La crisis de refugiados en Europa: ¿Cual es tu actitud ante las dificultades?

Hace unos días escuché por lo medios de comunicación que en Dinamarca el gobierno estaba bloqueando algunos medios de transporte como lineas de ferry con el objetivo de dificultar el paso de refugiados desde Alemania a Suecia. En este sentido, no era diferente a muchas de las noticias que me llegan que hablan del drama de los refugiados que huyen de las pésimas condiciones de vida debido a las guerras y la persecución y que tratan de llegar a países de Europa en busca de un futuro mejor.

Refugiados en una estación de Viena. Imagen: Reuters

Algunos ciudadanos no estaban en absoluto de acuerdo con la decisión de su gobierno porque no era coherente con sus valores de solidaridad humana. Lo que me llamó la atención es que en vez de quedarse en una actitud de queja hacia su gobierno y quedarse cruzados de manos hicieron algo radicalmente opuesto. Hubieron algunos de ellos que se organizaron a través de la redes sociales y se fueron a la estación de tren donde estaban bloqueados los refugiados para ofrecerse para llevarlos al lugar que ellos deseaban.

De esto quiero destacar dos cosas. La primera es que, a pesar de que esos ciudadanos tenían poderosas rezones para estar enfadados con su gobierno por no actuar conforme a sus principios, no se quedaron estancados en la queja y la resignación por tener un “mal gobierno” y lo supieron trascender. ¿Cómo? Supongo que el proceso por el que pasaron podría haber sido algo similar a lo siguiente:

“Mi gobierno no actúa conforme a mis valores y eso no me gusta. Así que lo primero que me pregunto es, ¿que puedo hacer yo para hacer cambiar esa decisión? Quizás si me pongo de acuerdo con personas que tienen los mismos valores que yo, podemos hacer manifestaciones para hacer cambiar esa decisión al gobierno. Otra solución podría ser votar a un partido político que esté más de acuerdo a mis principios y valores. Sin embargo, ninguna de estas soluciones es satisfactoria porque la crisis humanitaria está sucediendo ahora y esto son soluciones a más largo plazo.

Así que me pregunto otra vez, ¿qué está a mi alcance que puede contribuir a cambiar la realidad que acepto y que no me gusta? Lo que está en mis manos es ofrecerme a llevar a alguno de los refugiados. Eso sería muy poca cosa, sin embargo, es lo que está a mi alcance y cambia la realidad, aunque sea muy poco. También se me ocurre que si hay más personas como yo que hacen lo mismo entonces eso tendrá mucho más impacto. Así que me puedo organizar a través de las redes sociales para ver si hay más personas como yo que se animan a acompañar a gente.”

Esto fue lo que ocurrió y eso fue la noticia. Desconozco si todas esas personas eran tantas como para considerarlas como unas simples gotas de agua en el océano, como un pequeño río, o más bien eran una inmensa ola, pero sí que cambiaron la realidad. De hecho, en la noticia entrevistaron a un refugiado que explicaba emocionado su desesperación mientras esperaba bloqueado en la estación y cómo habían llegado ciudadanos de a pie que se habían ofrecido a llevarlos a donde ellos querían. Estaban experimentando la solidaridad humana en sus carnes y estaban emocionados emocionados por ello.

Mi propuesta

Para acabar me gustaría utilizar la actitud de estos ciudadanos que fueron capaces de transformar una realidad que aparentemente era imposible de cambiar y proponerte algo ¿Hay alguna situación personal o profesional en la que sientes que estás bloqueado y que te gustaría desencallar? Me espero a que la tengas ….

Ahora que la tienes, me imagino que es una situación que te preocupa. Así que la propuesta de hoy para ti es que utilices el mismo paradigma que las personas protagonistas de la noticia utilizaron y te preguntes, ¿Qué cosas puedo hacer yo, que sólo dependan de mi, que ayuden a mejorar esta situación en la que estoy bloqueado?

La idea es que te centres sólo en aquellas cosas que dependen sólo de tí y que te sirvan para empezar a salir del lugar en el que no quieres estar. No importa que no sea ” la solución total” sino que se trata de encontrar acciones a tu alcance que te acerquen hacia el lugar que tu quieres y se saquen de tu bloqueo. Luego se trata de dar pasos, uno a uno. Esto me recuerda la cita:

Un viaje de 1000 km empieza con un paso

Esto es tener una actitud proactiva y significa la diferencia entre ser víctima de las circunstancias o ser protagonista de nuestra vida. Prueba y me dices qué tal.

¡Buen viaje!

