El resentimiento, 2ª parte

Para los que estáis interesados en cómo podría ser un ejemplo del proceso en 6 pasos para superar el resentimiento que expuse en el post El resentimiento, la emoción del esclavo me he decidido a exponerlo en forma de ejemplo. Imaginaros la siguiente historia: Yo tenía un socio en un proyecto empresarial y cuando llegó un … Leer más

El caballo y el pozo: Las críticas destructivas.

Cuando nos hacen una crítica destructiva nos duele y por ello la rechazamos y nos ponemos a la defensiva. Además, no tenemos ningún control sobre lo que hacen los demás. Vamos, que no podemos evitar que los demás nos hagan críticas destructivas. Entonces, ¿qué podemos hacer con esto? Esta situación me recuerda la historia del caballo que cayó en el pozo.

Cuenta la historia que había un campesino que tenía unos caballos que le ayudaban en los trabajos de su hacienda. Un día, su capataz le avisó que uno de sus caballos había caído en el fondo de un viejo pozo abandonado. Rápidamente, fue a ver qué había pasado. Se encontró que el caballo estaba bien, sin embargo, era viejo y los recursos que había que movilizar para rescatarlo eran muchos. Así que, muy a su pesar, decidió renunciar a su rescate. Lo que sí ordenó fue que sacrificase al animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo.

Así se hizo y empezaron a lanzar tierra para cubrir al caballo y tapar el pozo. Pero entonces ocurrió algo curioso. El caballo, con cada palada de tierra que recibía, lo que hacía era sacudírsela de encima y utilizarla para subir un poco más el nivel del fondo del pozo. Y con cada palada hacía lo mismo. Hasta que llegó un momento que el fondo del pozo quedó a una altura suficiente que permitió al caballo saltar y salir de su trampa.

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¿Cómo te tratas cuando te equivocas?

libro-de-quejasA veces nos olvidamos que somos seres únicos, dignos de consideración y de ser tratados con compasión. Alguno de vosotros se podría preguntar, ¿a qué viene esto?. Pues que el otro día escuché a una persona decirse unas cosas terribles porque había tenido un descuido. Se decía cosas como «qué desastre soy» » mira que olvidarme otra vez» » mira que soy tonto» y cosas similares. Estoy seguro que si otra persona que le importara hubiera cometido ese mismo descuido no habría sido tan severa. Sin embargo, con ella misma se insultó gravemente. Ya sé aquello de que «la confianza da asco», ¿pero tanto?.

Lo que me pregunté en ese momento es cual podría ser el motivo que lleva a una persona a tratarse con tanta severidad, falta de respeto y de compasión cuando se equivoca (link a «Excelencia y exigencia: qué me pasa cuando me equivoco). ¿Qué os parece a vosotros? ………..

Tengo la creencia que todo comportamiento, por repugnante que nos pudiera parecer, tiene una intención positiva y busca satisfacer una necesidad básica universal ( Link a listado de necesidades). A mi me resulta útil separar el comportamiento de aquello que lo motiva. Por lo tanto, ¿qué intención positiva o qué necesidad busca satisfacer la crítica destructiva hacia uno mismo? Me imagino que es como un castigo, que lo que persigue es que el error no se vuelva a repetir. En ese caso hay una profunda necesidad de ser eficaces la próxima vez. Otro tema muy diferente es que la estrategia que utilizo para ello (la crítica destructiva) consiga lo que quiero o lo haga a un coste muy elevado.

Lo que quiero hacer ahora es, en palabras de Julio Hervás Cercós, buscar el principio homeopático que tiene la crítica destructiva. Es decir, lo que se trata es de mantener esa necesidad de eficacia y de aprendizaje cambiando la estrategia de conseguirla por otra que sea más sostenible. ¿Hay entonces otro camino?

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El impacto de lo que pensamos con un chiste.

