Creo que todos en algún momento hemos sentido odio hacia algo o alguien. Aunque sólo haya sido momentáneo habremos percibido lo intenso de esa emoción y cómo puede llegar a invadir nuestros pensamientos. Antes de hablar sobre ello veamos cómo define wikipedia el odio:
El odio es una emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad; otros, como Elie Wiesel, consideran al odio como lo opuesto al amor.
Como ya he explicado en otro artículo (¿Podemos cambiar nuestras emociones?) todas las emociones, incluidas el odio, son legítimas. Es más, no se pueden ni se deben controlar. Ahora bien, lo que tampoco puede ocurrir es que el odio te controle a ti. Lo que se puede hacer con las emociones es aceptarlas, y gestionarlas. ¿De qué forma?
En algún otro artículo (
La necesidad de seguridad es una de las más básicas, tanto a nivel individual como colectivo. En un mundo hostil, sin certezas, necesitamos construir espacios donde podamos estar seguros, tranquilos, en el que podamos hacer predecible el futuro y así rebajar nuestra ansiedad. Si lo ceñimos al entorno personal, la cuestión es preguntarse sobre el tipo de estrategias que utilizamos para construir nuestra seguridad.