¡Alegra esa cara!

A veces, tratamos de contribuir al bienestar de una persona y la estrategia que escogemos consigue el efecto contrario. En relación a esto quiero compartir contigo una cosa que me pasó hace unos días y que tiene que ver justamente con esto. Se trata de lo siguiente.

La historia pasó en el trabajo. Yo llevaba dos días en los que me estaban surgiendo problemas inesperados y no estaba sabiendo cómo resolverlos. Esto me agobiaba porque se me acumulaba el trabajo y mi cabeza no paraba de darle vueltas sin resolverlo. Entonces, recibí una llamada de una persona quejándose por un servicio.

Cuando acabó la conversación estaba frustrado porque no había conseguido resolver la situación y también estaba molesto porque esa persona no había valorado los esfuerzos que habíamos hecho para tratar resolver la incidencia. No paraba de pensar cosas como: “Hagas lo que hagas nunca están satisfechos” “Sólo tengo quejas y nadie valora el trabajo que se hace” “No paro de tener problemas…”.

Así que entré en el ascensor con todo este jaleo en mi cabeza. Seguro que mi cara reflejaba este lío, porque una compañera de trabajo que estaba en el ascensor me dijo: “Alegra esa cara, hombre”. Supongo vio el estado de ánimo en mi cara e intentó animarme.

Desde luego te aseguro que lejos de animarme lo que consiguió fue un efecto totalmente contrario. En ese momento recibí esas palabras como un ataque en toda regla porque pensé: “¿Acaso tiene alguna idea de lo que me está pasando? ¿No tengo derecho a estar enfadado después de todo lo que estoy aguantando? ¿Acaso la gente tiene que poner buena cara a pesar de lo que le suceda? ¡Qué manera de imponer a los demás un estado de ánimo!”

Así que le respondí de la siguiente manera: ¡Cómo que alegre la cara! ¡Yo pongo la cara que me da la gana! ¡No faltaría más! Se lo dije muy enfadado y ella respondió que no hacía falta que me pusiera así. Por suerte las puertas del ascensor se abrieron y yo pude “huir” muy agitado por todo lo que había pasado.

Tratar de cambiar el estado de ánimo de alguien no es empatía

Me gustaría compartir contigo algunas cosas que me parecen muy importantes con respecto a esta anécdota. Vayamos por partes y comencemos por ella. ¿Qué es lo que la impulsó a hacer ese comentario? Yo me imagino que quería que me sintiera mejor y intentar animarme era su estrategia para satisfacer su necesidad de contribuir a mi bienestar.

Ahora bien, lo que obtuvo fue un efecto contrario en mi porque lo que yo necesitaba más urgentemente era una escucha empática y querer consolar a alguien porque se siente mal, puede ser adecuado en otras ocasiones pero no lo es si la otra persona necesita empatía. Yo estaba muy agitado y cuando me dijo que cambiara la cara pensé que no entendía nada de lo que me pasaba y que tenía que cambiar de humor simplemente porque ella lo decía. ¿Qué pasaba conmigo? ¿Lo que yo estaba sintiendo tenía alguna importancia? Como ves, el efecto que consiguió tratando de cambiar mi estado de ánimo fue que me enfadara todavía más, justo lo contrario de lo que pretendía.

Algo parecido pasa cuando alguien está deprimido y explica cómo se siente a una persona y entonces ésta le dice que se anime, que mire las cosas positivas de la vida, que se fije en lo que tiene y no en lo que le falta… ¡No, por favor! Os pido que no hagáis eso a menos que queráis que esa persona piense que no entendéis nada de lo que le pasa… Ya sé que se hace con las mejores de las intenciones, pero si quieres contribuir a su bienestar quizás sea más eficaz escuchar y nada más. (¿Sabemos lo que es realmente la escucha empática?).

Otra de las situaciones en las que se pueden ocurrir algo parecido es en los entierros. Hay algunas personas que ante el dolor de una persona por una pérdida consideran que tratar de animarla es lo mejor que pueden hacer para contribuir. Sin embargo yo me pregunto, ¿acaso no está justificado que esa persona sienta dolor por la pérdida de alguien querido? ¿Porque no honrar el dolor de esa persona acompañandola sin tratar de cambiar ni de mitigar ese dolor? Yo creo que, aunque parezca eso sea no hacer nada, en realidad es hacer mucho por ella.