El otro día estaba esperando a que mi hija saliera del entrenamiento del fútbol cuando me llamó la atención una persona que iba caminando sola y gesticulando ostensiblemente. Hoy en día es habitual porque en muchos casos se habla por teléfono móvil través de unos auriculares con micrófono. El caso es que la persona de la que os hablo no llevaba ningún auricular ni estaba hablando por teléfono.

Muchas veces, a éstas personas se las dice que no están muy cuerdas. ¿Porqué? Pues supongo que están tan metidos en sus diálogos internos que no se dan ni cuenta que son eso, internos, y que por lo tanto no tiene ningún sentido ni hablar en voz alta o gesticular, que son acciones hacia el exterior. Si consideramos sólo este aspecto para decir que estamos cuerdos o locos, entonces la linea que separa unos de otros es muy delgada. Ahora os explico mi interpretación.

Los supuestamente cuerdos nos damos cuenta (me vais a permitir que me incluya en esta categoría) cuándo lo que nos decimos es sólo nuestro y tenemos esa consciencia para no exteriorizarlo. Ahora bien, ¿cuantos de nosotros podemos estar seguros que nuestros diálogos internos, especialmente si hay en ellos fuertes emociones, no se manifiestan en el exterior sin que nos demos cuenta de ello? ¿Cómo podéis estar seguros que exteriormente no se manifiesta aquello que estáis pensando?

Os propongo que observéis a la gente en el metro, un lunes por la mañana. Las personas vivimos tan absortos en nuestros pensamientos que no vemos al que tenemos delante. Y sino, fijaros en las miradas de la gente, perdidas en el infinito, o mirando al suelo, o jugando con su smartphone compulsivamente como una forma de escapar al no saber estar con uno mismo.

¿Qué diferencia hay entonces entre cualquier persona perdida en sus pensamientos y la persona que vi el otro día que hablaba sola? La única diferencia es que una exterioriza su estado interno y la otra no pero, en lo esencial, están igual de perdidas en sus pensamientos.

Alguno de vosotros se podría preguntar, ¿hay algo de malo en ello?. La cuestión no es que sea bueno ni malo. Lo único que os planteo es que ésto hace que perdamos de vista que una cosa es lo que pasa y otra muy diferente es lo que pensamos al respecto de lo que está pasando. Lo segundo es una producción propia fruto de cómo somos, de nuestros valores, de nuestras vivencias personales. Desde luego que tiene que ver con lo que está pasando pero que NO es lo que pasa. (Podéis ver ->  El mapa no es el territorio). Ante la misma cosa pueden haber tantos diálogos internos como gente hay que mira la misma cosa y confundirlo con la realidad puede llevarnos graves consecuencias (podéis ver la primera parte del artículo ->Etiquetar a las personas)

Para ilustrar esto mismo de otra forma menos trágica os voy a explicar un chiste.

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¿CASUALidad o CAUSAlidad?

En esta entrada quiero compartir con vosotros algo que me ha sucedido hace unos pocos días. Cuando salía del trabajo me puse a revisar el twitter y vi que alguien recomendaba visitar un vídeo sobre unos submarinistas y un delfín. Eran unos 3 minutos, así que decidí a mirarlo antes de ponerme en marcha. Ya sabéis que una imagen es mejor mil palabras así que aquí tenéis el enlace al vídeo -> Delfín pide ayuda a un submarinista
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=B9E_oJKUxBg?rel=0]

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El resentimiento: la emoción del esclavo

Este entrada la voy a dedicar a una emoción que creo que todos conocemos: el resentimiento. Y digo que es conocida porque se produce tanto en el ámbito personal como en el de las organizaciones. Por ejemplo, estamos resentidos con nuestra pareja porque pedimos colaboración y no nos la da, o bien con nuestra empresa porque no nos trata como merecemos. Para empezar, os adjunto una una definición del término:

Resentimiento es la acción y efecto de resentirse (tener un enojo o pesar por algo). El resentimiento se refleja en diversos sentimientos y actitudes, como la hostilidad hacia algo o alguien, la ira no resuelta sobre un acontecimiento, el enfurecimiento o la incapacidad para perdonar.

