El viaje a Plenilandia

Querido lect@r de Rumbo Interior. Se acerca el fin de año y  he preparado para ti dos regalos. El primero es un cuento que he escrito para desearte lo mejor para el año que ha de venir. Espero que te guste. El otro regalo te lo daré al final del relato, y me gustaría que esperases hasta el final. ¿Me acompañas?

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Un deseo personal…

Amanecer en Barcelona (F.Bonada)

Hoy quiero compartir contigo un deseo personal y una determinación: vivir cada momento como el único posible. Quiero estar en contacto con lo que es y dejar de lado lo que debería ser. Quizás te preguntes, ¿a qué viene ahora esto? Pues resulta que quiero vivir la vida despierto, sintiéndome vivo, y eso significa vivir para lo agradable y también para lo desagradable.

Porque cuando pienso que lo que estoy sintiendo no me gusta, entonces quiero huir de eso, o bien trato de anestesiar esa sensación y la anestesia me duerme para todo, para lo bueno y lo malo. No es selectiva. Y también porque si no sé estar con lo que no me gusta, tampoco sabré estar plenamente cuando me ocurre algo que me gusta. La cuestión es, ¿cómo hacer para vivir la vida despierto?

Pues, por ejemplo, quiero probar de abandonar la idea de perseguir sólo la paz, porque en la paz está embebida la no paz. En cambio, en la aceptación incondicional de lo que es, no hay lucha, no hay conflicto, no hay separación entre yo y el mundo. Hay disfrute pero no hay apego. Hay dolor, pero nunca sufrimiento. Simplemente las cosas son, y ya está. ¿Cómo puedo llamar eso? Si lo llamo de alguna forma ya estoy etiquetando, juzgando y por lo tanto volviendo al paradigma del cual quería huir. Así que quizás sea mejor quedarse ahí, en ese sutil y frágil estado de atención y aceptación amorosa hacia lo que es. Quiero que mis acciones surjan desde ese lugar.

En este camino quiero decirte que la CNV me ayuda a conectar con lo que está vivo en mi y en los demás, en cada momento. Así que cuando aplico la CNV hacia mi, lo que estoy haciendo en realidad es un acto de amor profundo y de aceptación incondicional hacia mi mismo y hacia lo que está siendo. ¡Qué bien me sienta sentir eso y qué beneficios supone para todos los seres que me rodean! En este momento la CNV es mucho más que una simple herramienta de comunicación …

Para acabar, creo que esta vez te voy a pedir una cosa: me gustaría que en este proceso me desees…

¡Buen viaje!

Un cuento para ti: Juan con Miedo

Hoy quiero compartido un pequeño relato sobre el miedo. Acabo de sacarlo del horno. Espero que lo disfrutes.

Erase una vez Juan Sin Miedo que encontró el miedo. Podrías pensar que como era algo deseado, estaría feliz con su nuevo hallazgo. Sin embargo, no ha dejado de maldecir el día en que encontró aquello que con tanta ansia buscaba. Desde entonces que intenta librarse de él, pero no hay manera: ironías de la vida.

Tan desesperado estaba que decidió acabar con ello batiéndose en duelo. Sólo uno de los dos debía salir vivo, e hizo todos los preparativos hasta que llegó el gran día. Se habían citado en un lugar desierto. Juan no quiso ni padrinos ni testigos. Sólo debían estar él y su miedo.

Los dos fueron puntuales y llegaron justo en el mismo momento. Curiosa sincronicidad, pensó Juan. Estaban uno delante del otro, mirándose. El miedo se parecía en cierta manera a Juan, pero con un aspecto más terrorífico. Con pinchos que le salían por todo su cuerpo. Sin embargo eso no hacía que se perdiera ese parecido a él tan inquietante. Se miraron fijamente.

– He venido a devorarte -dijo el miedo

Lo dijo con la seguridad que le da es saberse más grande y mucho más fuerte. Juan, al escuchar esto y viendo las dimensiones y fortaleza de su enemigo pensó que nunca podría vencerle. Hiciera lo que hiciera, acabaría por tragárselo así que, decidió acabar lo antes posible.

– Muy bien, ven aquí, te estoy esperando – Dijo Juan

El miedo empezó a avanzar decididamente hacia Juan. Sentía un gran vacío en su interior y pensó que si se lo comía podría aliviar esa sensación tan hondamente desagradable. Ese hambre le daba mucha fuerza y eso le gustaba. Le gustaba ese poder y, al mismo tiempo, quería saciarse y acabar con ese sufrimiento.

