El milagro de lo cotidiano

Hoy quiero empezar compartiendo contigo un texto de Alejandro Jodorowsky. Dice lo siguiente:

Lo milagros son comparable a la piedras: están en todos los sitios, ofreciendo su belleza y casi nadie lo valora. Vivimos en una realidad donde abundan los prodigios, pero sólo los ven los que han desarrollado su percepción. Sin esta sensibilidad, todo se vuelve banal, al acontecimiento maravilloso lo llamamos casualidad, avanzamos por el mundo sin esta clave de gratitud.

Cuando pasa la cosa extraordinaria, lo vemos como un fenómeno natural del que, como si fuéramos parásitos, hacemos usufructo sin dar nada a cambio. Pero el milagro exige un intercambio: he de hacer fructificar que me has dado para los otros. Si no estamos unidos, no captamos el portento. Los milagros no los hace ni los provoca nadie; se descubren.

Cuando el que se creía ciego se saca las gafas oscuras, ve la luz. Esta oscuridad es la prisión racional.

Así que, después de leer este texto que me resulta tan inspirador, quisiera proponerte algo. Párate un momento y toma tres respiraciones profundas, de esas que te permiten sentir cómo el aire llena los pulmones y cómo se vacían lentamente. Cuando lo hayas hecho vuelve.

¿Como estás ahora?

Ahora me gustaría que buscaras en tí ese niño que fuiste hace muchos años, que pensabas olvidado pero que todavía vive en tí. Date el tiempo que necesites para encontrarlo y reconocerlo.

Recuerda cómo era mirar el mundo con esa mirada que se maravilla por cosas que hoy te parecen insignificantes,… ¿te acuerdas?

¿Cómo es esa sensación de curiosidad infinita en tu cuerpo?

Ahora, con esa sensación todavía viva, mira a tu alrededor…

Hay lo mismo que antes pero no ves lo mismo, ¿verdad? Quizás ahora percibas un detalle que antes era insignificante, pero ahora no lo es en absoluto.

Quizás te preguntes cómo no te habías dado cuenta antes de eso, si estaba delante de tus ojos. Pero ahora miras y ves con otros ojos, con otra mirada y el mundo que aparece es diferente…

… y como dice Jodorowsky…

Cuando el que se creía ciego se saca las gafas oscuras, ve la luz.

¡Buen viaje!

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