De esta definición me gustaría destacar varios aspectos.

El primero. El esquema sobre el que se sustenta el resentimiento suele ser que algo o alguien nos ha causado un daño que consideramos que no se puede reparar y que juzgamos que no merecemos, por lo que el causante merece que le castiguemos. La forma en que se ejerce ese castigo puede ser mostrar hostilidad hacia el causante de nuestro dolor,  y la incapacidad de perdonar.

Otro aspecto muy importante es que el resentimiento implica algo que está enquistado, no resuelto. Si lo pensamos en términos de tiempo, este sentimiento podría venir de un acontecimiento sucedido hace meses o incluso muchos años. Por lo tanto el resentimiento es un compañero de viaje que nos puede acompañar durante mucho tiempo por lo que puede llegar a tener mucho impacto en nuestras vidas.

También es bueno tener en cuenta que hay ocasiones que no somos capaces de reconocer que estamos resentidos. Puede ser que llevemos tanto tiempo con ello que ya forme parte de lo que nosotros consideremos algo “normal”. Cuando uno lleva una pesada carga durante mucho tiempo muchas veces se olvida que la lleva. ¿Cómo podríamos reconocerla? Mostrarse nervioso o muy sensible ante ciertos hechos o personas, tener una actitud hostil, expresar dificultades para confiar en nuevas relaciones y sentirse menospreciado son algunos indicadores.

Hasta ahora hemos hablado de los efectos externos del resentimiento. Sin embargo estas actitudes que se muestran en el exterior tienen un efecto sobre nosotros. En realidad, lo que sucede en el exterior responde a algo que nos pasa en nuestro interior. ¿Cómo son esas sensaciones? Desde luego no es algo que nos proporcione calma ni sosiego sino todo lo contrario. Por lo tanto el resentimiento tiene una componente de sufrimiento para el que se siente resentido. Es como si el «castigar» tuviera un efecto secundario sobre el que castiga. Esto me trae a la memoria una cita que explica muy bien este fenómeno.

El resentimiento es como tomar veneno esperando que la otra persona muera. – Carrie Fisher.

Finalmente decir que el resentimiento también se basa en el hecho que pensamos que el comportamiento  de la otra persona o las circunstancias han sido la causa de cómo nos sentimos. (Diferencia entre causa y estímulo). Esto nos convierte en víctimas, lo cual tiene un efecto muy positivo en nosotros ya que nos da la tranquilidad de ser los inocentes. Sin embargo hay un efecto secundario que hay que tener en cuenta. El ser víctimas nos incapacita para la acción ya que es el otro el culpable y por lo tanto no podemos hacer nada. Y si no podemos hacer nada dejamos de ser libres y nos convertimos en esclavos del resentimiento que sentimos por nuestro «agresor». Lo curioso es que es una esclavitud generada por nosotros porque el «agresor» no nos obliga a sentir eso. Estamos enganchados al agresor pero somos nosotros los que nos enganchamos y no al revés. Hay otra cita relacionada con ello para explicarlo.

El resentimiento es la emoción del esclavo, no porque el esclavo sea resentido, sino porque quien vive en el resentimiento, vive en la esclavitud.” F. W. Nietszche

Quizás alguno de vosotros se diga lo siguiente. «Vale, puedo llegar a entender que es la emoción del esclavo, y además, decido que no quiero continuar así. Sin embargo no puedo evitar dejar de sentir como siento. ¿Cómo puedo salir de este círculo vicioso?».

Muy bien, la buena noticia es que se puede salir de esta dinámica y la no tan buena es que requiere determinación. ¿Estáis dispuestos? Si contestáis que sí, continuad leyendo. Sino es así, no creo que os valga la pena que continuéis esta lectura.

