero que continúes leyendo porque, a continuación, podrás encontrar el tesoro que se esconde tras la actitud de tener la razón y eso te permitirá encontrar alternativas que te permitirán ser feliz. ¿Me acompañas?

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La historia del soldado preso en el Vietnam y la actitud ante las dificultades.

Hace ya algún tiempo escuché una historia sobre una persona que luchó en la guerra de Vietnam y que estuvo preso durante unos años. Cuando fue rescatado le hicieron un completo chequeo físico y psicológico para comprobar las secuelas de un cautiverio tan largo y duro. Lo que más sorprendió fue el buen estado psicológico en el que se encontraba. Una de las cosas más duras que tuvo que soportar fue que durante la mayor parte de las horas del día, le encerraban en una especie de jaula en la que escasamente podía estirar las piernas. Cuando los médicos le preguntaron cómo pudo soportar semejantes condiciones sin desesperarse el soldado respondió algo parecido a lo siguiente:

“En ese lugar era un soldado americano capturado por el Viet Cong. Sin embargo, cuando me metían en esa jaula y la cerraban para que no me pudiera mover me di cuenta que ellos tampoco podían entrar en ese espacio. La jaula se convirtió en mi territorio. Así que decidí que ese sería territorio americano que ellos no podrían ocupar. Era mi zona libre de enemigos.

¿No te parece increíble?

Ese es un razonamiento incorrecto, ¿no? Su jaula podía ser cualquier cosa menos una zona libre ¿O quizás el que estoy equivocado soy yo? ¿A ti qué parece? Párate a pensar sobre este asunto un ratito y luego continuamos.

Si lo pienso con detenimiento tampoco es tan incorrecto ese razonamiento. Lo que veo es que está preso en una jaula y la jaula está en territorio de Viet Cong. Ahora bien, si lo miro desde la perspectiva del preso, está claro que él es un soldado que ocupa un territorio, por pequeño que sea, en el cual no puede entrar el enemigo. Así que su argumento no puedo rebatirlo.

Te he explicado esto porque para afirmar que algo es objetivamente correcto o incorrecto hay que pensárselo muy bien y precisar en que se basa uno para afirmar lo que afirma y desde qué punto de vista lo hace.

Llegados a este punto, también creo que es muy útil distinguir entre lo que es un hecho y lo que es una opinión (enlace a “¿Sabemos diferenciar hechos de opiniones?”). Un truco que me explicaron y que me resulta muy útil y sencillo de aplicar para saber si de lo que hablo es una cosa u otra es que un hecho es todo aquello que podría registrar una cámara de vídeo. Todo lo demás son opiniones. Por cierto, quiero señalar que las cámaras de vídeo que yo conozco no pueden registrar pensamientos. Los hechos no se pueden cambiar y ocurren de piel hacia afuera. Los pensamientos van de piel hacia dentro y muchas veces son consecuencia de lo que ocurre afuera, lo cual muchas veces nos confunde porque pensamos que hay una única explicación de lo que ocurre fuera.

Los acontecimientos como estímulo de mis pensamientos

Otro punto importante que quisiera destacar antes de continuar es que los hechos pueden ser el estímulo de lo que pienso y siento pero nunca son su causa (enlace a “Diferencia entre causa y estímulo. Cómo gestionar mejor nuestras emociones”) sencillamente porque ante el mismo hecho, a veces pienso una cosa y a veces otra totalmente diferente. También, ante el mismo hecho, una persona puede pensar una cosa y otra persona, otra cosa que puede ser muy diferente. Si los hechos fueran causa de lo que pienso entonces siempre que me pasara una misma cosa mi pensamiento siempre sería el mismo.

Así que hay un margen de intervención posible sobre lo que pensamos cuando nos pasa algo y el primer paso es darse cuenta una cosa son las cosas que nos pasan y otra diferente es lo que pensamos cuando nos ocurre lo que nos ocurre.

Un ejemplo de esto que te estoy explicando es el del prisionero del Viet Cong. Ante lo que estaba viviendo, lo normal hubiera sido pensar que su situación era desesperada, que su final era incierto, que no iba a sobrevivir,  y que sus carceleros eran crueles con él. Y estoy casi seguro que este tipo de pensamientos le pasaron por su cabeza. Sin embargo, eligió pensar otras cosas que fueran más útiles para sobrellevar esos momentos tan difíciles.

