El naufragio del submarino o cuando las emociones nos inundan. 6 pasos para evitarlo

 

Un día visité un submarino por dentro. Fue bastante impactante ya que se explicaban las circunstancias extremadamente duras que suponía estar en un lugar como ese. Sin embargo, hubo un aspecto que, en ese momento, no me pareció muy relevante pero con el tiempo he vuelto a recordar. Se trata que los submarinos están organizados en compartimentos que se pueden cerrar y aislar del resto de la nave. La idea es que si hay una fuga de agua que no se puede reparar entonces cierran la parte afectada y sólo se inunda esa parte de la nave  salvaguardando el resto y así evitan que se hunda.

Alguno de vosotros supongo que se preguntará porqué explico este tipo de cosas en un blog como este. Me explico. Todos experimentamos sentimientos que aparecen cuando nuestras necesidades no están satisfechas: la rabia, la tristeza, la preocupación, el miedo,…En otras ocasiones ya he explicado que desde la CNV (Comunicación No Violenta) preferimos no dar juicios de valor sobre los sentimientos y no se clasifican en sentimientos buenos o malos porque todos son legítimos.

Pues bien, la cuestión es que en ocasiones, un acontecimiento en nuestra vida nos produce un sentimiento que invade por  completo nuestro ser y, por lo tanto, influye en cómo vemos el resto de nuestra vida. Es como si se produjera una vía de agua en un submarino que no tuviera compartimentos estancos. El agua va llenando la totalidad de la nave hasta que al final se hunde. ¿Porqué no tomar la solución que los ingenieros aplican al diseño de los submarinos?

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¿Cómo puedo convertir el odio en algo valioso?

La Ira por Ane VanillaCreo que todos en algún momento hemos sentido odio hacia algo o alguien. Aunque sólo haya sido momentáneo habremos percibido lo intenso de esa emoción y cómo puede llegar a invadir nuestros pensamientos. Antes de hablar sobre ello veamos cómo define wikipedia el odio:

El odio es una emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad; otros, como Elie Wiesel, consideran al odio como lo opuesto al amor.

Como ya he explicado en otro artículo (¿Podemos cambiar nuestras emociones?) todas las emociones, incluidas el odio, son legítimas. Es más, no se pueden ni se deben controlar. Ahora bien, lo que tampoco puede ocurrir es que el odio te controle a ti. Lo que se puede hacer con las emociones es aceptarlas, y gestionarlas. ¿De qué forma?

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Comportamientos incomprensibles

Hace ya unos días, mientras esperaba montado en mi bicicleta a que se pusiera el semáforo verde, vi una cosa que me llamó la atención. Una persona de avanzada edad estaba cruzando por el paso de peatones. Aunque llevaba bastón avanzaba con bastante rapidez. Cuando estaba a punto de llegar al lado de la calzada en el que yo me encontraba se cruzó con unos jóvenes y justo en ese momento, intentó golpearles con el bastón y empezó a mascullar unas palabras indescifrables. No es que levantara el bastón para golpear sus cabezas. Era más bien un gesto para apartarlos de su camino. Los chicos le dijeron alguna cosa pero no le hicieron demasiado caso y continuaron su camino. El anciano, continuó avanzando hablándose a sí mismo en voz alta. Me quedé un rato escuchándole y pude entender algunas de sus palabras. Decía cosas como:

“Los jóvenes de hoy en día no saben caminar. ¡Yo iba por mi derecha! ¡ No hay derecho! …..”

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¿Podemos cambiar nuestras emociones?

Hay muchas ocasiones que reconocemos una emoción o un estado de ánimo que no deseamos y queremos cambiarlo. Es ese tipo de cosas de las que decimos: vale, fácil de decir pero difícil de hacer. ¿ Cómo se hace ? Bien, en este artículo quiero daros alguna herramienta que os puede ser de utilidad.

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¿Sabes la diferencia entre tolerar y aceptar?

Aceptar y tolerar son dos conceptos que podrían parecernos que tienen significados muy similares. Sin embargo hay un matiz que marca la diferencia y que puede llegar a tener mucha importancia, sobretodo en el contexto de las relaciones humanas. Antes de nada veamos las definiciones según el diccionario de la RAL para determinar cual es ese matiz:

Aceptar: Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga.

Tolerar: Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.

La diferencia que os quería hacer notar se refiere a que en la aceptación no hay oposición o resistencia. Sin embargo el término tolerar conlleva la idea de permitir algo que no se considera correcto. Por lo tanto hay un juico y se considera que algo o alguien está equivocado (y nosotros no, claro) y a pesar de ello, se permite.

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¿Permites que te afecten las personas tóxicas?

Como alguien decía «hay personas que llevan la alegría allí a donde van mientras que otras, cuando se van es cuando la alegría aparece». Es algo inevitable. Hay ciertas personas con las que no congeniamos. E incluso, hay ciertas personas con las que el sentimiento no es el de falta de simpatía sino de absoluto y completo rechazo.