Cuando estuvo delante de Juan se sorprendió que no huyera. Quería tragárselo de un sólo bocado pero el estaba ahí quieto, casi parecía desafiarlo. Entonces el miedo decidió que se tragaría a Juan como hacen las boas constrictor con sus víctimas. Lo abrazaría hasta romperle todos los huesos y luego se lo tragaría.

Así empezó, sin ninguna oposición de Juan, con su abrazo constrictor. Y entonces ocurrió que cuanto más apretaba, su sensación de vacío disminuía y con ello iba perdiendo su energía. El miedo sentía cómo su vacío se iba llenando y se iba sintiendo cada vez mejor. De la misma forma, Juan tenía la sensación que algo suyo se escapaba a través de ese abrazo e iba a forma parte del Miedo.

El miedo estaba cada vez más saciado y tranquilo al mismo tiempo que Juan permanecía ahí, menos rígido y curiosamente, más vivo que antes. Hasta que llegó un momento que el miedo se sorprendió al darse cuenta que ya no abrazaba a Juan y su sensación de vacío había desaparecido completamente.

Cuando Juan abrió los ojos comprobó que aún estaba vivo y que su Miedo ya no era ni tan grande ni tan poderoso y aunque conservaba gran parte de su aspecto terrorífico, sintió un atisbo de empatía hacia él. Nunca lo había sentido antes así. Entonces entendió que en realidad eran dos entes separados, pero también eran una misma cosa, porque en cada uno había una parte del otro. Eran dos pero también uno.

Juan también se dio cuenta que en el miedo también hay amor, porque el miedo tenía un deseo inconmensurable de fundirse con él. Pudo ver que el miedo y el amor son en realidad la misma energía, no se pueden separar. Y cuando alguien las separa no pueden evitar recordar que siempre han sido la misma cosa y cuanta más fuerza pongan para separarlas más deseos tendrán de volver a unirse. Como una especie de big bang cósmico que inicia su proceso de contracción al llegar a su máxima expansión, para volver otra vez al origen, a ser una sola cosa, infinitamente completa.

Juan descubrió eso y decidió convertir a su Miedo en compañero de viaje. Quizás no fuera el más amable, pero no quería renunciar a él porque quería volver a sentirse un ser completo.

¡Buen viaje Juan!

P.D. Gracias a Jorge Cuervo y a Júlia Martínez por vuestra ayuda.

Un relato sobre la permanente insatisfacción

Mi propuesta de hoy para ti es un pequeño relato. Es una conversación entre una persona que vivía en la insatisfacción permanente y fue a visitar a un amigo suyo que en otras ocasiones le había ayudado a resolver un problema. La conversación que tuvieron fue algo parecido a esto.

