Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

por | 20/07/2016

En muchas ocasiones oigo decir cosas similares a “él me ha hecho sentir mal” o “Me has hecho llorar“… Estos son ejemplos que demuestran de qué forma hacemos responsables a los demás nuestros sentimientos. La lógica que hay detrás de esto es algo parecido a lo siguiente: La otra persona hace algo, yo me siento mal (aunque no sea muy consciente de ello), así que la otra persona es culpable que yo me sienta mal.

Hoy quisiera hablar de esto porque esta forma de pensar tiene grandes inconvenientes y me gustaría aportarte una alternativa a la ya conocida de culpabilizar a los otros o a ti mismo, por sentirte como te sientes. Lo que se trata de estar o no en lo cierto, sino de ampliar tu campo de posibilidades para que tú elijas qué hacer ¿te apetece?

Gracias por acompañarme. En primer lugar veamos alguna de las ventajas que tiene el culpabilizar a los demás sobre los sentimientos de uno mismo. ¿Se te ocurre alguna? La principal ventaja que yo veo es la tranquilidad que aporta el saber que la culpa está en los otros y yo soy inocente. ¿Qué inconveniente tiene esto?

Pues que bajo este paradigma, si yo me siento mal, la única manera que me sienta bien es que la otra persona deponga su actitud. Como además tengo la razón puedo imponer mi punto de vista porque es el correcto, lo cual me legitimiza para castigar a la otra persona de las formas más imaginativas que se me puedan ocurrir. Una de ellas es hacer sentir culpable al otro sobre mis sentimientos para que así cambie de actitud.

Ahora bien, si el otro cambia porque se siente culpable, significa que actúa así para evitar sentirse mal y no porque quiere contribuir a mi bienestar. Me hace el bien pero condicionado por evitar un castigo. A mi me gustaría que actuara de otra forma porque realmente quiere hacerlo y no por una imposición. Quiero que me quieras, pero si me quieres para evitar un castigo, entonces ya no me vale. ¿A ti te pasa lo mismo? Además ten en cuenta que si esta forma de actuar es con alguien próximo a nosotros, el efecto sobre la relación es devastador. Como ves, el coste que tiene conseguir mi bienestar es elevado.

Además, también puede ocurrir que la otra persona no acceda de la forma que a mi me gustaría a pesar de mis intentos. Esto tiene dos efectos. Primero, siento resentimiento porque pienso que es la otra persona es la culpable por lo que a mi me pasa. El segundo efecto, derivado del primero, es que eso me convierte en su víctima y quedo atrapado en sus manos a través del resentimiento. Sólo podré sentirme bien si la otra persona cambia de actitud, pero como no la cambia quedo desamparado. Esta es una forma de ceder todo mi poder a la otra persona. ¿No te parece terrible?

Supongo que te estás preguntando. Si culpar a los otros sobre cómo me siento es tan terrible ¿Significa eso que debo olvidarme de mis sentimientos? ¿Cómo cuido de mi propio bienestar? Bien, lo que quiero plantearte es una alternativa que busque el cuidado propio sin que tenga los efectos colaterales que acabamos de ver en la relación con las personas.

La alternativa: Cuidarse uno mismo haciéndose cargo de los propios sentimientos sin culpabilizar a los demás.

Antes de empezar, me gustaría explicarte dos cosas:

Primero: Los sentimientos son señales que me indican que hay necesidades y valores que están en juego

Te pondré algún ejemplo para explicarlo. Si yo te explico un secreto y tu se lo explicas a otro, pensaré que me has traicionado y sentiré, primero rabia, porque pienso que deberías haber conservado mi secreto. En la rabia siempre hay una falta de aceptación hacia el comportamiento ajeno. Y luego sentiré tristeza porque mi necesidad de confianza no está satisfecha. Si mi rabia y mi tristeza son muy agudas significa que la confianza y la seguridad emocional son valores y necesidades fundamentales y significativas en mi vida.