P.D: Los daneses no son los únicos que han tenido esta clase de iniciativa: Consulta la noticia.

¿Qué te podría pasar si te trataras con compasión?

Cuando una mujer de una tribu africana sabe que está embarazada, se adentra en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del bebé. Ellas saben que cada alma tiene su vibración, la que expresa su particularidad, unicidad y propósito. Las mujeres encuentran la canción, al entonan y cantan en voz alta. Después vuelven a la tribu y se la enseñan al resto.

Cuando el pequeño nace, la comunidad se junta y le canta la canción. Después, cuando el pequeño tiene que comenzar la educación, el pueblo se reúne y le canta su canción. Al iniciar la vida de adulto, vuelven a juntarse todos y se la cantan. Al llegar el momento de casarse la persona encuentra su canción expresada en la voz de su pueblo. Finalmente, cuando el alma ha de irse de este mundo, la familia y los amigos se acercan a su lecho y, tal como hicieron cuando nació, le cantan su canción para acompañarlo durante el viaje.

En esta tribu hay otra ocasión en la que los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida, la persona comete un crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y toda la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces… le cantan su canción.

La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pueda hacer nada a los demás. Tus amigos saben tu canción y te la cantan cuando te has olvidado. Aquellos que te quieren no pueden ser engañados por los fallos que cometes o por las imágenes oscuras que, a veces, muestras a los otros.

Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás hecho pedazos, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido. No necesito ninguna garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y me sopla al alma como el viento, me refresca el corazón como la lluvia y me limpia la mente como el humo del fuego sagrado.

Tolba Phanem

Me encanta este texto, porque presupone que las personas, cuando realizamos acciones socialmente aberrantes, lo hacemos porque nos hemos olvidado de nuestra verdadera naturaleza. Nos hemos olvidado que somos seres únicos, valiosos por nuestra singularidad y precisamente por ello, dignos de ser vistos, valorados y apreciados, con un propósito que sólo puede ser llevado a cabo de forma tan única y especial y que enriquece de forma singular la comunidad de la que formamos parte.

Me encanta porque me da esperanza que yo también puedo tratarme de esta forma y alejarme del modelo de la culpa y el castigo. Porque me da la oportunidad de verme de forma compasiva cuando mis actos han supuesto algún dolor a alguna persona. No hace falta que piense que he sido mala persona y que merezco un castigo, sino que puedo pensar que he actuado olvidando mi verdadera naturaleza que quiere cuidar y tener en cuenta a mi y a los demás. Y desde ahí puedo tratar de recuperar el bienestar de la otra persona. Y yo creo que dar empatía a la persona que ha sufrido por una acción mía, es una forma muy poderosa de hacerlo.

Sólo si no me siento culpable, puedo escuchar de forma empática el dolor que he estimulado en otra persona. Sólo si no me siento culpable, puedo escuchar de forma profunda a la persona que sufre, sin tratar de defenderme y de excusarme. Creo que cuando escucho con empatía, estoy contribuyendo a reparar el dolor que he estimulado, porque cuando sufro con el que sufre, cuando acompaño y soy capaz de ver y sentir el dolor del otro, ayudo a transformarlo y esto no puede hacerse desde un sentimiento de culpa.

Quizás puedas pensar que esto que te estoy contando no es eficaz, así que te propongo que recuerdes un caso en el que tu has sufrido mucho por la acción de otra persona. Ahora me gustaría que te imagines qué te hubiera pasado si esa persona, se hubiese sentado delante tuyo y te hubiese dicho:

– He venido porque quiero escucharte. Quiero que me expliques todo lo que sientes después después de que yo haya actuado de la forma en que lo he hecho. Te prometo que te escucharé y que no trataré de justificarme. Sólo quiero estar contigo y escuchar lo que quieras explicarme.

Y entonces tu le explicarías cómo te sientes cuando el otro ha actuado de esa forma, y podrías expresar a esa persona toda tu rabia y tu dolor. Y la otra persona te escucharía en silencio, mirándote a los ojos, sin hacer nada más que eso, verte y escucharte de verdad. Y podrías notar cómo esa persona siente lo que tú estás sintiendo. ¿Te lo imaginas?

Y después de haber explicado todo tu sufrimiento el tiempo que tu necesitaras, es posible que alguna cosa cambiara en tí, porque por fin podrías sentir el descanso que supone liberarse de las cadenas de la rabia y el resentimiento hacia esa persona. Por fin dejar todo ese peso que tanto tiempo has llevado tu solo sin que nadie te ayudara a llevarlo,…

“Sólo” porque, la persona que estimuló tu dolor, ha tenido la valentía de escucharte de forma profunda y auténtica, sintiendo contigo tu dolor, sin pretender cambiarlo, sin querer defenderse ni excusarse. ¿Te lo imaginas?

