Me gustaría no equivocarme nunca. Porque si me equivoco, me tengo que castigar para que eso no vuelva a ocurrir. ¿Cómo lo hago? Por ejemplo me digo que tendría que haberlo hecho bien y me insulto diciéndome ¡burro!. También tengo otra forma de castigarme: sentirme culpable por lo sucedido. Es una forma en la que no es suficiente que los demás me castiguen, ya me encargo yo de ello. Entonces me convierto en un verdugo implacable. Tratarme peor de lo que trataría los demás supongo que es una forma de darme un castigo “ejemplar”,…. ¡vaya ejemplo!

Sabes que te digo, que estoy harto de tratarme mal y de castigarme sintiéndome culpable cuando me equivoco. Quiero progresar, aprender de los errores y hacerlo tratándome con cuidado, con mimo, incluso cuando los resultados que consigo no son los que pretendía o cuando las consecuencias de mis actos acaban por perjudicar a otros ¿Quieres que te muestre este camino de aprendizaje? Pues vamos.

Antes quiero hacer contigo algunas reflexiones que van a ser los pasos de un proceso. Te ruego que te esperes hasta el final para juzgar si te puede servir. Te lo digo porque como yo a veces soy un poco impaciente… continuemos. Para ello me imagino un caso en el que me siento culpable por algo que he hecho y cuyos resultados no fueron los que esperaba. O alguna acción que ha provocado un daño sobre otras personas. O un simple accidente que tuvo consecuencias negativas para alguien. Ha de ser algo por lo que me sientas culpable.

La primera reflexión se refiere a hacer el duelo por las consecuencias de lo que hice. Aceptar que ya no puedo cambiarlo por mucho que quiera. No hay vuelta atrás posible. Eso me produce dolor y quiero estar con él el tiempo que sea necesario, no quiero saltarme este paso, quiero hacer el duelo por ello….

La segunda reflexión es darme cuenta que cuando hice lo que hice no sabía las cosas que ahora sé, o bien, no sabía o no supe ver las consecuencias que ello tendría. O simplemente no sabía lo que iba a pasar porque era imposible saberlo. En el momento en que actué, con lo que sabía y teniendo en cuenta como era yo era en aquellos momentos, no podría haber actuado de otra forma, simplemente porque si pudiera haber actuado mejor ya lo habría hecho. Pero ahora ya no soy la misma persona. He aprendido cosas que entonces no sabía. Estoy juzgando a alguien que en realidad ya no existe. En el momento que lo hice fui ciego, aunque ahora sí pueda verlo. Así que ¿tú castigarías a un ciego que ha hecho algo “malo” o “incorrecto” porque no lo ha podido ver?

La tercera reflexión se refiere a que cuando hice lo que hice buscaba alguna cosa buena para mí, algo que era muy importante. El acto era un intento de servir a la vida aunque las consecuencias de ese acto estén a las antípodas de lo que pretendía conseguir. Esta parte cuesta muchas veces porque se interpreta como una justificación de los actos que cometimos y no es eso lo busco. Lo que quiero es darme cuenta que tras ese comportamiento había un intento de satisfacer alguna de mis necesidades universales.

Cuando digo necesidades universales me refiero a la forma que entiende las necesidades la CNV (Comunicación Noviolenta) para nombrar todo lo que es indispensable en nuestra vida. Engloba nuestras necesidades vitales (respirar, comer, dormir, evacuar,…), nuestras necesidades de seguridad ( material, afectiva), y nuestras necesidades de desarrollo del ser humano (necesidad de contribuir a la vida, necesidad de dar sentido,…). Aquí tenéis un enlace a un listado más o menos completo de las necesidades universales, comunes a todos los seres humanos->necesidades

Quizás esto suene un poco abstracto y para entenderlo mejor utilizaré un ejemplo. Supon que estoy cocinando y llaman al teléfono. Dejo la comida al fuego y me voy a atender la llamada. Me despisto y cuando vuelvo la comida se ha quemado y no se puede recuperar. La pregunta sería, ¿Qué era tan importante para mi que me hizo que se me quemara la comida? Podrías pensar que dejar que se me queme la comida no me trae nada positivo ni que es un intento de servir a la vida. Aparentement no, pero sí que lo es. Permíteme que te lo explique. Cuando fuí a coger el teléfono pensé que era la llamada de una persona importante. Así que dejar la comida a riesgo de que se me olvidara en el fuego era un intento de atender a alguien que me llamaba. Para mi atender a alguien, tenerle en cuenta es importante. Así que la necesidad que estaba por debajo es la de atención y cuidado de los que me importan. Por eso digo que cualquier acción nuestra, por repugnante o increíble que nos pueda parecer, es un intento más o menos exitoso que satisfacer una necesidad universal, aunque a veces se haga a costa de los demás.

Última reflexión: Todas estas reflexiones no son más que pasos que quiero hacer antes de llegar al último paso, que es la de la acción. ¿Cuales son las consecuencias de mis actos y cómo puedo reparar o restaurar sus efectos?

Si he hecho los pasos anteriores ya no actuaré desde la culpabilidad aunque sí que pueda haber una profunda tristeza por lo sucedido. Ahora quizás haya descubierto una necesidad universal detrás de aquello que hice. También he llorado por aquello que ya no puedo cambiar. Finalmente he visto en qué fui ciego. Si ya no me siento culpable me podré ocupar de verdad en gestionar las consecuencias dolorosas de mis actos y tratar de repararlos, porque cuando no me siento culpable no necesito pedir perdón.

Los que sufrieron por nuestros actos no les podemos pedir que nos perdonen porque les supone un doble esfuezo. Uno, sostener el dolor que nuestra acción ha provocado y el otro, que tengan empatía por  nuestro sentimiento de culpabilidad. Lo que necesitan no es que nos escuchen y comprendan sino justamente lo contrario, que les escuchemos. Si me siento culpable sólo puedo ocuparme de mí.

Además de la escucha, puedo ofrecer una compensación, una reparación por el daño causado. Haya o no posibilidad de reparación siempre podré hacer una cosa: acompañar y escuchar  el dolor del que sufre por una acción que he cometido en el pasado. Mi actitud será la de querer saber cómo se sintió o sintieron cuando hice lo que les perjudicó. Quiero que sepan que su dolor me importa. Porque acompañar a alguien en su dolor le permite sentirlo, y así puede trascenderlo y curarlo, y si puede recibir la escucha profunda del que le ha causado el perjuicio tiene un efecto mucho más potente. Yo quiero que su dolor se cure, … como yo he hecho con el mío y creo que esa es la mejor manera de hacerlo.

¡Buen viaje!