En general acostumbramos a etiquetar a las personas. Decimos que una determinada persona es fiable, o bien, egoísta, amable, interesada,…. es algo inevitable. Veamos porqué y cuáles pueden ser las consecuencias.
Podríamos pensar que las etiquetas que «colgamos» a las personas son sólo fruto de nuestras experiencias. Por ejemplo, si alguien te ha engañado varias veces, lo lógico es que acabes pensando de él que es de poco fiar. Es decir, que las etiquetas surgen después de tener unas experiencias. Sin embargo os quisiera plantear la siguiente situación: suponed que os acaban de presentar a alguien. ¿Te atreverías a decirme que no le pones algún tipo de etiqueta casi en el mismo momento en que te lo están presentando? Siempre hay una primera impresión. En este caso, no hemos podido tener las experiencias suficientes como para formarnos una opinión fundamentada. Pero eso no evita que lo hagamos.