Fue capaz de encontrar otro significado a aquello que le estaba pasando. Supo encontrar otro marco diferente para interpretar lo que le ocurría, lo cual le permitió a sobrellevar esa circunstancia. Así que, en circunstancias críticas, pensar cosas útiles, aunque no sea la opción obvia ni la fácil, puede llegar a ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Esto me recuerda un libro que os recomiendo encarecidamente. Se trata de El hombre en busca de sentido. Su autor, Viktor Frankl, médico psiquiatra fundador de la Logoterapia, lo escribió tras sobrevivir al holocausto. Fue testigo de la influencia de lo que pensamos y se dio cuenta que las personas que encontraban una razón para vivir tenían más probabilidades de sobrevivir a las condiciones tan penosas que se producían en un campo de exterminio. Así que pensar una cosa u otra podía significar la supervivencia o la muerte. Aquí tenéis una cita del libro relacionada con la capacidad del hombre para decidir su actitud ante cualquier circunstancia.

Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino.

(Frankl, 1946)

El tamaño de las dificultades

Una vez hace ya muchos años, me tocó hacer un análisis de riesgos informáticos. Había una fase de entrevistas y me tocaba preguntar ¿qué pasaría si….? Entonces había un montón de circunstancias que los entrevistados calificaban como graves o muy graves. Esto, hasta que yo sacaba una escala en la que el 10 era el “muy grave” y significaba riesgo para las vidas humanas. Entonces, la mayoría bajaban su calificación y sólo alguno de los entrevistados calificaron con un 9 o un 10 alguna de las situaciones de riesgo.

Te cuento esto porque las dificultades, son como los gases, no importa cual sea su cantidad, tienden a ocupar todo el espacio disponible de nuestro estado de ánimo. Así que una manera de saber “cuanto gas hay”, es decir, lo grave de la situación, es que te construyas tu propia escala de gravedad. El 10 podría ser “tu vida o la vida de otro está en riesgo” e ir descendiendo.  Entonces sitúa el episodio que vives en la escala y podrás relativizarlo y darle un dimensión de una forma más objetiva.

Conclusión

Con todo esto lo que he pretendido explicarte son varias cosas. La primera, que el significado que le damos a las cosas no es el único posible. Cualquiera de las explicaciones que demos a lo que nos está ocurriendo, a priori, será igual de correcta o incorrecta. Sin embargo, desde del punto de vista práctico, unas nos ayudarán a sobrellevar y a mejorar la situación y otras no. Así que, ¿porqué no elegir las que juega a nuestro favor?

La segunda, que lo que pensamos respecto a lo que nos pasa puede ser un estímulo pero en ningún caso es su causa. Hemos visto el ejemplo del soldado preso y también los ejemplos que nos relata Viktor Frankl en su libro y que nos lleva a decir que el camino fácil es el de los pensamientos derrotistas y que es posible encontrar otra manera de pensar siempre que haya una voluntad de hacerlo. Finalmente hemos visto que las dificultades tienden a ocupar todo nuestro espacio vital disponible y cómo las podemos relativizar.

Así que, cuando te encuentres ante una dificultad, determina si es grande o pequeña, date el permiso para sentir tristeza por lo que te ha pasado y luego, una vez hecho el duelo, decide con qué actitud vas a encarar la dificultad y da respuesta a dos preguntas:

1. ¿Qué es lo que quiero conseguir?

2. ¿De que forma puedo jugar las cartas que me han tocado para hacer la mejor partida posible?

La única respuesta válida sólo la puedes dar tu.

¡Buen viaje!

 

Cómo ser el protagonista de mi vida: La diferencia entre dolor y sufrimiento

Hoy quiero empezar por comentar un episodio de una serie de televisión. Se trata de “Cómo conocí a vuestra madre” Concretamente hay un episodio en el que dos amigos, Barney y Marshall hacen una apuesta. El que la pierda recibirá 10 bofetadas del que haya ganado.

La cuestión es que Barney pierde y su amigo Marshall, le da a elegir entre dos opciones: podrá recibir las 10 bofetadas seguidas o bien sólo 5, pero se las podrá dar en cualquier momento que elija Marshall, sin avisar. Se lo piensa un rato y al final al elije la modalidad de las 5 bofetadas. En los siguientes capítulos se puede ver el sufrimiento de Barney, porque cada pequeño gesto de Marshall lo interpreta como el preludio de una bofetada, aunque al final no acaba por llegar.

Vamos a ver, entre recibir 10 bofetadas o “sólo” 5 mi elección está clara: prefiero la segunda opción. Lo que ocurre es que en este caso concreto mi elección no sería tan clara porque 5 bofetadas es menos desagradable que 10 sólo si tengo en cuenta el dolor. Ahora bien, si además del dolor considero el sufrimiento, 5 bofetadas pueden llegar a ser peor que 10. ¿Quieres saber porqué?

