Tener o no tener expectativas. Esta es la cuestión ….

por | 05/06/2012

Cuando uno tiene unas expectativas con respecto a algo o alguien y no se cumplen aparece la frustración, la queja y resentimiento. Ante ello, una postura es eliminarlas aplicando el método “muerto el perro, muerta la rabia”, es decir, no tener expectativas en absoluto. Desde luego es una solución que funciona, aunque sería bueno pensar qué nos podríamos perder con ello. Sin embargo, en este artículo os voy a proponer algunas alternativas más, lo cual os puede dar más posibilidades de acción.

Para empezar, aquí tenéis lo que dice wikipedia con respecto a la definición de expectativa:

Suele estar asociada la posibilidad razonable de que algo suceda. Para que sea expectativa tiene que haber, en general, algo que lo sustente. De lo contrario sería una simple esperanza que puede ser irracional o basarse en fe. La expectativa surge en casos de incertidumbre cuando aún no está confirmado lo que ocurrirá. La expectativa es aquello que se considera más probable que suceda, y es en definitiva de una suposición más o menos realista.

El primer concepto que quisiera destacar de la definición es que implica una posibilidad que algo suceda. En la expectativa, esperamos, y el esperar es una actitud pasiva.

El segundo, que está  ligado al primero es que lo que puede suceder entra dentro de lo que es más probable que suceda, al menos, desde el punto de vista del que tiene la expectativa.

El tercero es que la expectativa surge cuando no hay certeza que suceda algo, por lo tanto se mueve en el terreno desconocido de lo que podría pasar.

¿Para qué tenemos expectativas?

Una posible explicación proviene de la incertidumbre sobre lo que va a pasar. Una expectativa supone hacer una predicción con respecto el futuro, lo cual nos da aporta un poco más de seguridad: es una respuesta al miedo a lo desconocido. Pero podría haber otro “para qué”… ¿Cuáles son los vuestros?

¿Qué debemos tener en cuenta con respecto a las expectativas?

Lo primero es que no debemos confundir expectativa con esperanza. La primera es un pronóstico basado en algo probable, la segunda no tienen ese sostén y se basa muchas veces sobre algo esperado aunque improbable. Algunas veces expresamos una expectativa sobre algo cuando en realidad sabemos que hay muy pocas probabilidades que eso ocurra con lo que nos autoengañamos.

El otro aspecto ligado con ello es que lo que es probable es un juicio emitido desde el punto de vista del que tiene la expectativa. Por esta razón sería conveniente revisar si el juicio está bien fundamentado (Ver Fundamentación de juicios )

Finalmente, y tal como he destacado más arriba, la expectativa conlleva una actitud pasiva, de simple espectador (de hecho estas dos palabras comparten la misma raíz latina exspectātum mirado” o “visto) y esta actitud nos convierte en víctimas cuando la expectativa no se cumple. Es decir, nos frustramos porque el mundo no responde a nuestros anhelos y sentimos resentimiento cuando las personas no actúan según nuestras expectativas. Pongamos un ejemplo.

Supongamos que hoy es mi cumpleaños y no me han regalado una entrada para ir a ver aquella obra de teatro que tanta ilusión que me hace. ¿Qué es lo que pienso?: “¿se podrían haber dado cuenta, no? Qué poco detallistas que son conmigo. Y yo ,en cambio he de estar pendiente de todos. No hay derecho ….. “

Entonces, ¿Cómo sería el tener expectativas con una actitud proactiva? Ya hemos visto que las expectativas implican incertidumbre. La actitud proactiva supone aceptarlo y ponerse manos a la obra para crear las circunstancias que favorezcan que suceda aquello que esperamos.  En nuestro ejemplo, semanas antes de mi cumpleaños podría lanzar indirectas sobre cómo me gustaría ir a ver esa obra de teatro. En el caso que no esté dispuesto a asumir ese grado de incertidumbre, tener una actitud proactiva me llevaría a pedir expresamente que me regalaran la entrada. Esto me “aseguraría el tiro” aunque perdería el factor sorpresa. Todo no se puede tener…

Finalmente, supongamos que prefiero asumir ese “riesgo” y que he creado las circunstancias para que el hecho que me regalen las entradas pueda ser algo más probable. Sin embargo llega el gran día y nadie me hace el regalo esperado. ¿Qué es lo que me pasa? Pues que igualmente siento frustración porque aquello que esperaba no se ha producido y hago el duelo por ello. La diferencia es que lo acepto y por ello no estoy resentido ni me quejo por ello a nadie. Incluso podría ir un paso más allá y como aceptar no es lo mismo que rendirse ( No es lo mismo aceptar que rendirse) podría hacer la siguiente petición.

Estoy muy contento y agradecido por los regalos que me habéis hecho ya que me hace sentir muy querido. Por otra parte, me encantaría ir a ver la obra de teatro que acaban de estrenar. Había pensado en la posibilidad de cambiar algunos de los obsequios que me habéis hecho por una entrada y me gustaría pediros este cambio si ello no os causa algún inconveniente. ¿Qué os parece?.”

Conclusiones

Hemos visto que tener expectativas puede llevarnos a la frustración la queja y el resentimiento. También hemos revisado que las expectativas cumplen con una función positiva para nosotros. También, que distinguir entre expectativa y esperanza nos puede ayudar a calibrar el juicio con respecto a lo que es posible que suceda.

Finalmente hemos visto cómo el tener expectativas con actitud proactiva nos ayuda a convertirnos en protagonistas de nuestras propias vidas y nos permite abandonar el resentimiento y la queja que no nos llevan a alcanzar los resultados que deseamos.

¿Cuantas veces tenemos expectaivas respecto al comportamiento de personas, tanto en el entorno profesional como en el personal, que no se cumplen?. Si sentimos resentimiento y nos quejamos por ello, ¿hasta qué punto confundimos las expectivas con promesas que nunca nos han llegado a hacer?

Espero que os sea de utilidad y  ¡Buen viaje!

 

Acompaño a personas y organizaciones a desarrollar formas de comunicarse para que las relaciones sean eficaces, satisfactorias, saludables y sostenibles.

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