Creo que todos en algún momento hemos sentido odio hacia algo o alguien. Aunque sólo haya sido momentáneo habremos percibido lo intenso de esa emoción y cómo puede llegar a invadir nuestros pensamientos. Antes de hablar sobre ello veamos cómo define wikipedia el odio:
El odio es una emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad; otros, como Elie Wiesel, consideran al odio como lo opuesto al amor.
Como ya he explicado en otro artículo (¿Podemos cambiar nuestras emociones?) todas las emociones, incluidas el odio, son legítimas. Es más, no se pueden ni se deben controlar. Ahora bien, lo que tampoco puede ocurrir es que el odio te controle a ti. Lo que se puede hacer con las emociones es aceptarlas, y gestionarlas. ¿De qué forma?
Durante mucho tiempo he podido comprobar personalmente la utilidad y efectividad que supone fijarse objetivos. He estudiado y probado infinidad de técnicas, algunas veces con éxito y otras veces con resultados más bien pobres. Sin embargo, he llegado a la conclusión que la capacidad de hacer planes y el compromiso para llevar a cabo lo planeado es fundamental para tener la sensación que controlamos nuestras vidas y que no somos unas simples marionetas a merced de las circunstancias de la vida. Y cuando uno descubre algo que funciona y piensa que puede ser muy valioso para el progreso de las personas se entusiasma y tiene la tendencia a pensar que es lo único que funciona.
La necesidad de seguridad es una de las más básicas, tanto a nivel individual como colectivo. En un mundo hostil, sin certezas, necesitamos construir espacios donde podamos estar seguros, tranquilos, en el que podamos hacer predecible el futuro y así rebajar nuestra ansiedad. Si lo ceñimos al entorno personal, la cuestión es preguntarse sobre el tipo de estrategias que utilizamos para construir nuestra seguridad.
Una de las habilidades más importantes es saber gestionar conflictos. Si pensáis en el último mes, ¿sois capaces de encontrar algún momento de conflicto? Es casi seguro que sí. ¿Y en la última semana? Es bastante probable que también. Lo que quiero decir con esto es que el conflicto es algo habitual en nuestras vidas. Sin embargo, es muy extraño que alguien nos haya explicado alguna cosa sobre algo tan habitual y que tanto nos inquieta. El objetivo de este artículo es proporcionar alguna información que os pueda ser útil para aprender a afrontar y a gestionar los conflictos.