Captura

– Me fijo objetivos y retos, y cuando los consigo me siento muy feliz.
– Eso suena bien.
– Ya, pero eso me dura muy poco y entonces me siento insatisfecha. Entonces me tengo que fijar nuevos objetivos. Los consigo y vuelvo a estar feliz.
– ¿Porqué es eso un problema para ti?
– La insatisfacción permanente me ayuda a mantenerme en movimiento y eso me hace sentir viva. También me ayuda a progresar, a ser mejor persona. Pero, ¿Cuando podré descansar? ¿Esta carrera tiene un final?
– Parece que estás triste porque te gustaría descansar..
– Sí
– Y también me parece que te encantaría saber que cuando vas a acabar de ponerte retos. Supongo que eso te daría cierta esperanza y descanso.
– Sí
– La insatisfacción me ha ayudado a llegar a donde estoy. Ha sido muy valiosa para mi vida, pero estoy muy cansada y me gustaría poder descansar.
– Así que parece que estás en un dilema. Por un lado, la insatisfacción permanente te conecta con la vida, con la sensación de progreso y eso es muy importante para ti.
– Por otra parte parece como si la permanente insatisfacción te estuviera obligando a moverte a pesar que tú estás cansada y cuando alguien te obliga a hacer algo, o te rebelas contra eso y luchas en contra eso, o te sometes a ella y por lo tanto creas resentimiento.
– Sí. Es un fuerza motora para mi vida, aunque a veces es demasiado “motora” y no me deja descansar.
– Ya veo cual es tu dilema.
– Por cierto, ¿sabes la diferencia entre rumbo y destino?
– No sé muy bien que quieres decir.
– Vamos a ver. Imagina que yo estoy en Barcelona y quiero llegar a Zaragoza.
– Vale
– Zaragoza está en dirección Oeste con respecto a Barcelona.
– Sí
– Así que si quiero llegar a Zaragoza, puedo tomar una brújula, y tomando carretera siguiendo la dirección Oeste, podría llegar a Zaragoza.
– Bueno, más o menos
– Lo que quiero decir es que el rumbo para llegar a Zaragoza es el Rumbo Oeste.
– Vale
– Pero no es lo mismo Zaragoza que el Oeste.
– No claro, vaya tontería.
– Si me confundo y pienso que el Oeste es el destino, ¿qué me puede pasar?
– Que te pases de largo.
– Exacto, y que no llegue a Zaragoza. Bueno, quizás, si persevero y doy la vuelta al globo terráqueo, vuelva a pasar por Zaragoza.
– Sí
– Pero si me olvido que el destino es Zaragoza y no el Oeste, me volveré a pasar de largo.
– No sé porqué que explicas esto…
– Te lo explico por lo siguiente. Me da la impresión que lo que te mueve es la permanente insatisfacción. Entonces, ¿Hacia dónde te mueves?
– Quiero dejar de sentir la insatisfacción
– ¿En positivo cómo sería?
– No sé,…. me muevo hacia la satisfacción.
– Claro, la satisfacción que te la da la conexión con la vida y la sensación de progreso personal.
– Sí, para mi es muy valioso el progreso personal. Saber que estoy en ese camino me da satisfacción.
– Entonces imagina que ese es tu rumbo.
¿Cómo?
– Sí, tú te mueves en la dirección de progreso personal.
– Vale
– Si tu rumbo es el progreso personal, ¿Cual es tu destino?
-…no sé …
– Siguiendo este símil, ¿cuales podrían haber sido tus destinos en la vida?
– …
– No sé,… quizás, … cada reto, cada objetivo alcanzado es como si fuera un destino.
– Claro. Cada vez que alcanzas un objetivo sientes satisfacción porque estás en la dirección del progreso personal. Pero una vez que has llegado a tu destino, es decir, que has conseguido tu reto, enseguida vuelves a sentir insatisfacción…
– Exacto !
– Quizás es que confundes rumbo con destino.
– ¿Otra vez? No entiendo
– Recuerda que mi destino era Zaragoza, y que mi rumbo era Oeste. Nunca podré llegar al oeste, porque el oeste es una dirección, no un destino. Sólo puedo llegar a un lugar no a un rumbo.
– ¿Me estás diciendo que nunca podré llegar al al progreso personal?
– Nunca. Cuando te crees que has llegado, vuelve a alejarse. Es como un espejismo porque persigues un rumbo, una dirección y eso es inalcanzable.
– Eso es una muy mala noticia.
– Pero también tengo muy buenas noticias.
– ¿Como?
– Imagina que saliendo de Barcelona has llegado a Zaragoza. Entonces puedes volver a fijarte un destino que esté en dirección oeste y dirígite hacia allí. Date cuenta que mientras mantengas ese rumbo, cada paso que des, cada ciudad y pueblo que pises, estará en el rumbo oeste. Así que nunca puedes llegar, y a la vez siempre estás allí porque cada paso es el que hace el rumbo.  Es como si buscaras la satisfacción que te da el progreso personal mirando hacia el horizonte infinito, cuando para encontrarlo sólo tienes que mirar debajo de tus zapatos, en el aquí y el ahora.
– Entonces, para encontrar la satisfacción, ¿no hace falta fijarse objetivos?
– No quería decir eso. Fíjate un objetivo que esté en la dirección del desarrollo personal, que es lo que parece que te satisface, pero una vez hecho eso, la satisfacción plena la encontraras en cada paso,… si eres capaz de ser consciente de ello.
– Ya veo, Entonces podré sentarme a descansar cuando me apetezca y correr cuando tengas gana, disfrutando del camino en cada paso.
– Exacto. Pero si te desvías de tu rumbo, es decir, te fijas un objetivo que no busca el desarrollo personal, entonces ya no te funcionará. Así que tan importante es el rumbo con el destino. Lo importante es no confundir una cosa con la otra.
– Me parece que ya lo entiendo. Hasto pronto

FIN

y… ¡Buen Viaje!

