¡Me haces enfadar! 2ª parte: Cómo transformar la ira.

En el último artículo «Tú me haces enfadar: cuidado con las relaciones causa-efecto» expliqué la diferencia entre causa y estímulo, una distinción que resulta clave para poder gestionar las emociones. Al final del artículo prometí que en la siguiente entrada pondría algún ejemplo para ilustrar el proceso que te permitiría poder elegir tu respuesta cuando te enfadaras con alguien. Así que, primero expondré una situación y luego volveré a reproducir la misma situación pero esta vez aplicando los pasos del proceso para transformar la ira, para puedas ver la diferencia. ¡Vamos allá!

La situación es la siguiente:

Hoy tengo una reunión a primera hora de la mañana. Para llegar a tiempo tengo que levantarme especialmente temprano y la verdad es que, a parte del esfuerzo que ello me supone, no puedo despedirme de mi familia y eso no me gusta nada. Pues bien, como hay reunión me levanto temprano y al salir para ir a buscar el tren me encuentro unas obras que me retrasan. Después de mucho correr consigo pillar el tren que quería. ¡Menos mal! Llego al trabajo acalorado justo a la hora de comienzo de la reunión. Entro en la sala de reuniones y no hay nadie. Entonces pregunto por Miguel, el que convocó la reunión.

– ¿Donde está Miguel? Hoy teníamos reunión.

– No creo que haya reunión porque Miguel está de viaje. 

-¿Cómo dices? 

Entonces exploté de rabia gritando:

– ¡ Es que no hay derecho. Qué falta de respeto. Anulan una reunión y ni avisan. La gente no piensa en los demás ! 

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¡Tú me haces enfadar! Ten cuidado con las relaciones causa efecto

El post de hoy voy a hablar sobre las relaciones causa-efecto. Quizás sea algo poco claro así que voy a tratar de explicarme lo mejor posible. Para ello voy a empezar poniendo algunos ejemplos que ilustren lo que son para mi.

1- Como en exceso. Me engordo. La causa que me engorde es comer en exceso.
2- Me insultas. Me enfado. La causa de mi enfado es tu insulto.
3- Estoy triste. Como chocolate. Ya no estoy triste. La causa que ya no esté triste es comer chocolate.
4- Haces algo que no me gusta. Me siento infeliz. La causa de mi infelicidad eres tú.

¿Sigo?

Creo que no hace falta. El mecanismo para hacer estos razonamientos causa-efecto es que hay cosas que pasan unas después de otras y que nos hacen deducir que las primeras son la causa de las segundas. La verdad es que viendo estos ejemplos está claro que lo primero alguna cosa tiene que ver (o mucho) para que se desencadene lo segundo. Ahora bien, cuando decimos que lo primero es la causa de lo segundo no dejamos ningún resquicio a la posibilidad que no se produzca lo segundo cuando pasa lo primero. Aquí es cuando digo que hay que tener mucho cuidado. Y cuando digo mucho, es mucho. Como decía Jack el Destripador, vayamos por partes ( ;-)) y analicemos algunos de los ejemplos que he puesto.

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El poder de la empatía: cómo responder a una pregunta incómoda

El otro día leí un artículo en un blog sobre psicologia que decía lo siguiente «20 respuestas ingeniosas a la pregunta ¿me estás analizando?« El autor explica que ésta es una de las preguntas a las que un psicólogo o estudiante de psicología se debe enfrentar cuando revela su identidad a los demás. Las respuestas son realmente ingeniosas. Os pongo alguna de ellas:

«Yo no trabajo gratis.

Sí, te estoy analizando; pero la verdad es que no te quiero preocupar.

El diagnóstico es reservado.

¿Y tú crees que no tengo nada mejor que hacer? …»

Lo que me pasó al cabo de un rato de leerlas es que me quedó una sensación extraña. Las respuestas me hicieron sonreir pero con una cierta sensación agridulce. Detrás de ellas percibí una cierta agresividad, pero no gratuita, sino aquella que utilizamos cuando percibimos que nos atacan. Supongo que a un psicólogo o estudiante de psicología no le debe sentar muy bien que le hagan esta pregunta y para defenderse utiliza la ironía. Si lo único que pretende es mostrarse ingenioso creo que es una respuesta eficaz.Ahora, si lo que quiere es que los demás entiendan que no le ha gustado para nada la pregunta, que está harto u ofendido y quiere que le comprendan, la verdad es que no me parece que estas respuestas vayan a ser muy eficaces.

¿Alguna vez te has sentido molesto ante una pregunta y no has sabido cómo responderla? ¿Te gustaría poder explicar a los demás tu incomodidad sin que ello conlleve una respuesta agresiva? ¿O simplemente quieras responder con ironía ácida, pero no desde la reactividad, sino desde la libertad de hacerlo, porque crees que es la mejor opción entre varias disponibles? Si has respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas te propongo un método en 4 pasos que te puede ser de utilidad.

