Un relato sobre la permanente insatisfacción

Mi propuesta de hoy para ti es un pequeño relato. Es una conversación entre una persona que vivía en la insatisfacción permanente y fue a visitar a un amigo suyo que en otras ocasiones le había ayudado a resolver un problema. La conversación que tuvieron fue algo parecido a esto.

Captura

– Me fijo objetivos y retos, y cuando los consigo me siento muy feliz.
– Eso suena bien.
– Ya, pero eso me dura muy poco y entonces me siento insatisfecha. Entonces me tengo que fijar nuevos objetivos. Los consigo y vuelvo a estar feliz.
– ¿Porqué es eso un problema para ti?
– La insatisfacción permanente me ayuda a mantenerme en movimiento y eso me hace sentir viva. También me ayuda a progresar, a ser mejor persona. Pero, ¿Cuando podré descansar? ¿Esta carrera tiene un final?
– Parece que estás triste porque te gustaría descansar..
– Sí
– Y también me parece que te encantaría saber que cuando vas a acabar de ponerte retos. Supongo que eso te daría cierta esperanza y descanso.
– Sí
– La insatisfacción me ha ayudado a llegar a donde estoy. Ha sido muy valiosa para mi vida, pero estoy muy cansada y me gustaría poder descansar.
– Así que parece que estás en un dilema. Por un lado, la insatisfacción permanente te conecta con la vida, con la sensación de progreso y eso es muy importante para ti.
– Por otra parte parece como si la permanente insatisfacción te estuviera obligando a moverte a pesar que tú estás cansada y cuando alguien te obliga a hacer algo, o te rebelas contra eso y luchas en contra eso, o te sometes a ella y por lo tanto creas resentimiento.
– Sí. Es un fuerza motora para mi vida, aunque a veces es demasiado “motora” y no me deja descansar.
– Ya veo cual es tu dilema.
– Por cierto, ¿sabes la diferencia entre rumbo y destino?
– No sé muy bien que quieres decir.
– Vamos a ver. Imagina que yo estoy en Barcelona y quiero llegar a Zaragoza.
– Vale
– Zaragoza está en dirección Oeste con respecto a Barcelona.
– Sí
– Así que si quiero llegar a Zaragoza, puedo tomar una brújula, y tomando carretera siguiendo la dirección Oeste, podría llegar a Zaragoza.
– Bueno, más o menos
– Lo que quiero decir es que el rumbo para llegar a Zaragoza es el Rumbo Oeste.
– Vale
– Pero no es lo mismo Zaragoza que el Oeste.
– No claro, vaya tontería.
– Si me confundo y pienso que el Oeste es el destino, ¿qué me puede pasar?
– Que te pases de largo.
– Exacto, y que no llegue a Zaragoza. Bueno, quizás, si persevero y doy la vuelta al globo terráqueo, vuelva a pasar por Zaragoza.
– Sí
– Pero si me olvido que el destino es Zaragoza y no el Oeste, me volveré a pasar de largo.
– No sé porqué que explicas esto…
– Te lo explico por lo siguiente. Me da la impresión que lo que te mueve es la permanente insatisfacción. Entonces, ¿Hacia dónde te mueves?
– Quiero dejar de sentir la insatisfacción
– ¿En positivo cómo sería?
– No sé,…. me muevo hacia la satisfacción.
– Claro, la satisfacción que te la da la conexión con la vida y la sensación de progreso personal.
– Sí, para mi es muy valioso el progreso personal. Saber que estoy en ese camino me da satisfacción.
– Entonces imagina que ese es tu rumbo.
¿Cómo?
– Sí, tú te mueves en la dirección de progreso personal.
– Vale
– Si tu rumbo es el progreso personal, ¿Cual es tu destino?
-…no sé …
– Siguiendo este símil, ¿cuales podrían haber sido tus destinos en la vida?
– …
– No sé,… quizás, … cada reto, cada objetivo alcanzado es como si fuera un destino.
– Claro. Cada vez que alcanzas un objetivo sientes satisfacción porque estás en la dirección del progreso personal. Pero una vez que has llegado a tu destino, es decir, que has conseguido tu reto, enseguida vuelves a sentir insatisfacción…
– Exacto !
– Quizás es que confundes rumbo con destino.
– ¿Otra vez? No entiendo
– Recuerda que mi destino era Zaragoza, y que mi rumbo era Oeste. Nunca podré llegar al oeste, porque el oeste es una dirección, no un destino. Sólo puedo llegar a un lugar no a un rumbo.
– ¿Me estás diciendo que nunca podré llegar al al progreso personal?
– Nunca. Cuando te crees que has llegado, vuelve a alejarse. Es como un espejismo porque persigues un rumbo, una dirección y eso es inalcanzable.
– Eso es una muy mala noticia.
– Pero también tengo muy buenas noticias.
– ¿Como?
– Imagina que saliendo de Barcelona has llegado a Zaragoza. Entonces puedes volver a fijarte un destino que esté en dirección oeste y dirígite hacia allí. Date cuenta que mientras mantengas ese rumbo, cada paso que des, cada ciudad y pueblo que pises, estará en el rumbo oeste. Así que nunca puedes llegar, y a la vez siempre estás allí porque cada paso es el que hace el rumbo.  Es como si buscaras la satisfacción que te da el progreso personal mirando hacia el horizonte infinito, cuando para encontrarlo sólo tienes que mirar debajo de tus zapatos, en el aquí y el ahora.
– Entonces, para encontrar la satisfacción, ¿no hace falta fijarse objetivos?
– No quería decir eso. Fíjate un objetivo que esté en la dirección del desarrollo personal, que es lo que parece que te satisface, pero una vez hecho eso, la satisfacción plena la encontraras en cada paso,… si eres capaz de ser consciente de ello.
– Ya veo, Entonces podré sentarme a descansar cuando me apetezca y correr cuando tengas gana, disfrutando del camino en cada paso.
– Exacto. Pero si te desvías de tu rumbo, es decir, te fijas un objetivo que no busca el desarrollo personal, entonces ya no te funcionará. Así que tan importante es el rumbo con el destino. Lo importante es no confundir una cosa con la otra.
– Me parece que ya lo entiendo. Hasto pronto

FIN

y… ¡Buen Viaje!

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