En la entrada de hoy te quiero hablar de cómo me afectan las opiniones de los demás. ¿A ti te afectan? Supongo que podrías contestarme que depende. Un primer factor es que depende de la persona que me lo diga. Si es alguien significativo para mi, es muy probable que esa opinión me afecte. Cuando digo significativo me refiero que es alguien que me importa porque significa algo importante en mi vida o bien porque los criterios que le llevan a emitir opiniones merecen mi crédito.

Así que hay algo que me incomoda cuando alguien significativo en mi vida opina algo sobre mi que no me gusta. ¿Porqué? o mejor ¿para qué me siento mal cuando eso ocurre? Según la CNV (Comunicación NoViolenta), un sentimiento desagradable se produce cuando hay una necesidad o valor universal que es importante para mi que no se satisface. Por el contrario, los sentimientos desagradables se producen cuando hay uno o varios valores y necesidades universales que no se satisfacen. Así que, ¿cual debe ser la necesidad o necesidades que no se satisfacen cuando me entristezco cuando alguien emite una opinión negativa de mi?

Lo cierto es que me cuesta encontrarlas, así que, algo que me funciona es pensarlo en positivo. Es decir, ¿cuales serían las necesidades que se satisfacerían si la opinión fuera positiva? Ahora sí puedo encontrar necesidades tan valiosas como la de reconocimiento y la de belleza: me explico mejor.

Lo que quiero decirte es que, cuando el otro opina algo agradable de mí significa que ha visto una cualidad, la ha reconocido y me lo ha devuelto, como si fuera un espejo que refleja la luz. Como me gusta y valoro la belleza, el hecho que los otros la vean y la reconozcan en mí, hace que me que me sienta bien. Es como si me dijeran, “te veo y reconozco tu luz“. Y eso hace que yo también pueda ver y reconocer mi propia belleza. Así que también se convierte en un momento de auto-reconocimiento. También añadiría que cuando los otros me ven eso me da la oportunidad de darme cuenta que también soy para el otro, lo cual me proporciona sensación de pertenencia, conexión y sentido. Ahora entiendo porque es tan valioso que alguien significativo emita una opinión positiva sobre mi.

Por el contrario, cuando la opinión del otro es negativa lo que hace es mostrarme también algo, aunque en este caso es fealdad en vez de belleza. Así que, hay un también reconocimiento de algo que hay en mi, pero ese algo es sombra en vez de luz. Ese reconocimiento me aleja del otro y dejan de estar presentes las necesidades de pertenencia, conexión y sentido. También hay una falta de aceptación de esa sombra que el otro ve en mi. Así que no me extraña que me entristezca tanto cuando alguien significativo opina algo negativo sobre mi. Ver esto me da mucha claridad porque me ayuda a entender y hacer legítimo eso que estoy sintiendo. Pero no quiero quedarme aquí.

Los otros como reflejo de lo que soy

https://i2.wp.com/i51.tinypic.com/10xhtw4.jpg?resize=417%2C313Fíjate que lo que estoy haciendo es utilizar un espejo para mirarme, es decir, que me veo a partir de lo que me dicen los demás. Con esto hay que tener mucho cuidado porque esto tiene una implicaciones trascendentales.

La primera es que hay un riesgo de olvidarme que los juicios de los demás no son son ni verdad no mentira. Sólo los hechos pueden ser ciertos o falsos. Los juicios y las opiniones sólo pueden estar bien o mal fundamentados. En cambio un juicio, por muy sólidamente fundamentado que esté, nunca podrá ser cierto o falso. Juegan en otra liga diferente. (No es lo mismo hechos que juicios y opiniones)

Este es el problema, que si me olvido de esto entonces confundo las opiniones de los demás, ya sean positivas o negativas, con verdades. Quisiera ahora volver a la metáfora del espejo. Cuando creo como verdadera una opinión de los demás lo que estoy haciendo es asumir que el espejo con el que me miro es perfectamente plano y refleja exactamente la realidad. Pero las personas, todas, tenemos una historia personal, una familia, una educación, unas vivencias, una biología y unos valores que nos hace diferentes. Cada uno de nosotros reflejamos la luz de una forma particular. Somos de cualquier forma menos un espejo plano. Así que me estoy mirando en un espejo deformado.

¿Has estado alguna vez en algún lugar en que hay espejos deformados expresamente como el de la ilustración? Son divertidos porque somos conscientes de cómo un espejo puede deformar la realidad. De la misma forma las opiniones que los demás tienen de nosotros, ya sean buenas o malas, siempre son un reflejo de nuestra imagen a través de un espejo que no es plano. ¿Te das cuenta de la importancia que tiene esto?

La importancia de conocerse y de reconocerse a uno mismo

Me gustaría continuar con la metáfora del espejo. Si yo me conozco muy bien y me miro en un espejo que me hace más bajito entonces puedo deducir que ese espejo está deformado de una manera determinada: es un espejo cóncavo. Así que la imagen que veo de mi, más que darme información sobre mi, me está dando información del espejo. Sin embargo, si no me conozco bien y no se si soy alto o bajo, cuando me mire en ese espejo, no podré saber como soy en realidad. Podría ser que fuera más alto o más bajo de lo que soy porque a priori no sé como es el espejo. Con esto quiero decirte dos cosas.

Por un lado, cuanto mejor me conozca yo, más podré reconocer cómo son los otros cuando opinan sobre mi. Por ejemplo, si yo hago un acto que opino que es generoso y otra persona opina lo mismo, entonces ya sé cual es el concepto de generosidad de la otra persona. Las opiniones de los otros sobre mi, hablan de mi, pero sobretodo hablan de como es el otro, porque me aporta información sobre lo que es importante y valioso en la otra persona.

La otra cosa es que es muy difícil conocerse uno bien tomando como ciertas las opiniones de los demás. Es más, si me valoro o me infravaloro a partir de lo que dicen de mi los demás tengo muchos números de acabar muy despistado porque un mismo acto puede ser valorado de forma muy diferente en función de la persona. Si hago una cosa y unos opinan una cosa y otros la contraria, ¿donde está la verdad? He caído en la trampa de lo cierto y lo falso. En las opiniones de los demás no hay verdad ni mentira, sólo opiniones.

Otra aspecto vital de conocerse a uno mismo es que no necesito que los otros digan algo de mi para que sepa que eso existe. Me explico. Si yo sé que soy generoso, valoraré y me alegraré cuando otra persona reconozca eso en mi. Pero si no me lo dicen, yo soy igualmente consciente que eso existe en mi. Me gusta que lo reconozcan, pero no lo necesito para saber que eso está en mí.

Sin embargo, si yo no sé que eso viene de mi interior y que se refleja en los otros porque surge de mi interior, entonces, necesitaré siempre de otra persona para que lo vea y me lo refleje. ¿Te das cuenta de la importancia que tiene esto? Significa que yo no me veo si no me ven. Significa que siempre necesitaré de los demás para valorarme y reconocerme.

¿Y qué pasa cuando los demás no lo hacen? Pues que me enfado porque culpo a los demás por no saber reconocer y apreciar esa parte valiosa cuando “deberían” hacerlo. Mi ceguera no me deja ver mi propia belleza y no puedo tener compasión cuando los demás son incapaces de ver esa belleza. Exijo algo, cuando en realidad sólo puedo esperar alegría infinita cuando se produce ese reconocimiento y serenidad y compasión cuando no se reconoce. En definitiva, me encanta y disfruto infinitamente del reconocimiento de los demás y no dependo de él para saber y reconocer mi propia valía.

Cómo reconocerse en el otro.

Supongo que después de haber caminado todo esto juntos te puedas preguntar, ¿cómo hago ahora para conocerme? Pudiera parecer que las opiniones de los demás no sean un camino válido para esto aunque no es exactamente eso lo que quería decir. El único problema para mi es olvidarme que los demás reflejan la realidad a su manera, pero reflejan algo que hay ahí fuera. Así que, de lo que se trata es de tomar esa información en la justa medida. Es decir, que si dicen de mi que soy generoso, no tengo que creer que eso es cierto. Sin embargo, si el otro está viendo generosidad en mi significa que en el otro hay generosidad y que es algo valioso para esa persona. ¿Es posible que también haya generosidad en mi?

Epílogo

Hemos llegado al final del trayecto y creo que vale la pena dar una mirada hacia atrás para ver el camino recorrido. Primero hemos visto la importancia de las opiniones de personas significativas. También hemos podido entender porqué es tan satisfactorio para mi que me reconozcan y vean mis cualidades. Hemos continuado comprobando que me puedo convertir en alguien sin personalidad y voluble si confundo las opiniones de los demás con verdades absolutas.

Finalmente hemos visto la importancia de conocerse y reconocerse. Si se cómo soy entonces puedo saber cómo son los demás cuando emiten juicios sobre mí. Por otra parte, saber cómo soy, reconocerme y ser consciente de mis luces y sombras me permite gozar infinitamente del reconocimiento y eso me libera del resentimiento (El resentimiento, la emoción del esclavo) cuando los otros no me ven y me hace libre porque no dependo de los demás para reconocerme y valorarme.

