Si no puedes alargar tu vida, …. ensánchala: Una manera de vivir el Mindfulness

por | 04/11/2015
Cesc Bonada con las Dolomitas de fondo ;-)

Cesc Bonada con las Dolomitas de fondo 😉

Una vez escuché el relato de una persona que había superado una enfermedad grave. Esta persona explicaba que el diagnóstico que le dieron fue que sólo le quedaban algunos meses de vida y dijo algo que hoy quisiera compartir contigo: “Si no puedes alargar tu vida lo que puedes hacer es ensancharla” ¿Qué querría decir con eso? – pensé.

Está claro que una una noticia así la hizo replantearse muchas prioridades en su vida, lo que la llevó a dejar de hacer cosas que hasta ese momento habían sido muy importantes y, en cambio, otras a las que no las daba importancia, cobraron protagonismo absoluto en su vida. Sin embargo, no sólo era una cuestión de prioridades. De hecho, cuando ella decía que había ensanchado su vida, se refería a había decidido cambiar la forma en que iba a vivir esos momentos que le quedaban.

Explicaba que antes llevaba una vida muy ajetreada. Hacía un montón de cosas pensando en acabarlas lo antes posible o pensando qué era lo siguiente que tenía que hacer. Eso la llevaba a una permanente insatisfacción porque, no importa los eficiente y eficaz que fuera, siempre pensaba que podía hacer más cosas, que podía ser mejor… Era como una carrera contra ella misma que había diseñado para no poder ganar nunca. Esa era su forma de progresar, ser más eficaz y productiva. Sin embargo el coste era demasiado elevado para ella. Ya se había replanteado las prioridades, sin embargo eso no era suficiente, y se dio cuenta que si no cambiaba su forma de hacer esas cosas, su vida no iba a cambiar de verdad. Estaba decidida a vivir plenamente los días que supuestamente le quedaban.

Así que, como no podía alargar los días, su opción sería ensancharlos, es decir, hacer de todos y cada uno de los momentos que le quedaban de vida, momentos absolutamente dignos de ser vividos con plenitud. Explicaba que cuando decía todos, también se refería a los más cotidianos, como tomar una ducha caliente, desayunar notando el sol en la cara, hablar con sus amigos, estar sentada en el sofá, conversar con su familia y amigos, sentir la respiración en su cuerpo … Esos momentos eran igual de dignos que cualquier otro porque, incluso en eso aparentemente insignificante también había vida, y por lo tanto eran igualmente merecedores de su atención.

Entonces, yo me pregunto, ¿Hace falta tener una enfermedad grave para darme cuenta que yo también puedo “ensanchar” mi vida? ¿Cómo quiero vivir las cosas que he decido hacer en mi vida? ¿Estoy comprometido a vivir mi vida plenamente, absolutamente presente? Mi respuesta a estas preguntas es sí.

Y también, ¿cómo voy a hacer para vivir mi vida de esta forma? Mi respuesta a esta pregunta es, hacerlo con determinación y a la vez, con absoluta comprensión y compasión cuando sólo lo consiga en breves momentos. Cambiar un hábito va de comenzar por pequeñas cosas y celebrar los éxitos por pequeños que sean. Por ejemplo, voy a ducharme y me digo ¿Quiero hacer de este momento un momento digno de ser vivido con plenitud y presencia? y pongo atención plena a eso. Cuando me doy cuenta que mi pensamiento se ha ido a otro sitio, entonces, con comprensión me digo, ¿qué estás notando? y vuelvo al momento presente.

Porque cuando consigo tener esta actitud, además de hacer lo que he decido hacer, obtengo otra cosa que nunca hubiera podido imaginar en un acto tan rutinario y trivial como tomar una ducha: sentirme vivo, presente y despierto.

¿Quieres salir del sueño en que vivimos y vivir la vida despierto? ¿Quieres ensanchar tu vida?

¡Buen viaje!

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

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Si no puedes alargar tu vida, …. ensánchala: Una manera de vivir el Mindfulness

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Cesc Bonada con las Dolomitas de fondo ;-)

Cesc Bonada con las Dolomitas de fondo 😉

Una vez escuché el relato de una persona que había superado una enfermedad grave. Esta persona explicaba que el diagnóstico que le dieron fue que sólo le quedaban algunos meses de vida y dijo algo que hoy quisiera compartir contigo: “Si no puedes alargar tu vida lo que puedes hacer es ensancharla” ¿Qué querría decir con eso? – pensé.

Está claro que una una noticia así la hizo replantearse muchas prioridades en su vida, lo que la llevó a dejar de hacer cosas que hasta ese momento habían sido muy importantes y, en cambio, otras a las que no las daba importancia, cobraron protagonismo absoluto en su vida. Sin embargo, no sólo era una cuestión de prioridades. De hecho, cuando ella decía que había ensanchado su vida, se refería a había decidido cambiar la forma en que iba a vivir esos momentos que le quedaban.

Explicaba que antes llevaba una vida muy ajetreada. Hacía un montón de cosas pensando en acabarlas lo antes posible o pensando qué era lo siguiente que tenía que hacer. Eso la llevaba a una permanente insatisfacción porque, no importa los eficiente y eficaz que fuera, siempre pensaba que podía hacer más cosas, que podía ser mejor… Era como una carrera contra ella misma que había diseñado para no poder ganar nunca. Esa era su forma de progresar, ser más eficaz y productiva. Sin embargo el coste era demasiado elevado para ella. Ya se había replanteado las prioridades, sin embargo eso no era suficiente, y se dio cuenta que si no cambiaba su forma de hacer esas cosas, su vida no iba a cambiar de verdad. Estaba decidida a vivir plenamente los días que supuestamente le quedaban.

Así que, como no podía alargar los días, su opción sería ensancharlos, es decir, hacer de todos y cada uno de los momentos que le quedaban de vida, momentos absolutamente dignos de ser vividos con plenitud. Explicaba que cuando decía todos, también se refería a los más cotidianos, como tomar una ducha caliente, desayunar notando el sol en la cara, hablar con sus amigos, estar sentada en el sofá, conversar con su familia y amigos, sentir la respiración en su cuerpo … Esos momentos eran igual de dignos que cualquier otro porque, incluso en eso aparentemente insignificante también había vida, y por lo tanto eran igualmente merecedores de su atención.

Entonces, yo me pregunto, ¿Hace falta tener una enfermedad grave para darme cuenta que yo también puedo “ensanchar” mi vida? ¿Cómo quiero vivir las cosas que he decido hacer en mi vida? ¿Estoy comprometido a vivir mi vida plenamente, absolutamente presente? Mi respuesta a estas preguntas es sí.

Y también, ¿cómo voy a hacer para vivir mi vida de esta forma? Mi respuesta a esta pregunta es, hacerlo con determinación y a la vez, con absoluta comprensión y compasión cuando sólo lo consiga en breves momentos. Cambiar un hábito va de comenzar por pequeñas cosas y celebrar los éxitos por pequeños que sean. Por ejemplo, voy a ducharme y me digo ¿Quiero hacer de este momento un momento digno de ser vivido con plenitud y presencia? y pongo atención plena a eso. Cuando me doy cuenta que mi pensamiento se ha ido a otro sitio, entonces, con comprensión me digo, ¿qué estás notando? y vuelvo al momento presente.

Porque cuando consigo tener esta actitud, además de hacer lo que he decido hacer, obtengo otra cosa que nunca hubiera podido imaginar en un acto tan rutinario y trivial como tomar una ducha: sentirme vivo, presente y despierto.

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