Una forma de responder a los gritos: practicando el “aikido emocional”

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Ō-Sensei Morihei Ueshiba, maestro fundador del Aikido

Todas las personas tienen todo el derecho del mundo a ser como son y a comportarse como se comportan, independientemente que a mi me guste más o menos o me perjudique en mayor o menor forma. Por otra parte, yo también tengo todo el derecho del mundo a comportarme de la forma que a mi me parezca más adecuada teniendo en cuenta mis necesidades y mis valores.

Teniendo en cuenta esto, cuando alguien actúa de una forma que no me satisface y opto por quedarme y afrontar la situación, se me ocurre que puedo actuar de dos formas. Una, de forma reactiva, y la otra proactiva. ¿Te interesaría saber en qué consiste cada una y cual podría ser la mejor para ti? Si tu respuesta es afirmativa te recomiendo que continúes leyendo.

1.- La respuesta reactiva / vengativa

Esta respuesta se produce cuando pienso que el otro es el causante de cómo me siento. Desde este paradigma, no sólo debo defenderme, sino que es justo que castigue a la otra parte por haber causado mi falta de bienestar. Digo que es una respuesta reactiva en el sentido que es una respuesta automática a una causa exterior: la otra parte me hace daño y, en consecuencia, yo respondo a ese ataque con otro ataque o con un castigo. La creatividad a la hora de castigar es infinita, y también cada persona tiene un estilo particular de castigar a los demás. También sostengo que el castigo es un mecanismo reactivo porque simplemente reacciono al estímulo que he recibido.

Esta forma de actuar tiene algunos inconvenientes. Primero, al ser una acción reactiva, no es una acción libre porque simplemente respondo a un estímulo. Esto me hace pensar que este tipo de respuesta es poco eficaz porque no surge de la elección de una mejor opción de entre varias posibles. Simplemente es una acción reactiva y por ello limitada. En cierto modo somos esclavos o víctimas de la acción del otro.

Por otra parte, la acción reactiva tiene otro inconveniente: produce el mismo efecto en la otra otra parte. Me explico. Si yo, movido por la rabia, respondo a una acción en forma vengativa y de castigo, es muy probable que yo obtenga el mismo tipo de respuesta y entramos en un ciclo de destrucción mútua muy difícil de parar.

Para acabar, me gustaría comentarte un último inconveniente. Cuando utilizo esta forma de actuar no doy oportunidad que se repare el daño que me han causado y la relación queda dañada sin posibilidad de restablecerse.

Son consecuencias que hay que tener muy en cuenta porque las personas somos seres relacionales. Tener conflictos es algo normal y en determinadas ocasiones, es incluso necesario. Sin embargo, si tras el conflicto la relación queda dañada definitivamente entonces esto se convierte en un problema importante. Veamos cual podría ser una alternativa a esta forma de comportamiento.

2.- La respuesta proactica: el “aikido emocional”

Quizás sea presuntuoso por mi parte hablar de la respuesta de un aikidoka cuando yo sólo he practicado este arte marcial durante un año. A pesar de esto, me he atrevido a hacer esta comparación porque hay algo que pude experimentar durante mi breve práctica que me sirve para explicar lo quiero compartir contigo.

Cuando alguien te ataca, la forma más efectiva no consiste en responder con otro ataque con la intención de aniquilar o de derrotarlo sino que los más práctico consiste en neutralizar el ataque, cuidando del agresor. Para ello hay una componente técnica, que permite conseguir este efecto, y una componente mental, que permite aceptar la actitud del que nos quiere atacar. Que acepte la actitud del agresor no significa que no me proteja, por el contrario, la prioridad es tener cuidado de mi seguridad. Lo que ocurre es que aceptando la actitud de mi oponente, me da una serenidad que me permite neutralizarlo sin necesidad de aniquilarlo ni dañarlo. ¿Cómo podemos conseguir esta calma mental cuando pensamos que alguien nos está atacando emocionalmente?

En primer lugar, tener la certeza que esta actitud proactiva va a contribuir a protegerme de forma eficaz. En segundo lugar, aceptar sin juzgar, la actitud que me está perjudicando porque, si empiezo a pensar que eso no es justificable ni razonable, entonces ya entro en el terreno de los juicios y de lo que merece castigo, y entonces mi respuesta se vuelve reactiva, que es lo que quería evitar. Los juicios me encadenan al otro y hacen mi respuesta reactiva y vengativa. En cambio aceptar el hecho implica que también digo sí a la emoción que provoca en mi esa actitud de la otra persona, por muy desagradable que sea. Si es miedo, acepto que hay miedo, si es rabia, acepto que hay rabia. Se trata de estar tranquilo con mi falta de tranquilidad. Esta actitud de aceptación, que no es lo mismo que rendirse, me permite una respuesta mucho más eficaz.

Así que, cuando percibo y noto el ataque no me enfrento, sino que lo dejo pasar. Ahora bien ¿cómo me neutralizo el ataque? Pues de la misma forma que acepto su forma de actuar, también acepto mi derecho actuar desde mis necesidades y valores. Pero fíjate que el matiz es muy diferente porque, mis valores y necesidades no es que sean mejores ni más legítimos que los del otro, sino que simplemente, los hago valer haciendo peticiones desde lo que es necesario y valioso para mi y no desde lo que debe o no debe hacer el otro. Permíteme que lo explique con un ejemplo.

La respuesta a alguien que me grita

Supongamos que alguien me grita y pienso que eso está mal y que no debe hacerlo. Cuando me ocurre esto siento rabia y entonces ya caigo en el paradigma de la acción reactiva. Así que ante un grito mi respuesta sería gritar más fuerte t coin más violencia. Y ante eso, la otra parte podría continuar gritando más y más. ¿Te suena de algo esta situación?

La respuesta del aikidoka emocional es la de aceptar que el otro se comunica conmigo de la forma en que lo está haciendo, y también aceptar como legítima la sensación de miedo o de lo que sea, que ese grito produce en mi. La respuesta a ese ataque emocional, es dejarlo pasar, reconociendo mi emoción como legítima. Luego se trataría de neutralizar ese ataque, expresando mis sentimientos, necesidades y valores que me están faltando con ese comportamiento. Por ejemplo, después de gritarme podría sentirme totalmente desbordado por la emoción, así que podría responderle:

– Veo que estás muy enfadado y al mismo tiempo, eso también me altera mucho y lo que necesito ahora mismo es tranquilad. Así que prefiero retirarme hasta que tu y yo estemos más calmados y podamos hablar con más tranquilidad. ¿Qué te parece?

Si respondiera otra vez con más gritos, podría decirle.

– Tu respuesta me altera todavía más y sigo necesitando tranquilidad, así que me voy. Mañana te veo para encontrar otra forma de continuar esta conversación. Adiós.

Como ves, la respuesta es eficaz porque tiene como objetivo protegerme y hacer valer mi necesidad de tranquilidad y seguridad, al mismo tiempo que es respetuosa con la actitud de la otra persona. No responde a la violencia con más violencia, ni a los gritos con más gritos, ni exige que el otro actúe de una forma diferente. Es una respuesta que sirve para protegerme, por lo tanto es eficaz, al mismo tiempo que estoy siendo respetuoso con la respuesta de la otra persona.

Actuando desde la aceptación incondicional de mi persona y del otro y teniendo en cuenta mis valores y necesidades, puedo encuentrar nuevas posibilidades que salen de la mera respuesta reactiva, porque es una acción que viene desde la aceptación.

¡Buen viaje!

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

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