Los sentimientos actúan como un sistema de alarma que nos indican que nos falta algún valor o necesidad universal. Esto puede parecer poco importante. Sin embargo no es lo mismo que me sienta triste porque necesito empatía, o que me sienta igualmente triste porque necesito diversión o compañía. Saber qué es lo que me falta me ayuda a escoger una estrategia eficaz para salir de mi tristeza. Sino sabemos esto, probamos cosas sin ton ni son…

Segundo: Lo que hacen los demás es un estímulo pero no la causa de mis sentimientos

Para explicarte esto seguiré con el ejemplo de antes. Que la otra persona haya explicado mi secreto estimula en mí sentimientos de rabia y de tristeza. Pero eso no es la causa que yo me sienta así. Date cuenta que si yo no valorara la confianza, ni fuera importante para mi la seguridad emocional, no me afectaría lo más mínimo. Es posible que haya otras personas que estos valores o necesidades no sean tan importantes y por lo tanto, ante el mismo hecho su respuesta no sería la misma que la mía.

Si eso fuera la causa, todo el mundo respondería siempre de la misma forma ante el mismo hecho. Eso no quita que los demás estimulen mis sentimientos, pero la causa raíz de mis sentimientos son mis necesidades y valores universales, y los demás no tienen nada que ver con que yo valore y necesite confianza y seguridad emocional. ¿Ves la diferencia?

La respuesta: tomar cartas en el asunto y cuidar de uno mismo.

Para explicarte esta nueva forma de actuar utilizaré el ejemplo de antes. Supón que te he explicado un secreto y tú se lo has contado a alguien. Una forma de actuar sería culpar al otro por su forma de actuar para que se sienta tan mal y no le queden ganas de repetirlo. O bien castigarlo explicando un secreto suyo…

Me gustaría plantearte una alternativa a eso mediante un diálogo imaginario. Podría ser algo así:
– Hola, me he enterado que has explicado a Juan aquello que te conté ayer.
– Sí.
– Pues quisiera decirte que estoy muy enfadado porque. Necesitaba seguridad y confianza y al explicárselo me he sentido vulnerable. También estoy triste porque para mi es muy importante la confianza en nuestra amistad y ahora no tengo esperanza que pueda mantenerla. ¿Entiendes lo que quiero decir?
– Vaya. No imaginaba que esto que me explicaste fuera tan importante. También veo que para ti es muy importante la confianza y sentirte seguro y veo tu tristeza y tu rabia por lo que ha sucedido. Me encantaría dar marcha atrás pero no puedo hacerlo. También me gustaría conservar la amistad que tenemos a pesar de esto que ha sucedido. Me pregunto si puedo hacer algo…
– De momento no. Estoy más tranquilo sabiendo que has visto lo importante que es para mi la confianza y que sepas que estoy dolido. Ya no estoy resentido contigo aunque necesito tiempo para saber si quiero recuperar la confianza que antes tenía contigo.
– Lo entiendo. Me siento triste por lo que ha pasado y todavía tengo esperanza que podamos recuperar nuestra amistad porque la valoro mucho.

….

Conclusiones

Me gustaría que vieras en este diálogo lo siguiente:

– No he culpado al otro sobre cómo me siento, lo cual no quita que exprese con claridad mis sentimientos y mis necesidades y valores personales.
– La otra persona no se ha sentido juzgada. Eso evita que se ponga a la defensiva y que ponga excusas sobre su comportamiento. Si lo hubiera hecho lo más probable es que me hubiera sido imposible pensar en la posibilidad de volver a confiar en esa persona. La relación se hubiera roto definitivamente.
– Cuando expreso mis límites desde mis necesidades y no exigiendo cómo se deben comportar los demás, permite que la otra persona pueda aceptar y entender más fácilmente mi decisión. Si el otro no quiera cambiar su actitud, yo puedo respetar su decisión y apartar de esa persona sin acritud ni resentimiento. Yo me respeto y me cuido a la vez que respeto la libertad de comportamiento de la otra persona.
– Hacerme cargo de mis sentimientos me da el poder de escoger entre continuar y romper la amistad con esa persona. Aunque decida romper, me sentiré triste pero lo haré sin resentimiento, lo cual me ahorra un montón de sufrimiento y eso es quitarse un peso de encima muy grande.

Para acabar, decirte que en este artículo he aplicado los principios de la Comunicación Noviolenta, una forma de relacionarnos que, como puedes ver, ayuda al bienestar personal de uno mismo y de las personas que nos rodean.

¡Buen viaje!

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

10 pensamientos en “Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

  1. Joe

    ok, entonces si te llamo hijoputa y te ofende, es culpa tuya?
    O si vas en silla de ruedas, te llamo tullido y te sientes mal, tambien es culpa tuya?