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¿Qué significa ser proactivo y qué impacto tiene?

Hola. Hoy quiero hablarte de una palabra que se utiliza con mucha frecuencia, sobretodo en mundo empresarial y que es absolutamente aplicable al entorno personal.  Se trata de la pro-actividad y te explicaré cómo la entiendo yo, cual es el impacto positivo qué podría tener en tu vida personalprofesional, y cómo se hace para ser más pro-activo ¿te apetece?

La pro-actividad

Antes de nada me gustaría que nos pongamos de acuerdo sobre lo que es ser pro-activo. Uno de los autores, que a mi gusto mejor lo explican es Stephen Covey. En su libro, los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, cita el ser pro-activo como uno de esos hábitos clave. Pero para entenderlo mejor, casi te explico antes otra cosa.

El círculo de preocupación y el círculo de influencia.

En general las personas nos preocupamos de aquellas cosas que nos importan: la salud, los hijos, los problemas del trabajo, la paz mundial,… mientras que hay cosas que no nos inquietan. Así que podríamos dibujar un círculo imaginario llamado círculo de preocupación y dentro de él pondríamos las cosas que nos preocupan para separarlo de las cosas que no nos importan.

Si haces una revisión de eso que está dentro de tu círculo de preocupación, te darás cuenta que algunas cosas sobre las que no tienes ningún tipo de control. Sin embargo hay cosas que sí están tus manos. Así que, podría dibujar otro círculo, dentro del primero, donde poner las cosas que me preocupan y de las que puedo ocuparme. Eso sería el círculo de influencia. Para que quede un poco más claro te pondré un ejemplo.

Supón que me preocupa el futuro de mis hijas. Podría dibujar mi círculo de preocupación referente al futuro de mis hijas. Dentro de él pondría cosas como por ejemplo, la situación del mercado laboral. Eso estaría dentro del círculo de preocupación pero fuera del mi círculo de influencia porque mi capacidad para modificarlo prácticamente nulo. Ahora bien, si mis hijas están bien preparadas afrontarán ese futuro con más garantías, así que la educación de mis hijas, lo pondría dentro de mi círculo de influencia, porque eso sí que queda dentro de las cosas sobre las que puedo influir. ¿Ves la diferencia?

Entender esta distinción puede tener un impacto fundamental en mi vida porque las personas pro-activas, centran sus esfuerzos en el círculo de influencia y no en el de preocupación. Eso no quiere decir que no tengan en cuenta el círculo de preocupación. Al contrario, tener conciencia de él me indica lo que es importante y esencial en mi vida. Pero una vez hecho esto, si soy pro-activo centraré mis esfuerzos en buscar aquello que yo puedo hacer para mejorar o favorecer eso que me toca vivir y me olvidaré de aquello que está fuera de mi alcance. Es lo contrario de ser una persona reactiva. (Estímulo y reacción)

Lo más potente de este enfoque es que, entro en una dinámica de “círculo virtuoso” y abandono el “círculo vicioso” de la queja y el resentimiento. Cuando yo decido dejar de gastar energía en quejarme y en sentir la lástima de mi mismo por lo que me está ocurriendo y me centro en aquello que yo podría hacer, lo que consigo es aumentar el círculo de influencia a costa del de preocupación. Es decir, que cosas sobre las que antes, aparentemente, no tenía capacidad de influir ahora descubro sí puedo actuar, lo que me permite transformar aquello que me ha sucedido y que no me satisface. Este tipo de personas crean su propio futuro.

Ampliar el círculo de influencia: ¿cómo se hace?

Yo creo que es alentador saber que mi actitud ante las circunstancias puede llevarme a hacer cosas que transformen mi realidad insatisfactoria y que me aleja de la pasividad que provoca la queja y el resentimiento. Ahora bien, saberlo o entenderlo a nivel intelectual, aunque es necesario, muchas veces no es suficiente. Por mucho que me digan, o que me diga, “hay que cambiar de actitud“, muchas veces soy incapaz de ver nada que pueda hacer para que cambie mi situación.

En mi opinión, esto ocurre porque estoy buscando soluciones en el mismo lugar que se han creado (¿Dónde buscas las soluciones a tus problemas?). Buscar en otro sitio implica que hay algo que tiene que cambiar en mi para que pueda mirar con otros ojos lo que me está pasando y eso supone un proceso ¿Quieres saber cual es?

