El contexto y lo que opino sobre los demás.

File:Good advice in the circumstances - geograph.org.uk - 1248334.jpg¿Te has parado a pensar alguna vez la importancia que puede tener el contexto? En este artículo reflexionaremos juntos sobre el sorprendente impacto que puede tener darse cuenta de la importancia que tienen las circunstancias y cómo eso podría enriquecer tu forma de relacionarte con los demás, ¿te interesa?

Leer más

La gestión del tiempo y la estrategia del submarino.

En el post de hoy te quiero hablar sobre lo que es en mi opinión uno de los mayores retos que hay a la hora de gestionar el tiempo. Me refiero a que las pequeñas cosas del día a día me impiden dedicar tiempo a las cosas importantes pero no urgentes. Precisamente, el no encontrar tiempo para planificar y prepararme para lo que tiene que venir incrementa las urgencias, lo cual me deja menos tiempo para que pueda pensar y planificar. Lo cual hace que tenga más urgencias, … Desde luego es un círculo vicioso del cual resulta muy difícil salir. ¿Cuales son las razones que me lo impiden? ¿Hay alguna estrategia que me podría ayudar? A continuación voy a tratar de dar respuesta a estas preguntas.

Leer más

Excelencia y exigencia: el impacto de la diferencia.

¿Te consideras una persona auto-exigente?  ¿Tienes alguna inquietud respecto a las consecuencias negativas que tiene en tu vida ser exigente o auto-exigente? ¿Sabes cuál es la diferencia entre exigencia y excelencia? Si estás interesado en conocer alguna respuesta a estas preguntas entonces este artículo puede ser de tu interés. ¿Me acompañas?

Primero quiero que nos pongamos de acuerdo sobre cómo entiendo yo la exigencia o la auto-exigencia. No sé lo que a ti te pasa pero a mí, hablar de exigencia o de auto-exigencia tiene relación con una actitud que lleva detrás un espíritu permanente de esfuerzo y búsqueda para que las cosas se hagan de la forma correcta porque se busca la perfección.

¿Qué hay de bueno en la exigencia?

Esta pregunta tiene una respuesta que puede ser diferente para cada persona. No por ello voy a dejar de contestarla, aunque ésta será mi respuesta y me gustaría que tu pensaras cuál es la tuya.

La exigencia satisface algo que es es muy importante para mi: el progreso personal. Ser exigente conmigo mismo implica un espíritu de moverme a hacer mejor las cosas y a convertirme en mejor persona. Implica no querer conformarme con lo que hay y buscar hacerlo cada vez mejor. También significa obtener resultados de calidad, alejarme de la chapuza. Me ayuda a conseguir la satisfacción por el trabajo bien hecho y por los buenos resultados.

¿Qué es lo que te aporta la exigencia a ti? Permítete un tiempo para pensar sobre ello.

Ahora que ya hemos encontrado cuales son las necesidades que satisface el ser exigente podemos ir al siguiente paso porque vivir en la exigencia no es algo que sólo tiene ventajas, ¿verdad?

Las consecuencias negativas de la exigencia.

Para hablar de esto ocurre lo mismo que antes. Lo realmente útil para este asunto es tu respuesta más que la mía. No obstante te voy a decir lo que a mí me pasa y luego te tomas tu tiempo para tu respuesta.

Para mi vivir la exigencia tiene el inconveniente de estar en una permanente insatisfacción por no alcanzar la perfección. Esa búsqueda constante de hacerlo mejor significa que siempre lo hago mal porque es imposible, o casi imposible, hacerlo perfecto. Lo que no me gusta es que esta manera de vivirme y de vivir a los otros es que, en el fondo, es una actitud violenta que se manifiesta hacia mi y hacia los demás.

Además, esta forma de pensar no tiene fin porque, si sé que la perfección es algo a lo que se aspira pero nunca se llega, la insatisfacción estará siempre presente. La insatisfacción es el motor de cambio, así que no quiero librarme de ella porque eso supondría dejar de mejorar y progresar. Esto me recuerda la imagen de un cochero con látigo en mano que castiga a sus caballos para que el carro continúe avanzando, y si cabe, lo haga a la máxima velocidad posible.

¿Cual es el coste de este tipo de mecanismo en el que estoy atrapado? ¿Hasta cuándo hay que «fustigar a los caballos«? ¿Es sostenible esta manera de llegar a donde quiero llegar? Sin embargo, el cochero no ve otra manera de conseguir que los caballos corran. Es la única manera que conocen.