Alguna cosa más…

No me gustaría que creas que para mi está mal intentar animar a alguien. Lo único que quiero es dar un poco más de claridad que nos permita decidir cual podría ser la mejor manera de contribuir al bienestar de una persona, sobretodo cuando lo que una persona está necesitando es empatía.

Finalmente, es posible que estés pensando que mi respuesta en el ascensor fue brusca hacia la otra persona porque que no tuve en cuenta las intenciones de contribuir a mi bienestar. Estoy de acuerdo y también no quiero sentirme culpable teniendo en cuenta que esa fue la mejor respuesta que pude dar teniendo en cuenta ese momento y esas circunstancias. Ahora bien, sabiendo lo que sé ahora y habiendo recibido empatía por lo que me ocurrió, creo que otra vez que me ocurra lo mismo podría responder algo así:

– Realmente estoy de mal humor. Diciéndome que ponga buena cara supongo que quieres que me sienta mejor, ¿verdad?
– Pues esto que me has dicho no me ayuda nada a sentirme mejor y al mismo tiempo te agradezco mucho tu interés . Si quieres luego nos vemos y te lo explico con calma.
– ¿Qué te parece?

Ser vulnerable no es lo mismo que ser débil, ¿porqué?

Archivo:Superman Herido.pngHoy quiero empezar con un acertijo. Me gustaría que me contestaras a lo siguiente:

¿Qué es lo que tenemos en común los seres humanos?

Venga, te dejo un tiempo para que lo pienses … ¿lo tienes ya? …. puedes buscar por internet a ver qué encuentras… ¿Has encontrado una respuesta que te satisfaga? … Si es así, estaré encantado que me dejes un comentario en el blog para compartirla con todo el mundo, y si no la tienes, o lo que has encontrado no te satisface te puedo dar mi respuesta.

Mi respuesta a esta pregunta es…..

… lo que tenemos en común los seres humanos es….

….

Lo que tenemos los seres humanos en común es que somos humanos.

Estoy casi seguro que estás pensando que te estoy tomando el pelo o que me estoy burlando de ti, pero no es así. De hecho me gustaría que pensáramos juntos que es lo que quiero decir con esta obviedad. Mi respuesta quiere llevarte a que pensemos qué es lo que hace que seamos humanos. Quizá me puedas responder que los humanos somos animales racionales, así que lo que tenemos en común es nuestra inteligencia.

Si es así, acepto tu respuesta, aunque yo tengo una propuesta diferente. Yo creo que lo que tenemos en común es que los seres humanos somos vulnerables y lo que nos hace vulnerables es que tenemos necesidades.

Cuando digo necesidades me refiero a las necesidades universales tal y como se entienden en la CNV (Comunicación NoViolenta). Las necesidades es aquello que es indispensable en nuestra vida y que engloba las necesidades vitales (respirar, comer, beber, domir, evacuar), nuestras necesidades de seguridad material y afectiva y las necesidades de desarrollo como pueden ser la de contrubuir a la vida, necedidad de dar sentido.

Efectivamente todos los seres humanos compartimos necesidades como la empatía, el respeto, la sinceridad, la belleza, la igualdad, la consciencia, la espiritualidad… Que todos tengamos las mismas necesidades no significa que todos tengamos las mismas necesidades en el mismo momento, sin embargo, sí que podemos vibrar cuando reconocemos una necesidad en otro ser humano. Que tengamos necesidades es lo que nos hace vulnerables y por lo tanto, humanos. Creo que podrás reconocer la belleza de necesidades como el amor, la belleza, la libertad, la espiritualidad, la empatía,… y también creo que es fácil de entender que cuando nos faltan, entonces sufrimos.

Por ejemplo, si hay algo que encuentro profundamente repulsivo, seguramente será porque me está faltando algo que yo valoro también profundamente: la belleza. Al reconocer y aceptar que lo repulsivo me afecta, que soy vulnerable a eso, también reconozco la importancia que tiene para mi la belleza. Lo repulsivo me permite darme cuenta que la belleza es importante, lo cual me conecta con mi humanidad y con la vida.

En resumen, reconocer que somos vulnerables nos permite abrirnos al dolor que sentimos cuando tenemos necesidades que nos están faltando. Permitirnos sentir el dolor y aceptarlo de forma incondicional abre la puerta a reconocer necesidades que son muy bellas y valiosas, lo cual nos conecta con la vida. Hacer esto, más que una muestra de debilidad, es para mi una verdadera muestra de valentía. Además, saber qué nos está faltando, puede llevarnos a emprender acciones para tomar responsabilidad de nuestras vidas de una forma mucho más consciente y eficaz.