    Responder
    1. Francesc Bonada Autor

      Hola,
      celebro que te hayas animado a dejarme tu comentario. Es seguro que muchas otras personas han pensado lo mismo que tú y así das voz también a aquellos que no se han atrevido a decirlo.

      Supongo que con tu comentario quieres expresar que si alguien te insulta se debería tener en cuenta que eso te molesta o te hiere, y eso es va antes que atender o “disculpar” el comportamiento de la otra persona.

      No sé si lo he interpretado bien (me encantaría tener una conversación contigo para comprobarlo) Si es así, estoy de acuerdo contigo. Que te hiera un insulto, para mi significa que eres una persona que se tiene respeto a si misma, que se quiere cuidar y que ama el respeto y la harmonía entre las personas. Por esta razón, porque eres un ser humano que amas todos estos valores, sientes malestar cuando recibes un insulto.

      Si no fueras un ser humano que tiene estos principios y valores, el insulto de otra persona no te afectaría en absoluto. Así que, que te duela no significa para mi que tu seas culpable de nada, sino que eres un ser humano que desea y ama la harmonía, el cuidado y el respeto mútuo.

      Desde ese lugar, con el ánimo de cuidarte y respetarte, puedes decidir cómo interactuar con esa persona. Yo creo que si te cuidas y te das empatía reconociendo los valores que son importantes para ti y los reconoces, es posible que sientas tristeza pero no creo que haya odio ni resentimiento hacia la persona que te haya insultado. Y eso te da una gama de posibilidades más amplia.

      También decirte que yo consigo hacer este paso en pocas ocasiones (la mayoría de veces caigo en lo mismo de siempre) Sin embargo me siento esperanzado porque en ocasiones consigo hacer lo que te propongo y eso me abre muuuuchas posibilidades.Tantas que me anima a continuar en este camino.

      Espero que te sirva y que haya sido un poco más claro.

      Saludos

      Responder
    2. Andrea Martinez

      Yo no hablaría de culpa, pero si te ofendes es producto de algo que surge de tí.
      Y eso se ve claro cuando piensas que a otra persona ese mismo insulto no le molestaría lo más mínimo. No porque no le importe que le insulten (a la mayoría no nos gusta) sino porque nos da igual.
      Cuando te insulta alguien por Twitter, a lo mejor piensas en ello 2 segundos y luego lo olvidas, pasas a otra cosa más importante. Imagínate si pudiéramos hacer siempre eso.

      La diferencia es el apego, cuanto más consigas desapegarte más fácil será no cabrearte y pasarlo mal.

      Responder
  2. DEqueDEqueDEque

    Buenas tardes.

    Seguro que el artículo es muy interesante, pero no he sido capaz de seguir leyendo tras contemplar como, una vez más, alguien atenta contra la preposición de.

    Justo al final del primer párrafo:

    -¿De qué es culpable la otra persona?
    – Es culpable DE que yo me sienta mal.

    Espero que lo tenga en cuenta en futuras publicaciones y no vuelva a caer en el despreciable queísmo.

    Un cordial saludo.

    Responder
  3. Jesus

    Enhorabuena por el artículo.

    Gracias por ahondar en la idea cada vez menos común de responsabilizarnos a nosotros de lo que hacemos y sentimos para poder ser responsables de nuestros actos y no poner de parapeto a los demás.

    Gracias.

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  4. Julian

    El ejemplo del secreto es pésimo. De hecho, ese mismo ejemplo hace que el resto del post carezca de sentido. En mi opinión, claro.

    Los hechos:

    – Yo le cuento (¿explico?) un secreto a Fulano y le digo que no lo cuente a nadie.

    – Fulano, que es mi amigo, se pasa mi petición de no contárselo a nadie por el arco y decide contárselo a Mengano.

    – Yo me entero.

    En este punto, el que yo necesite seguridad y confianza en mi foro interno carece de importancia en que yo pueda enfadarme o no. Puedo ser la persona más segura y con mayor confianza del mundo y enfadarme con Fulano por haber hecho caso omiso a mi petición. Mis necesidades emocionales no influyen en absoluto en mi proceso de enfado. Ni siqueira si fuera una persona que no valora en absoluto la seguridad y la confianza.

    Yo le he pedido a Fulano una cosa y él después de aceptarlo ha hecho lo contrario. Está totalmente justificado que pueda enfadarme.

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