Así que, mi propuesta de hoy para ti es que seas compasivo contigo mismo cuando tus acciones hayan podido estimular algún dolor en otra persona. Permítete recordar, tal y como dice el texto,

“… tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás hecho pedazos, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido…”

Que estas palabras te liberen del sentimiento de culpa, aceptando que lo hecho, hecho está. Y, al mismo tiempo, tengas la determinación de restaurar en la medida de lo posible, eso que se haya dañado. Porque sólo libre del sentimiento de culpa y determinado a restaurar el bienestar de la otra persona, podrás escuchar con auténtica empatía el dolor que has estimulado. Eso es curativo.

Desde luego es un camino que necesita mucha más valentía y entereza que la de presentarte ante el otro lleno de culpa y arrepentimiento esperando que te absuelvan y te liberen de la carga de la culpa. ¿No crees que eso es pedir demasiado? Porque la persona, además de soportar el dolor que tu has estimulado, tiene que sobreponerse y hacer un ejercicio de generosidad para perdonarte. No, por favor, eso es pedir demasiado. En mi opinión, sentirse culpable es un camino fácil para ti, pero no para el que ha sufrido tu acción. Quizás nuestra responsabilidad esté, no en cambiar el pasado, sino es hacer que nuestro futuro y el de las personas que nos rodean, sea el mejor posible.

¡Buen viaje!

Las escenas temidas: haz como la protagonista de “Divergente” para superarlas.

Creo que es honesto reconocer que todos tenemos alguna escena temida, es decir, una situación que da miedo y  trato de evitar. Al menos a mi me pasa. Pues resulta que la semana pasada vi la película “Divergente” y se me ocurrió que el método que utiliza la protagonista para superar una de las pruebas, la puedo aplicar para encontrar soluciones eficaces a mis escenas temidas. Si te interesa saber en qué consiste este método para comprobar si lo puedes aplicar en tu propio caso, este artículo podría serte de utilidad. ¿Me acompañas?

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Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

Una propuesta provocadora: convierte tu trabajo en un lugar para desarrollarte.

Tom SawyerHay un episodio de la novela Tom Sawyer, de Mark Twain (1835-1910) que siempre me ha llamado la atención. Se trata de un momento en el que Tía Polly le pone como tarea doméstica el pintar una cerca y entonces convence o engaña, a sus amigos haciendo ver que esa es una actividad súper divertida y que, precisamente por eso, no quiere compartirlo con sus amigos. Esta estrategia despierta un interés cada vez mayor en sus amigos hasta que, al final les “permite” participar en esa actividad tan “divertida” librándose así de pintar la cerca.

Yo me pregunto, ¿realmente los engañó? Aparentemente sí, pero, por lo que parece, sus amigos realmente disfrutaron de esa actividad. Así que, si finalmente disfrutaron pintando, entonces no les engañó, sino que simplemente les enseñó una forma diferente de ver una actividad que, a primera vista, era penosa. Así que, lo que en realidad hizo Tom Sawyer fue re-encuadrar la situación, aunque quizás no fuese eso lo que en realidad quería hacer. Lo que entiendo por re-encuadrar es  sacar un marco y poner otro diferente a unos hechos, es decir, sacó el marco “problema” a la situación “pintar la cerca” y le puso el marco “oportunidad“. La misma escena, “pintar la cerca” tiene un significado completamente diferente cuando se le cambia el marco. ¿Te das cuenta de hasta qué punto puede ser determinante y poderoso el marco (el significado) que le damos a las cosas? En este caso significa pasar a hacer algo de mala gana y sufriendo a hacerlo de forma divertida y gustosa. Un crack este Sawyer.

Tom Sawyer desafía una forma de mirar una realidad y le da un enfoque totalmente diferente. ¿Porqué pintar una barrera tiene que ser algo desagradable? ¿Y si fuera igual de cierto que pintar la cerca pudiera ser algo divertido? Si realmente elijo pintar la cerca, ¿cómo esa forma de mirar puede cambiar la forma en que vivo y desarrollo esa actividad?

Así que esta es mi propuesta provocadora de hoy para ti: revisar la forma con la que miro una actividad que me resulte penosa y para ello te planteo el siguiente ejemplo. Supón que dices que ir a trabajar es algo pesado y que el trabajo es un lugar donde no puedo ni divertirme ni desarrollarme. Podría ser algo parecido a lo “pintar la cerca”, ¿no? Si no es un ejemplo válido para ti, escoge otro que tenga sentido para ti.