!Buen viaje!

¿Qué te podría pasar si te trataras con compasión?

Cuando una mujer de una tribu africana sabe que está embarazada, se adentra en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del bebé. Ellas saben que cada alma tiene su vibración, la que expresa su particularidad, unicidad y propósito. Las mujeres encuentran la canción, al entonan y cantan en voz alta. Después vuelven a la tribu y se la enseñan al resto.

Cuando el pequeño nace, la comunidad se junta y le canta la canción. Después, cuando el pequeño tiene que comenzar la educación, el pueblo se reúne y le canta su canción. Al iniciar la vida de adulto, vuelven a juntarse todos y se la cantan. Al llegar el momento de casarse la persona encuentra su canción expresada en la voz de su pueblo. Finalmente, cuando el alma ha de irse de este mundo, la familia y los amigos se acercan a su lecho y, tal como hicieron cuando nació, le cantan su canción para acompañarlo durante el viaje.

En esta tribu hay otra ocasión en la que los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida, la persona comete un crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y toda la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces… le cantan su canción.

La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pueda hacer nada a los demás. Tus amigos saben tu canción y te la cantan cuando te has olvidado. Aquellos que te quieren no pueden ser engañados por los fallos que cometes o por las imágenes oscuras que, a veces, muestras a los otros.

Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás hecho pedazos, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido. No necesito ninguna garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y me sopla al alma como el viento, me refresca el corazón como la lluvia y me limpia la mente como el humo del fuego sagrado.

Tolba Phanem

Me encanta este texto, porque presupone que las personas, cuando realizamos acciones socialmente aberrantes, lo hacemos porque nos hemos olvidado de nuestra verdadera naturaleza. Nos hemos olvidado que somos seres únicos, valiosos por nuestra singularidad y precisamente por ello, dignos de ser vistos, valorados y apreciados, con un propósito que sólo puede ser llevado a cabo de forma tan única y especial y que enriquece de forma singular la comunidad de la que formamos parte.

Me encanta porque me da esperanza que yo también puedo tratarme de esta forma y alejarme del modelo de la culpa y el castigo. Porque me da la oportunidad de verme de forma compasiva cuando mis actos han supuesto algún dolor a alguna persona. No hace falta que piense que he sido mala persona y que merezco un castigo, sino que puedo pensar que he actuado olvidando mi verdadera naturaleza que quiere cuidar y tener en cuenta a mi y a los demás. Y desde ahí puedo tratar de recuperar el bienestar de la otra persona. Y yo creo que dar empatía a la persona que ha sufrido por una acción mía, es una forma muy poderosa de hacerlo.

Sólo si no me siento culpable, puedo escuchar de forma empática el dolor que he estimulado en otra persona. Sólo si no me siento culpable, puedo escuchar de forma profunda a la persona que sufre, sin tratar de defenderme y de excusarme. Creo que cuando escucho con empatía, estoy contribuyendo a reparar el dolor que he estimulado, porque cuando sufro con el que sufre, cuando acompaño y soy capaz de ver y sentir el dolor del otro, ayudo a transformarlo y esto no puede hacerse desde un sentimiento de culpa.

Quizás puedas pensar que esto que te estoy contando no es eficaz, así que te propongo que recuerdes un caso en el que tu has sufrido mucho por la acción de otra persona. Ahora me gustaría que te imagines qué te hubiera pasado si esa persona, se hubiese sentado delante tuyo y te hubiese dicho:

– He venido porque quiero escucharte. Quiero que me expliques todo lo que sientes después después de que yo haya actuado de la forma en que lo he hecho. Te prometo que te escucharé y que no trataré de justificarme. Sólo quiero estar contigo y escuchar lo que quieras explicarme.

Y entonces tu le explicarías cómo te sientes cuando el otro ha actuado de esa forma, y podrías expresar a esa persona toda tu rabia y tu dolor. Y la otra persona te escucharía en silencio, mirándote a los ojos, sin hacer nada más que eso, verte y escucharte de verdad. Y podrías notar cómo esa persona siente lo que tú estás sintiendo. ¿Te lo imaginas?