Hay que decir que el enfoque de la exigencia me ha permitido llegar hasta donde estoy. Es como si fuera el precio que hay que pagar para conseguir lo que he conseguido. Pero, ¿y si hubiera una manera de conseguir lo mismo sin estas consecuencias negativas? ¿Te imaginas cómo podría ser tu vida personal y profesional manteniendo esta actitud de progreso sin la necesidad de tener que «usar el látigo» para conseguirlo? ¿Y si esta forma te permitiera tener incluso mejores resultados siendo más cuidadoso en el trato hacia los demás y, sobretodo, hacia ti mismo? Yo creo que es posible. ¿Quieres saber cómo?

Leer más

¿Quieres que te quieran?

 

¿Hay alguien que no le guste ser querido? Yo creo que a todo el mundo le gusta. Ahora bien, yo me pregunto, ¿qué me pasa cuando me quieren? Supongo que si respondo sin pararme a pensarlo mucho lo que me sale es «cuando me quieren me siento bien». Así que, quiero que me quieran porque eso me hace sentir bien aunque no sepa muy bien cómo es eso de sentirse bien. En contrapartida, si no me quieren, no me siento bien. Así que parece lógico plantearme hacer todo lo posible para que me quieran.

Me gustaría reflexionar contigo un poco más respecto a esta manera de plantearse el asunto ¿Qué me pasa cuando actúo de esta forma? Pues que, como tengo que complacer a los demás para que me quieran yo paso a un segundo plano. Parece que tenga que renunciar a mi para conseguir la estimación de los demás. Además esto se convierte en un trueque: yo hago cosas para que me quieras y tú tienes que quererme como contrapartida. La otra cara de este asunto es que, como no me quieras, estaré resentido contigo porque deberías tener en cuenta todos los sacrificios que he hecho para que me quieras. ¡Ufff !, suena extraño eso de obligar a alguien a que me quiera.

En conclusión, esta forma de entender el querer y que te quieran supone un dilema: o me quiero y tengo en cuenta lo que necesito a costa de perder el amor de los demás, o quiero a los demás a costa de no quererme a mi. Siempre hay una pérdida. ¿Habría otra forma de pensar en la que no tenga que renunciar a nada?

Leer más

Generosidad y egoísmo: dos caras de la misma moneda

Ser generoso tiene muy buena prensa. Las actitudes generosas crean un mundo mejor, todo el mundo dice que debemos ser generosos. En la definición de generosidad que da wikipedia cita textualmente que «la generosidad se acepta extensamente en sociedad como un hábito deseable.»

En cambio el egoísmo tiene muy mala prensa. Queda muy mal decir que uno es egoísta. Aunque yo no pienso de esta forma. De hecho ya he escrito una serie de post en que hablo de forma favorable sobre el egoísmo (Sé egoísta, por favor), que no es lo mismo que ser egocéntrico.

No obstante hoy quiero hablarte de la generosidad y del egoísmo desde una perspectiva diferente porque para mí ambas cosas son las dos caras de la misma moneda. Así que no podemos separar una de la otra. Permíteme que te lo explique.

Leer más

¿Se te escapa el tiempo y no sabes cómo? Mi compromiso para mirar la vida de otra forma.

El tiempo se me escapa, sin quererlo, sin darme cuenta. Parece que cada vez me pasa más deprisa. Me veo un montón de veces diciéndome «Ha pasado un año y sin embargo me parece que fue ayer cuando …». ¿A ti te ocurre lo mismo? El tiempo es como

 

… el tiempo es como el agua que brota de una fuente. Intento retenerla en mis manos para que no se me escape, pero no lo consigo. La fuente proviene de un manantial que a veces brota con mucha fuerza, mientras que otras veces sólo da un hilo de agua, pero nunca se agota. He intentado retenerla haciendo un cuenco con mis manos, pero el agua acaba por rebosar y se pierde de forma inexorable.

Durante mucho tiempo me he resistido a esto pero me ha dado cuenta que es inútil. No quiero luchar más, quiero aceptarlo sin  resignarme. ¿Cómo sería entonces aceptarlo?

Estoy presente y atento a lo que siento cuando el agua pasa entre mis dedos, sin juzgarlo, sin querer que sea algo diferente de lo que ya es. Entonces es cuando curiosamente se produce un cambio.El agua que me parecía siempre igual deja de serlo. Sólo cuando estoy presente y sólo soy un testigo de lo que pasa puedo apreciar cada gota de agua como algo único e irrepetible. Este momento se convierte en algo sencillamente único y por ello, maravilloso.Así que ahora ya no quiero retener el agua. Ahora simplemente quiero que fluya para disfrutar de ello.

Mi declaración de intenciones

Con esta metáfora lo que te quiero decir es que he descubierto que tratar de resistirse al paso del tiempo es inútil. Me resisto porque supongo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ahora quiero cambiar de actitud. Así que esta mi declaración de intenciones con respecto a vivir el momento.

