Como alguien decía «hay personas que llevan la alegría allí a donde van mientras que otras, cuando se van es cuando la alegría aparece». Es algo inevitable. Hay ciertas personas con las que no congeniamos. E incluso, hay ciertas personas con las que el sentimiento no es el de falta de simpatía sino de absoluto y completo rechazo.
En este artículo no pretendo que trabajemos sobre nuestra percepción sobre esa persona y sí en las consecuencias negativas que tiene sobre nosotros lo que pensamos de ella. Y para esto os he preparado este pequeño relato.
Mar era la hija de un malabarista que vivía con su familia en un circo que no era ni muy grande ni muy pequeño, ni muy famoso, aunque tampoco era desconocido. Mar adoraba los animales y estaba encantada con una cría de león que acababa de nacer. Cada día lo iba a ver y cuando podía y la dejaban, lo alimentaba ella misma. El pequeño león respondía con cariño a sus cuidados.
Los días pasaban y Mar sentía un gran afecto hacia la cría de león. Sin embargo, un día ocurrió algo inesperado cuando al acercarse a la jaula para ir a alimentar a su estimada mascota, recibió un zarpazo sobre su delicado brazo. Se puso a gritar y a llorar y enseguida aparecieron los trabajadores del circo, que eran los miembros de su gran familia y la socorrieron. Por suerte. La herida no era grave y su recuperación fue rápida.
Culpar, gritar o golpear a alguien, son maneras de expresar nuestra ira. Sin embargo, es un modo muy superficial de manifestar lo que nos ocurre por dentro. ¿Habría una manera más plena de expresar nuestra ira? La CNV (Comunicación No Violenta), al contrario de lo que pudiera parecer, no nos propone reprimirla sino todo lo contrario, nos incita a expresarla de una manera plena. ¿ Os apetece saber cómo?