¿Haces algo a desgana? el poder de escuchar la voz que se queja

por | 08/04/2018

Hoy me gustaría compartir contigo algo muy enriquecedor que pasó en una sesión de práctica de CNV. Creo que fue tan rico porque fue fruto de una situación que acababa de pasar justa antes de empezar el taller. Fue lo siguiente.

Ese día empezábamos en un lugar nuevo. Era un local con varias salas y cuando llegamos a la sala donde íbamos a hacer la sesión, nos encontramos que había otro grupo que estaba ocupándola. La persona que había hecho la reserva se sintió incómoda porque se veía abocada a interrumpir a las personas que estaban celebrando su reunión en esa sala. Tras una breve conversación con el grupo “okupa” acordó que nuestro grupo ocuparía otra sala que estaba libre.

Cuando nos dirigíamos hacia la nueva ubicación, esta persona me hizo algún comentario en relación a que ella era la que se había encargado de toda las gestiones para encontrar un nuevo local, que era ella la que tenía que estar antes para abrir, custodiar las llaves,… y encima, lidiar con “grupos ocupas”… Total que el taller empezó.

El tema que propuse fue trabajar alguna situación en la cual hacemos una cosa pero la hacemos de mala gana e indagar sobre ese conflicto interior para encontrar otra alternativas. Para ello trabajaríamos dos partes. La primera, consistiría en indagar en los anhelos y necesidades que se satisfacen cuando hacemos lo que hacemos, aunque sea de mala gana. La segunda, trataríamos de encontrar los anhelos y las necesidades no satisfechas de la voz que se quejaba por hacer lo que se hace. Después de la escucha de ambas, veríamos si hay algún cambio que nos permitiría ver la situación de otra manera.

La persona que se ofreció como voluntaria para hacer la demostración de la dinámica fue precisamente la que había gestionado la reserva de la sala. La situación que expuso fue que ella era la persona que había hecho las gestiones para encontrar el nuevo local para reunirnos, también de la logística de abrir y cerrar, pero que había una voz en ella que se quejaba y le decía que siempre era ella la que lo hacía todo y no recibía ningún apoyo.

Hicimos el ejercicio dando escucha a esas dos partes. Primero a la parte que actúa haciendo las gestiones para encontrar el local y cuidarse de la logística. El grupo le dio empatía y gracias a ello esa persona pudo ver que la parte que actúa así lo hace porque es muy importante para ella contribuir, aportar al grupo, la coherencia con sus valores y el compromiso con el grupo.

Luego nos cuidamos de la voz que se quejaba dándole escucha empática. Entonces pudo darse cuenta que esa parte que se quejaba lo hacía porque estaba necesitando apoyo, comodidad, ligereza y facilidad.

Mirando esas dos partes en conflicto se dio cuenta que actuando de esa forma, sus necesidades de contribución de coherencia y de compromiso estaban satisfechas, y que, al mismo tiempo, sus necesidades de apoyo y facilidad no se estaban cuidando. Vio que estaba necesitando muy vivamente apoyo… sin embargo no pedía ayuda.

Llegado a este punto, me gustaría hacer una pequeña pausa para preguntarte si te ha pasado alguna vez lo mismo. Me refiero a cuando necesitas ayuda y no pides, …. porque a mi, sí que me ha pasado. El primer impulso que tengo es culpabilizarme por ello. Me digo algo así como “mira que eres tonto, si necesitas pide, y si no lo haces no te quejes”. Sin embargo, la CNV nos propone que cualquier comportamiento, aunque pueda ser perjudicial o negativo para mi o para los demás, es un intento de satisfacer necesidades. Me gusta esta mirada compasiva cuando hago algo que no enriquece la vida en vez de culpabilizar y castigar. Así que decidí aplicar este principio a la situación y le dije:

Ya ves que tu estrategia de no pedir no satisface necesidades que son importantes para ti. Sin embargo, si no pides, debe ser porque este comportamiento satisface otras necesidades que también están vivas y deben ser muy valiosas en ese momento. ¿Cuales crees tu que podrían ser las necesidades que cubres cuando no pides lo que estás necesitando?

Después de un rato de que el grupo le dio escucha empática, sugiriéndole valores y necesidades que podrían estar detrás del comportamiento de no pedir, descubrió que si hacía cosas por los demás y no pedía nada, entonces conseguía reconocimiento. Es decir que su anhelo de ser vista y reconocida como una persona valiosa era una necesidad todavía más viva y poderosa que la necesidad de apoyo. También verbalizó un discurso interior por el cual se decía que si pedía, entonces quizás dejarían de valorarla, dejarían de verla como alguien valioso, digno de ser visto y reconocido.

Entonces ocurrió algo mágico. Puso en duda esta creencia… quizás el pedir algo a alguien no la hace menos visible ni menos valiosa para el grupo. Curiosamente el pedir a los demás y el mostrarse vulnerable crea conexión y, por lo tanto, era una forma de ser vista y de ser estimada por el grupo. El grupo corroboró que abrirse a su vulnerabilidad creaba conexión y que entonces podían verla más como un ser humano, que necesita cosas de los demás, que es vulnerable como ellas.

¡Qué momento tan bello! Ser testigo de cómo la empatía permite re-conectar con todas nuestras partes, incluso con aquellas que son quejosas y desagradables. La empatía del grupo, su cuidado, su aceptación y acompañamiento habían hecho posible que esa persona pudiera conectar con todas sus voces de forma empática.Después de esto, fuimos a la fase de peticiones y encontró una que podía hacerse a sí misma: hacer una petición al grupo desde lo que necesita siendo consciente de su vulnerabilidad.

Llegados a este punto quisiera destacar que cuando pedimos desde lo que necesitamos, se facilita la conexión, la compasión y así  hay más posibilidades que los demás contribuyan a lo que necesitamos desde su deseo de cuidado y contribución Sin embargo, cuando exijo que los demás hagan algo por mi, aunque tenga como origen la misma necesidad de apoyo, crea precisamente lo contrario, es decir desconexión y rechazo.

En fin, cuando acabó la sesión me enviaron una foto en la que estaban todos juntos celebrando que esa persona había pedido apoyo al grupo. Qué lujo ser testigo de esto, ¿no te parece? ¿Te imaginas si fuéramos capaces de conectar y escuchar con empatía todas las voces, todas nuestras voces, incluso las que son desagradables y quejosas, y qué valor nos aportaría para crear un mundo más armónico? ¿Te imaginas un lugar en el cual las necesidades de todos los seres son escuchadas y tenidas en cuentaLa Comunicación No-Violenta está comprometida con esta visión, por eso cuando pasa esto me siento tan pleno y doy gracias a la vida al ser testigo de que sí que es posible.

En definitiva, para el grupo fue una sesión tan rica que he querido compartirla contigo, con el deseo que también te pueda enriquecer. Ese es mi anhelo.

¡Buen viaje!

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

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