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¡Me haces enfadar! 2ª parte: Cómo transformar la ira.

En el último artículo “Tú me haces enfadar: cuidado con las relaciones causa-efecto” expliqué la diferencia entre causa y estímulo, una distinción que resulta clave para poder gestionar las emociones. Al final del artículo prometí que en la siguiente entrada pondría algún ejemplo para ilustrar el proceso que te permitiría poder elegir tu respuesta cuando te enfadaras con alguien. Así que, primero expondré una situación y luego volveré a reproducir la misma situación pero esta vez aplicando los pasos del proceso para transformar la ira, para puedas ver la diferencia. ¡Vamos allá!

La situación es la siguiente:

Hoy tengo una reunión a primera hora de la mañana. Para llegar a tiempo tengo que levantarme especialmente temprano y la verdad es que, a parte del esfuerzo que ello me supone, no puedo despedirme de mi familia y eso no me gusta nada. Pues bien, como hay reunión me levanto temprano y al salir para ir a buscar el tren me encuentro unas obras que me retrasan. Después de mucho correr consigo pillar el tren que quería. ¡Menos mal! Llego al trabajo acalorado justo a la hora de comienzo de la reunión. Entro en la sala de reuniones y no hay nadie. Entonces pregunto por Miguel, el que convocó la reunión.

– ¿Donde está Miguel? Hoy teníamos reunión.

– No creo que haya reunión porque Miguel está de viaje. 

-¿Cómo dices? 

Entonces exploté de rabia gritando:

– ¡ Es que no hay derecho. Qué falta de respeto. Anulan una reunión y ni avisan. La gente no piensa en los demás ! 

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¡Tú me haces enfadar! Ten cuidado con las relaciones causa efecto

El post de hoy voy a hablar sobre las relaciones causa-efecto. Quizás sea algo poco claro así que voy a tratar de explicarme lo mejor posible. Para ello voy a empezar poniendo algunos ejemplos que ilustren lo que son para mi.

1- Como en exceso. Me engordo. La causa que me engorde es comer en exceso.
2- Me insultas. Me enfado. La causa de mi enfado es tu insulto.
3- Estoy triste. Como chocolate. Ya no estoy triste. La causa que ya no esté triste es comer chocolate.
4- Haces algo que no me gusta. Me siento infeliz. La causa de mi infelicidad eres tú.

¿Sigo?

Creo que no hace falta. El mecanismo para hacer estos razonamientos causa-efecto es que hay cosas que pasan unas después de otras y que nos hacen deducir que las primeras son la causa de las segundas. La verdad es que viendo estos ejemplos está claro que lo primero alguna cosa tiene que ver (o mucho) para que se desencadene lo segundo. Ahora bien, cuando decimos que lo primero es la causa de lo segundo no dejamos ningún resquicio a la posibilidad que no se produzca lo segundo cuando pasa lo primero. Aquí es cuando digo que hay que tener mucho cuidado. Y cuando digo mucho, es mucho. Como decía Jack el Destripador, vayamos por partes ( ;-)) y analicemos algunos de los ejemplos que he puesto.

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Dos mapas, una realidad: cómo afrontar los conflictos.

Esta semana he visto en un programa de televisión algo que me ha llamado la atención y que quiero compartir contigo. El programa trataba sobre una persona que hacía una visita a un compañero periodista que estaba de corresponsal en Jerusalén. Durante el programa le acompaña por diferentes lugares conflictivos. Finalmente le lleva al lugar donde prepara sus crónicas. Se trata de un edificio compartido por otros colegas periodistas y al final llegan al lugar donde trabaja. Entonces hubo algo que me llamó la atención: le enseñó dos mapas de la zona y dijo.

– Mira, aquí tienes dos mapas. Uno es el hecho por los Israelíes y el otro por los Palestinos. Corresponden al mismo lugar pero lo explican de forma diferente. Cuando me tengo que mover siempre consulto los dos mapas y así dispongo de más información y voy más seguro.

Lo explica como algo sorprendente. Supongo que nosotros estamos acostumbrados a que a un territorio le corresponde un mapa. Sin embargo, en ese lugar tan conflictivo, un mismo territorio tenía dos representaciones bastante diferentes.

A mi me parece que la estrategia de aceptar los dos mapas como descripciones de la realidad y no descartar ninguno de ellos por incompleto o por falso es muy práctico. Suma la información que le aportan los dos mapas y así tiene una visión más completa de lo que puede encontrarse cuando se desplace a la zona, especialmente teniendo en cuenta que se trata de una zona en conflicto y hay que estar preparado.

A estas alturas puede que te estés preguntando qué tiene que ver esto de los dos mapas con la gestión de conflictos. Permíteme que te lo explique.

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¿Porqué nos resulta tan difícil pedir? Cómo hacerlo con eficacia

En algun otro artículo te he hablado sobre cómo hacer peticiones como uno de los 4 pasos de la Comunicación Noviolenta (CNV). Como recuerdas, primero se trata de hacer la observación sobre algo que ocurre, dejando momentáneamente a un lado los juicios sobre los hechos. El segundo paso era encontrar que es lo que sientes cuando ocurren los hechos descritos. En el paso tercero identificamos lo que sentimos como un indicador de necesidades no satisfechas (sentimientos desagradables) de las satisfechas (sentimientos agradables). Ahora llegamos al último paso: el de la petición. Pides a alguien alguna cosa que te ayude a satisfacer esa necesidad. Por lo tanto, situar la petición como el último paso me parece muy lógico, ¿no crees?. Entonces, ¿porqué no pedimos cosas que puedan enriquecer nuestras vidas?

Aquello que dificulta el pedir: ¿Qué te pasa cuando pides?

Una primera dificultad tiene que ver con lo que te decía referente a lógica de pedir después de saber qué es lo que necesitas. Puede ocurrir que estés acostumbrado a que los demás adivinen lo que necesitas antes incluso de que tu mismo lo sepas. Así que cuando no aciertan, te enfadas y piensas cosas como: ¡debería tratarme mejor! ¡No hay derecho! ¡Es que hay que explicárselo todo! Entonces te propongo que te hagas las siguientes preguntas: ¿Cómo sería para mi el que me traten mejor? ¿Qué se supone que es lo que debería haber hecho la otra persona? ¿Cómo podía saber el otro lo que yo necesito? y quizás descubras que estás esperando, o más bien, exigiendo que los demás adivinen lo que necesitas. Pedir cuando ni tu mismo sabes muy bien lo que necesitas tiene muchas posibilidades de no funcionar y descargas la responsabilidad sobre algo tuyo en los demás. Así que es mejor aclararse antes de pedir.

Otra posible dificultad tiene que ver con que pedir supone reconocer delante de otra persona que algo nos falta o que no sabemos alguna cosa. Quizás te asalten preguntas como “Si le pido esto ¿qué pensará de mi? Si le pregunto eso ¿pensará que soy tonto?”. Pedir o preguntar muestra que somos vulnerables, que somos personas de carne y hueso y que ni lo sabemos todo ni lo podemos todo. Reconocerlo puede resultar difícil porque confundimos ser vulnerables con ser débiles. Aquí tienes un enlace a Ser vulnerable no es lo mismo que ser débil que trata precisamente de esta distinción.

También pudiera ser que no pidas porque tienes miedo a que te digan que no. Cuando alguien te dice no, ¿a qué están diciendo que no? Fíjate bien que te digo a qué y no a quien, porque  precisamente aquí está la clave del asunto. En ocasiones confundimos un no a alguna cosa como un no a la persona y la diferencia es sustancial. Una manera de no perderte en esta confusión es tener en cuenta que cuando alguien dice que no a algo está diciendo que si a alguna otra cosa. Si tratas de averiguar a qué está diciendo que sí con esa negativa evitarás este malentendido que dificulta hacer peticiones. Aquí te dejo enlaces a los artículos Saber decir no y Sé egoísta, por favor que están relacionados precisamente con esto.

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4 pasos para superar una dificultad: 2ª parte

En el ultimo articulo 4 pasos para superar una dificultad te prometí aplicar el método para la resolución de una dificultad. Pues tal como te dije, este artículo va a tratar de ello. El ejemplo que he escogido es una dificultad personal. La situación de dificultad es la siguiente: me molesta mucho que hable a una persona y no me conteste. El problema es que la situación me supera y entro en una dinámica de pelea que lejos de arreglar la situación, la empeora. La situación es repetitiva y olvidarlo tampoco lo soluciona porque crea Resentimiento.

Antes de empezar te quiero recordar brevemente cuales son los 4 pasos del método y a continuación los aplicaré.

1.- observaciones. Describir los hechos separándolos de los juicios y opiniones.

2.- juicios y sentimientos. Lo que pienso y siento respecto a los hechos. Es lo que decíamos que nos pasa “piel hacia adentro”.

3.- Transformar los juicios en necesidades.

4.- Petición

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