Para empezar me gustaría que vieras este vídeo y luego continuamos hablando. Es divertido, ¿te apetece?
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Quiero aprovechar este vídeo para señalarte las consecuencias de confundir lo que pienso sobre los hechos con la realidad. Sin ir más lejos el otro día me pasó algo que me recuerda esto. Estaba con una persona contándole una cosa que a mi me parecía importante y mientras le daba mis explicaciones, no paraba de bostezar. Entonces me indigné. ¿Cómo conseguí enfadarme? Pues pensando cosas como las siguientes:
– No hay derecho a que me haga esto. Qué falta de respeto y de consideración hacia lo que le estoy explicando. Yo esforzándome por explicarle algo importante para mi y él bostezando. No me está teniendo en cuenta.
Cada uno de estos pensamientos alimentaba más mi enfado, y cuanto más enfadado estaba, más pensamientos de este tipo se despertaban en mi. (5 pasos para romper el círculo vicioso de los pensamientos y los sentimientos desagradables.) Entonces, no pude evitarlo y le dije:
– No paras de bostezar.
El tono y la intención que tenía ese comentario era de reproche y de molestia. Sin embargo él me contestó:
– Sí, disculpa pero esta noche no he dormido casi nada. Mi hijo se ha puesto enfermo y hemos pasado la noche en vela…
Uf. No es que no le interesara lo que le estaba explicando sino que la noche en vela le impedía seguir mi conversación que, desde luego, requería mucha atención. Vaya, y yo le había juzgado tan severamente y todo tenía una explicación tan diferente a la que yo había imaginado… ¿Como hubiera quedado mi relación con esa persona si no me hubiera dicho qué le estaba pasando?
Seguro que tú me podrías explicar algún ejemplo en que te ha ocurrido algo parecido. Así que me hago la siguiente pregunta ¿Es posible evitar los males entendidos y sus desgraciadas consecuencias? ¿Podría hacer alguna cosa para que esto me pase con menor frecuencia? Yo creo que sí. Si quieres, a continuación te explico una manera que a mi me funciona.

A veces me plantean cosas como la siguiente. ¿Oye Francesc, cómo es que continúo haciendo cosas que sé que me perjudican? Veo claramente que eso que hago no me beneficia pero es como si estuviera atrapad@ porque continúo haciéndolo.
El otro día escuchaba como alguien explicaba que estaba enfadada con la persona que le hacía la limpieza en casa porque no limpiaba los cristales.
En algun otro artículo te he hablado sobre cómo hacer peticiones como uno de los 4 pasos de la Comunicación Noviolenta (CNV). Como recuerdas, primero se trata de hacer la observación sobre algo que ocurre, dejando momentáneamente a un lado los juicios sobre los hechos. El segundo paso era encontrar que es lo que sientes cuando ocurren los hechos descritos. En el paso tercero identificamos lo que sentimos como un indicador de necesidades no satisfechas (sentimientos desagradables) de las satisfechas (sentimientos agradables). Ahora llegamos al último paso: el de la petición. Pides a alguien alguna cosa que te ayude a satisfacer esa necesidad. Por lo tanto, situar la petición como el último paso me parece muy lógico, ¿no crees?. Entonces, ¿porqué no pedimos cosas que puedan enriquecer nuestras vidas?
Hay una historia que explica
En muchos de mis artículos he hablado sobre cómo utilizar los sentimientos como una señal para saber si hay una necesidad no cubierta, en cuyo caso hablamos de sentimientos desagradables, y cuando están cubiertas, como sentimientos agradables. Y una vez identificada esa necesidad podemos hacer alguna petición hacia nosotros mismos o hacia los demás. El artículo de hoy va precisamente de cómo hacer peticiones hacia los demás que sean lo más eficaces posibles.