Y después de haber explicado todo tu sufrimiento el tiempo que tu necesitaras, es posible que alguna cosa cambiara en tí, porque por fin podrías sentir el descanso que supone liberarse de las cadenas de la rabia y el resentimiento hacia esa persona. Por fin dejar todo ese peso que tanto tiempo has llevado tu solo sin que nadie te ayudara a llevarlo,…

“Sólo” porque, la persona que estimuló tu dolor, ha tenido la valentía de escucharte de forma profunda y auténtica, sintiendo contigo tu dolor, sin pretender cambiarlo, sin querer defenderse ni excusarse. ¿Te lo imaginas?

Así que, mi propuesta de hoy para ti es que seas compasivo contigo mismo cuando tus acciones hayan podido estimular algún dolor en otra persona. Permítete recordar, tal y como dice el texto,

“… tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás hecho pedazos, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido…”

Que estas palabras te liberen del sentimiento de culpa, aceptando que lo hecho, hecho está. Y, al mismo tiempo, tengas la determinación de restaurar en la medida de lo posible, eso que se haya dañado. Porque sólo libre del sentimiento de culpa y determinado a restaurar el bienestar de la otra persona, podrás escuchar con auténtica empatía el dolor que has estimulado. Eso es curativo.

Desde luego es un camino que necesita mucha más valentía y entereza que la de presentarte ante el otro lleno de culpa y arrepentimiento esperando que te absuelvan y te liberen de la carga de la culpa. ¿No crees que eso es pedir demasiado? Porque la persona, además de soportar el dolor que tu has estimulado, tiene que sobreponerse y hacer un ejercicio de generosidad para perdonarte. No, por favor, eso es pedir demasiado. En mi opinión, sentirse culpable es un camino fácil para ti, pero no para el que ha sufrido tu acción. Quizás nuestra responsabilidad esté, no en cambiar el pasado, sino es hacer que nuestro futuro y el de las personas que nos rodean, sea el mejor posible.

¡Buen viaje!

Recuperarse de una decepción.

Piscina

Imagen extraída del blog de Javi Manzanares

Supongo que tú, igual que yo, has tenido alguna decepción. ¿Cómo lo has hecho para sobreponerte? ¿Te ha costado mucho? ¿Cómo lo has hecho? Me encantaría que pudieras compartir estas respuestas conmigo y te invito a ello dejando un comentario o bien enviándome un e-mail. De todas formas, si quieres, te digo como lo hago yo, a ver si te sirve. ¿Me acompañas?

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¿Las cosas tienen sentido?

Un terremoto o una catástrofe natural, ¿pueden tener sentido? Que un niño pequeño muera por una enfermedad, ¿tiene sentido? Que una persona que pasea tranquilamente por la acera de una ciudad, sea atropellada por un coche y muera, ¿tiene eso sentido? En general, las cosas que pasan, ¿tienen sentido?

Cuando nos ocurren cosas desagradables o terribles buscamos desesperadamente que eso tenga algún sentido. Es como si que para que las cosas pasen tuviera que haber una explicación.No sé qué es lo que tu opinas al respecto. Yo creo que las cosas que pasan pueden ser los efectos de unas causas, y que suceden independientemente de que tengan sentido o no lo tengan para mí.

Me parece un poco pretencioso por mi parte esperar que las cosas pasen o dejen de pasar, esperando que haya alguien como yo que dé el visto bueno para que eso suceda. Un terremoto que arrasa ciudades y pueblos y mata a miles de personas tiene unas causas geológicas, y ocurre independientemente que tenga o no tenga sentido para mí. Esto me trae a la memoria una cita que tiene que ver con el sentido de justicia en la vida. En palabras de Mordecai Kaplan,

Esperar que el mundo te trate bien porque eres una persona honesta es como esperar que el toro no te embista porque eres vegetariano.

Lo que yo creo es que las cosas no tienen intrínsecamente sentido, aunque sí creo que las personas buscamos y podemos encontrar un sentido a las cosas que nos pasan. Así que de lo que se trata es de poner el foco en nosotros y no en las cosas que suceden. Con todo esto, la pregunta que ahora me viene es: ¿Qué es lo que me impulsa a buscar sentido a las cosas? ¿Para qué busco un sentido a las desgracias que me acontecen en la vida?

