Equivocarse: una alternativa más allá de la culpa.

Cuando hago algo cuyo resultado no esperaba o resulta que mi acción causa un daño moral y/o material a otra persona, puedo sentir culpa. Lo que me pregunto es, ¿el sentimiento de culpa es la forma más eficaz para aprender de los errores y reparar el daño causado? ¿Hay alguna alternativa más constructiva y respetuosa … Leer más

«¿Quieres ser feliz o tener la razón? Las dos cosas a la vez es imposible».

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Freskenzyklus der Brancacci-Kapelle in Santa Maria del Carmine in Florenz, Szene: Hl. Petrus und Hl Paulus im Disput mit dem Magier Simon vor Nero

En el artículo de hoy quiero hablarte de tener la razón, especialmente en una situación de conflicto. Así que supón que he discutido con alguien, estoy enfadado y en conflicto con esa persona y además yo tengo la razón. Fíjate que digo que tengo «la razón» y no «mis razones» lo cual significa que razón sólo hay una, y además la tengo yo. Y si la tengo yo no la puede tener la otra parte, así que el otro está equivocado.

Otra cosa que quiero tener en cuenta es cómo me está afectando la situación conflictiva. En hecho que yo esté en conflicto con la otra persona, ¿me incomoda o me hace sufrir de alguna forma? Para responder a esta pregunta vale la pena ser muy honesto con uno mismo. Yo no sé qué te pasa a ti, pero a mi, los conflictos con las personas me incomodan mucho, y especialmente si el conflicto es con alguna persona que es importante y valiosa para mi. Pero el hecho que me me haga sufrir no hace cambiar el hecho que yo tengo razón y el otro no. Eso yo no puedo cambiarlo, así que, aunque me resulte incómodo me tendré que acostumbrar a eso.

¿Te das cuenta de lo que me está pasando? La única manera que el conflicto se solucione es que la otra persona reconozca su error. Mientras eso no pase, yo no podré hacer nada y por lo tanto, yo continuaré sufriendo por ello. Tener la razón supone dejar en manos del otro que yo deje de sufrir. Así que, tener la razón me encadena a la situación problemática o lo deja en manos de otro. Así que se me plantea el siguiente dilema: ¿quiero tener razón o seguir sufriendo?, o como dice el título del post «¿Quiero tener razón o ser feliz? porque las dos cosas al mismo tiempo es imposible».

Ahora es tu turno. Recuerda una situación conflictiva con alguien importante, ya sea en el entorno laboral como en el personal. ¿Que elijes, tener razón o ser feliz?

Si has escogido ser feliz, te animo a que continúes leyendo el artículo. Y también puede ser que hayas pensado algo así como: – Claro que quiero ser feliz,  pero también tengo unos principios y una dignidad. Así que elijo seguir teniendo razón a costa de mi felicidad. Si éste es tu caso entonces también te sugiero que continúes leyendo porque, a continuación, podrás encontrar el tesoro que se esconde tras la actitud de tener la razón y eso te permitirá encontrar alternativas que te permitirán ser feliz. ¿Me acompañas?

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Lo digo o no lo digo, esta es la cuestión: 3 pasos para resolver un conflicto interno

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/2a/Face_Off.jpgEn alguna ocasión me he encontrado ante el dilema de si tengo que expresar  algo que es importante para mi aunque eso pueda incomodar a otra persona que me importa, o es mejor callarme y no decirlo, para tratar de preservar el «buen rollo » de la relación ya sea en el entorno de las relaciones personales como las profesionales.

Lo que me ocurre es que cualquiera de las dos opciones que escoja no me satisface porque, expresar mis necesidades y inquietudes es  a costa de provocar un daño en la otra persona con lo que puede significar eso en la relación. Pero si escojo callarme, cuido la relación a costa de expresar mis propias necesidades.

Lo que me pregunto es, ¿habría alguna manera de actuar que no signifique que tenga que perder algo valioso? Yo creo que sí es posible. ¿Te apetecería saberla?

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Cómo evitar malos entendidos con la Comunicación Honesta

Para empezar me gustaría que vieras este vídeo y luego continuamos hablando. Es divertido, ¿te apetece?

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Quiero aprovechar este vídeo para señalarte las  consecuencias de confundir lo que pienso sobre los hechos con la realidad. Sin ir más lejos el otro día me pasó algo que me recuerda esto. Estaba con una persona contándole una cosa que a mi me parecía importante y mientras le daba mis explicaciones, no paraba de bostezar. Entonces me indigné. ¿Cómo conseguí enfadarme? Pues pensando cosas como las siguientes:

– No hay derecho a que me haga esto. Qué falta de respeto y de consideración hacia lo que le estoy explicando. Yo esforzándome por explicarle algo importante para mi y él bostezando. No me está teniendo en cuenta.

