El miedo y las decisiones.

¿Hay alguien que tenga miedo a algo o a alguien? O mejor, ¿hay alguien que NO tenga miedo a nada? Si sois como el personaje del cuento Juan sin Miedo, no creo que os sea útil continuar, pero si no es vuestro caso, en este artículo podéis encontrar alguna herramienta para manejarlo, especialmente si es un miedo a hacer algo o a tomar una decisión.

La buena pregunta quizás no sea si sentimos miedo sino si ese miedo nos paraliza o nos impide hacer algo que consideramos importante para nosotros, porque en ese caso, tenemos un asunto pendiente.

Si el miedo nos impide hacer lo que deseamos lo primero que se me ocurre es eliminarlo, como dice el refrán “muerto el perro, muerta la rabia”. Sin embargo, propongo algo diferente y más ecológico: aceptémoslo y aprendamos a convivir con él, pues el miedo busca algo bueno para nosotros, es decir, tiene una intención positiva. Reconozco que esto puede sonar un poco extraño o incluso, provocador. ¿Cómo algo tan desagradable puede tener alguna intención que sea buena para mí?

Antes de responder a esta pregunta me gustaría hacer un paréntesis para comentar la diferencia que hay entre un comportamiento y la necesidad que intenta satisfacer ese comportamiento, es decir, su intención positiva. Pongamos un ejemplo: supongamos que yo fumo. Este comportamiento puede ser muy negativo para mi salud, sin embargo, lo que estoy intentando con ello pudiera ser calmar mi ansiedad. Es decir, la intención positiva del comportamiento “fumar” podría ser buscar la tranquilidad.

Lo que quiero decir con todo esto es que el miedo también puede tener una intención positiva. Sólo hay que buscarla y para ello os propongo un juego.

Paso 1: Plantea que es lo que quieres hacer y el miedo te lo impide.

Paso 2: Suponed que la frase “quiero tener miedo a …” o “me gusta tener miedo a ….” fuera cierta.

Paso 3: Ahora encuentra una sola razón para que esa afirmación sea verdad. No lo es, ya lo sé, pero haz como si fuera cierta, sólo una razón. Me espero….Si no se te ocurre ninguna, imagínatela, ¿ya?

Escríbela. Y si has encontrado una razón, seguro que podrás encontrar otra, ¿verdad que sí? Venga, otra más….

Paso 4: Con lo que has anotado ¿puedes encontrar ahora cual es la intención positiva de ese miedo? ¿Ha cambiado en algo la forma de mirar tu miedo?

Paso 5: Pasemos a la parte más fácil, a priori, la que se refiere a la otra parte de ti que te impulsa a hacer algo. ¿Qué necesidad o intención positiva tiene ese comportamiento?

Paso 6: Ahora que ya conoces la intención positiva de ambas partes, integremos todo ello. ¿Qué estrategias o comportamientos se te ocurren para satisfacer la intención positiva de la parte que te impulsa y la parte que te retiene? ¿Cómo te sientes con las respuestas que has obtenido?

 

Y hasta aquí lo que os quería explicar. Como veis es una herramienta sencilla aunque quizás no sea fácil (la diferencia entre fácil y sencillo lo dejamos para otro artículo, ¿vale?). Usadla para comprobar si ospuede servir. Ahí está mi deseo: que os sea útil.

Finalmente os animo a que dejéis vuestros comentarios o bien que compartáis vuestras experiencias con los demás.

 

Buen Viaje ¡

 

 

 

 

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