Si te parece podemos buscarlo juntos. Lo que se me ocurre es que recordemos algo que nos haya pasado en la vida que no tenga sentido. Yo ya tengo el mío, ¿tienes tú el tuyo? Me espero… Ahora te pido algo (o mucho) de imaginación. Supón que por arte de magia, ya has encontrado el sentido a ese suceso. Golpe de varita mágica y … ¡zas! Ahora lo ves claro. Todo lo que pasó, ves que tiene todo el sentido del mundo.

¿Cómo te sientes ahora que todo tiene sentido? ¿Cómo ha cambiado la forma en que estás viviendo esas circunstancias? Quédate un rato ahí para experimentarlo.

….

Me encantaría que me pudieras explicar qué te ha sucedido. Lo que a mí me ha ocurrido es que tengo una gran sensación de tranquilidad. Eso no me ha quitado la sensación de tristeza pero es una tristeza tranquila, podría decir que es dulcemente amarga. Cuando las cosas dolorosas que nos pasan tienen sentido, se produce algo que hace posible que los sentimientos se transformen. ¿Porqué?

Cuando encuentro sentido a algo, eso me ayuda a aceptar las circunstancias por penosas que éstas puedan ser. Al aceptar dejo de resistirme y de vivir peleado con lo que me ha ocurrido y eso me permite trascender la rabia. El aceptar es como un poderoso disolvente que me “des-a-pega” de una realidad dolorosa que ya no puedo cambiar. Es entonces cuando dejo de preguntarme ¿Cómo ha podido pasarme esto a mí? Esto es poderoso porque es el paso necesario para poder hacer el siguiente paso.

Cuando encuentro sentido a algo que me ha pasado y lo he aceptado, entonces es posible encontrar un “para qué” y eso hace que mire hacia adelante. Un “para qué” me impulsa a moverme hacia un futuro mejor a partir de lo que es, y me da la energía para hacer cosas, o “simplemente” me da la energía suficiente para continuar. Esto me recuerda una cita de Nietzsche que dice:

«Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo»

El ejemplo de Viktor Frankl

Este psiquiatra Austríaco pasó por la dolorosa experiencia de los campos de concentración nazis. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración. A su regreso escribió el libro “El hombre en busca de sentido“, (por cierto te recomiendo encarecidamente su lectura). En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir.

Las personas que buscaron y encontraron un sentido a todo esa locura, tuvieron una energía vital suplementaria que les permitió aumentar sus probabilidades de supervivencia. Quizás te estés preguntando, ¿qué razones para vivir podrían encontrar personas que vivieron situaciones tan “sin sentido” como los prisioneros de los campos de concentración? Cada una tuvo que encontrar su propio sentido y habitualmente eran motivaciones que iban más allá de su propia persona. El propio Viktor Frankl encontró en el amor que sentía por su familia y por su esposa la fuerza para continuar luchando. Así, escribiría después

“[…] la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor”.

Otros prisioneros la encontraron reconfortando a los demás, … Cada persona tuvo que encontrar la suya. (Puedes leer más en: Monografías: El hombre en busca de sentido)

Nuestra responsabilidad

Así que, quizás, ante cualquier situación dolorosa nos encontramos ante la responsabilidad de buscar dentro de nosotros, un sentido a todo eso que nos está pasando, un sentido que, a su vez, lo encontramos curiosamente fuera de nuestro ego, cuando hay un para qué que nos trasciende. En palabras de Frankl:

«Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.»

Te deseo que siempre puedas encontrar un “buen sentido” y …

¡Buen Viaje!

Equivocarse: una alternativa más allá de la culpa.

Cuando hago algo cuyo resultado no esperaba o resulta que mi acción causa un daño moral y/o material a otra persona, puedo sentir culpa. Lo que me pregunto es, ¿el sentimiento de culpa es la forma más eficaz para aprender de los errores y reparar el daño causado? ¿Hay alguna alternativa más constructiva y respetuosa con migo y con los demás? En este vídeo quizás encuentres alguna respuesta. Ya me dirás.

¡Buen Viaje!

 

Post relacionados: Transformar el sentimiento de culpa en algo enriquecedor para la vida, Excelencia y exigencia. Qué me pasa cuando me equivoco, ¿Realmente crees que hay decisiones correctas e incorrectas?