San Jorge y el dragón: un cuento sobre el miedo

La entrada de hoy es un relato que escribí para el día de Sant Jordi. La imagen de San Jorge matando el dragón es muy potente para mi. ¿Tuvo miedo antes de enfrentarse al dragón? ¿Cómo lo superó? Para responder a estas preguntas he inventado un cuento. A ver si te gusta.

P.S. Aquí tienes la versión escrita (San Jorge y el dragón llamado Miedo)

San Jorge y el dragón llamado Miedo

El miércoles pasado, 23 de abril fue el día de San Jorge, e inspirado en la vida de este santo he escrito un cuento sobre el miedo. Espero que te guste. Ya me dices…

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La fama de San Jorge se había extendido por todo el mundo gracias a su habilidad para matar dragones y no era extraño que tuviera encargos por todo el mundo de gente que tenía este tipo de problemas. Así fue como un día le llamaron de un pueblo que estaba aterrorizado por un dragón. Ellos decían que era el más terrible que se podía encontrar.

Cuando San Jorge oía esto pensaba que la gente siempre piensa que su dragón es el más grande y terrible de todos los dragones que puedan existir. Sin embargo su experiencia le decía que un dragón, es un dragón y punto. La cuestión es que decidió entrevistarse con las autoridades del pueblo. El alcalde le dijo:

– Nos enfrentamos a un dragón de dimensiones descomunales. Toda la población está completamente aterrorizada. Sus gritos y rugidos son suficientes para dejarnos la sangre helada.

San Jorge y el dragón. Rubens

– ¿Cómo se llama vuestro dragón? – Preguntó San Jorge

(Permíteme una pequeña interrupción en el relato porque quizás esta pregunta te pueda parecer extraña o inútil, sobre todo si no estás familiarizado con el mundo de los dragones. Te comento, todos los dragones tienen nombre y sin él perderían todo su poder. Con esta aclaración podemos volver a la historia)

– Nuestro dragón se llama MIEDO. – le dijo el alcalde

Al mencionar ese nombre San Jorge sintió una presión en el estómago y se le erizó la piel. Se había enfrentado a muchos dragones pero nunca le había sentido antes esa sensación. Qué extraño…

– Decidme por donde vive y lo iré a buscar.

– Vive al otro lado de esas montañas, por donde se pone el sol.

– De acuerdo, mañana iré.

Durante el resto del día preparó sus armaduras y material de guerra, alimentó bien a su caballo y lo dejó descansar.

– A ver que nos encontramos mañana– dijo mientras cepillaba las crines de su caballo.

Al día siguiente se dirigió a las montañas que escondían al dragón. No tardó mucho en encontrarlo. Lo que se encontró superaba todas sus expectativas. Era un dragón de dimensiones increíbles. Tenía una piel llena de gruesas escamas que le daban un aspecto invencible. Su sola visión le paralizó. Sólo pensaba en alejarse de semejante peligro, así que se apartó para pensar con un poco más de calma.

Entonces se acordó de Merlín y pensó que iría a hablar con él para exponerle el asunto. En otras ocasiones ya lo había hecho y siempre le había resultado de ayuda. Fue a palacio y le expuso todo el asunto. Merlín se quedó un rato pensando, en silencio. Aspiró su pipa y de su boca salió un humo que dibujó en el aire unas formas sugerentes. Al final le dijo lo siguiente.

– Tienes que dejarte matar por el dragón.

San Jorge se quedó atónito.

– Cómo puedes decirme semejante cosa. ¿Me estás diciendo que me deje matar por el dragón? ¿Lo he entendido bien?

– Lo has entendido perfectamente. Te has de dejar matar por el dragón. Repitió Merlín y continuó de la siguiente forma.

– La vida es una rueda que no para nunca: para que haya un nuevo principio debe haber un final. Así que tienes que morir tal como eres ahora para que otro San Jorge, más fuerte vuelva a nacer y pueda enfrentarse a este dragón llamado MIEDO. Yo no conozco otro camino. Y ahora me tendrás que disculpar, pero otros asuntos reclaman mi atención. Que tengas buen viaje.

San Jorge montó su caballo y inició el camino de vuelta completamente desconcertado por las palabras de Merlín. Durante el viaje estuvo dándole vueltas al asunto hasta que al final, decidió que cuando llegara, decidiría qué iba a hacer. El camino se hizo más corto de lo que hubiera deseado. Cuando llegó a la guarida del dragón, lo encontró dormido y pensó.

