Ser vulnerable no es lo mismo que ser débil, ¿porqué?

Archivo:Superman Herido.pngHoy quiero empezar con un acertijo. Me gustaría que me contestaras a lo siguiente:

¿Qué es lo que tenemos en común los seres humanos?

Venga, te dejo un tiempo para que lo pienses … ¿lo tienes ya? …. puedes buscar por internet a ver qué encuentras… ¿Has encontrado una respuesta que te satisfaga? … Si es así, estaré encantado que me dejes un comentario en el blog para compartirla con todo el mundo, y si no la tienes, o lo que has encontrado no te satisface te puedo dar mi respuesta.

Mi respuesta a esta pregunta es…..

… lo que tenemos en común los seres humanos es….

….

Lo que tenemos los seres humanos en común es que somos humanos.

Estoy casi seguro que estás pensando que te estoy tomando el pelo o que me estoy burlando de ti, pero no es así. De hecho me gustaría que pensáramos juntos que es lo que quiero decir con esta obviedad. Mi respuesta quiere llevarte a que pensemos qué es lo que hace que seamos humanos. Quizá me puedas responder que los humanos somos animales racionales, así que lo que tenemos en común es nuestra inteligencia.

Si es así, acepto tu respuesta, aunque yo tengo una propuesta diferente. Yo creo que lo que tenemos en común es que los seres humanos somos vulnerables y lo que nos hace vulnerables es que tenemos necesidades.

Cuando digo necesidades me refiero a las necesidades universales tal y como se entienden en la CNV (Comunicación NoViolenta). Las necesidades es aquello que es indispensable en nuestra vida y que engloba las necesidades vitales (respirar, comer, beber, domir, evacuar), nuestras necesidades de seguridad material y afectiva y las necesidades de desarrollo como pueden ser la de contrubuir a la vida, necedidad de dar sentido.

Efectivamente todos los seres humanos compartimos necesidades como la empatía, el respeto, la sinceridad, la belleza, la igualdad, la consciencia, la espiritualidad… Que todos tengamos las mismas necesidades no significa que todos tengamos las mismas necesidades en el mismo momento, sin embargo, sí que podemos vibrar cuando reconocemos una necesidad en otro ser humano. Que tengamos necesidades es lo que nos hace vulnerables y por lo tanto, humanos. Creo que podrás reconocer la belleza de necesidades como el amor, la belleza, la libertad, la espiritualidad, la empatía,… y también creo que es fácil de entender que cuando nos faltan, entonces sufrimos.

Por ejemplo, si hay algo que encuentro profundamente repulsivo, seguramente será porque me está faltando algo que yo valoro también profundamente: la belleza. Al reconocer y aceptar que lo repulsivo me afecta, que soy vulnerable a eso, también reconozco la importancia que tiene para mi la belleza. Lo repulsivo me permite darme cuenta que la belleza es importante, lo cual me conecta con mi humanidad y con la vida.

En resumen, reconocer que somos vulnerables nos permite abrirnos al dolor que sentimos cuando tenemos necesidades que nos están faltando. Permitirnos sentir el dolor y aceptarlo de forma incondicional abre la puerta a reconocer necesidades que son muy bellas y valiosas, lo cual nos conecta con la vida. Hacer esto, más que una muestra de debilidad, es para mi una verdadera muestra de valentía. Además, saber qué nos está faltando, puede llevarnos a emprender acciones para tomar responsabilidad de nuestras vidas de una forma mucho más consciente y eficaz.

!Buen viaje!

¿Porqué me cuesta dejarme ayudar? Cuidarse para cuidar

File:World War One; soldier looked after by nurses Wellcome L0009333.jpg

World War One; soldier looked after by nurses

No sé si a ti te pasa lo mismo que a mi, pero a mi me cuesta dejarme ayudar. Si me cuesta debe haber algo muy valioso en esta actitud. Así que, si quieres que investiguemos juntos esto, te propongo que me acompañes, ¿te apetece?