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Asertividad: cómo afrontar diálogos difíciles, 2ª parte

En la pasada entrada te hablé sobre cómo afrontar diálogos en situaciones que nos resultan complicadas por la carga emocional que puedan tener. Si recuerdas, también te expliqué cuales son los dos factores clave que facilitan o dificultan que se produzca una comunicación efectiva. El primero era que hay un tipo de lenguaje que hace que se levanten murallas que impiden la comunicación eficaz que son el lenguaje evaluativo y los juicios sobre la otra parte. El segundo, ser consciente de nuestras emociones y saberlas gestionar. Pero no nos quedamos aquí sino que te expliqué el método de 4 pasos de la CNV que te pueden ayudar en las dos cosas: a utilizar un lenguaje que elimine barreras y a gestionar tus propias emociones y a ser consciente de la de los demás. Finalmente puse un ejemplo de una situación cotidiana para ilustrar cómo aplicar el método.

Si recuerdas, el ejemplo tenía un final que suponía que la otra parte accedería a nuestra petición ya que el lenguaje utilizado era no evaluativo y seguía estrictamente el método de los 4 pasos. También te dije que te daría una respuesta para el caso en que hagamos una petición y no haya una respuesta positiva a la demanda.

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Cómo afrontar diálogos difíciles.

En este artículo te explicaré las claves que has de tener en cuenta cuando necesites mantener una conversación en una situación difícil y un método en cuatro pasos que te ayudará a que sea una conversación eficaz.

Antes de nada me gustaría explicarte lo que es una comunicación eficaz. A mi modo de ver surge cuando dos personas dialogan e interactúan. Cuando el diálogo es eficaz hay una cierta transferencia de información entre las dos partes y hay una respuesta que se construye a partir de eso que se ha compartido. A mi me gusta imaginarmelo como un baile: uno hace un movimiento que el otro lee y el otro, al recibir esa respuesta, hace otra cosa, todo ello, de una forma armoniosa. En definitiva dialogar es como bailar.

Ahora bien, los diálogos no siempre funcionan de esta forma, ¿verdad? En multitud de ocasiones se quedan en un simple intercambio de monólogos. Pudiera parecer que es un diálogo porque primero habla uno y luego otro, pero no es armonioso porque las respuestas de uno no surgen de la comprensión de la otra parte. Es como si se hubieran enganchado un conjunto de monólogos sin relación entre ellos.

Gestionar una comunicación difícil: Lo que facilita y lo que impide la comunicación eficaz

La comunicación eficaz se produce en muchos momentos de nuestras vidas. Una conversación tranquila con un amigo es un ejemplo de ello. Sin embargo hay momentos en que deseamos que esa comunicación se produzca pero ocurre todo lo contrario. ¿Porqué? En mi opinión hay dos factores clave para que haya una comunicación eficaz.

El primero es el tipo de lenguaje que se utiliza. Cuando se utilizan reproches y juicios sobre la otra persona la respuesta más lógica es que se ponga a la defensiva. Levanta las «murallas» y ya sólo está pendiente de cómo defenderse de lo que se interpreta como un ataque y no a escuchar lo que se le dice. Por lo tanto, el lenguaje evaluativo y los juicios impiden una comunicación eficaz. La buena noticia es que ahora ya sabes que este tipo de lenguaje no es el más adecuado para conseguir comunicarte eficazmente. La mala noticia es que esta forma de comunicarnos basada en juicios y evaluaciones sobre los demás es la que hemos aprendido desde pequeños y es nuestra forma habitual de comunicarnos en situaciones de dificultad.

Otro aspecto que es clave en todo el proceso es la gestión de las emociones. Vamos, que podemos tener las mejores intenciones el mundo, conocer la manera más eficaz para comunicarnos y estar perfectamente entrenados y habituados para hacerlo pero cuando entran en luego las emociones, sobretodo si son intensas, se puede ir al traste todo el proceso en un instante.

Bien, ahora que ya sabes cuales son los dos factores clave para conseguir una comunicación eficaz supongo que te estarás preguntando, ¿y cómo se consigue esto?

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No quiero ser el responsable de cómo te sientes.

En la entrada de hoy te quiero hablar de la diferencia que hay entre las frases siguientes:

1.- Siento que mi comentario te haya molestado

2.- Siento que te hayas molestado cuando he hecho ese comentario

Son prácticamente iguales, ¿verdad? ¿o quizás notas alguna diferencia? Te dejo un rato para que las vuelvas a leer, esta vez, con más atención, porque en mi opinión sí que hay una diferencia sustancial.

……

¿Lo ves ahora?

……

Bueno, si quieres te digo cual es esa diferencia que yo considero tan sustancial y luego me dices si estás o no de acuerdo,  ¿vale?