– No tengo ni idea de cómo matarlo así que, lo que voy a hacer es lo que me dijo Merlín porque yo soy San Jorge y mi misión es acabar con los dragones, sea como sea.

Entonces empezó a gritar y hacer ruido golpeando la espada contra su armadura hasta que lo despertó. Entonces el dragón empezó a caminar hacia él. Sus miradas se cruzaron y se quedó helado. Era enorme aunque eso no le impedía moverse con la elegancia de los movimientos de un felino. Se fue acercando lentamente. Parecía que disfrutara con su sufrimiento. De vez en cuando lanzaba por su boca una llamarada y el calor y el hedor a azufre llegaban a él de una forma insoportable.

Estaba aterrado, pensando cómo iba a ser su final. Sólo tenía ganas de salir corriendo y salvar su vida. Sin embargo se quedó quieto, sintiendo en su cuerpo las sensaciones que le producían esos pensamientos. Entonces hubo un momento en que dejó de pensar y sólo sentía, nada más. Mientras, el dragón avanzaba inexorable, hacia él.

Ya estaba delante suyo y entonces, abrió su enorme boca que mostraba unas filas de dientes perfectamente alineados, afilados y brillantes, listos para devorarle. Cerró los ojos y pudo sentir como nacía la oscuridad mientras el dragón cerraba su boca sobre él y esperó…

… pero sorprendentemente no pasó nada. Entonces abrió los ojos y el dragón se había desvanecido. Bueno, en realidad, se había reducido a la mínima expresión y correteaba entre las patas de su caballo, con un aspecto que recordaba el pasado terrorífico que había tenido aunque ahora fuera inofensivo. Por un momento pensó en acabar con él definitivamente, pero una extraña sensación de compasión, compresión y amor invadió su cuerpo y no lo hizo. Cuanto más lo miraba, más se reconocía en él. Matarlo significaría matar algo de si mismo y así que decidió acogerlo para escucharlo y entenderlo. También pensó en Merlín y decidió ir a verlo enseguida para explicarle lo que le había sucedido. Cuando al día siguiente llegó a palacio le estaba esperando.

– Te veo diferente, así que estoy seguro que te dejaste devorar por el dragón, ¿no es así?

– Sí, ¿cómo sabías que iba a sobrevivir?

– Mira, el dragón era real, pero su tamaño y su ferocidad, era una ilusión que se alimentaba de la energía de tu MIEDO. Cuanto más miedo tenías, más grande y terrible se hacía. Eso hacía que le tuvieras más miedo lo cual le daba más energía para crecer y así sucesivamente. Habías entrado en un círculo vicioso muy difícil de romper. De nada hubiera servido que te hubiera dicho que el dragón no era real porque para ti lo era, y eso es lo que importa cuando tienes que afrontarlo. Merlín continuó.

– La única manera que conozco de romper ese círculo vicioso es que dejes sentir en ti la sensación cuando evocas el MIEDO, sin juzgarla, sin tan siquiera tratar de nombrarla. Se trata que la puedas observar de tal forma que tu y el miedo seáis la misma cosa. En ese momento ya no hay la necesidad de llamar eso de ninguna forma. Se trata de dejar que sea lo que ya es. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo? – Entonces continuó.

-El dragón sólo puede vivir a través de ti porque en realidad tú y el dragón sois la misma cosa. Si puedes permanecer mirando de frente eso, sintiéndolo profundamente con absoluta presencia, entonces podrás cortar la energía con la que se alimenta. En cambio, si al observar y sentir esa sensación tratas de escaparte, vuelves a pensar en ella y la reconoces y dices, mira, tengo MIEDO, entonces vuelve a recobrar energía y el dragón vuelve a crecer. Es una forma muy sutil de estar con lo que es.

– Creo que ahora entiendo lo que me ha ocurrido. Me doy cuenta que mientras esperaba a ser devorado he tenido la sensación que el dragón cambiaba de tamaño, y unas veces se hacía más pequeño mientras que otras veces se hacía más terrible. Ahora que entiendo y veo porqué me ocurría eso creo que voy a entrenar mi capacidad de observar y sentir sin juzgar ni etiquetar. Ahora entiendo eso de me dijiste de “dejarte morir para volver a nacer”.