En este asunto de dejarse ayudar hay un primera cosa que a mi me parece clave: la generosidad. Mi tendencia a etiquetar las cosas y las personas me lleva a clasificar las acciones y las personas como generosas o no generosas. Siguiendo esta “querencia”(como se diría en el mundo taurino) de continuar con las etiquetas, ser generoso está muy bien visto. Finalmente esto me lleva a que ser generoso está bien y no serlo está mal (más etiquetas…) Ahora que ya tengo el mundo bien clasificado entre los generosos y los no generosos, entre la conducta correcta y la incorrecta, todo me resulta mucho más fácil. Al menos aparentemente, porque me temo que las cosas no son tan simples como a mi me gustaría. Me explico.

¿Qué es lo que me pasa cuando hago un gesto generoso? Pues que me siento muy bien (siempre que sea un acto voluntario). La satisfacción que produce un acto generoso es enorme. ¿Podría eso significar que hago actos generosos porque eso me produce placer? Algo de cierto puede haber. Si eso es así, entonces un acto generoso se convierte al mismo tiempo en un acto egoísta porque busca mi satisfacción. ¿Tiene eso sentido?

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¿Porqué me cuesta dejarme ayudar? Cuidarse para cuidar

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World War One; soldier looked after by nurses

No sé si a ti te pasa lo mismo que a mi, pero a mi me cuesta dejarme ayudar. Si me cuesta debe haber algo muy valioso en esta actitud. Así que, si quieres que investiguemos juntos esto, te propongo que me acompañes, ¿te apetece?

En este asunto de dejarse ayudar hay un primera cosa que a mi me parece clave: la generosidad. Mi tendencia a etiquetar las cosas y las personas me lleva a clasificar las acciones y las personas como generosas o no generosas. Siguiendo esta “querencia”(como se diría en el mundo taurino) de continuar con las etiquetas, ser generoso está muy bien visto. Finalmente esto me lleva a que ser generoso está bien y no serlo está mal (más etiquetas…) Ahora que ya tengo el mundo bien clasificado entre los generosos y los no generosos, entre la conducta correcta y la incorrecta, todo me resulta mucho más fácil. Al menos aparentemente, porque me temo que las cosas no son tan simples como a mi me gustaría. Me explico.

¿Qué es lo que me pasa cuando hago un gesto generoso? Pues que me siento muy bien (siempre que sea un acto voluntario). La satisfacción que produce un acto generoso es enorme. ¿Podría eso significar que hago actos generosos porque eso me produce placer? Algo de cierto puede haber. Si eso es así, entonces un acto generoso se convierte al mismo tiempo en un acto egoísta porque busca mi satisfacción. ¿Tiene eso sentido?

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El miedo: de enemigo a aliado.

Estas vacaciones de verano mi familia y yo hemos ido de vacaciones con unos amigos. En una de la excursiones tomamos un teleférico hasta prácticamente la cota 3000 m. de una montaña de las Dolomitas, en Italia. Había bastante nieve y aunque no íbamos especialmente preparados para ello, decidimos subir por una ladera completamente nevada. La pendiente era suavemente pronunciada. Mientras ascendía, iba girando la vista hacia el camino recorrido. Observar toda esa pendiente me producía miedo. Me imaginaba que, en caso que resbalase no podría pararme y el final de esa pendiente no alcanzaba mi vista. Así que eso podría ser fatal para mi. Así que decidí no mirar muchas más veces: mejor subir sin mirar atrás.

La ascensión la hice acompañado de mi amigo y sus dos hijos, hasta que llegamos a un punto en el que decidimos parar. Nos hicimos unas fotos. El paisaje era espectacular y la vista de la bajada era impresionante. Entonces los hijos de mi amigo dijeron que iban a bajar corriendo. A mi me pareció una locura. Con semejante pendiente, ¿bajar corriendo? ¿Y si se caen? Pero no dije nada. Su padre estaba allí y él le pareció bien. Entonces empezaron a descender.

¡Cómo bajaban! Iban corriendo y saltando, clavando los pies en la nieve y, de vez en cuando, en vez de saltar, se deslizaban por la superficie de la nieve. Era espectacular y parecía muy divertido. Luego bajó mi amigo de la misma forma. Yo me quedé arriba mirando. Desde abajo me animaban a hacer lo mismo.