Hoy tengo la sensación que hemos hecho juntos un camino muy fructífero, ¿no te parece?

¡Buen Viaje!

 

En la entrada de hoy te quiero hablar de cómo me afectan las opiniones de los demás. ¿A ti te afectan? Supongo que podrías contestarme que depende. Un primer factor es que depende de la persona que me lo diga. Si es alguien significativo para mi, es muy probable que esa opinión me afecte. Cuando digo significativo me refiero que es alguien que me importa porque significa algo importante en mi vida o bien porque los criterios que le llevan a emitir opiniones merecen mi crédito.

Así que hay algo que me incomoda cuando alguien significativo en mi vida opina algo sobre mi que no me gusta. ¿Porqué? o mejor ¿para qué me siento mal cuando eso ocurre? Según la CNV (Comunicación NoViolenta), un sentimiento desagradable se produce cuando hay una necesidad o valor universal que es importante para mi que no se satisface. Por el contrario, los sentimientos desagradables se producen cuando hay uno o varios valores y necesidades universales que no se satisfacen. Así que, ¿cual debe ser la necesidad o necesidades que no se satisfacen cuando me entristezco cuando alguien emite una opinión negativa de mi?

Lo cierto es que me cuesta encontrarlas, así que, algo que me funciona es pensarlo en positivo. Es decir, ¿cuales serían las necesidades que se satisfacerían si la opinión fuera positiva? Ahora sí puedo encontrar necesidades tan valiosas como la de reconocimiento y la de belleza: me explico mejor.

Lo que quiero decirte es que, cuando el otro opina algo agradable de mí significa que ha visto una cualidad, la ha reconocido y me lo ha devuelto, como si fuera un espejo que refleja la luz. Como me gusta y valoro la belleza, el hecho que los otros la vean y la reconozcan en mí, hace que me que me sienta bien. Es como si me dijeran, “te veo y reconozco tu luz“. Y eso hace que yo también pueda ver y reconocer mi propia belleza. Así que también se convierte en un momento de auto-reconocimiento. También añadiría que cuando los otros me ven eso me da la oportunidad de darme cuenta que también soy para el otro, lo cual me proporciona sensación de pertenencia, conexión y sentido. Ahora entiendo porque es tan valioso que alguien significativo emita una opinión positiva sobre mi.

Por el contrario, cuando la opinión del otro es negativa lo que hace es mostrarme también algo, aunque en este caso es fealdad en vez de belleza. Así que, hay un también reconocimiento de algo que hay en mi, pero ese algo es sombra en vez de luz. Ese reconocimiento me aleja del otro y dejan de estar presentes las necesidades de pertenencia, conexión y sentido. También hay una falta de aceptación de esa sombra que el otro ve en mi. Así que no me extraña que me entristezca tanto cuando alguien significativo opina algo negativo sobre mi. Ver esto me da mucha claridad porque me ayuda a entender y hacer legítimo eso que estoy sintiendo. Pero no quiero quedarme aquí.

Los otros como reflejo de lo que soy

https://i2.wp.com/i51.tinypic.com/10xhtw4.jpg?resize=417%2C313Fíjate que lo que estoy haciendo es utilizar un espejo para mirarme, es decir, que me veo a partir de lo que me dicen los demás. Con esto hay que tener mucho cuidado porque esto tiene una implicaciones trascendentales.

La primera es que hay un riesgo de olvidarme que los juicios de los demás no son son ni verdad no mentira. Sólo los hechos pueden ser ciertos o falsos. Los juicios y las opiniones sólo pueden estar bien o mal fundamentados. En cambio un juicio, por muy sólidamente fundamentado que esté, nunca podrá ser cierto o falso. Juegan en otra liga diferente. (No es lo mismo hechos que juicios y opiniones)

Este es el problema, que si me olvido de esto entonces confundo las opiniones de los demás, ya sean positivas o negativas, con verdades. Quisiera ahora volver a la metáfora del espejo. Cuando creo como verdadera una opinión de los demás lo que estoy haciendo es asumir que el espejo con el que me miro es perfectamente plano y refleja exactamente la realidad. Pero las personas, todas, tenemos una historia personal, una familia, una educación, unas vivencias, una biología y unos valores que nos hace diferentes. Cada uno de nosotros reflejamos la luz de una forma particular. Somos de cualquier forma menos un espejo plano. Así que me estoy mirando en un espejo deformado.

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