Mi juez interior y la aceptación incondicional de uno mismo

por | 05/02/2014

En la pasada entrada ¿Quieres que te quieran? vimos juntos que si hay una llamada muy fuerte a que me quieran puedo traducirlo a que hay una llamada muy fuerte a quererme y aceptarme de forma incondicional. Recordarás que nos quedamos en ese punto y que te planteé que escribiría otro artículo que intentara responder a la pregunta, ¿cómo se hace esto de quererse y aceptarse de forma incondicional? Así que en este artículo quiero recorrer este camino.

En la entrada ¿Quieres que te quieran? también vimos que si no me acepto de una forma incondicional tiendo a juzgarme, criticarme y a castigarme con mucha severidad. No quiero volver a hablar sobre las consecuencias de ese comportamiento sino que quiero indagar acerca de lo que hay de positivo en este comportamiento.

A lo mejor te parece que lo que te planteo no tiene sentido porque es difícil de creer que haya alguna intención positiva en aquellas cosas que hacemos que nos perjudican. Sin embargo mi experiencia me ha demostrado que, siempre nos movemos para satisfacer alguna necesidad universal indispensable para la vida humana.

Para indagar sobre ello te propongo poner a la luz lo que piensas cuando estás en alguna situación en la que te juzgas, criticas y te castigas con severidad. Te dejo tiempo para que pienses en ejemplos tuyos.

¿Los tienes ya?

Yo también en pensado algunos ejemplos. Así, unas veces pienso que en un cierto momento me faltó valentía: no fui lo suficientemente valiente, así que me gustaría serlo más y me digo ¡eres miedoso! Otras veces he podido pensar que actué de una forma en la que no tuve suficiente templanza. Así que es también una cualidad que también me falta. En otras ocasiones me faltó empatía y compasión, y como me faltó quiero tener más y me digo ¡qué bruto que eres! …

Son juicios del tipo “debería ser más…” o “debería haber actuado …” que desde la crítica buscan que sea mejor persona aunque con ello utilizan la vergüenza y la culpabilidad. Supongo que es la forma que conozco y que me ha servido para aprender y avanzar. Así que cuando me hago estas críticas y me trato de esta forma lo que quiero en el fondo de mi corazón es progresar y ser mejor persona. ¿Ves como sí que hay una intención positiva cuando me critico y juzgo con severidad?

Lo que te propongo es un enfoque que busque mi progreso y mi desarrollo personal pero de una forma más cuidadosa y compasiva hacia mi persona. Una forma que suponga un respeto absoluto y una aceptación radical de como estoy siendo ahora y que, al mismo tiempo me impulse a desarrollarme como persona. A que parece que no sea posible. Pues yo sí lo creo. ¿Me acompañas?

Mi propuesta

Juntos hemos visto cómo los juicios y las críticas respecto a mi mismo tienen una doble cara. Por un lado tienen la intención positiva de buscar que me desarrolle como persona. Y por otra parte tienen como efecto secundario el menoscabar mi autoestima. A mi modo de ver, este planteamiento viene de un enfoque basado en carencias. Es decir, miro qué es lo que falla para intentar arreglarlo. Busco corregir, arreglar, lo cual supone que estoy equivocado, que funciono incorrectamente. Aunque también hay otra forma de mirarlo.

Imagínate que vas por el bosque y te encuentras un pequeño roble que alcanza sólo un par de palmos. Te paras a mirarlo y no puedes evitar compararlo con un enorme y frondoso roble que hay unos metros más para allá. Te das cuenta que esa pequeña planta algún día podrá ser como el otro, gracias al alimento que absorban sus raíces y a los rayos del sol y … ¿nada más?

Pues creo que te olvidas de la parte más importante del asunto. Podrá ser un roble porque ya es un roble en este mismo instante. Me refiero a que al principio era una semilla, ahora es una plantita de dos palmos de altura y en el futuro será el frondoso roble que da sombra en verano. Ahora bien, hay algo que nunca ha cambiado ni cambiará: es un roble. Tu sabes que necesitará años, sol y nutrientes en el suelo que absorverán sus raíces. Pero su esencia, que es la potencialidad de llegar a ser un roble, es inmutable y existe desde el principio. Es lo que quiero decir que ya es ahora mismo.

La vida es entonces el proceso de despliegue y desarrollo de esa potencialidad que ya está en el origen. Así que no hay nada incorrecto ni incompleto durante el proceso de desarrollo y crecimiento del roble ¿o acaso piensas que la planta está mal, que  es una planta incorrecta porque no es un frondoso roble?

Mi propuesta es aplicar este enfoque en aquellas cosas que etiquetamos modo defectos. Por ejemplo, apliquémoslo a la falta de valentía que antes te había explicado. Si yo soy capaz de ver que no soy suficientemente valiente eso significa que ya soy valiente, sólo que todavía no he desarrollado plenamente mi valentía o no he alcanzado la valentía que necesito para una determinada acción. Quizás te preguntes, ¿qué pasa si no tuviera nada de valentía? Lo que yo pienso es que si tu puedes ver y reconocer la valentía es que la tienes y la conoces. Si ya la tienes entonces la puedes desarrollar sin duda. Continuemos pues.

Para mi la valentía es como ese pequeño roble. Ahora quizás sea una plantita, o un roble de tamaño mediano y a mi gustaría que fuera más alto y frondoso de lo que ahora es. Así que, lo que haré es asegurarme que tenga nutrientes suficientes en el suelo y luz del sol para que pueda desplegar su potencialidad. Si espero el tiempo suficiente seguro que se convertirá en el roble que necesito. Es algo inevitable.

Al igual que mi valentía o tu valentía. Ya la tengo, ya tengo la potencialidad de ser valiente ahora mismo. Desarrollar la valentía significa ponerme a prueba en situaciones en las que tenga miedo de una forma progresiva. Así cada vez que las supere mi valentía se irá desarrollando, fortaleciendo y creciendo. Si la ejercito lo suficiente  es inevitable que desarrolle la valentía que necesito. Sólo es cuestión de tiempo.

Desde este lugar, ¿me puedo sentir culpable porque no he tenido la suficiente valentía? Yo creo que no. De igual forma, el pensar desde mis potencialidades por desarrollar, ¿me impide impulsarme hacia la valentía que estoy necesitando? Yo creo que todo lo contrario. Ahora compara esta forma de impulsarte hacia tu desarrollo con la aproximación de la carencia, el error, el juicio y el castigo que merma mi autoestima. ¿cual de ellas te parece más potente y respetuosa con mi persona?

Conclusiones

Para acabar decirte que este enfoque es igual de cierto (o equivocado) que el enfoque basado en carencias, pero ¿no te parece mucho más útil? Además creo que cumple con lo que te había prometido al principio: me impulsa hacia mi desarrollo personal y además de una forma respetuosa hacia mi persona y hacia mi autoestima. Así que ¿qué es lo que vas a hacer cuando te pilles criticándote y juzgándote severamente? Tu eliges el camino.

¡Buen viaje!

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

Un pensamiento en “Mi juez interior y la aceptación incondicional de uno mismo

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