 

Cómo transformar los pensamientos perturbadores: el mensaje oculto de las “tormentas mentales”

Hola, si leíste la última entrada (Tormentas imaginadas) entonces creo que te diste cuenta que quizás me sea útil dejar de huir de esos momentos en los que tengo pensamientos perturbadores y decidida afrontarlos para averiguar ese mensaje que se supone puede ser tan valioso para mi. Supongo que también quiero cerrar lo antes posible esos momentos de crisis, ya sea porque se han convertido en pensamientos circulares (Los pensamientos tipo “Rueda de Hamster”) que no solucionan nada, o bien porque son pensamientos que vuelven a aparecer al cabo de un tiempo de forma más intensa todavía.

Por otra parte, si no has leído mi post anterior quizás te apetezca saber cómo encontrar cual es ese mensaje valioso que hay en los pensamientos perturbadores. Sin embargo, antes de continuar quiero hacerte una advertencia: si lo que esperas as algún método para evitarlos o eliminarlos, ya no hace falta que continúes leyendo. En mi opinión, cuando no les hago frente lo que consigo es una tormenta posterior de mayor intensidad. Por el contrario mi propuesta es que atravesemos juntos la tormenta sin evitarla, porque la clave para superarla está precisamente en la tormenta. Supongo que hay otros caminos, y me encantaría que fueran más fáciles, pero yo no los conozco. A pesar de esto, ¿quieres acompañarme?

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Tormentas imaginadas

Imagina la siguiente situación. Salgo de un local y está cayendo una tormenta tan fuerte que ni con paraguas me atrevo a salir. Me pongo ansioso porque tengo una cita en otro lugar y no quiero llegar tarde. Entonces miro al cielo esperanzado de ver algún indicio de que la tormenta va a amainar, pero no, y me invade un pensamiento pesimista: “nunca va a parar de llover“.

Entonces me quedo ahí, esperando, con la sensación que estoy atrapado. Entonces ocurre algo inesperado: la tormenta amaina y puedo salir. Entonces me pregunto cómo es que no he tenido más confianza en que iba a parar, cuando es eso lo que siempre me acaba ocurriendo. Es como si tuviera una tendencia a pensar que cuando está oscuro y cae una tormenta, se va a prolongar para siempre. En cambio los hechos son testaduros y mi experiencia me dice que siempre acaba por amainar. Como dice el refrán

No hay mal que cien años dure

¿A ti nunca te ha pasado algo parecido? Te lo digo porque a menudo tengo esa misma sensación cuando me asaltan pensamientos negativos (5 pasos para romper el círculo vicioso de los pensamientos y sentimientos desagradables) que son como una tormenta, pero que vive en mi mente. Al igual que me ocurre con las tormentas naturales, también pienso que nunca acabarán. Así que, a mi me iría bien que alguien me recordara que igual que empiezan, acaban. No hay excepción. Saber eso me daría tranquilidad.

Entonces, ¿porque no hacer lo mismo con mis tormentas mentales? ¿Porqué no dejo que descarguen y se vayan? Si quisiera hacer esto ¿Cómo se haría?

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5 pasos para romper el círculo vicioso de los pensamientos y los sentimientos desagradables.

Epicteto

En esta entrada quiero empezar con la siguiente cita:

«Los hombres no se perturban por las cosas,

sino por la opinión que tienen de éstas.»

Epicteto

Lo cierto es que esta cita la he oído muchas veces, infinidad, pero es ese tipo de frase que, a pesar de ser una vieja conocida, siempre me da nuevas perspectivas para aplicarla en mi vida. Me explico. Últimamente he recibido alguna noticia que no me ha gustado, o mejor dicho, que me disgustado profundamente. Entonces he pensado, “bien, así que estoy profundamente disgustado, no por el hecho en sí mismo, sino por la opinión y los juicios que me he formado de ellos.” Uff, ¿cómo es que ahora me cuesta aceptar esa frase que tan cierta veo en otras ocasiones? Antes de contestar a esta pregunta, me gustaría plantearte una cosa.

Lo que pienso sobre los hechos, no son los hechos en sí mismos (¿Sabemos diferenciar hechos de opiniones?). Sin embargo, lo que estoy sintiendo ahora mismo cuando pienso lo que pienso, eso sí que es tan real como los hechos mismos. Así que veo dos categorías diferentes de cosas. Por una parte, tenemos los hechos y los sentimientos asociados a esos hechos, que forman parte de lo que yo llamo, la “realidad real“. Es lo tangible porque se puede tocar y experimentar. Por otra parte existen los pensamientos, juicios y opiniones, que para distinguirlos de los primeros lo voy a llamar “realidad pensada“. Digo que es “realidad” porque yo creo que esos pensamientos son ciertos y por lo tanto forman parte de mi realidad, y también digo que es “pensada“, porque habita en mi mente, no es algo tangible.

