¿Se te escapa el tiempo y no sabes cómo? Mi compromiso para mirar la vida de otra forma.

El tiempo se me escapa, sin quererlo, sin darme cuenta. Parece que cada vez me pasa más deprisa. Me veo un montón de veces diciéndome “Ha pasado un año y sin embargo me parece que fue ayer cuando …”. ¿A ti te ocurre lo mismo? El tiempo es como

 

… el tiempo es como el agua que brota de una fuente. Intento retenerla en mis manos para que no se me escape, pero no lo consigo. La fuente proviene de un manantial que a veces brota con mucha fuerza, mientras que otras veces sólo da un hilo de agua, pero nunca se agota. He intentado retenerla haciendo un cuenco con mis manos, pero el agua acaba por rebosar y se pierde de forma inexorable.

Durante mucho tiempo me he resistido a esto pero me ha dado cuenta que es inútil. No quiero luchar más, quiero aceptarlo sin  resignarme. ¿Cómo sería entonces aceptarlo?

Estoy presente y atento a lo que siento cuando el agua pasa entre mis dedos, sin juzgarlo, sin querer que sea algo diferente de lo que ya es. Entonces es cuando curiosamente se produce un cambio.El agua que me parecía siempre igual deja de serlo. Sólo cuando estoy presente y sólo soy un testigo de lo que pasa puedo apreciar cada gota de agua como algo único e irrepetible. Este momento se convierte en algo sencillamente único y por ello, maravilloso.Así que ahora ya no quiero retener el agua. Ahora simplemente quiero que fluya para disfrutar de ello.

Mi declaración de intenciones

Con esta metáfora lo que te quiero decir es que he descubierto que tratar de resistirse al paso del tiempo es inútil. Me resisto porque supongo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ahora quiero cambiar de actitud. Así que esta mi declaración de intenciones con respecto a vivir el momento.

Quiero vivir la vida y no estar todo el día perdido haciendo cosas o esperando a que las cosas pasen, sin darme cuenta que la vida está delante mío, esperando que la viva. Quiero dejar de juzgar el tiempo y pensar si es o ha sido mejor o peor. Quiero vivir cada momento de mi vida, cada segundo, simplemente dejando que sea, sintiéndolo. Nada es superfluo, todo es valioso, hasta lo aparentemente más insignificante. Quiero llorar con todas mis lágrimas y reír con todas mis risas. Quiero honrar a la vida en todos sus momentos porque ahí se esconde algo único e irrepetible que quiero descubrir. No quisiera perdérmelo para nada.  Así que no quiero que mi vida se limite a esperar a que lleguen los buenos momentos sino que quiero hacer bueno cada momento.

Llevándolo a la práctica

¿Cómo estoy llevando esto a mi vida diaria? Pues a través de mi intención de poner cada vez más consciencia en todas y cada una de las cosas que hago en mi vida. Así que, antes de hacer algo, decido cual va a ser mi intención y si quiero hacerlo de forma consciente. Entonces, antes de empezar algo me pregunto ¿Cesc, quieres hacer esto de forma consciente?

Por ejemplo, decido que voy a lavar los platos de forma consciente (desde que leí la frase Lavar los platos para lavar los platos procuro hacerlo así) . Entonces hundo los platos en el agua caliente llena de jabón. Escucho el ruido sordo que hacen al depositarse en el fondo. Puedo sentir un olor suave mezcla de un montón de cosas que no puedo reconocer. Hundo mis manos en el agua y recojo un plato. En la otra mano tengo en estropajo cargado de jabón y empiezo a limpiar el plato haciendo movimientos circulares, lentamente y muy atento a lo que hago y al tanto del agua y del plato. Cada plato, cada pieza de la cubertería es una experiencia diferente a la anterior y lo hago con una actitud de curiosidad: ¿de qué forma será diferente?.

A veces ocurre que empiezo a lavar los platos rápidamente y entonces me doy cuenta que mi mente se ha ido a otro lugar y que estoy pensando en lo que quiero hacer después o en cuántos platos me quedan por lavar. Es momento de volver la atención al lavar los platos para lavar los platos y recordar cual es mi intención. Entonces vuelvo a concentrarme en eso para poder disfrutar de la experiencia de lavar lo platos.

Me atrevería a decir que tu ya conoces esta sensación de estar profundamente conectado con algo que estás experimentando de forma plena. Puede que lo hayas experimentado viendo un paisaje, o haciendo una actividad que te guste especialmente. Ya sabes lo que es sentirse profundamente conectado con la vida. Lo que te planteo es que no hace falta ir al Himalaya o tirarse con un paracaídas para poder disfrutar de momentos llenos de vida. Cada cosa, por insignificante que te parezca, puede ser algo completo en sí mismo y digno de ser vivido. No me hace falta estar en otro sitio ni hacer una cosa diferente para vivir la vida con intensidad.

En definitiva, con esta actitud estoy descubriendo algo que no había visto antes. Es como si el mundo estuviera esperando a mostrarme su auténtica belleza, sólo que tengo que cambiar mi forma de mirar.

Esto me recuerda los versos de un amigo del monje budista Thich Nhat Hanh que dicen así:

De pie, silencioso ante la cerca,

tú sonríes con tu maravillosa sonrisa.

No tengo palabras y todos mis sentidos están llenos

de los sonidos de tu hermosa canción.

Me inclino profundamente ante ti.

Supongo que te imaginas que está hablando de una persona. Sin embargo “Ante ti” se refería a una flor, concretamente una dalia. Aquella mañana él pasó ante una cerca y se quedó contemplando esa flor y, conmovido, se detuvo a escribir este poema. Esta es la mirada a la que me refiero. Es algo que hay que cultivar y yo estoy decidido hacerlo.

Conclusión

Para acabar te quiero decir dos cosas. La primera es que estoy comprometido en adoptar esta forma de mirar el mundo y también soy consciente que esto supone cambiar un hábito muy profundo: esto no se hace de la noche a la mañana. Es por esto que quiero tener una actitud de comprensión hacia mi porque este proceso de aprendizaje quiero que sea algo agradable y no suponga una carga. Así que me planteo pequeños retos, celebro los pequeños triunfos y acepto con comprensión cuando no lo consigo.

La segunda cosa que me gustaría decirte es que para mi sigue siendo muy importante hacer cosas y planificar el futuro orientándolo a aquello que quieres conseguir. Lo que te propongo es que, una vez que hayas fijado el rumbo, sepas vivir intensamente cada momento de ese camino que tu has elegido. Porque una vez que hayas conseguido tu objetivo seguramente volverás a fijarte un nuevo destino. Si esperas a vivir hasta que hayas cumplido definitivamente todos tus objetivos, el agua de la vida se te habrá escapado entre los dedos de tus manos y no te habrás dado ni cuenta.

¡Buen viaje!

 

 

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

Sobre nosotros Francesc Bonada

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2 comentarios

  1. Es un artículo precioso. Me ha dejado pensando y resuena en mi interior la frase… “fijar el rumbo” y “vivir una vida conciente del aquí y ahora”… y no dejo de pensar porqué nos empecinamos en trastocar los tiempos y los lugares… personas juntas en un metro… pero a mucha distancia entre sí… escapándose en sus moviles… es como si viviéramos una clastrofobia colectiva empecinada en salir del aquí y ahora por medio de la tecnología…
    Gracias Francesc

    • Hola Rodolfo,
      celebro que el artículo te haya gustado y te haya hecho reflexionar sobre cómo nos escapamos del aquí y ahora, buscando refugio en la tecnología. Supongo que estamos tan acostumbrados a la actividad, somos tan adictos a ella que cuando paramos tenemos una sensación de angustia que apagamos haciendo cosas. Si estamos en el metro, miramos el móvil, internet, whatup,… y así aplacamos esa sensación que nos incomoda. El desafío está en pararse y darse cuenta que, en realidad, no somos lo que pensamos. Lo que somos realmente es el que se da cuenta de los pensamientos. Somos el pensador. Y el que piensa simplemente ES. De ahí surge una sensación de completitud y de paz porque no hace falta nada, porque ya eres.
      Abrazo

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