En este artículo no pretendo que trabajemos sobre nuestra percepción sobre esa persona y sí en las consecuencias negativas que tiene sobre nosotros lo que pensamos de ella. Y para esto os he preparado este pequeño relato.

 

Mar era la hija de un malabarista que vivía con su familia en un circo que no era ni muy grande ni muy pequeño, ni muy famoso, aunque tampoco era desconocido. Mar adoraba los animales y estaba encantada con una cría de león que acababa de nacer. Cada día lo iba a ver y cuando podía y la dejaban, lo alimentaba ella misma. El pequeño león respondía con cariño a sus cuidados.

Los días pasaban y Mar sentía un gran afecto hacia la cría de león. Sin embargo, un día ocurrió algo inesperado cuando al acercarse a la jaula para ir a alimentar a su estimada mascota, recibió un zarpazo sobre su delicado brazo. Se puso a gritar y a llorar y enseguida aparecieron los trabajadores del circo, que eran los miembros de su gran familia y la socorrieron. Por suerte. La herida no era grave y su recuperación fue rápida.

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Los 4 pasos para la expresión de la ira.

 

La Ira por Ane VanillaCulpar, gritar o golpear a alguien, son maneras de expresar nuestra ira. Sin embargo, es un modo muy superficial de manifestar lo que nos ocurre por dentro. ¿Habría una manera más plena de expresar nuestra ira? La CNV (Comunicación No Violenta), al contrario de lo que pudiera parecer, no nos propone reprimirla sino todo lo contrario, nos incita a expresarla de una manera plena. ¿ Os apetece saber cómo?

Lo primero que es útil conocer es la diferencia entre estímulo y causa. Las circunstancias, las personas y sus comportamientos pueden ser estímulos para que nosostros sintamos ira pero en ningún caso podemos decir que son la causa. Es decir, que el primer paso para poder expresar de un modo pleno la ira es reconocer nuestra responsabilidad sobre ella. Este planteamiento puede sonar un poco provocativo pero en realidad no lo es. Mirémoslo a través de un ejemplo.

Supongamos que circulo por la carretera y en mi camino me encuentro un vehículo que circula bastante por debajo de la velocidad que yo acostumbro a circular. Trato de adelantarlo, pero en ese momento pasan vehículos en dirección contraria, lo cual impide la maniobra. ¿Qué es lo que me pasa? Pues que me enfado porque no puedo adelantar y el de delante va muy lento. ¿Acaso podría reaccionar de otro modo?.

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Las consecuencias de no darse cuenta de lo que se piensa.

Hoy os quiero hablar de algo que nos ocurre contínuamente y de lo que raras veces nos damos cuenta. Me refiero a la confusión entre los hechos y lo que pensamos respecto a los hechos que estamos observando.  Es decir, que confundimos hechos y opiniones (ver al entrada del  ¿saber diferenciar hechos de opiniones? ) y eso tiene sus consecuencias. Permitirme que lo explique con un ejemplo.

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¿Sabes la diferencia entre aceptar y rendirse?

Hay ocasiones en que las cosas no ocurren tal como las habíamos planeado. Aquí podemos encontrar un amplio rango de decepciones. Desde las que podemos considerar como parte de lo cotidiano hasta decepciones o pérdidas que pueden llegar a tocarnos muy intensamente. Tras una pérdida o decepción importante los psicólogos tienen estudiado que pasamos por una serie de etapas. Concretamente, las etapas que describe la Dra. E. Kubler Ross en caso de graves pérdidas son las siguientes:

1) Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse.

2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué.

3) Pacto: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

4) Depresión: Es un estado, en general, temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad. Requiera recibir grandes dosis de empatía. (¿Qué es la empatía?)

5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz sino que es una tristeza serena.

Pero en este artículo me quiero referir a aquellas pérdidas que son menos intensas, pero que debemos afrontar de una forma cotidiana. Y para esta clase de decepciones, lo que sí voy a tomar del proceso descrito anteriormente es que, independientemente del orden y número de etapas por las que se pasa, al final hay una aceptación.

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«Me siento sólo» no es un sentimiento.

Una vez un abogado me hizo una recomendación: «Si un día te entregan un documento que en su cabecera diga «contrato» ves con cuidado, porque eso no implica que lo que venga a continuación sea necesariamente un  contrato. Es más, en ocasiones es cualquier cosa menos un contrato.»

Hago este comentario porque creo que, cuando intentamos hablar de nuestros sentimientos nos ocurre algo parecido. Decimos cosas como «Me siento sólo» o «Siento que no me escuchas» y estas expresiones, aunque digan que hablan de nuestros sentimientos, en realidad no lo están haciendo.

Hablar de nuestros sentimientos es algo complicado porque nadie nos ha enseñado cómo hacerlo. Es un terreno desconocido y en el que muchas veces no queremos ni entrar. ¿No os gustaría adentrados en este mundo? ¿No os pica un poco la curiosidad? Si os parece, vamos a tratar de sacar alguna cosa en claro sobre este tema.

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