Cada uno de estos pensamientos alimentaba más mi enfado, y cuanto más enfadado estaba, más pensamientos de este tipo se despertaban en mi. (5 pasos para romper el círculo vicioso de los pensamientos y los sentimientos desagradables.) Entonces, no pude evitarlo y le dije:

– No paras de bostezar.

El tono y la intención que tenía ese comentario era de reproche y de molestia. Sin embargo él me contestó:

– Sí, disculpa pero esta noche no he dormido casi nada. Mi hijo se ha puesto enfermo y hemos pasado la noche en vela…

Uf. No es que no le interesara lo que le estaba explicando sino que la noche en vela le impedía seguir mi conversación que, desde luego, requería mucha atención. Vaya, y yo le había juzgado tan severamente y todo tenía una explicación tan diferente a la que yo había imaginado… ¿Como hubiera quedado mi relación con esa persona si no me hubiera dicho qué le estaba pasando?

Seguro que tú me podrías explicar algún ejemplo en que te ha ocurrido algo parecido. Así que me hago la siguiente pregunta ¿Es posible evitar los males entendidos y sus desgraciadas consecuencias? ¿Podría hacer alguna cosa para que esto me pase con menor frecuencia? Yo creo que sí. Si quieres, a continuación te explico una manera que a mi me funciona.

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El contexto y lo que opino sobre los demás.

File:Good advice in the circumstances - geograph.org.uk - 1248334.jpg¿Te has parado a pensar alguna vez la importancia que puede tener el contexto? En este artículo reflexionaremos juntos sobre el sorprendente impacto que puede tener darse cuenta de la importancia que tienen las circunstancias y cómo eso podría enriquecer tu forma de relacionarte con los demás, ¿te interesa?

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Necesito que me escuches.

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Eve – Don’t Listen to the Liar (1889) Paul Gauguin

Imagina la siguiente situación. Una mujer llega a casa después de un día muy duro en el trabajo y quiere que su pareja le escuche y le de atención. Sin embargo, no lo consigue a pesar de sus comentarios acerca lo duro que ha sido el día para ella. Entonces piensa: «debería darse cuenta que estoy fatal y tenerme un poco de atención«. Hace algún comentario más en la misma línea, con idéntica respuesta, y decide esperar para ver si de da cuenta. Pasan las horas pero la situación no cambia. Cada vez está más enfadada con su pareja porque sigue sin darse cuenta. Al final le dice:

– Estoy enfadada porque no me escuchas.

– Sí que te escucho. Has dicho que has tenido un día muy malo en el trabajo. Como yo, pero yo no estoy de morros como tú.

– …

En resumen, al llegar a casa tenía una gran necesidad de ser escuchada. Se enfada porque su pareja no se da cuenta de ello, no consigue esa escucha y sin saber cómo ha podido pasar, los dos acaban enfadados.

¿Cómo podría producirse una conversación que fuera más eficaz para conseguir escucha y compresión? En este post voy a tratar de dar respuesta a esta situación concreta como algo aplicable a situaciones en las que alguien necesita ser escuchado y no lo consigue, ¿te interesa?

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Pedir en positivo y los inconvenientes de pedir lo que no queremos.

En nuestra vida diaria es habitual hacer y recibir peticiones. Así, hay veces en las que alguien hace algo que me disgusta y entonces le pido que deje de hacerlo. Ahora bien, ¿te has planteado alguna vez los inconvenientes que tiene el pedir las cosas que no quieres que hagan los demás? ¿Cuales podrían ser las ventajas de pedir lo que quieres en vez de lo que no quieres? En este este post voy explicarte cuales son estas ventajas y te propondré un método de dos pasos para ponerlo en práctica. ¿Me acompañas?

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¿Cómo actúas cuando no te tratan con respeto? La respuesta proactiva frente a la reactiva.

File:Grapadora casco 5l.jpgEn algunos momentos de mi vida he pensado que que no me han tratado con respeto y, en ocasiones, he tenido la sensación de no haber dado con una respuesta satisfactoria. La cuestión que se me plantea es ¿Habría formas eficaces de responder a estas situaciones? En el artículo de hoy voy al tratar de responder a esta pregunta.