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¿Las cosas tienen sentido?

Un terremoto o una catástrofe natural, ¿pueden tener sentido? Que un niño pequeño muera por una enfermedad, ¿tiene sentido? Que una persona que pasea tranquilamente por la acera de una ciudad, sea atropellada por un coche y muera, ¿tiene eso sentido? En general, las cosas que pasan, ¿tienen sentido?

Cuando nos ocurren cosas desagradables o terribles buscamos desesperadamente que eso tenga algún sentido. Es como si que para que las cosas pasen tuviera que haber una explicación.No sé qué es lo que tu opinas al respecto. Yo creo que las cosas que pasan pueden ser los efectos de unas causas, y que suceden independientemente de que tengan sentido o no lo tengan para mí.

Me parece un poco pretencioso por mi parte esperar que las cosas pasen o dejen de pasar, esperando que haya alguien como yo que dé el visto bueno para que eso suceda. Un terremoto que arrasa ciudades y pueblos y mata a miles de personas tiene unas causas geológicas, y ocurre independientemente que tenga o no tenga sentido para mí. Esto me trae a la memoria una cita que tiene que ver con el sentido de justicia en la vida. En palabras de Mordecai Kaplan,

Esperar que el mundo te trate bien porque eres una persona honesta es como esperar que el toro no te embista porque eres vegetariano.

Lo que yo creo es que las cosas no tienen intrínsecamente sentido, aunque sí creo que las personas buscamos y podemos encontrar un sentido a las cosas que nos pasan. Así que de lo que se trata es de poner el foco en nosotros y no en las cosas que suceden. Con todo esto, la pregunta que ahora me viene es: ¿Qué es lo que me impulsa a buscar sentido a las cosas? ¿Para qué busco un sentido a las desgracias que me acontecen en la vida?

Si te parece podemos buscarlo juntos. Lo que se me ocurre es que recordemos algo que nos haya pasado en la vida que no tenga sentido. Yo ya tengo el mío, ¿tienes tú el tuyo? Me espero… Ahora te pido algo (o mucho) de imaginación. Supón que por arte de magia, ya has encontrado el sentido a ese suceso. Golpe de varita mágica y … ¡zas! Ahora lo ves claro. Todo lo que pasó, ves que tiene todo el sentido del mundo.

¿Cómo te sientes ahora que todo tiene sentido? ¿Cómo ha cambiado la forma en que estás viviendo esas circunstancias? Quédate un rato ahí para experimentarlo.

….

Me encantaría que me pudieras explicar qué te ha sucedido. Lo que a mí me ha ocurrido es que tengo una gran sensación de tranquilidad. Eso no me ha quitado la sensación de tristeza pero es una tristeza tranquila, podría decir que es dulcemente amarga. Cuando las cosas dolorosas que nos pasan tienen sentido, se produce algo que hace posible que los sentimientos se transformen. ¿Porqué?

Cuando encuentro sentido a algo, eso me ayuda a aceptar las circunstancias por penosas que éstas puedan ser. Al aceptar dejo de resistirme y de vivir peleado con lo que me ha ocurrido y eso me permite trascender la rabia. El aceptar es como un poderoso disolvente que me “des-a-pega” de una realidad dolorosa que ya no puedo cambiar. Es entonces cuando dejo de preguntarme ¿Cómo ha podido pasarme esto a mí? Esto es poderoso porque es el paso necesario para poder hacer el siguiente paso.

Cuando encuentro sentido a algo que me ha pasado y lo he aceptado, entonces es posible encontrar un “para qué” y eso hace que mire hacia adelante. Un “para qué” me impulsa a moverme hacia un futuro mejor a partir de lo que es, y me da la energía para hacer cosas, o “simplemente” me da la energía suficiente para continuar. Esto me recuerda una cita de Nietzsche que dice:

«Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo»

El ejemplo de Viktor Frankl

Este psiquiatra Austríaco pasó por la dolorosa experiencia de los campos de concentración nazis. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración. A su regreso escribió el libro “El hombre en busca de sentido“, (por cierto te recomiendo encarecidamente su lectura). En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir.

Las personas que buscaron y encontraron un sentido a todo esa locura, tuvieron una energía vital suplementaria que les permitió aumentar sus probabilidades de supervivencia. Quizás te estés preguntando, ¿qué razones para vivir podrían encontrar personas que vivieron situaciones tan “sin sentido” como los prisioneros de los campos de concentración? Cada una tuvo que encontrar su propio sentido y habitualmente eran motivaciones que iban más allá de su propia persona. El propio Viktor Frankl encontró en el amor que sentía por su familia y por su esposa la fuerza para continuar luchando. Así, escribiría después

“[…] la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor”.