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El resentimiento, 2ª parte

Para los que estáis interesados en cómo podría ser un ejemplo del proceso en 6 pasos para superar el resentimiento que expuse en el post El resentimiento, la emoción del esclavo me he decidido a exponerlo en forma de ejemplo. Imaginaros la siguiente historia: Yo tenía un socio en un proyecto empresarial y cuando llegó un … Leer más

Cómo gestionar el enfado

En la entrada de hoy voy a tratar el tema del enfado y cómo conseguir ser más eficaces en nuestra comunicación. Cuando nos enfadamos y dejamos que la emoción nos conduzca nos comunicamos emitiendo jucios por lo que las personas se ponen a la defensiva y no son capaces de escuchar los motivos de nuestro … Leer más

Cómo nos hacemos trampas al solitario.

Hace unos días publiqué en el twitter una cita que decía lo siguiente:

Las personas hacen un gran esfuerzo por ver el mundo de una manera que preserve su sentido de bienestar. T. Wilson

Uno de mis seguidores de twitter (Emilia Amores) me sugirió que escribiera un artículo sobre ello. Me pareció una buena idea y por eso estamos aquí. A mi, esta cita me sugiere dos ideas. La primera es la siguiente:

Las personas no vemos el mundo como es sino como somos. Sobre esto sólo un par de cosas. La información que nos llega del mundo a través de los sentidos es abrumadora y por esta razón nuestro cerebro hace un proceso de filtrado de la información que nos bombardea sin cesar para no quedar bloqueado. Hay que tener en cuenta este mecanismo porque los filtros que tenemos cada uno son diferentes. Tenemos filtros fisiológicos (ante un mismo estímulo no todo el mundo puede ver, oír y sentir exactamente lo mismo). Tenemos filtros culturales (hay cosas que son correctas para una cultura y totalmente incorrectas para otras) y filtros personales (si queréis ampliar información podéis leer la entrada El mapa no es el territorio ).  Estos filtros actúan como si fueran unas gafas a través de las cuales observamos la realidad y que la mayor parte de las veces ni somos conscientes que las llevamos. Es por ello que sostengo que vemos el mundo como somos y no como es.

La segunda idea que me lleva la cita es que, como tenemos diferentes maneras de ver el mundo, cuando lo que vemos es muy difícil de aceptar, nos ponemos unas gafas que son totalmente opacas, que niegan la realidad. Es un mecanismo de defensa que todos tenemos, que todos aplicamos alguna vez y que nos permite avanzar. Como dice la cita, la negación busca «preservar nuestro estado de bienestar». Ahora bien, ¿qué problema hay entonces en el autoengaño? ¿Que puede pasar si el negar lo que veo me aporta tranquilidad y es hasta cierto punto necesario?

Pues resulta que la estrategia de la negación funciona, pero sólo en el corto plazo, porque negar el problema no lo soluciona. Si una cosa tiene la realidad es que es muy tozuda y además, desconsiderada. Vamos, que le trae sin cuidado cómo nos pueda afectar. La realidad va lo suyo independientemente de lo que pensemos o sintamos. Y cuando no afrontamos lo que sucede continúa allí, aunque la ignoremos.

Es algo así como si supieras que alguien te va a pegar un cachete y esto fuera inevitable. Entonces decides que, venga, que te lo den, pero justo antes que te lo van a dar, tu te retiras. «No, no, más tarde». Pero eso no te va librar del cachete, simplemente lo posterga. Total que lo has pasado mal y aún te queda recibirlo. Y así sucesivamente.

Estrategias para «evitar el cachete» tenemos muchas y hay libros enteros de psicología que hablan de ellas. La cuestión que os planteo es, ¿estaríais dispuestos a abriros a probar algo diferente a lo que estáis acostumbrados a hacer con los resultados que ya conocéis?

Para mi, probar algo diferente sería estar dispuesto a «aguantar el cachete», a sentir el dolor, porque eso nos permite transformarlo en algo que nos haga avanzar. Ya sé que lo que os planteo no es fácil, pero los resultados que os proporciona lo otro ya lo conocéis de sobra, ¿verdad?. Si queréis probar algo diferente, continuad leyendo. Sino, sed honestos con vosotros mismos y dejad de leer este artículo.

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¿CASUALidad o CAUSAlidad?

En esta entrada quiero compartir con vosotros algo que me ha sucedido hace unos pocos días. Cuando salía del trabajo me puse a revisar el twitter y vi que alguien recomendaba visitar un vídeo sobre unos submarinistas y un delfín. Eran unos 3 minutos, así que decidí a mirarlo antes de ponerme en marcha. Ya sabéis que una imagen es mejor mil palabras así que aquí tenéis el enlace al vídeo -> Delfín pide ayuda a un submarinista
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=B9E_oJKUxBg?rel=0]

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