Estoy el sábado por la mañana en casa. El piso necesita limpieza. Creo que le sentaría la mar de bien que le pasara el aspirador pero sólo pensarlo y ya me entra una pereza… estoy en lucha entre mi necesidad de orden, limpieza y las de comodidad y descanso. La lucha es dura. Después de un rato, que a mí me ha parecido muy largo, me inclino por pasar la aspiradora. Definitivamente creo que me quedaré más tranquilo y que después de haberlo limpiado podré descansar con la satisfacción de ver el piso limpio y la casa ordenada.

Empiezo a pasar la aspiradora. Mientras lo hago no puedo dejar de pensar lo bien que estaría yo descansando, tirado en el sofá, en vez de estar haciendo algo tan pesado y tedioso como pasar la aspiradora. Mientras pienso esto, el trabajo se me hace súper pesado y además me siento molesto porque es como si una parte mía me estuviera obligando a hacer algo que otra parte mía no quiere.

Al final acabo con una sensación de cansancio que no se corresponde con el trabajo que he hecho. Supongo que piensas que es lo más normal al del mundo después de pensar lo que pensaba mientras pasaba el aspirador. La pregunta que me hago es, ¿habría otra forma más liviana de hacer esto? Yo creo que sí. Si me acompañas te lo muestro.

La clave de este asunto es que estoy revisando mi decisión de pasar el aspirador continuamente. La toma de la decisión es un proceso que requiere de mucha energía. Es un momento intenso porque se plantean alternativas y hasta que no hay una decisión, hay confusión y conflicto y y eso desgasta. Sin embargo la decisión que tomé de pasar el aspirador era adecuada porque satisfacía mis necesidades de limpieza y orden y además, la de descanso, porque después de hacer el trabajo había decidido tomarme un merecido descanso. Los pensamientos para tomar una decisión son útiles, pero sirven para eso y …. nada más. Trataré de explicarme mejor.

Si voy por un camino y me encuentro una encrucijada tendré que parar, pensar y decidir por qué camino quiero continuar. Pero una vez tomada la decisión, no me sirve de nada volver a planteármelo. De hecho, pensar y repensar una y otra vez sobre la decisión una vez que he emprendido el camino sólo me sirve para distraerme y perderme lo que me está pasando delante de mis ojos. Es como si utilizara una brújula para decidir qué camino tomar y luego la estuviera consultando todo el tiempo sin levantar la vista hacia al camino. Sería un poco tonto, ¿no te parece? La brújula sirve para tomar la decisión pero no sirve para caminar por el camino. Te explico esto porque pienso que eso es exactamente lo que hacía mientras pasaba el aspirador: me replanteaba continuamente la decisión que ya había tomado, en vez de estar presente y atento gozando simplemente de pasar la aspiradora.

Supongo que te puedes estar preguntando ¿Qué puede tener de gozoso el pasar la aspiradora? Pues eso me temo que yo no puedo decírtelo, vas a tener que averiguarlo tú. Ahora bien, para que puedas encontrar tu respuesta sugiero que “dejes la brújula” bien guardada en tu bolsillo, porque ya has decidido pasar la aspiradora y que pases el aspirador para pasar el aspirador y no para que el piso quede limpio. ¿Puedes ver la diferencia?

Lo que quiero decir es que puedes poner toda tu atención en la acción en sí misma olvidándote de todo lo demás. Por ejemplo puedes observar y notar los movimientos de tu brazo, el sonido del aspirador, del ruido de las cosas cuando pasan por el tubo,… eso requiere que pongas toda tu atención en el proceso y te olvides momentáneamente del objetivo. Lo que te propongo es que guardes la brújula, porque una vez has tomado la decisión ya no es útil.

Cuando te des cuenta que éstas quejándote y que lo que haces es de forma forzosa, eso será una señal que has vuelto a coger a brújula. Entonces, ya sabes, si tú quieres, puedes decidir volver a guardarla en tu bolsillo sabiendo que es algo muy útil que ahora no te hace falta y entonces puedes volver a poner toda tu atención a “pasar el aspirador para pasar el aspirador“. Ya me contarás cómo lo vives.

! Buen viaje!