Otros prisioneros la encontraron reconfortando a los demás, … Cada persona tuvo que encontrar la suya. (Puedes leer más en: Monografías: El hombre en busca de sentido)

Nuestra responsabilidad

Así que, quizás, ante cualquier situación dolorosa nos encontramos ante la responsabilidad de buscar dentro de nosotros, un sentido a todo eso que nos está pasando, un sentido que, a su vez, lo encontramos curiosamente fuera de nuestro ego, cuando hay un para qué que nos trasciende. En palabras de Frankl:

«Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.»

Te deseo que siempre puedas encontrar un “buen sentido” y …

¡Buen Viaje!

¿Porqué me cuesta dejarme ayudar? Cuidarse para cuidar

File:World War One; soldier looked after by nurses Wellcome L0009333.jpg

World War One; soldier looked after by nurses

No sé si a ti te pasa lo mismo que a mi, pero a mi me cuesta dejarme ayudar. Si me cuesta debe haber algo muy valioso en esta actitud. Así que, si quieres que investiguemos juntos esto, te propongo que me acompañes, ¿te apetece?

En este asunto de dejarse ayudar hay un primera cosa que a mi me parece clave: la generosidad. Mi tendencia a etiquetar las cosas y las personas me lleva a clasificar las acciones y las personas como generosas o no generosas. Siguiendo esta “querencia”(como se diría en el mundo taurino) de continuar con las etiquetas, ser generoso está muy bien visto. Finalmente esto me lleva a que ser generoso está bien y no serlo está mal (más etiquetas…) Ahora que ya tengo el mundo bien clasificado entre los generosos y los no generosos, entre la conducta correcta y la incorrecta, todo me resulta mucho más fácil. Al menos aparentemente, porque me temo que las cosas no son tan simples como a mi me gustaría. Me explico.

¿Qué es lo que me pasa cuando hago un gesto generoso? Pues que me siento muy bien (siempre que sea un acto voluntario). La satisfacción que produce un acto generoso es enorme. ¿Podría eso significar que hago actos generosos porque eso me produce placer? Algo de cierto puede haber. Si eso es así, entonces un acto generoso se convierte al mismo tiempo en un acto egoísta porque busca mi satisfacción. ¿Tiene eso sentido?

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¿Porqué me cuesta dejarme ayudar? Cuidarse para cuidar

File:World War One; soldier looked after by nurses Wellcome L0009333.jpg

World War One; soldier looked after by nurses

No sé si a ti te pasa lo mismo que a mi, pero a mi me cuesta dejarme ayudar. Si me cuesta debe haber algo muy valioso en esta actitud. Así que, si quieres que investiguemos juntos esto, te propongo que me acompañes, ¿te apetece?

En este asunto de dejarse ayudar hay un primera cosa que a mi me parece clave: la generosidad. Mi tendencia a etiquetar las cosas y las personas me lleva a clasificar las acciones y las personas como generosas o no generosas. Siguiendo esta “querencia”(como se diría en el mundo taurino) de continuar con las etiquetas, ser generoso está muy bien visto. Finalmente esto me lleva a que ser generoso está bien y no serlo está mal (más etiquetas…) Ahora que ya tengo el mundo bien clasificado entre los generosos y los no generosos, entre la conducta correcta y la incorrecta, todo me resulta mucho más fácil. Al menos aparentemente, porque me temo que las cosas no son tan simples como a mi me gustaría. Me explico.

¿Qué es lo que me pasa cuando hago un gesto generoso? Pues que me siento muy bien (siempre que sea un acto voluntario). La satisfacción que produce un acto generoso es enorme. ¿Podría eso significar que hago actos generosos porque eso me produce placer? Algo de cierto puede haber. Si eso es así, entonces un acto generoso se convierte al mismo tiempo en un acto egoísta porque busca mi satisfacción. ¿Tiene eso sentido?

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San Jorge y el dragón: un cuento sobre el miedo

La entrada de hoy es un relato que escribí para el día de Sant Jordi. La imagen de San Jorge matando el dragón es muy potente para mi. ¿Tuvo miedo antes de enfrentarse al dragón? ¿Cómo lo superó? Para responder a estas preguntas he inventado un cuento. A ver si te gusta.

P.S. Aquí tienes la versión escrita (San Jorge y el dragón llamado Miedo)