
Hoy quiero empezar con una cita de Epicteto, filósofo que nació en el año 55 dC y que dice así:
“No es lo que ha sucedido lo que molesta a un hombre, sino su juicio sobre lo sucedido. Cuando alguien te irrita, ten por seguro que es tu propia opinión la que te ha irritado”.
Este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo con mi familia. Os explico lo que ha pasado.
Era sábado por la tarde y queríamos hacer algunas compras, así que decidimos ir a un centro comercial. Como era media tarde la afluencia de gente era máxima. Había un poco de cola de vehículos para entrar en el parking. Lógicamente, había un montón de coches intentando aparcar. Total, que después de dar algunas vueltas vimos un coche que estaba llenando el maletero con la compra que había realizado. Le hice una señal para saber si iba a salir y me contestó asintiendo. Entonces decidimos que era mejor esperar a que acabara de cargar el coche con sus compras a continuar dando vueltas para tratar de encontrar un sitio. Así que nos quedamos esperando.
Lo que vimos fue a dos personas que antes de cargar la compra discutían sobre cómo colocarla en el maletero. También ocurría que parte de lo que habían cargado lo descargaban nuevamente para recolocarlo de una forma diferente.
Mientras ocurría esto, ¿que es lo que nos pasaba? Pues que empezamos a hacer comentarios sobre lo que estábamos viendo. Decíamos cosas como…
Quisiera utilizar el término figurado de la palabra gurú para designar una persona experta en un tema. Concretamente, quiero destacar la influencia que tiene la opinión expresada por un gurú para crear una corriente de opinión o incluso una tendencia. Para hablar sobre el tema empezaré con un chiste. Es el siguiente.
En ocasiones, cuando estoy viviendo una situación difícil, me he planteado si debo resistirme y rebelarme contra lo que está pasando, o bien abandonar y buscar algo mejor. Me recuerda a la dualidad luchar o huir. Entonces me viene a la memoria un fragmento de una oración que escribió el teólogo y politólogo protestante Karl Paul Reinhold Niebuhr en 1943. Dice así:
Muchas veces tenemos muy claro qué es lo que queremos conseguir. Lo vemos claramente y vamos hacia ello. Esta actitud es muy positiva porque nos impulsa a la acción que es algo que no debemos perder nunca. Ahora bien, también es muy importante para mí no malgastar tiempo y energía. Y lo que nos ocurre a veces es que lo vemos tan claro, o estamos tan decididos que nuestro impulso es de avanzar «todo recto», como si esto fuera suficiente como para solventar cualquier dificultad.
En algún otro artículo (
Durante mucho tiempo he podido comprobar personalmente la utilidad y efectividad que supone fijarse objetivos. He estudiado y probado infinidad de técnicas, algunas veces con éxito y otras veces con resultados más bien pobres. Sin embargo, he llegado a la conclusión que la capacidad de hacer planes y el compromiso para llevar a cabo lo planeado es fundamental para tener la sensación que controlamos nuestras vidas y que no somos unas simples marionetas a merced de las circunstancias de la vida. Y cuando uno descubre algo que funciona y piensa que puede ser muy valioso para el progreso de las personas se entusiasma y tiene la tendencia a pensar que es lo único que funciona.
La necesidad de seguridad es una de las más básicas, tanto a nivel individual como colectivo. En un mundo hostil, sin certezas, necesitamos construir espacios donde podamos estar seguros, tranquilos, en el que podamos hacer predecible el futuro y así rebajar nuestra ansiedad. Si lo ceñimos al entorno personal, la cuestión es preguntarse sobre el tipo de estrategias que utilizamos para construir nuestra seguridad.
Hay una frase que se oye muchas veces y que produce sensaciones y efectos contradictorios. Es la siguiente: » Puedes conseguir cualquier cosa que te propongas«. En ocasiones, hay comentarios irónicos, como por ejemplo: