San Jorge y el dragón: un cuento sobre el miedo

La entrada de hoy es un relato que escribí para el día de Sant Jordi. La imagen de San Jorge matando el dragón es muy potente para mi. ¿Tuvo miedo antes de enfrentarse al dragón? ¿Cómo lo superó? Para responder a estas preguntas he inventado un cuento. A ver si te gusta. P.S. Aquí tienes … Leer más

Los pensamientos tipo «Rueda de Hamster»: 4 pasos para romperlos

¿Te ha ocurrido alguna vez que te encuentras dando vueltas a un asunto y no sabes cómo salir? ¿Habría alguna manera de parar esta sensación de estar atrapado en pensamiento repetitivo? En el artículo de hoy vamos a tratar de ver juntos si es posible y cómo podríamos hacerlo.

Antes de nada lo que me gustaría es entender el mecanismo que hace que me quede atrapado en según qué clase de pensamientos, porque estoy pensando continuamente cosas y no siempre me quedo enganchado. Así que tiene que haber algo respecto al contenido de lo que pienso que hace que me quede atrapado.

Lo que yo he observado es que, es más probable que esto me ocurra cuando el pensamiento lleva asociado una carga de emoción, ya sea agradable o desagradable. La cuestión es que, al pensar alguna cosa determinada, este pensamiento me desencadena una emoción, y esa emoción a su vez alimenta la misma clase de pensamientos. Y otra vez, esa clase de pensamientos aumentan la emoción que ya existía o, al menos, la mantiene, por lo que me vuelve a asaltar la misma clase de pensamientos. Et voilà!, ya tenemos creado un precioso círculo vicioso.

Este mecanismo me recuerda una rueda de esas que se ponen en las jaulas para hamsters. Si te fijas, no se sabe muy bien si la rueda gira porque el hamster corre, o el hamster corre porque la rueda está girando. La cuestión es que no para de correr sin moverse del sitio. Además, curiosamente, correr más deprisa no soluciona la cuestión sino que más bien la empeora. El mismo patrón que hemos visto antes para los pensamientos, son los mismos una y otra vez pero no hay ninguna conclusión, no hay ningún avance. Después de darle muchas vueltas vuelvo a estar en el mismo sitio. Estoy atrapado en la «rueda de hamster».

Me parece importante que podamos entender el mecanismo que me lleva a esta clase de pensamientos circulares porque, si entiendo qué me pasa podré encontrar estrategias eficaces que me ayuden a salir de este círculo vicioso. Sabiendo esto, si te parece, continuemos investigando.

El mecanismo que me mantiene atrapado y cómo romperlo.

El ingrediente principal de todo esto tiene que ver con las emociones que me despiertan lo que pienso. Se trata de alguna cosa que, por la razón que sea, yo juzgo importante y que, por lo tanto, me moviliza en forma de emociones, sentimientos o sensaciones corporales como un aviso que me dice que eso es relevante para mi. Cuanto más importante sea para mi el asunto, más energía se moviliza y por lo tanto, las sensaciones y emociones son más intensas. Para salir de este círculo te propongo los siguientes pasos:

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No es lo mismo aceptar que rendirse.

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Death of Captain Lawrence. «Don’t Give Up the Ship.» June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel

A veces, me encuentro en situaciones complicadas en las que me encallo y no consigo tirar adelante, o que me suponen un esfuerzo titánico avanzar. Entonces hay alguien que me dice: tienes que aceptarlo.

Escucharlo me produce una cierta sensación de rechazo porque aceptar una situación me suena a rendirme, y eso a mi no me gusta. Pero ¿qué significa realmente aceptar? ¿En qué se diferencia de rendirse? y sobre todo, ¿por qué es tan poderosa la aceptación para conseguir una acción realmente eficaz?  En este artículo voy a tratar de explicártelo.

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Necesito que me escuches.

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Eve – Don’t Listen to the Liar (1889) Paul Gauguin

Imagina la siguiente situación. Una mujer llega a casa después de un día muy duro en el trabajo y quiere que su pareja le escuche y le de atención. Sin embargo, no lo consigue a pesar de sus comentarios acerca lo duro que ha sido el día para ella. Entonces piensa: «debería darse cuenta que estoy fatal y tenerme un poco de atención«. Hace algún comentario más en la misma línea, con idéntica respuesta, y decide esperar para ver si de da cuenta. Pasan las horas pero la situación no cambia. Cada vez está más enfadada con su pareja porque sigue sin darse cuenta. Al final le dice:

– Estoy enfadada porque no me escuchas.

– Sí que te escucho. Has dicho que has tenido un día muy malo en el trabajo. Como yo, pero yo no estoy de morros como tú.

– …

En resumen, al llegar a casa tenía una gran necesidad de ser escuchada. Se enfada porque su pareja no se da cuenta de ello, no consigue esa escucha y sin saber cómo ha podido pasar, los dos acaban enfadados.

¿Cómo podría producirse una conversación que fuera más eficaz para conseguir escucha y compresión? En este post voy a tratar de dar respuesta a esta situación concreta como algo aplicable a situaciones en las que alguien necesita ser escuchado y no lo consigue, ¿te interesa?

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Pedir en positivo y los inconvenientes de pedir lo que no queremos.

En nuestra vida diaria es habitual hacer y recibir peticiones. Así, hay veces en las que alguien hace algo que me disgusta y entonces le pido que deje de hacerlo. Ahora bien, ¿te has planteado alguna vez los inconvenientes que tiene el pedir las cosas que no quieres que hagan los demás? ¿Cuales podrían ser las ventajas de pedir lo que quieres en vez de lo que no quieres? En este este post voy explicarte cuales son estas ventajas y te propondré un método de dos pasos para ponerlo en práctica. ¿Me acompañas?

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¿Sabes escuchar? No se puede llenar un vaso que ya está lleno

Imagínate que estás en una conversación en la que alguien explica una teoría sobre algo que es diferente a lo que tú ya sabes. ¿Cual es tu impulso natural? No se qué es lo que a ti te pasa pero a mi a menudo me pasa que no espero a que acabe de explicarlo, no hago preguntas para entenderlo mejor y inmediatamente trato de rebatir su argumento. ¿A ti qué te ocurre?

Cuando entro en esta dinámica la conversación se convierte en un conjunto de monólogos en los que cada persona explica sus argumentos tratando de defender su postura, pero intercambio de ideas y enriquecimiento mutuo, nada de nada.

¿Porqué muchas veces nos resistimos a aprender algo diferente a lo conocido o a cambiar de opinión respecto a algo? En definitiva, ¿cómo es que nos cuesta tanto escuchar a los demás de una forma total y sin interferencias?

Mi respuesta es que «no se puede llenar un vaso que ya está lleno». La frase es una obviedad pero lo que trato de explicar con ello es que en esta clase de diálogos nos comportamos cómo vasos llenos con nuestras ideas sobre las cosas. Cualquier cosa que nos diga la otra parte simplemente rebosa fuera del vaso.

Así que en este artículo quiero explicarte qué es lo que nos impide escuchar de forma auténtica y cómo podrías hacer para escuchar de una forma más enriquecedora. ¿Quieres acompañarme?

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Cómo ser el protagonista de mi vida: La diferencia entre dolor y sufrimiento

Hoy quiero empezar por comentar un episodio de una serie de televisión. Se trata de «Cómo conocí a vuestra madre» Concretamente hay un episodio en el que dos amigos, Barney y Marshall hacen una apuesta. El que la pierda recibirá 10 bofetadas del que haya ganado.

La cuestión es que Barney pierde y su amigo Marshall, le da a elegir entre dos opciones: podrá recibir las 10 bofetadas seguidas o bien sólo 5, pero se las podrá dar en cualquier momento que elija Marshall, sin avisar. Se lo piensa un rato y al final al elije la modalidad de las 5 bofetadas. En los siguientes capítulos se puede ver el sufrimiento de Barney, porque cada pequeño gesto de Marshall lo interpreta como el preludio de una bofetada, aunque al final no acaba por llegar.

Vamos a ver, entre recibir 10 bofetadas o «sólo» 5 mi elección está clara: prefiero la segunda opción. Lo que ocurre es que en este caso concreto mi elección no sería tan clara porque 5 bofetadas es menos desagradable que 10 sólo si tengo en cuenta el dolor. Ahora bien, si además del dolor considero el sufrimiento, 5 bofetadas pueden llegar a ser peor que 10. ¿Quieres saber porqué?

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¿Realmente crees que hay decisiones correctas e incorrectas?

¿Tienes que tomar una decisión y estás sufriendo por ello? En el proceso de tomar una decisión importante pasamos por momentos de dolor y sufrimiento. Por cierto, quizás hayas escuchado alguna vez la frase siguiente:

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

¿Qué es lo que quiere decir? ¿Porqué puede ser importante entender cual es la diferencia entre ambas?

A bote pronto, si cuando tenemos que tomar una decisión hay dolor y sufrimiento todo mezclado y lo segundo es opcional, a mi me gustaría poder ahorrármelo. ¿A ti también? La segunda cosa es que si no sé diferenciarlos, ¿cómo puedo deshacerme del sufrimiento? Así que, si a la hora de tomar decisiones, quieres saber un poco más sobre cómo puede beneficiarte distinguir entre dolor y sufrimiento , entonces este artículo puede serte de utilidad.

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Atacar o huir, ¿y si hubiera algo más?

Estimad@ lector. En este post te propongo que pensemos juntos acerca de las estrategias que utilizamos cuando nos afrontamos a una dificultad, ni importa cuál sea su envergadura, ni de qué tipo sea. En mi opinión, nos movemos en el paradigma de la lucha o la huída. Supongo qué te preguntas que tiene que ver esto con la forma que encaramos las dificultades.

Permítime que te lo explique con un ejemplo. Supón que tengo la siguiente dificultad. Hay una persona en que me trata de una forma desconsiderada y yo creo que a las personas hay que tratarlas con respeto así que no me gusta su manera de proceder. El planteamiento sobre la cuestión es que «debería» tratarme con consideración porque eso es lo «correcto». Así que debe de cambiar de actitud y para conseguirlo se me ocurren sólo dos maneras que están basadas en el ataque o la huida.  ¿O quizás haya más?

La estrategia del ataque.

Llamo estrategia del ataque cuando quiero obligar al otro a actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Según mi juicio, hay una forma de actuar correcta y otra incorrecta y como opino que el otro lo hace mal entonces es el otro el que debe cambiar. Si te fijas, es una imposición basada en un juicio sobre lo que es correcto e incorrecto.

Resultados que se obtienen al aplicar la estrategia del ataque.

Supongamos que consigo imponer a los demás una forma de actuar. La primera reflexión es que si yo me impongo significa que el otro pierde. Si el otro pierde lo más probable es que esté resentido conmigo. Es decir, que a la próxima que pueda va a ir contra mi. Como dice el dicho «arrieros somos y en el camino nos encontraremos«.

Este es el mejor de los casos, porque, muchas veces, simplemente no consigo imponer mi manera de entender cómo se deben comportar los demás. El motivo es muy simple: a nadie le gusta que le digamos cómo debe comportarse. O sea, que he perdido mucha energía tratando de imponer algo y, además, no lo he conseguido y me siento frustrado.

Estrategia de la huida.

Vayamos a la segunda forma de reaccionar que es la que llamo la huida. La primera parte del razonamiento se comparte con la estrategia del ataque. Se basa en que yo tengo la razón y el otro está equivocado. La diferencia está en que no pretendo que el otro cambie, ya sea porque ya lo he intentado antes con todas mis fuerzas y de mil maneras diferentes y no lo he conseguido o porque juzgo que no voy a poderlo conseguir.

Ante esto, simplemente me rindo y dejo que continúe ocurriendo porque simplemente no puedo hacer nada para evitarlo. Como mucho, de vez en cuando me quejo de lo mala que es la otra persona y busco la simpatía en otras personas contándoles lo mal que se porta. Al explicarlo busco que me den la razón, porque la tengo, claro. Si son mis amigos me dan la razón y así me quedo tan tranquilito en mi no hacer nada. Jodido pero tranquilo, al menos aparentemente.

Si lo bajamos al ejemplo de antes, sería dejar que esa persona continúe actuando de la manera que lo hace y cada vez que ocurre quejarme amargamente de lo «mala persona» que es. Esta opción tiene la ventaja de consumir mucha menos energía que la del ataque. Busca la supuesta paz que da una retirada aunque a costa de quedarnos en la queja.

La vía de la aceptación.

¿Hay una estrategia diferente a la del ataque y la huida? Yo creo que sí. ¿Te apetece que te la explique?

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Cambiar las cosas desde la aceptación: el ejemplo de Nelson Mandela

 

La reciente muerte de Nelson Mandela me ha movido a escribir este entrada. Su manera de liderar ha sido y continuará siendo un ejemplo para mí y para muchas personas. Tras 27 años de prisión consiguió unir un país entero que vivía en el odio y el resentimiento a través del poder transformador de su ejemplo. Y lo hizo desde un lugar diferente al del odio y la venganza, a pesar que estaba cargado de muy buenas razones para odiar las personas que tanto sufrimiento habían causado a él y a muchas personas. Sin embargo entendió que el cambio era posible desde un lugar diferente, el de la aceptación de su oponente, lo puso en acción y logró eso que parecía imposible.

Muchos creen que este es el camino para realizar cambios transformadores y sostenibles en el tiempo pero piensan que sólo está al alcance de personas de la categoría humana de Mandela o de Ghandi. ¿Tenemos que esperar a que nazca otro Mandela para poder realizar este tipo de cambios?. Yo no quiero resignarme a esto. Es más, creo que todos podemos hacer cambios desde nuestro ámbito de acción: nuestra familia, trabajo, barrio. Así que no se trata de pedirnos cambiar un país. Esto me recuerda la siguiente cita:

«Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo» (Mahatma Gandhi)

El otro aspecto es, ¿cómo se puede cambiar algo desde un lugar diferente al rechazo cuando no se está de acuerdo, o se está radicalmente en desacuerdo con la otra parte? ¿En qué consiste hacer cambios desde la aceptación? Pues precisamente es lo que te quiero explicar: qué es y cómo podemos hacer nosotros este tipo de cambios siguiendo el ejemplo de Mandela.  ¿Me acompañas?

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