Yo tenía miedo. Sin embargo, ¿donde estaba el peligro que había imaginado? Efectivamente hacía mucha pendiente pero, si ocurría una caída el riesgo de bajar rodando de forma descontrolada era prácticamente nulo. Y por otra parte, lo que vi, ¡¡parecía tan divertido !! Así que pensé: me tiro. Y empecé la bajada corriendo y saltando. Mientras bajaba me daba cuenta que era seguro ¡y divertido! así que también probé de deslizarme por la superficie de la nieve. No era tan hábil como ellos pero en algunos breves momentos notaba la sensación de deslizarme sobre la nieve. ¡Qué sensación tan completa! Hasta que llegué al lugar de partida y comentamos juntos lo divertida que había sido la bajada.

Te explico esta anécdota para que pensemos juntos sobre el miedo. Lo que me ocurrió fue que me enfrenté a una situación que yo evalué como peligrosa. Mi miedo me decía: cuidado, eso que quieres hacer te pone en riesgo. No lo hagas. Luego, vi cómo otras personas hacían eso que yo temía de una forma totalmente segura, y además, se lo pasaban bien. Además esa actividad requería unas condiciones físicas y unas habilidades que yo juzgué que tenía. Así que mi evaluación del riesgo fue exagerada.

Ahora quisiera detenerme en el momento justo antes de lanzarme. Por un lado me daba cuenta que eso no era tan arriesgado y que estaba a mi alcance hacerlo. Sin embargo mi corazón no parecía muy convencido con esos argumentos y seguía latiendo con fuerza. Y me lancé. ¿Qué me impulsó a hacerlo? A primera vista parece que fueron los argumentos racionales de que no había tanto peligro. ¿Tu crees que fue eso?

Pues no, o al menos, en mi caso creo que no fue eso lo que más pesó. Desde luego que evaluar que eso tenía un riesgo mínimo es una condición necesaria, pero ese pensamiento no fue suficiente para vencer el miedo. Dar el salto supone un cambio abrupto: estoy en un sitio y en el instante siguiente, ya estoy bajando. Para vencer esa barrera debe haber algo poderoso, y creo que tiene que ver con algo emocional, más que racional, porque la evaluación de los riegos ya estaba hecha: “sólo” había que saltar. Vivía una lucha entre una fuerza que me retenía, el miedo, y otra que me movía a lanzarme: el anhelo de diversión y libertad. Cuando esa sensación fue más poderosa que la del miedo, entonces pude saltar.

3 pasos para abordar un cambio

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Necesito controlar.

La necesidad de control es un tema recurrente, tanto en el ámbito de las organizaciones como a nivel personal. La primera pregunta que me viene es ¿para qué controlo? porque estoy seguro que, si quiero controlar, necesariamente hay algo valioso en ello. Por otra parte, la necesidad de control tiene efectos no deseados, lo cual nos lleva muchas veces al dilema sobre si hay que controlar o es mejor dejarse llevar. Así que, en este artículo vamos a ver en qué consiste el control, para qué lo hacemos y cuáles son sus efectos secundarios. Finalmente trataremos de encontrar estrategias que nos aporten los beneficios del control evitando sus inconvenientes. ¿Me acompañas?

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¿Porqué nos resulta tan difícil pedir? Cómo hacerlo con eficacia

En algun otro artículo te he hablado sobre cómo hacer peticiones como uno de los 4 pasos de la Comunicación Noviolenta (CNV). Como recuerdas, primero se trata de hacer la observación sobre algo que ocurre, dejando momentáneamente a un lado los juicios sobre los hechos. El segundo paso era encontrar que es lo que sientes cuando ocurren los hechos descritos. En el paso tercero identificamos lo que sentimos como un indicador de necesidades no satisfechas (sentimientos desagradables) de las satisfechas (sentimientos agradables). Ahora llegamos al último paso: el de la petición. Pides a alguien alguna cosa que te ayude a satisfacer esa necesidad. Por lo tanto, situar la petición como el último paso me parece muy lógico, ¿no crees?. Entonces, ¿porqué no pedimos cosas que puedan enriquecer nuestras vidas?

Aquello que dificulta el pedir: ¿Qué te pasa cuando pides?