Sólo cuando me rindo y me dejo sentir la sensación del MIEDO, sólo cuando puedo estar presente con ella sin más, sólo en ese momento en que acepto lo que es y “muero” es cuando vuelvo a la vida transformado. Morir para renacer renovado y fortalecido. Aceptar lo inaceptable para comprender lo incomprensible. No es fácil pero sé que es posible. De nuevo gracias Merlín, por abrirme este nuevo camino.

Francesc Bonada

 

Rindarath y las estrellas. Un cuento sobre la autoestima.

Rindarath era un gurú que vivía solitario en las montañas cerca del lugar donde nació. Las tribus de los alrededores le iban a consultar cuando tenían problemas que no sabían resolver. Era una persona sabia, que además tenía un don que le hacía muy especial: era capaz de hablar con las estrellas. Al menos es lo que el afirmaba.

Cada noche despejada, observaba el firmamento. Para él era simplemente fascinante el simple hecho de mirarlas, o quizás debería decir, admirarlas porque decía que cada una de ellas brillaba de una forma diferente. Supongo que hay que saber mirar de una forma especial para poder apreciar la belleza única de cada una de las estrellas.

De vez en cuando bajaba a nuestro pueblo y conversaba con la gente y, a veces explicaba historias. Una vez nos contó que en una de esas noches especialmente clara, mientras observaba el cielo estrellado, no pudo evitar fijarse en una estrella. Le llamó la atención porque era como si apareciese y desapareciese. Al fijarse más detenidamente se dio cuenta que, en realidad, no desaparecía. Lo que ocurría es que su brillo se desvanecía hasta que sólo los ojos de personas tan entrenadas como Rindarath eran capaces de ver. En cambio, había otros momentos en que brillaba de una forma tan bella … Se preguntó qué es lo que le podría estar pasando.

Rindarath, que era una persona muy curiosa, movilizó toda su energía para comunicarse con esa estrella. Unas veces le costaba más que otras, pero siempre lo lograba. No te puedo decir cómo lo hacía. Supongo que las estrellas no hablan con palabras sino con algún tipo de energía invisible que la sensibilidad de Rindarath podía captar y entender. O quizás hablaban un lenguaje misterioso que sólo unos pocos conocen.

La cuestión es que esa noche no consiguió hablar con ella, ni a la siguiente, ni a la otra tampoco. Incluso a él le costaba encontrarla porque cuando no brillaba era tan difícil verla… Hasta que una noche la pudo ver.

A veces me cuesta verte en la noche. Parece como si te diera miedo brillar. Le dijo a la estrella.

Otras veces brillas pero de una forma que no es la tuya. Es como si quisieras parecerte a alguna de las estrellas de tu alrededor.

En cambio, otras veces, puedo ver una luz tan especial… Es absolutamente diferente a todas las demás.

Entonces continuó explicándonos de qué forma brillaba esa estrella. Me tendrás que perdonar pero soy incapaz de reproducir las palabras exactas que utilizó, aunque creo que, si las hubiera conseguido recoger y te las reprodujera de forma exacta, no creo que te sirviera de mucho. Porque Rindarath no sólo utilizaba las palabras para hablar.

Supongo que como conocía el lenguaje no escrito de las estrellas, consiguió transportarnos a un lugar al que es difícil llegar sólo con palabras. Todos los que estábamos allí pudimos ver, oír y sentir la forma tan especial en que esa estrella brillaba. Lástima que no estuvieras allí para gozar de tanta belleza. Luego nos explicó cómo continuó su conversación con la estrella.

Es un privilegio poder disfrutar de la belleza de tus destellos, aunque sólo sea durante algunos momentos, así que quisiera hacerte una petición: ¿podrías brillar siempre de esa forma que tan sólo tú sabes hacer?

La estrella no le contestó. De hecho nunca lo hacían de una forma expresa pero Rindarath supo que le había escuchado porque desde ese día, cada noche que observó la inmensidad celestial, pudo admirar esa estrella que nunca más dejó de brillar y mostrar su belleza única al universo.

Supongo que la estrella entendió que no tenía que buscar en otras para saber cómo tenía que brillar. Tampoco tenía que ser de ninguna forma concreta, simplemente porque ya era una estrella. Reconocer eso le dio la tranquilidad y la seguridad que necesitaba para mostrarse y permitir así que los demás pudieran gozar de su brillo único y especial.