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Esperando para aparcar…

Hoy quiero empezar con una cita de Epicteto, filósofo que nació en el año 55 dC y que dice así:

 “No es lo que ha sucedido lo que molesta a un hombre, sino su juicio sobre lo sucedido. Cuando alguien te irrita, ten por seguro que es tu propia opinión la que te ha irritado”.

Este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo con mi familia. Os explico lo que ha pasado.

Era sábado por la tarde y queríamos hacer algunas compras, así que decidimos ir a un centro comercial. Como era media tarde la afluencia de gente era máxima. Había un poco de cola de vehículos para entrar en el parking. Lógicamente, había un montón de coches intentando aparcar. Total, que después de dar algunas vueltas vimos un coche que estaba llenando el maletero con la compra que había realizado. Le hice una señal para saber si iba a salir y me contestó asintiendo. Entonces decidimos que era mejor esperar a que acabara de cargar el coche con sus compras a continuar dando vueltas para tratar de encontrar un sitio. Así que nos quedamos esperando.

Lo que vimos fue a dos personas que antes de cargar la compra discutían sobre cómo colocarla en el maletero. También ocurría que parte de lo que habían cargado lo descargaban nuevamente para recolocarlo de una forma diferente.

Mientras ocurría esto, ¿que es lo que nos pasaba? Pues que empezamos a hacer comentarios sobre lo que estábamos viendo. Decíamos cosas como…

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El impacto de los paradigmas.

El otro día me ocurrió algo que quisiera compartir con vosotros. Estaba volviendo de unos días de vacaciones por el sur de Francia. En el camino de regreso, conduciendo por la autopista, mi hija mayor jugueteaba con la aplicación de mapas de mi Ipad. Entonces me dijo:

–          La bolita azul se está moviendo.

–           Vamos a ver, le contesté, lo que me dices es imposible. La única manera que eso pase es que tengamos conexión wi-fi y ahora mismo, no tenemos, ¿Verdad?

–          No, no tenemos pero te digo que la bolita azul se mueve.

–          !Imposible! Exclamé.

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¿Sabes la diferencia entre aceptar y rendirse?

Hay ocasiones en que las cosas no ocurren tal como las habíamos planeado. Aquí podemos encontrar un amplio rango de decepciones. Desde las que podemos considerar como parte de lo cotidiano hasta decepciones o pérdidas que pueden llegar a tocarnos muy intensamente. Tras una pérdida o decepción importante los psicólogos tienen estudiado que pasamos por una serie de etapas. Concretamente, las etapas que describe la Dra. E. Kubler Ross en caso de graves pérdidas son las siguientes:

1) Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse.

2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué.

3) Pacto: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

4) Depresión: Es un estado, en general, temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad. Requiera recibir grandes dosis de empatía. (¿Qué es la empatía?)

5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz sino que es una tristeza serena.

Pero en este artículo me quiero referir a aquellas pérdidas que son menos intensas, pero que debemos afrontar de una forma cotidiana. Y para esta clase de decepciones, lo que sí voy a tomar del proceso descrito anteriormente es que, independientemente del orden y número de etapas por las que se pasa, al final hay una aceptación.

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El mapa no es el territorio. ¿Cómo observas la realidad?

Esta frase es una de la presuposiciones de la PNL (Programación Neuro Lingüística) y fue acuñada por Alfred Korzybski, cuya obra culminó en la fundación de la disciplina que llamó semántica general y proviene de una historia que probablemente es falsa, aunque ayuda a explicar muy bien el concepto que hay detrás. Parece ser que durante la Primera Guerra Mundial, él y su tropa cayeron en un accidente del terreno que no figuraba en los mapas lo cual tuvo consecuencias desastrosas.

Según Korzybsky los seres humanos estan limitados en su conocimiento del mundo exterior por la estructura de su sistema nervioso y la estructura de sus lenguas. Es decir, que la lengua y nuestra fisiología limitan nuestro conocimiento del mundo.

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