Algo que hay que tener en cuenta es que los hechos pueden ser ciertos o falsos, mientras que los pensamientos y opiniones, como pertenecen a otra categoría, no nunca pueden ser ni ciertos ni falsos, sino que sólo pueden estar bien o mal fundamentados.

Apliquemos esto con ejemplo. Si voy en el metro y una persona me pisa el pie (eso es un hecho y por lo tanto forma parte de la “realidad real”), yo podría pensar que lo ha hecho expresamente (eso es un pensamiento y por lo tanto forma parte de la “realidad pensada”). Y si pienso y creo que lo ha hecho expresamente entonces me puedo enfadar con esa persona (el enfado que yo siento es tan real como el hecho que me ha pisado).

Sin embargo, también podría pensar que lo ha hecho sin darse cuenta (realidad pensada) y entonces no estaría enfadado, sino tan sólo dolorido, y ese sensación es tan real como que me acaba de pisar. Así que, ante un mismo hecho mi realidad puede ser completamente diferente en función de mi “realidad pensada“. Esto me recuerda algún experimento de la física cuántica en el que el observador modifica lo observado Erwin Schrodinger- el observador modifica lo observado. ¡Epicteto ya había intuido algo parecido 2.000 años antes !

Ahora me gustaría volver a la pregunta que me hacía al principio, ¿cómo es que me cuesta tanto aceptar que estoy profundamente disgustado, no por el hecho en sí mismo, sino por la opinión y los juicios que me he formado de ellos? La clave está en los sentimientos.  Para explicártelo te propongo que pensemos juntos en un caso que haya estimulado uno o varios sentimientos desagradables. ¿Lo tienes ya? Si quieres te explico mi vivencia.

Cuando sucede algo que estimula en mí sentimientos desagradables lo que ocurre es que trato de evitarlos. Sin embargo estoy tratando de escapar de algo que existe de una forma tan contundente como los hechos. Son la otra cara de la realidad real, aunque eso no me guste. Por mucho que corra, continúan estando ahí, porque vaya al lugar que vaya, hay alguien que siempre esta ahí: yo mismo, y los sentimientos forman parte de mi.

Por cierto, yo tengo una cierta experiencia buscando estrategias para escapar de los sentimientos desagradables. Una que he utilizado mucho en una época de mi vida ha sido la de tratar de ignorarlos haciendo ver que no existen.  Otra cosa que he probado ha sido aplacar el “ruido” que me produce un sentimiento desagradable con otro “ruido” que sea más fuerte. Me explico: hacer alguna actividad emocionalmente intensa puede ahogar ese sentimiento desagradable … hasta que llega el silencio de la noche. También he probado otras cosas, sin embargo ninguna me ha resultado porque, si una cosa que tiene la realidad real es que es muy tozuda … y sigue estando ahí aunque la ignore.

Después de todo que te he explicado quizás te estés diciendo que, si de lo que se trata es de no escapar de los sentimientos desagradables, lo que tampoco quieres es estar todo el día triste y obsesionado con pensamientos que lo que hacen es aumentar y mantener esos sentimientos desagradables. Así que, ¿hay alguna solución a este lío? Yo creo que sí, ¿te apetece conocerlo?.

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No es lo mismo aceptar que rendirse.

File:Death of Captain Lawrence. "Don't Give Up the Ship." June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel, ci - NARA - 531087.tif

Death of Captain Lawrence. “Don’t Give Up the Ship.” June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel

A veces, me encuentro en situaciones complicadas en las que me encallo y no consigo tirar adelante, o que me suponen un esfuerzo titánico avanzar. Entonces hay alguien que me dice: tienes que aceptarlo.

Escucharlo me produce una cierta sensación de rechazo porque aceptar una situación me suena a rendirme, y eso a mi no me gusta. Pero ¿qué significa realmente aceptar? ¿En qué se diferencia de rendirse? y sobre todo, ¿por qué es tan poderosa la aceptación para conseguir una acción realmente eficaz?  En este artículo voy a tratar de explicártelo.

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