Fin

Francesc Bonada- 2014

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Mi juez interior y la aceptación incondicional de uno mismo

¿Quieres que te quieran?

 

 

¿Dónde buscas las soluciones a los problemas?

Hoy quiero empezar esta entrada del blog con un chiste.

Esto es una persona que sale a pasear por la noche en la ciudad en la que vive. De vuelta ya para casa, se encuentra una persona cerca de una farola, en una actitud como si estuviera buscando algo por el suelo. La cuestión es que no puede aguantar su curiosidad y le pregunta:

– Perdone usted, ¿qué hace?

– Estoy buscando las llaves que se me han perdido.

– ¿Quiere que le ayude?

– Vale gracias

y se ponen los dos a buscar las llaves

Al cabo de un buen rato y después de haber buscado ya bastante la persona le pregunta.

– Oiga usted, una pregunta ¿Por dónde, más o menos, ha perdido las llaves?

– Pues mire, por allí.

Y le señala un lugar a unos cien metros de donde están buscando. Entonces, la persona desconcertada le pregunta.

– Entonces, ¿se puede saber que narices hacemos buscando las llaves al lado de esta farola?

– Bueno, es que aquí hay luz.

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Seguramente te estarás preguntado para qué te he explicado este chiste. La cosa es que pienso que muchas veces este chiste simboliza muy bien la forma en la que busco soluciones a mis problemas. Me ocurre algo y entonces aplico una solución. Veo que no funciona, hago una pequeña variación y vuelvo a aplicarlo con idéntico resultado. Entonces hago una nueva variación (que creo que es otra cosa diferente pero que en realidad no deja de ser más de lo mismo) y vuelvo a probar. ¿Qué crees que es lo que obtengo?  ¡Acertaste! Lo mismo, o sea, nada.

¿Porqué digo que me recuerda el chiste? Pues porque lo que hago al probar las mismas cosas con ligeras variaciones es lo mismo que buscar debajo de la farola, es decir, busco soluciones conocidas aunque sepa que no van a funcionar, pero continúo haciéndolo porque es lo conocido. En cambio, buscar en la zona no iluminada supone buscar soluciones que nunca antes he intentado y, por lo tanto, son desconocidas. Es como si me dijera:

– Va, si hago algo que nunca he probado antes tampoco me asegura que vaya a encontrar la solución, así que, puestos a perder el tiempo haciendo cosas que no sirven para nada, lo hago en alguna cosa que ya conozco que por lo menos no es incómodo.

Ahora bien, aunque la zona oscura fuera completa y absolutamente oscura. ¿No te parece que, aunque sólo fuera a tientas, mis probabilidades de encontrar la llave serían superiores que si continuo buscando cerca de la farola?  Y se me ocurre otra pregunta. ¿cómo puedo estar seguro que esa zona es completamente oscura? ¿Y si hubiera algo de luz , aunque sólo fuera un poco? En ese caso, todavía sería mejor, ¿no?

Así que, cuando tienes un problema y ya has probado muchas cosas que en realidad son variaciones de la misma cosa y no te han funcionado, ¿estarías abierto a probar cosas totalmente diferentes aunque no tengas la certeza que vayan a funcionar? ¿Quieres estar tranquilo y sentirte cómodo probando cosas conocidas que sabes que no funcionan o bien quieres solucionar tu problema? Porque creo que no es posible ambas cosas.

Tú eliges.

¡Buen viaje!

¿Quieres ser cigarra o hormiga? ¿Podría ser las dos cosas a la vez?

 

Me parece que tú ya conoces la fábula de la cigarra y la hormiga y creo que también sabes que todas las fábulas acaban con una moraleja. En el caso de esta fábula el mensaje es que el trabajo incesante de la hormiga se ve recompensado con la supervivencia, mientras que la despreocupación de la cigarra la paga con su vida. Es pues una invitación al trabajo duro y al valor del esfuerzo. Sin embargo la amenaza es la fuerza motora de ese comportamiento y eso a mi eso no me gusta.

Por otra parte, lo que me gusta de la cigarra es esa actitud de saber vivir y disfrutar de los momentos que te proporciona la vida, no como la hormiga que parece que sólo sepa vivir para trabajar. Así que después de leer la fábula de la cigarra y la hormiga lo que me queda es una cierta sensación de conflicto. No me gusta tener que elegir entre ser o cigarra o hormiga. ¿No me podría quedar con lo mejor de los dos? Esta inquietud que te planteo no es nueva y de hecho es compartida con más gente. De hecho, esto me recuerda un chiste sobre consultores de alto nivel.