Una primera dificultad tiene que ver con lo que te decía referente a lógica de pedir después de saber qué es lo que necesitas. Puede ocurrir que estés acostumbrado a que los demás adivinen lo que necesitas antes incluso de que tu mismo lo sepas. Así que cuando no aciertan, te enfadas y piensas cosas como: ¡debería tratarme mejor! ¡No hay derecho! ¡Es que hay que explicárselo todo! Entonces te propongo que te hagas las siguientes preguntas: ¿Cómo sería para mi el que me traten mejor? ¿Qué se supone que es lo que debería haber hecho la otra persona? ¿Cómo podía saber el otro lo que yo necesito? y quizás descubras que estás esperando, o más bien, exigiendo que los demás adivinen lo que necesitas. Pedir cuando ni tu mismo sabes muy bien lo que necesitas tiene muchas posibilidades de no funcionar y descargas la responsabilidad sobre algo tuyo en los demás. Así que es mejor aclararse antes de pedir.

Otra posible dificultad tiene que ver con que pedir supone reconocer delante de otra persona que algo nos falta o que no sabemos alguna cosa. Quizás te asalten preguntas como “Si le pido esto ¿qué pensará de mi? Si le pregunto eso ¿pensará que soy tonto?”. Pedir o preguntar muestra que somos vulnerables, que somos personas de carne y hueso y que ni lo sabemos todo ni lo podemos todo. Reconocerlo puede resultar difícil porque confundimos ser vulnerables con ser débiles. Aquí tienes un enlace a Ser vulnerable no es lo mismo que ser débil que trata precisamente de esta distinción.

También pudiera ser que no pidas porque tienes miedo a que te digan que no. Cuando alguien te dice no, ¿a qué están diciendo que no? Fíjate bien que te digo a qué y no a quien, porque  precisamente aquí está la clave del asunto. En ocasiones confundimos un no a alguna cosa como un no a la persona y la diferencia es sustancial. Una manera de no perderte en esta confusión es tener en cuenta que cuando alguien dice que no a algo está diciendo que si a alguna otra cosa. Si tratas de averiguar a qué está diciendo que sí con esa negativa evitarás este malentendido que dificulta hacer peticiones. Aquí te dejo enlaces a los artículos Saber decir no y Sé egoísta, por favor que están relacionados precisamente con esto.

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¿Cómo te proteges de un entorno inseguro?. Un breve relato.

No podemos negar que las circunstancias actuales son de todo menos seguras. Pasamos por tiempos de incertidumbre. ¿Cómo haces haces frente a ello? Para hablarte de esto he escrito este breve relato. ¿Te apetece leerlo? (tiempo de lectura aproximado 3 min.)

Había una vez un pueblo que vivía en la pradera. Habían sobrevivido a toda clase de circunstancias adversas por lo que estaban acostumbrados a hacer frente a las dificultades con eficacia. Hasta que un día sufrieron el saqueo de un pueblo nómada.

Después de un cierto tiempo, cuando se habían recuperado, se sentaron a parlamentar sobre lo que les había sucedido, como siempre hacían cuando ocurrían circunstancias importantes en la comunidad. En la asamblea un miembro del consejo propuso construir una muralla que les protegiera de los invasiones de pueblos invasores. La idea fue ampliamente aceptada y se pusieron manos a la obra.

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Max y su sombra

El post de hoy va a tratar de un libro. Se trata de Max y su sombra de Jose Luis Regojo. Es un pequeño cuento ilustrado por Laura Borràs. Bueno, en realidad es pequeño en extensión pero enorme en contenido.

Es un cuento para pequeños, porque entretiene, pero sobretodo es una metáfora profunda y delicada acerca de un tema que no es nada fácil de tratar: la muerte y específicamente el suicidio. En una sociedad líquida (ver nota a pie de página), en la que las personas tratan de vivir de una forma superficial, donde se trata de huir de lo incómodo, es una gran noticia poder ver que hay quien puede tratar este tema con esta naturalidad y delicadeza.

En nuestro afán de proteger a nuestros hijos muchas veces tratamos de evitar que sean testigos de cosas desagradables como la muerte. Cuando mis hijas eran pequeñas nos habían acompañado en algún funeral. Al verlo, algunas personas extrañadas nos preguntaban ¿lleváis a las niñas a una cosa como esta? Mi pregunta es, ¿de qué queremos proteger a nuestros hijos? ¿de qué sirve que no vean el sufrimiento que conlleva la vida? ¿Acaso las cosas tristes no son tan reales como las alegres? ¿Podría existir la alegría sin la tristeza? ¿Podría haber vida sin la muerte?