Lo primero que me gustaría destacar es que «no me tratan con respeto» es la expresión de un pensamiento cuando alguna persona actúa de una forma determinada. Es una consecuencia de un hecho, así que la primera consideración es tener en cuenta que una cosa son los hechos y otra muy diferente es lo que pienso respecto a lo que me está pasando.

Como ya te he comentado en algún otro post, los hechos son aquello que podría registrar una cámara de vídeo. El resto son los pensamientos que produzco. Así que lo que me gustaría que mirásemos juntos son los pensamientos cuando pienso que alguien me esta faltando al respeto, que es algo sobre lo que sí tengo margen para actuar. Para verlo con más claridad creo que lo mejor es que pensemos un caso concreto en que alguien te haya faltado al respeto.

¿Lo tienes ya? Yo también tengo el mío, así que podemos continuar aplicándolo con un ejemplo concreto. El mío es el siguiente. Estoy en mi lugar de trabajo y al pedir una grapadora a un compañero recibo la siguiente respuesta:

¿te has creído que yo estoy aquí sólo para atenderte a ti?

La respuesta reactiva

Antes esta situación una posible respuesta podría haber sido la siguiente:

¿Será posible que me conteste de semejante forma? Si lo único que he hecho ha sido pedirle que me pase la grapadora. ¡Qué falta de respeto! Quiero contestarle que eso ha sido faltarme al respeto pero no quiero hacer una bronca de este incidente. Ahora bien, la próxima vez que me pida algún favor lo va a tener claro conmigo. 

Al cabo de un rato, aún estoy molesto con lo sucedido: estoy resentido ( haz click en El resentimiento, la emoción del esclavo) por su comportamiento. Creo que la relación ha quedado dañada, lo cual no es bueno ni para mi ni para el trabajo que hacemos en el departamento… Además estoy dudando si hubiera sido mejor contestarle de la misma forma para pararle los pies….

Este es el ejemplo de lo que yo llamo una respuesta reactiva. Es una reacción que nace como respuesta a un estímulo ( el comportamiento de la otra persona) y que sigue el patrón de la respuesta a una agresión. Un ataque se responde con otro ataque o huyendo o sometiéndose. En este ejemplo la respuesta ha sido del tipo » huida» aunque también podría haber respondido con otro ataque.

La pregunta que me hago es, ¿hay alternativas más allá de las respuestas reactivas que siguen el patrón ataque – respuesta?

La respuesta proactiva

Este tipo de respuesta se diferencia de la anterior en que surge de un proceso de elección después de disponer de varias alternativas. Así que es mucho más eficaz porque es una respuesta flexible y elegida. ¿te gustaría poder construir una respuesta de estas características?

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El origen de los conflictos: ¿sabes la diferencia entre necesidad y estrategia?

Peter van der Sluijs.
Peter van der Sluijs.

En algunos artículos ya hemos visto que lo que nos mueve a hacer las cosas son las necesidades y valores universales. También hemos visto que las necesidades son todo aquello que es esencial en nuestras vidas. Así hay necesidades vitales cómo son el respirar, comer, beber, dormir, evacuar; también existen las necesidades de seguridad tanto material como afectiva; finalmente también se incluyen las necesidades de desarrollo del ser humano como son las contribución a la vida, la de dar sentido, etcétera.

También hemos visto juntos en otros artículos que todo lo que hacemos es un intento más o menos exitoso o más o menos «ecológico» para ir al encuentro de una o varias necesidades que están vivas en ese momento.

Quizás te puedas estar preguntando por qué estoy otra vez repitiendo todo esto. La cuestión es que muchas veces confundimos una necesidad con la estrategia que son las acciones que llevamos a cabo para satisfacer esa necesidad y eso tiene una consecuencia que puede llegar a tener mucho impacto. ¿Quieres saber porqué?

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Generosidad y egoísmo: dos caras de la misma moneda

Ser generoso tiene muy buena prensa. Las actitudes generosas crean un mundo mejor, todo el mundo dice que debemos ser generosos. En la definición de generosidad que da wikipedia cita textualmente que «la generosidad se acepta extensamente en sociedad como un hábito deseable.»

En cambio el egoísmo tiene muy mala prensa. Queda muy mal decir que uno es egoísta. Aunque yo no pienso de esta forma. De hecho ya he escrito una serie de post en que hablo de forma favorable sobre el egoísmo (Sé egoísta, por favor), que no es lo mismo que ser egocéntrico.

No obstante hoy quiero hablarte de la generosidad y del egoísmo desde una perspectiva diferente porque para mí ambas cosas son las dos caras de la misma moneda. Así que no podemos separar una de la otra. Permíteme que te lo explique.

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