Cuenta que una cigarra, al conocer la fábula de la cigarra y la hormiga también entró en crisis. No podía dejar de ser una cigarra, por lo tanto necesitaba cantar en verano, pero no deseaba para nada morir, así que decidió contratar a un consultor de alto nivel para que le diera una solución a su dilema.

¿Hay alguna solución a este problema? Le preguntó al consultor.

– Por supuesto.

Y después de abonarle la tarifa de consultor de alto nivel le dijo lo siguiente:

– Lo que debes hacer es lo siguiente. Durante el verano te dedicas a cantar y cuando llegue el invierno, te disfrazas de hormiga y te metes en el hormiguero para pasar el invierno.

– ¡Qué gran idea!, dijo la cigarra. 

Pero después de pensar un rato, le contestó.

– ¿Y cómo me disfrazo de hormiga? – Eso se lo tendrás que preguntar a un consultor de bajo nivel. Yo sólo me ocupo de las grandes ideas.

….

Yo no soy un consultor de alto nivel aunque tengo una propuesta para ti que une el mundo de la cigarra con el de la hormiga y además, !te lo cuento gratis! ¿Te apetece que te lo explique? Continuar leyendo

¿Se te escapa el tiempo y no sabes cómo? Mi compromiso para mirar la vida de otra forma.

El tiempo se me escapa, sin quererlo, sin darme cuenta. Parece que cada vez me pasa más deprisa. Me veo un montón de veces diciéndome “Ha pasado un año y sin embargo me parece que fue ayer cuando …”. ¿A ti te ocurre lo mismo? El tiempo es como

 

… el tiempo es como el agua que brota de una fuente. Intento retenerla en mis manos para que no se me escape, pero no lo consigo. La fuente proviene de un manantial que a veces brota con mucha fuerza, mientras que otras veces sólo da un hilo de agua, pero nunca se agota. He intentado retenerla haciendo un cuenco con mis manos, pero el agua acaba por rebosar y se pierde de forma inexorable.

Durante mucho tiempo me he resistido a esto pero me ha dado cuenta que es inútil. No quiero luchar más, quiero aceptarlo sin  resignarme. ¿Cómo sería entonces aceptarlo?

Estoy presente y atento a lo que siento cuando el agua pasa entre mis dedos, sin juzgarlo, sin querer que sea algo diferente de lo que ya es. Entonces es cuando curiosamente se produce un cambio.El agua que me parecía siempre igual deja de serlo. Sólo cuando estoy presente y sólo soy un testigo de lo que pasa puedo apreciar cada gota de agua como algo único e irrepetible. Este momento se convierte en algo sencillamente único y por ello, maravilloso.Así que ahora ya no quiero retener el agua. Ahora simplemente quiero que fluya para disfrutar de ello.

Mi declaración de intenciones

Con esta metáfora lo que te quiero decir es que he descubierto que tratar de resistirse al paso del tiempo es inútil. Me resisto porque supongo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ahora quiero cambiar de actitud. Así que esta mi declaración de intenciones con respecto a vivir el momento.

Quiero vivir la vida y no estar todo el día perdido haciendo cosas o esperando a que las cosas pasen, sin darme cuenta que la vida está delante mío, esperando que la viva. Quiero dejar de juzgar el tiempo y pensar si es o ha sido mejor o peor. Quiero vivir cada momento de mi vida, cada segundo, simplemente dejando que sea, sintiéndolo. Nada es superfluo, todo es valioso, hasta lo aparentemente más insignificante. Quiero llorar con todas mis lágrimas y reír con todas mis risas. Quiero honrar a la vida en todos sus momentos porque ahí se esconde algo único e irrepetible que quiero descubrir. No quisiera perdérmelo para nada.  Así que no quiero que mi vida se limite a esperar a que lleguen los buenos momentos sino que quiero hacer bueno cada momento.

Llevándolo a la práctica

¿Cómo estoy llevando esto a mi vida diaria? Pues a través de mi intención de poner cada vez más consciencia en todas y cada una de las cosas que hago en mi vida. Así que, antes de hacer algo, decido cual va a ser mi intención y si quiero hacerlo de forma consciente. Entonces, antes de empezar algo me pregunto ¿Cesc, quieres hacer esto de forma consciente?

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