Quiero vivir la vida y no estar todo el día perdido haciendo cosas o esperando a que las cosas pasen, sin darme cuenta que la vida está delante mío, esperando que la viva. Quiero dejar de juzgar el tiempo y pensar si es o ha sido mejor o peor. Quiero vivir cada momento de mi vida, cada segundo, simplemente dejando que sea, sintiéndolo. Nada es superfluo, todo es valioso, hasta lo aparentemente más insignificante. Quiero llorar con todas mis lágrimas y reír con todas mis risas. Quiero honrar a la vida en todos sus momentos porque ahí se esconde algo único e irrepetible que quiero descubrir. No quisiera perdérmelo para nada.  Así que no quiero que mi vida se limite a esperar a que lleguen los buenos momentos sino que quiero hacer bueno cada momento.

Llevándolo a la práctica

¿Cómo estoy llevando esto a mi vida diaria? Pues a través de mi intención de poner cada vez más consciencia en todas y cada una de las cosas que hago en mi vida. Así que, antes de hacer algo, decido cual va a ser mi intención y si quiero hacerlo de forma consciente. Entonces, antes de empezar algo me pregunto ¿Cesc, quieres hacer esto de forma consciente?

Leer más

Pasos para ser asertivo de forma no violenta.

El otro día escuchaba como alguien explicaba que estaba enfadada con la persona que le hacía la limpieza en casa porque no limpiaba los cristales.

– Fíjate lo que me pasa, viene a casa y se deja por limpiar los cristales. Es que no hay derecho…

Todo el mundo al que se lo contaba le decía:

– Claro, tienes razón, es algo básico, debería saberlo,….

¿Te suena esta situación? Seguro que en tu lugar de trabajo puedes encontrar algún ejemplo parecido cuando alguien se queja amargamente porque otra persona debería hacer algo que no hace o lo hace de una forma que no es la forma «correcta» . ¿Porqué pasa tan a menudo? A mi modo de ver hay dos tipos de causas. Unas tienen que ver con que no sabemos cómo pedir.  (Cómo pedir con eficacia)

Por ejemplo ¿No tenéis calor? cuando quería decir, ¿puedes abrir la ventana?. Otra posibilidad es que ni yo mismo sepa muy bien qué necesito. Así espero que el otro lo adivine y si no acierta me puedo enfadar porque ¡no es lo que yo quería !

El otro tipo de causas se refieren a que simplemente no pido. Pedir significa que me falta algo que no tengo y que hay otra persona que me puede dar. Eso significa que pedir me muestra como alguien vulnerable ante la persona que pido. ¿Estoy dispuesto a mostrar mi vulnerabilidad? (Ser vulnerable no es lo mismo que ser débil ). Otra razón para no pedir es que tenga miedo a que me digan no. (Saber decir no )

Finalmente  hay otra razón para no pedir que tiene que ver con el ejemplo del principio: no lo hago porque simplemente «debería saberlo». Esta respuesta me lleva al delicado terreno de los juicios porque cuando digo que alguien debería hacer alguna cosa lo que estoy haciendo en realidad es juzgar que la otra persona hace algo mal. Así que asumo el rol de juez que dictamina y que debe castigar porque debería hacerlo bien. Desde luego, los «deberías…» generan violencia y resentimiento.

Si volvemos al ejemplo de la persona que debería limpiar los cristales, lo que estoy diciendo en realidad es que su comportamiento es incorrecto y por lo tanto, merece un castigo.  Es más, mi forma de castigar ese comportamiento incorrecto es enfadarme con esa persona y además no se lo digo (ya debería saber porqué estoy enfadado, claro). Al castigar de esta forma me comporto como aquel niño que cuando se enfadaba con sus padres les decía:

– Vale, pues ahora dejo de respirar.

Puede parecer un castigo absurdo, pero no lo es tanto si piensas que esta forma de actuar proviene del resentimiento (El resentimiento, la emoción del esclavo). Cuando estoy resentido con otra persona es porque juzgo que no ha actuado correctamente conmigo y por lo tanto merece un castigo. Ahora bien, hay que tener muy en cuenta cuáles son los efectos secundarios cuando yo estoy resentido con alguien.

«Estar resentido es como tomar un veneno y esperar que se muera el otro»

Me permitirás que te diga que castigar al otro evitando explicarle lo que necesito que haga es como «tomar veneno y esperar que se muera el otro». Llegados a este punto supongo que pensarás. ¿Entonces, que pasa conmigo cuando hay algo que hacen y me perjudica? ¿Se supone que me tengo que dejar pisar?

Desde luego que no. Lo que te propongo es algo diferente: no se trata de eliminar el juicio sobre si está actuando bien o mal sino de transformarlo en algo que me pueda ser más útil para que no me lleve al resentimiento y por consiguiente a estrategias tan poco útiles como las que hemos visto antes y que tenga presente lo que yo necesito. Yo creo que es posible. ¿Quieres saber cómo?

Leer más