Tratar de huir de eso es como tratar de escapar de nuestra sombra. La vida y la muerte, la luz y su sombra son las dos caras de una misma hoja. Es imposible separarlas. Así, en el relato de José Luis Regojo lo que hace Max es hacerse amigo de su sombra.

-Estoy cansada de caminar tanto y tengo un poco de frío – respondió la sombra-. ¿Podemos volver?

– ¡De acuerdo! Acércate a mi, no tengas miedo – le dijo Max-. ¿Porqué la gente te tiene tanto miedo? – le dijo esbozando una sonrisa cálida-. Incluso tienes frío, síntoma que tienes corazón: no se puede tener frío si no se tiene corazón.

El tratar de escapar de algo real pero que no nos gusta (link ->Estrategias para evitar el dolor) me conecta con el tema de las emociones. Son desconocidas porque nadie nos ha hablado de ellas y es natural tener miedo a aquello que no conocemos. Pero ignorarlas no sirve de nada porque siguen estando allí. Todos sabemos que tienen un papel fundamental en nuestras vidas pero preferimos engañarnos diciéndonos que no son tan importantes y que no nos influyen para nada.

Si somos capaces de acercamos a las emociones aceptándolas, sin juzgarlas, sólo entonces, pasará como con la sombra de Max, que tendrán la confianza de abrirse a nosotros para explicarnos que persiguen algo que es muy importante para nosotros. Los sentimientos que llamamos “desagradables”  (link -> listado de sentimientos) nos quieren avisar que hay necesidades universales (link -> listado de necesidades) que valoramos mucho y que no se están satisfaciendo. Es su manera de decirnos que hagamos algo con lo que nos está pasando, pero hay que saber escucharlas.  Si no lo hacemos, gritarán más y más hasta que decidamos escucharlas. (link ->Las emociones no se pueden controlar pero sí gestionar)

 

Por otra parte, hay otro gran tema tratado en el cuento que es el de la importancia del silencio. En otro momento Max tiene la siguiente conversación con su sombra:

 – ¿Hoy qué haremos?

– Te enseñaré a pintar con tinta china. – le dijo Max-. Mira, lo importante es el silencio al girar la barra de tinta sobre el tintero para que se diluya con el agua. Observa los espacios y no tanto los trazos. Lo importante son los vacíos … como tus silencios ¿Verdad que me entiendes?

La sombra no contestó. No hacía falta. Le resbaló una lágrima.

¿Porqué son tan importantes los silencios? Porque los silencios es el lugar donde todo es posible. Son como una semilla infinita: potencialidad pura. Los silencios dan espacio. Los silencios permiten que las cosas puedan pasar. Los silencios hablan por sí mismos porque dejan espacio a la reflexión, o simplemente a sentir la presencia del otro en una conversación. Eso puede ser mucho más potente e intenso que mil millones de palabras. Todos conocemos lo que puede transmitir una mirada, un gesto, una caricia ….

Por todo esto y más cosas que vosotros descubriréis si leéis el cuento no puedo hacer otra cosa que recomendaros la lectura de Max y su sombra. Un libro para saborearlo con calma. Un libro para leer a un niño, y que os permitirá continuar disfrutando de vuestra mutua compañía con una conversación llena de silencios sugerentes y enriquecedores … para los dos. Un libro para leeros a vosotros mismos y que espero que os alimente el alma tanto o más que a mí.

Aquí tenéis algunas ilustraciones:

¡Buen Viaje!

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 Podéis encontrar el libro en Amazon

Modernidad líquida: EL sociólogo Zygmunt Bauman es el autor del concepto «modernidad líquida» para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos. Lo que antes eran nexos potentes ahora se han convertido en lazos provisionales y frágiles.

Ser vulnerable no es lo mismo que ser débil

¿Qué es ser vulnerable?  Según el diccionario de la Real Academia es la “capacidad de ser herido física o moralmente”. Uf, con esta definición, ¿quién se atreve a ser vulnerable? ¿Qué posibles ventajas tendría admitir ser vulnerable? Lo que podemos ver primero es cuales son las desventajas de no mostrarnos vulnerables y para eso pongamos ejemplos que lo puedan ilustrar.

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